Sizigias y cuadraturas lunares

Sobre el año 1773 Manuel Antonio de Rivas, un fraile franciscano de Mérida, en el virreinato de Nueva España, fue denunciado ante la inquisición por un grupo de religiosos, que al parecer habían sido denunciados por aquél, a través de un pasquín anónimo escrito en yucateco, de pecadores lúbricos, incapacitados por sus actos libidinosos para impartir los sacramentos (en términos mucho más directos y gráficos). Esta circunstancia, junto con la meticulosidad procesal que caracterizó al Santo Oficio, nos ha permitido conservar la que se considera la primera historia de ciencia ficción escrita en el continente americano, aportada como prueba de sus ideas heréticas.

El cuaderno, escrito posiblemente bajo confinamiento mientras preparaba un almanaque astronómico para 1775 (y por tanto redactado en 1774), llevaba por título “Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la Luna y dirigidas al Bachiller Don Ambrosio de Echeverría, entonador que ha sido de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de Mama de la península de Yucatán; para el año del Señor 1775”.

En él se nos relata cómo los anctítonas (selenitas) reciben por medios que no se precisan una misiva de un atisbador de la Luna en la península del Yucatán, haciéndoles partícipes de sus observaciones, y cómo éstos deciden corresponder a tal gentileza organizando un gran congreso que recopilara sus propias observaciones de la Tierra para hacerle llegar las conclusiones. En eso están cuando a la Luna llega un caballero francés, monsieur Onésimo Dutalón, a bordo de un vehículo de su invención.

Tras dar cuenta de sus experiencias (y experimentos durante el viaje por el éter) y departir sobre cronologías (los habitadores de la Luna cuentan sus años desde el episodio en que Faetón abrasó los planetas, 7.914.252 años atrás), Dutalón se propone circunvalar el globo lunar cuando irrumpe en la reunión un batallón de demonios que está conduciendo el alma de un materialista al infierno del interior del Sol, porque Lucifer no está dispuesta a que le revolucione el infierno del centro de la Tierra (anécdota que se convertiría en una de las bases de la acusación). Partido Dutalón y partidos los demonios, la historia prosigue narrando las observaciónes de los anctítonas, que determinan que a la latitud de Mérida la Tierra rota a razón de cuatro leguas por minuto, de lo que coligen que, sometidos a tan vertiginoso vaivén, no es de extrañar que los habitantes de Mérida sean proclives a todos los vicios (segundo motivo de denuncia, pues tal influencia perniciosa negaría el libre albedrío).

Regresado Dutalón de su periplo lunar, los anctítonas le encargan la tarea de entregar la misiva redactada al bachiller Ambrosio Echeverría (ante la imposibilidad de identificar al anónimo atisbador), y el francés parte, con la promesa de regresar a la Luna, quizás acompañado del propio Echeverría.

Como se puede apreciar, es una obra claramente inspirada en toda la proto ciencia ficción que imaginaba viajes a nuestro satélite, empezando por la “Historia verdadera” de Luciano de Samosata. Dentro de la tradición de los viajes fantásticos, era un tipo de ficción ya bien consolidado, con obras como “Somnium” de Johannes Kepler (1634), “El hombre en la Luna” de Francis Goodwin (1638), “Historia cómica de los estados e imperios de la Luna” de Cyrano de Bergerac (1657) o “Micromegas” de Voltaire (1752), así como textos filosóficos del tipo de “El descubrimiento del mundo en la Luna” de John Wilkins (1638), “Conversaciones acerca de la pluralidad de los mundos” de Bernard le Bovier de Fontenelle (1686) o “Iter lunare” de David Russen (un ensayo sobre la obra de Bergerac, publicado en 1703). El primer viaje a la Luna en español es obra de Diego Torres de Villarroel, quien escribió en 1724 “Viaje fantástico del Gran Piscator de Salamanca. Jornadas por uno y otro mundo, descubrimiento de sus substancias, generaciones y producciones. Ciencia, juycio y congetura de el eclypse de el día 22 de mayo de este presente año de 1724 (de el qual han escrito los Astrólogos del Norte), etc., por su autor, el bachiller Don Diego de Torres, Profesor de Filosofía y Matemáticas, substituto a la cátedra de Astronomía de Salamanca” (aunque mucho antes, en 1532, ya la había alcanzando en latín el clérigo Juan de Maldonado en su propio “Somnium”).

En ese sentido, y dada su corta extensión y su relativamente tardía fecha de redacción, no se puede decir que aporte nada demasiado de novedoso al campo. Ahí entra, sin embargo, la documentación adyacente a la obra en sí. Nos encontramos primero con el texto de la acusación, que recalca las supuestas herejías en que incurre (signado por Fray Francisco Larrea y Fray Nicolás Troncoso). El fiscal inquisidor, sin embargo, no queda satisfecho y encarga una nueva valoración a un tal Diego Marín de Moya, que desarrolla una brillante defensa fundamentada en dos puntos.

El primero, que de acuerdo con la teoría heliocéntrica de Copérnico el Sol puede considerarse que se encuentra en una posición inferior con respecto a la Tierra, lo que es congruente con las ubicaciones relativas que les asignan las escrituras. Más relevante es la segunda parte de su argumentación, que califica el relato como un apólogo, es decir, una fábula moral, que hace uso de la fantasía y de la exageración con el propósito de transmitir no una verdad literal, sino un concepto metafórico (en este caso, que el libertinaje campaba a sus anchas entre determinados sectores de la alta jerarquía social y eclesiástica de Mérida).

Tal vez se trate, ni más ni menos, que del primer análisis sobre los objetivos y mecanismos de la ciencia ficción como literatura referencial.

Se desconoce el resultado del proceso en su conjunto, así como el destino de Manuel Antonio de Rivas, aunque sí se sabe que en 1777 se desestimaron por completo las acusaciones de herejía a raíz del contenido de “Sizigias y cuadraturas lunares” (por la documentación, da la impresión de que los inquisidores se olieron enseguida de qué iba de verdad todo aquello). El texto fue pasando de archivo en archivo hasta que fue redescubierto en 1958, alcanzando pronto el estatus de obra fundacional de la ciencia ficción mexicana.

La edición en que me he basado para la elaboración de esta reseña parte de un estudio de Carolina Depetris y Adrián Curiel Rivera para la Universidad Nacional Autónoma de México en 2009, que podéis descargar en PDF desde este enlace (incluye la transcripción completa de “Sizigias y cuadraturas lunares”).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en abril 6, 2017.

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