Más allá del Sol

Dentro del mundillo de los bolsilibros de ciencia ficción las series son un fenómeno raro. Tan sólo dos de gran extensión (y una de ellas, la del Orden Estelar de Ángel Torres Quesada, tuvo que publicarse “a escondidas” de los propios editores), pues la asunción era que los lectores podían desentenderse de seguir comprando ejemplares si perdían el hilo de la aventura. Así, aparte de la Saga de los Aznar, el propio Pascual Enguídanos (o George H. White) tan sólo publicó otras cinco minisagas (si es que las historias contadas en dos volúmenes, como la serie de Bevington y la de los Intrusos Siderales, pueden contarse entre ellas).

De cierta importancia tendríamos la trilogía de Finan (que se publicó cuando Luchadores del Espacio era ya una colección moribunda, por lo que queda la duda de si hubiera podido continuar), así como la de “Heredó un mundo” y la pentalogía de “Más allá del Sol”… para las que tengo una teoría que expondré más adelante.

Centrándonos en los cinco bolsilibros que nos ocupan (que, recopilados en un único tomo, conforman toda una novela), empezó a publicarlos en 1956, con el número 60 de la colección, “Extraño visitante”. Para entonces, aproximadamente la mitad de los títulos eran suyos, aunque la presencia de otros autores había ido haciéndose más y más común. Veintiséis novelas correspondían inequívocamente a la Saga de los Aznar, con otros tres títulos independientes (aunque uno de ellos, “Robinsones cósmicos”, acabaría integrándose retroactivamente con la reedición de los años setenta). Así que era inusual pero no sin precedentes el que apareciera una historia que no tuviera nada que ver con sus personajes principales.

La historia, ambientada en el presente, acontece en los EE.UU., donde unos chavales de una reserva india localizan un platillo volante posado en una quebrada. A raíz de ello, se monta todo un dispositivo militar que altera la vida del tranquilo poblado, donde el protagonista de la historia ejerce de médico. Tras diversas vicisitudes (que no conviene revelar), acaba demostrándose que el aparato es ciertamente extraterrestre, y no sólo eso, sino que proviene de la Contratierra (un supuesto planeta gemelo que no podemos ver por orbitar en nuestro mismo plano y justo al otro lado del Sol… posición que la física nos dice que es inestable, aunque si a John Norman le valió para estar dándonos la vara durante décadas con las historias de Gor, a mí me vale).

Todo hubiera podido terminar ahí, pero sorprendentemente su siguiente novelita, “Más allá del Sol”, fue una secuela, iniciando un miniciclo de tres volúmenes que, en realidad, constituyen una única historia partida en tres trozos, la de una expedición internacional a Marte, organizada seis años después de los eventos de “Extraño visitante” para confirmar desde tal posición la existencia de la Contratierra. Se nota el cuidado de Enguídanos en la forma en que planifica la flotilla de investigación, construida en órbita con materiales elevados mediante cohetes multifásicos. Por supuesto, el doctor Welby (el médico de “Extraño visitante”) es premiado con un puesto como médico de la expedición.

Nada más llegar al planeta rojo, sin embargo, y apenas ha descendido el equipo de exploración, un platillo volante idéntico al contraterrestre inicia un ataque que destruye todas las aeronaves, dejando a los expedicionarios como náufragos sin apenas recursos en el extremadamente hostil ambiente marciano.

Tras un par de novelitas de relleno del Profesor Hasley, Enguídanos continuó con su historia en “Marte, el enigmático”, que para mí contiene los mejores pasajes de toda la serie. Tras lograr enviar a la Tierra una aeronave precariamente reparada, con la importantísima noticia de la confirmación no sólo de la existencia de la Contratierra, sino de su posicionamiento hostil, se organiza una expedición a los polos, donde esperan encontrar agua helada que les permita sobrevivir (proporcionándoles oxígeno y alimento, en forma de un poco atractivo musgo marciano) hasta un hipotético rescate, a meses vista.

