Your name (Kimi no na wa)

Hacía tiempo que no escribía sobre ninguna película en el blog. La verdad es que no encontraba ninguna que valiera la pena analizar (desde mi perspectiva). Ayer, sin embargo, movido por la curiosidad, vi el que se ha convertido en el anime más taquillero de todos los tiempos (superando nada menos que a “El viaje de Chihiro”): “Your name” (“Kimi no na wa”, Makoto Shinkai, 2016).

Primero un poco de contexto. Tras el éxito de esta película la etiqueta se le queda un tanto pequeña, pero Makoto Shinkai es la estrella emergente de la animación japonesa, suscitando comparaciones (que él mismo se empeña muy vehementemente en descartar) con el propio Hayao Miyazaki. Su primera OVA, un cortometraje de 2002 titulado “Voces de una estrella distante”, ya apuntaba a su querencia por la ciencia ficción y por la exploración de los sentimientos, antes que la tecnología. A ésta la siguió el largometraje “Más allá de las nubes, el lugar prometido” (2004) y la antología de cortometrajes “Cinco centímetros por segundo” (2007). Tras un breve descanso, regresó con el largo “Viaje a Agartha” (“Jovenes que persiguen estrellas”) (2011) y el mediometraje “El jardín de las palabras” (2013), cosechando con todo ello numerosos premios y reconocimientos.

Nada hacía presgiar, sin embargo, el modo en que la audiencia iba a conectar con su siguiente proyecto, “Kimi no na wa” (“Tu nombre”). Tras su estreno en 2016 en Japón se mantuvo doce semanas como número uno (nueve consecutivas), batiendo todos los récords, hasta acabar convirtiéndose, con más de 25 billones de yenes (235 millones de dólares), en la cuarta película más taquillera de la historia en Japón. Su éxito, además, cruzó fronteras, arrasando en otros grandes mercados asiáticos como China (83 millones) o Corea del Sur (27 millones), así como cierta presencia menor en otros muchos países (entre ellos España, donde ha recaudado unos modestos pero significativos 328.000 euros). Entre unas cosas y otras, la recaudación mundial ha sido de 355 millones de dólares, lo que le permite superar, como comentaba, a “El viaje de Chihiro” (que no contó con el empujón del ahora potente mercado chino).

¿Cómo lo ha conseguido? Con una historia que apela a los sentimientos y una precisión milimétrica a la hora de pulsarlos, por medio de una trama aparentemente sencilla (uno de los grandes logros de la película es, precisamente, mantener esa apariencia de sencillez), que le da una vuelta de tuerca a una temática tan aparentemente agotada como la del intercambio de cuerpos.

A partir de aquí, me temo, voy a empezar a introducir spoilers (primero muy vagos y luego, a medida que vaya entrando en calor, de mayor calado, aunque intentaré reservarme la información más reveladora), así que os recomiendo que si no la habéis visto ya dejéis de inmediato de leer y corrijáis tal circunstancia antes de volver (si aún no estáis convencidos, podéis seguir un poquito, a ver si logro motivaros, pero con cuidadito, que cuanto menos sepáis de la película, mejor).

La película tiene dos protagonistas, ambos de unos diecisite años. Por un lado está Mitsuha Miyamizu (sigo el convencionalismo occidental de poner el apellido al final), la hija mayor del alcalde de un pequeño pueblo, que vive junto con su hermana en casa de su abuela, debido al abandono del padre tras la muerte de su madre. Vive una existencia muy tradicional, arraigada en el sintoísmo, y aunque reconoce la importancia de esa conexión, sueña con experimentar la realidad moderna de Tokio. Ciudad donde precisamente vive Taki Tachibana, un estudiante de instituto que aspira a convertirse en arquitecto, mientras trabaja por las tardes en un restaurante italiano.

Sin que (aparentemente) exista un motivo, cierto día despierta cada uno de ellos en el cuerpo del otro, y así permanecen, como en un sueño, hasta que se acuestan por la noche. Las reacciones de quienes están con ellos, sin embargo, pronto les alertan sobre que algo raro está ocurriendo, y en base a pistas que se van dejando en modo de mensajes escritos (y notas en el móvil), acaban discerniendo lo que les ocurre y establecen reglas para lidiar con la situación. Entonces, justo cuando todo parece haberse estabilizado, e incluso da la impresión de que la extraña relación podría evolucionar a algo más, el fenómeno se interrumpe… y no pienso revelar absolutamente nada más al respecto.

Entramos en la fase de análisis. Ahora sí, de verdad, si no la habéis visto, haceos un favor y dejad de leer (aunque no tengáis intención, por el momento, de visionarla; nunca se sabe…).

Parte de la convenciones del subgénero del intercambio de cuerpos (inaugurado por “Vice versa”, de F. Anstey, en 1882), contrastando dos vidas muy diferentes, pero su primera innovación consiste en que la situación es intermitente. Es decir, cada uno de ellos es capaz de aprender no sólo de sus nuevas experiencias, sino del efecto que en su entorno causa la injerencia de la personalidad “alternativa”. Así, la vida del impulsivo (a veces hasta un poco violento, pero como mecanismo de defensa frente a una timidez extrema) Taki se ve mejorada por la suavidad y espontaneidad (descrita incluso como feminidad) que introduce en ella Mitsuha. Por su parte, se hace necesaria la dureza de Taki para atajar el acoso que ella sufre en su pueblo por causa de la actividad pública de su padre… y a la postre es ese mismo arrojo el que le permite enfrentarse a la relación truncada con su progenitor.

