El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison

Siempre a la búsqueda de nuevos mercados para su ficción, Robert E. Howard probó también con el género de detectives, aunque éste tenía unas exigencias que no se ajustaban muy bien a sus habilidades como escritor. Llegó a completar trece narraciones, aunque sólo consiguió vender cuatro. De todo este esfuerzo, destaca la serie del detective Steve Harrison, que comprende diez relatos (y una sinopsis).

Para su publicación en castellano, en la colección Los Libros de Barsoom, se optó por dividirla en dos subseries. Por un lado los cuentos dedicados a narrar el enfrentamiento entre Harrison y su archienemigo, el genio del crimen mongol Erlik Khan (publicado como “El señor de la muerte y otros casos de Steve Harrison”), que apuntan a un enfoque centrado en el concepto del peligro amarillo, similar al de Sax Rohmer con su serie sobre Fu Manchú; por otro, una serie de relatos más cercanos al horror (lo que se ha dado en llamar weird menace), que de hecho cosecharon un mayor éxito, a tenor de su aparición en revistas como Strange Detective Stories y Thrilling Mystery.

Antes de pasar a comentar los relatos, unas palabras sobre su protagonista, Steve Harrison. Se trata de un personaje muy howardiano, pues aun perteneciendo al cuerpo de policía de Nueva York es en realidad un solitario, que se ocupa de mantener el orden en el distrito de River Street, un chinatown repleto de fumaderos de opio, donde los asiáticos han construido una sociedad paralela con sus propias reglas y sus propias mafias (en particular, mafias mongolas). Más que en el proceso deductivo, Steve Harrison confía en la acción decidida para resolver sus casos, apoyado en un físico hercúleo que le permite enfrentarse con éxito a casi cualquier adversario.

“El secreto de la tumba y otros casos de Steve Harrison” se abre con “El secreto de la tumba” (también conocido como “The teeth of doom”), publicado originalmente en el número de febrero de 1934 de Strange Detective Stories (cambiando el nombre del protagonista a Brock Rollins y bajo seudónimo, por contener el mismo número otro relato de Steve Harrison). Es un cuento de transición, pues aún trata sobre las luchas de poder en River Street entre las facciones orientales, aunque el disparador de la historia es el atentado que sufre un anciano filántropo y la despiadada persecución al que lo somete la mafia mongola, por razones que tendrá que descubrir nuestro detective.

El nuevo enfoque de sus aventuras empieza con “La voz de la muerte”, que entronca ya con los arquetipos de detective de lo oculto, al enfrentar a un Steve Harrison de vacaciones en un extraño caso en el que una voz fantasmal parece estar induciendo a un joven a matar a su mejor amigo. El detective se enfrenta al caso de frente, con una postura escéptica sustentada en la inquebrantable confianza en sí mismo. Aquí nos encontramos con el modelo que será más o menos definitivo, en el que una amenaza supuestamente sobrenatural se ve desenmascarada por el pragmatismo del personaje.

El relato que acompañó a “El secreto de la tumba” en el último número de Strange Detectives Stories fue “Fauces doradas” (“Fangs of gold”, reeditada con el más acertado título de “People of the serpent”), que lleva a Harrison a los pantanos del sur de los EE.UU., en persecución de un asesino chino (mongol) que ha asesinado y robado 10.000 dólares a un honrado anciano (mandarín). Al seguir sus huellas, el detective se ve involucrado en las luchas internas de una comunidad de negros haitianos entregados a rituales vudú. En el pantano, entre caimanes y asesinos cultistas, se le nota a Howard mucho más en su elemento, componiendo una aventura exótica y trepidante, con un Harrison fuera de su elemento, enfrentado a un escenario que no tiene nada que envidiar a algunos escenarios más propios del horror cósmico.

Todo ello alcanza su máxima expresión con el siguiente relato, “Las ratas del cementerio” (“Graveyard rats”), que constituye posiblemente la muestra de hacia dónde hubiera podido evolucionar el personaje hubiera tenido ocasión (se publicó en Thrilling Mystery unos pocos meses antes de la muerte de Howard). Nos encontramos con Steve Harrison contratado por tres hermanos para defenderlos en un feudo mantenido contra el único superviviente de otra familia, que acaba de asesinar al hermano mayor. La trama se complica cuando la cabeza del muerto, enterrado tres días antes, aparece misteriosamente en el cuarto de uno de los supervivientes (llevándolo a la locura). Todo ello se complica con la supuesta aparición fantasmal de un guerrero indio, por no hablar de la macabra presencia antropófaga de las ratas del cementerio, que proporcionan los mejores momentos, desde una perspectiva aterradora, de todo el libro.

El relato se encuentra sin duda a la altura de los mejores cuentos de terror de Howard (como el justamente célebre “Palomos del infierno”), y entronca con temas muy cercanos al autor, como la degradación moral provocada por la avaricia por el petróleo de la que él mismo había sido testigo en su Texas natal. El título y fecha de publicación, además, me hace especular sobre qué posible relación (si la hay) podría establecerse con el casi homónimo cuento de su compañero del Círculo de Lovecraft Herny Kuttner.

Por último, tenemos “La morada de la sospecha” (“The house of suspicion”), una narración un tanto caótica en la que Steve Harrison se enfrenta un rocambolesco complot tras haber sido atraído a una apartada mansión en donde empiezan a sucederse los atentados contra su vida.

El volumen de Barsoom se completa con una sinopsis no desarrollada para una historia de Steve Harrison (con parecidos más que sospechosos con “Las ratas del cementerio”… menos las ratas, por lo que bien podría ser una primera versión de la historia), así como con un pastiche de Robert M. Price de 1976, relacionada con los mitos de Cthulhu… y muy poco con el Steve Harrison de Howard (que se ve diluido en una amalgama de varios de los personajes más característicos del tejano). Es destacable sobre todo por constituir la génesis del místico Anton Zarnak, que acabaría protagonizando catorce relatos (escritos por nueve autores).

En general, da la impresión de que Steve Harrison es un personaje en desarrollo, a la búsqueda todavía de su propio nicho. Dentro de la obra howardiana, no se aleja demasiado de su prototipo heroico, aunque es quizás un poco más falible (quizás por estar más civilizado) que sus compañeros. Resulta interesante ver cómo abordó el autor el género detectivesco, llevándolo primero a su terreno y luego apostando por la popular vertiente del detective de lo oculto (el rey de Weird Tales era el Jules de Grandin de Seabury Quinn), que estéticamente se encontraba más próxima a sus inquietudes. La pega, por supuesto, radica en que los personajes de Howard rara vez quieren tener nada que ver con la magia, así que más que un experto en cuestiones ocultistas, Steve Harrison es un escéptico a ultranza, que no se deja aminalar ante ninguna manifestación supuestamente sobrenatural, sino que confía en su revólver y sus puños para enfrentarse a cualquier amenaza.

Steve Harrison es, literalmente, un agente del orden, una fuerza arquetípica cuyo único objetivo es reparar o prevenir el mal, ya sea truncando elaborados planes delictivos, ya sea recorriendo medio país en pos de un asesino con tal de recuperar la herencia de una huérfana. No hay nada más allá. No conocemos (ni nos importa) el Steve Harrison que no está de servicio. No hay vida privada, ni aspiraciones, ni miedos. Tan sólo tenemos sus casos, y la certeza de que llegará a cualquier extremo con tal de resolverlos (un pensamiento reconfortante en medio de la Gran Depresión). Soluciones simples (y efectivas) para problemas complejos, ahí quizás radica el principal atractivo del personaje.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 9, 2018.

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