De camino, sin embargo, hacen un descubrimiento asombroso, los restos apenas discernibles como artificiales de una antiquísima ciudad, a cuyo interior, presurizado, consiguen acceder finalmente. Con unas magníficas descripciones, Enguídanos evoca en su máxima expresión el sentido de la maravilla, teñida eso sí de una nota de pesar, por la decadencia irreversible de una poderosa raza, que se ha visto reducida a un único individuo (destino aciago por el que cabe culpar a la pérdida progresiva de la atmósfera marciana en el pasado lejanísimo).

En ese punto es cuando a mi entender el rumbo de la serie empieza a torcerse, pues tiene lugar una profunda escisión, al rebelarse el contingente ruso, intentando apropiarse para su exclusivo beneficio de la avanzada tecnología alienígena. En medio del caos fallece Miroslava, la chica de la serie, atrapada en el fuego cruzado de la lealtadad a su país y el amor que siente por Welby, y se inicia la autodestrucción del último bastión marciano, no sin que antes los protagonistas consigan abordar una avanzadísima aeronave que es el regalo postrero del último marciano vivo.

En “¡Atención… platillos volantes!”, los expedicionarios regresan a la Tierra a bordo de su recién adquirido vehículo, para descubrir que el planeta se encuentra bajo el terrible ataque de miriadas de platillos volantes contraterrestres, que con base en la Luna están a punto de aniquilar a la humanidad con terribles armas de destrucción masiva (biológicas y radioactivas).

Por fortuna para los terrestres, los expedicionarios descubren que la aeronave marciana no está indefensa, sino que monta unos destructivos rayos capaces de hacer estallar al más mínimo toque los reactores nucleares de los platillos enemigos. Así, tras barrerlos del cielo, se monta un contraataque para desalojarlos de nuestro satélite, utilizando en esta ocasión el vehícula marciano como transporte de tropas en una arriesgada y exitosa misión, que tiene como resultado la expulsión de los contraterrestres y la captura de parte de su flota.

El cierre de la serie llegó con el siguiente número, “Raza diabólica”… en el que se verifica un acusado descenso de la calidad, dando más bien la impresión de que Enguídanos, insatisfecho con el rumbo que había tomado, se desentendía de la historia. La acción arranca dos años depués de los acontecimientos previos. Welby trabaja en la universidad de Harvard, combatiendo las enfermedades traídas por los soldados de la Contratierra (o Ziryab, como ellos la llaman), cuando es requerido de nuevo por los militares.

Se da la inverosímil casualidad de que es idéntico a un oficial enemigo, con lo que el Alto Mando ha diseñado un plan para infiltrarlo en territorio enemigo como espía y agitador (pues han descubierto que la mayoría de la población de Ziryab pertenece a una pacífica raza de piel rojiza, sojuzgada por la belicosa y bárbara raza blanca que ellos conocen). Tan bien cumple este segundo propósito, que cuando meses después llega la armada terrestre, apenas tiene que esforzarse por ayudar a los oprimidos en su abierta rebelión contra quienes los tiranizan y, cómo no, Welby acaba no se sabe bien cómo casado con la princesa legítima (ascendida a reina por la muerte de su padre) de Ziryab. Todo ello aderezado con típicos incidentes pulp, aunque también con un descuido impropio del autor.

Parece evidente que nos encontramos con tres etapas en la miniserie de “Más allá del Sol”. Primero un prefacio, concebido de forma independiente, que presentó un escenario lo bastante sugerente para que Enguídanos se planteara la exploración del mismo en entregas subsiguientes. A continuación tres novelitas a través de las que desarrolla una de sus mejores historias, alcanzando cotas muy elevadas de exotismo y emoción, que las situán a la altura de los mejores títulos de la Saga de los Aznar. Por último, una conclusión que no está ni mucho menos a la altura de los títulos previos (todos ellos con pasajes notables, cuando menos), pergueñada deprisa y corriendo, casi parece que por compromiso.