Bueno, lo he descrito como aprendizaje, porque eso es lo que el género nos ha enseñado a esperar: una fábula moral, en la que cada parte del intercambio aprende a situarse en la posición del otro. “Your name” no va de eso. Lo que vemos es una complementariedad. Taki y Mitsuha se complementan a la perfección. Están hechos el uno para el otro. Están destinados a unirse… aunque el propio universo se inmiscuye en ese destino.

Existe un obstáculo para que pueda verificarse la unión. Un obstáculo… definitivo, dejémoslo ahí. El segundo acto de la película versa sobre el descubrimiento y superación de ese obstáculo, y ahí, de nuevo, entramos en territorios aparentemente conocidos del género de ciencia ficció (el conocimiento privilegiado de lo que está por llegar y la lucha por cambiar el curso de los acontecimientos). Por debajo, sin embargo, el director/guionista está trabajando en la faceta de la historia que realmente le interesa, preparando el camino de autoiluminación que desemboca en la comprensión plena de su relación potencial por parte de Taki y Mitsuha, verificándose en un crepúsculo en el que todas las posibilidades son simultáneamente reales.

Bajo toda la historia subayce un mito, el del andrógino, puesto por Platón en boca de Aristófanes en su diálogo “El banquete”. En torno a él se articula una historia que, a la postre, nunca sucedió, la corrección de un error cósmico que trunca un destino sagrado (representado en la iconografía sintoísta por una cinta roja), tan poderoso que es capaz de sobreponerse a quinientos destinos trágicos.

“Kimi no na wa” no es una historia de chico conoce a chica. Es una historia de chico conocerá a chica. Es una explicación de los dos o tres minutos finales, del anhelo de completitud que nos impulsa a buscar algo que no conocemos, y que una vez encontrado es como si siempre lo hubiéramos conocido.

No es una película estructuralmente perfecta. Hay transiciones demasiado bruscas y situaciones poco trabajadas desde una perspectiva narrativa, que cuelan gracias a una manipulación magistral de las emociones. El conjunto, sin embargo, no podría ser más redondo. Además, incluso sin poder apreciar las raíces sintoístas de la historia, los temas abordados son tan universales que no hay dificultad alguna en conectar con nuestra propia experiencia (algo que Miyazaki, con toda su maestría, no siempre conseguía).

Planeta ha publicado además en español la novela ligera escrita por el propio Makoto Shinkai como acompañamiento a la película (hay también una versión manga de tres volúmenes, adaptada por Ranmaru Kotone). La novela ligera es un género japonés, caracterizado por estar escrito con caracteres hiragana y kanjis simples, para facilitar su comprensión por parte de lectores jóvenes (que aún no han memorizado los dos o tres mil kanjis que han de conocerse como mínimo para leer textos de complejidad media). Por la orientación de su mercado, es un género que se ha venido asociando en cierta forma a la literatura pulp occidental. A buen seguro, será una lectura interesante. A ver si me hago con ella un día de estos.

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~ por Sergio en noviembre 5, 2017.

4 comentarios to “Your name (Kimi no na wa)”

  1. Me ha sorprendido que comentaras ni más ni menos que un anime, sí que ha llegado lejos el fenómeno de la película de Shinkai ^^

    A mí la verdad es que no me gustó (ni sorprendió) especialmente, aunque sí que me entretuvo… O sea, no entiendo el porqué de que haya tenido tanto éxito, aunque eso no lo entiende ni el propio director, quien pidió a la gente que dejaran de verla xD

    Eso sí, creo que no es mala opción para iniciarse en el anime.

    Un saludo.

    • En realidad, he visto bastante anime. Es sólo que sus estructuras narrativas suelen ser tan… japonesas, que no suelo encontrar nada significativo que poder aportar a lo que tantos otros especialistas de verdad ya están comentando. Con “Your name” (inspirada además, entre otras fuentes, por un cuento de Egan), sí que había un ángulo por el que entrarle a la reseña, y es algo tan universal que le ha permitido trascender las fronteras (un tanto arbitrarias) que se le imponen al género.

      En cuanto a Shinkai, creo que le ha entrado un poco del vértigo de las expectativas (también ha declarado que no quiere ni pensar en un decididamente posible Oscar de animación). Es consciente de que la película no es perfecta, aunque lo curioso es que quizás por eso mismo ha triunfado. A veces las limitaciones ayudan a focalizar.

      El problema surge luego, cuando le dan carta blanca para su siguiente proyecto. Es el todo o nada, y para un animador (o cualquier artista) todavía en proceso de desarollo, la prueba acojona.

      • A los Oscar, creo recordar, no puede optar, ya que en la pasada edición estuvo entre las precandidatas.

        Desde luego la presión que debe de sentir Shinkai en estos momentos tiene que ser enorme, todo el mundo se fijará en su próximo proyecto e, inevitablemente, lo compararán con su gran éxito.

        Por otra parte, imaginaba que algo de anime tenías que haber visto, así que con lo de considerar que “Your name” es una buena opción para iniciarse lo decía más bien con caracter general. Aunque, ya que estamos, no estaría mal que te animaras y comentaras algunos otros, clásicos o actuales.

        • Pues sí, al parecer la fastidiaron con la estrategia. Pretendieron colarla entre las nominadas de 2017 para apoyar su carrera comercial y hubieran tenido que esperar a que el público la viera para que los espectadores hicieran presión por su nominación en 2018 (que parece además que va a ser un año más flojo).

          Respecto a dedicarme al anime… La verdad es que no me considero capacitado (al menos aquí, a lo mejor, con un formato más sencillo, algo podría hacer en la página de autor en Facebook).

          El cine en general es un medio que cada vez toco menos en el blog…

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