Nueva Amazonia

Entre las diversas vertientes que cultivó la oleada de ciencia ficción utópica de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, destaca una asociada (pero no limitada) al movimiento sufragista, rebautizado a posteriori como feminismo de primera ola. Si lo deseáis, podéis leer aquí mismo en Rescepto un artículo que realiza un somero repaso al subgénero. Ahora me centraré en uno de sus títulos destacados, que acaba de presentar por primera vez en castellano Defausta Editorial, “Nueva Amazonia” (“New Amazonia: a foretaste of the future“, 1889), de la periodista de Newcastle Elizabeth Burgoyne Corbett (quien firmaba sus obras como Mrs. George Corbett).

No es mucho lo que hoy en días se sabe de ella, pero en su época fue una autora muy popular por sus aportaciones literarias a periódicos y revistas, que abarcan desde historias de misterio a novelas de aventuras para jovencitas. Está reconocida por ser la creadora de Annie Cory, una de las primeras mujeres detectives de la ficción (como protagonista de “When the sea gives up its dead“, 1894), y en el terreno fantástico le debemos tres novelas. Por un lado la obra de fantasía “The adventures of princess Daintipet” (1904), y por otro dos títulos de ciencia ficción, ambos de 1889: “Pharisees unveiled: The adventures of an amateur detective” (sobre un hombre que emplea una fórmula de la invisibilidad para subsanar injusticias) y sobre todo “Nueva Amazonia”, que es la obra por la que es principalmente recordada.

La motivación para escribir la novela queda explicitada en su mismo prólogo, donde la innominada protagonista se escandaliza ante el alegato antisufragista “The appeal against woman’s suffrage”, publicado en el número de julio de la revista Nineteenth Century y firmado por un grupo de 104 mujeres, liderado por la escritora Mary Augusta Ward (que años después se convertiría en la primera presidenta de la Liga Nacional Contra el Sufragio. Su forma de rebatirlo fue a través de la ficción, imitando el modelo establecido apenas el año antes por Edward Bellamy en una de las novelas más influyentes de todo el siglo XIX, “El año 2000” (una crítica hacia un sistema llamado Théâtrophone, desarrollado en la novela del americano pero no implementado en la realidad sino hasta 1890 en París, parece apuntar hacia una conexión directa entre ambas novelas).

Tras su arrebato de indignación, la narradora se duerme y al despertar se encuentra bajo un árbol en cuyas ramas se agita un hombre, el distinguido caballero Augustus Fitz-Musicus. No tardan mucho en presentarse en la zona unas extrañas y altas mujeres (en torno a los dos metros), que mucho se sorprenden de la presencia de ambos, y más cuando se enteran de que proceden de Inglaterra, un país que no existe desde hace siglos. A la postre, queda establecido que por medios desconocidos los dos habitantes de la era victoriana han sido trasladados a Nueva Amazonia, antiguamente conocida como Irlanda, en el año 2472.

Los casi seiscientos años han supuesto muchos cambios. Nueva Amazonia es una nación donde impera la igualdad (aunque los más altos cargos del gobierno están reservados a las mujeres, porque los hombres han demostrado sobradamente su propensión a la corrupción), y no es ese el único cambio político o social. Todo, desde la organización del trabajo a la financiación del estado, ha sido modificado de acuerdo con principios equitativos y “científicos”, y, por revolucionar, hasta la religión ha sido optimizada de acuerdo con unos fundamentos filosóficos… un tanto contradictorios.

Hay que reconocerle a Corbett su interés por ir más allá de la defensa sufragista, pero sin duda las reflexiones mejor estructuradas tienen que ver con una crítica a la posición tradicional subordinada de la mujer (desde los derechos civiles a la brecha salarial… y da mucho que pensar el que algunas de esas cuestiones sigan vigentes más de cien años después), con especial énfasis en la desconcertante postura de las mujeres “cómplices” de su propio sometimiento. Sin embargo, en los aspectos políticos y económicos, y desde nuestra perspectiva actual, la sociedad neoamazónica presenta rasgos decididamente distópicos, con un omnipresente control estatal, la eliminación de cualquier atisbo de diversidad o la aplicación de medidas eugenésicas extremas, entre otras ideas poco afortunadas (y contradictorias; por ejemplo, aunque la sociedad es cien por cien vegetariana, se hace uso de animales para trasplantes de nervios con fines rejuvenecedores).

Que la novela está concebida como algo más que un pasquín sufragista, lo que eleva aún más su interés, queda de manifiesto a través de su buena predisposición especulativa (algo a lo que no siempre prestaban atención las utopías políticas), con pronósticos tan certeros como el de la desaparición del humo por el empleo generalizado de la electricidad para calefacción, cocina y alumbrado (aunque los métodos de producción no son precisamente creíbles) o la externalización de las tareas domésticas y otras bastante más imaginativas (como las vías fluídas, por las que navegan vehículos de propiedad estatal), así como en su faceta satírica. Prácticamente no hay institución victoriana, desde la monarquía al clero, que se libre de los dardos de Corbett, lo que la lleva incluso a elaborar una suerte de historia del futuro (que especula en torno a uno de los temas de moda de la ciencia ficción británica del momento: la futura y previsible gran guerra europea… con unas consecuencias sorprendentes).

Es a través de esta sátira que la autora encuentra espacio para pequeños apuntes cómicos, cuya diana preferida es, por supuesto, la vacuidad paródica del muy petulante Augustus Fitz-Musicus (quien encarna las peores características de su género, aunque da la impresión de que en ocasiones la narradora llega incluso a envidiarle su inquebrantable confianza en sí mismo). Se agradecen, pues ayudan a aligerar el tono de la obra (que, como todas las de su tipo, presenta cierta tendencia hacia la disertación).

Por último, aunque no es algo que suela mencionar, me gustaría dedicar unas palabras a la traducción, porque en este caso contribuye a transmitir la idea de la novela en formas que el original inglés no tenía a su disposición, haciendo que las neoamazónicas utilicen la forma femenina para indicar el plural genérico o reservando el tratamiento de usted para denotar la hipocresía de Fitz-Musicus. Buenas elecciones ambas, que enriquecen la narración (por no hablar de la dificultad de hacer en un capítulo más fonético un idioma ya de por sí muchísimo más fonético que el inglés sin que chirríe).

Agradezco a Defausta Editorial el envío de un ejemplar de “Nueva Amazonia” para su reseña en Rescepto.

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~ por Sergio en febrero 19, 2018.

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