Curiosamente, Enguídanos no retornó de inmediato a la Saga principal (de hecho, no lo haría hasta el número 93, dando inicio a la espectular subserie de los hombres de titanio). Antes tuvo ocasión de publicar tres novelas independientes y otras tres conformando la trilogía de “Heredó un mundo”… que cuando llegó el momento de escribir el guión para la adaptación al cómic de la saga fue escogida por Enguídanos como inicio de las aventuras de Miguel Ángel Aznar, en vez del inicio original (con la Astral Information Office y los cazadores de platillos volantes).

Mi teoría es que eso mismo había buscado con la serie de “Más allá del Sol”, diseñar un inicio alternativo para la Saga de los Aznar (bastaría para ello cambiar el nombre de Arthur Shelby por el de Miguel Ángel Aznar de Soto, porque los personajes en sí mismos son prácticamente inéditos). Por supuesto, para ello habría que situar a los Thorbod en la Contratierra, convirtiendo a Marte en el equivalente del Ragol de “Cerebros electrónicos” y a la aeronave marciana en el autoplaneta Rayo. Todo encaja demasiado bien como para no contemplar esta posibilidad (que explica, además, la anomalía de ambas serializaciones). Por supuesto, sin contar para nada con “Raza diabólica”, cuyas particularidades ya he comentado.

A la postre, sin embargo, cuando tocó sacar la segunda edición en los setenta el inicio siguió siendo el de “Los hombres de Venus“, modificando ciertos detalles (como convertir en un quimera lo del trasplante de cerebros… algo que quedaría reservado para la refinada crueldad del Imperio Milenario nahumita). Tal vez la solución de “Heredó un mundo” tampoco terminaba de convencerlo (o tal vez hubo presiones editoriales). Cuando décadas después tuve ocasión de interrogar a Enguídanos sobre qué inicio era su preferido (en el transcurso una entrevista que me concedió en 2003 para un libro de la Universidad de Valencia), su respuesta, tras unos instantes de vacilación, fue un poco comprometido “mejor dejarlo así”.

En cualquier caso, el contemplar el núcleo central de “Más allá del Sol” como un posible inicio alternativo de la Saga de los Aznar constituye tan sólo un plus. La historia es lo suficientemente atractiva por sí sola para justificar su lectura y disfrute, y al respecto me gustaría reincidir en las extraordinarias atmósferas que consigue evocar en numerosos pasajes. Su Marte moribundo, en particular, no tiene nada que envidiar a ningún escenario similar (y mira que ha habido bastantes).

Otras opiniones:

  1. Extraño visitante
  2. Más allá del Sol
  3. Marte, el enigmático
  4. ¡Atención… platillos volantes!
  5. Raza diabólica

Entradas sobre la Saga de los Aznar en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 10, 2017.

Una respuesta to “Más allá del Sol”

  1. El propio Enguídanos explicó el parón. Al parecer, Editora Valenciana tenía miedo de que la gente se estuviera cansando de Aznares y le pidió que los dejara de momento. Pronto se dieron cuenta de que aquello era una tontería y de que la gente quería más Aznares. Lo cuento con mayor detalle en alguno de los comentarios de la edición de Silente. No recuerdo cual.

    Cierto, cuando escribió el guión de la versión en cómic en 1959 utilizó “Heredó un mundo” como inicio alternativo. Pero también gran parte de la historia de “Raza diabólica” para el final.

    Pero es que cuando acometió la rescritura de la serie en 1974, sí que utilizó varios elementos de “Heredó un mundo”. El Venus que retrata en la primera versión no es el mismo que el de la segunda. Ni los saissai son los mismos. Es un Venus que recuerda mucho más al de HuM. No es evidente si no lees seguida la primera versión y la miniserie.

    Totalmente de acuerdo contigo en que la mejor novela de la serie es “Marte, el enigmático”.

    Un último apunte. Creo que la serie “cancelada” de Enguídanos es Finan. Cuando acabas la tercera novela y te das cuenta de que no hay más te quedas comunicando…

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