The fifth season (La quinta estación)

La última década no ha sido precisamente el período más brillante de los premios Hugo. Junto con el troleo de los sad/rabid puppies (que, pese al revuelo causado, en novela sólo ha logrado colar cuatro finalistas en los tres últimos años), se da la circunstancia de que los ganadores recientes no son precisamente de los que se espera que vayan a erigirse en hitos significativos en la historia del género fantástico. El que esto se deba a deficiencias en el proceso selectivo o a una producción en general decepcionante está abierto a debate (que no iniciaré aquí y ahora), lo cierto es que hacía tiempo (desde “Al final del arco iris“) que no me entusiasmaba un premio Hugo (o Nebula, ya que estamos). “The fifth season”, de N.K. Jemisin, ha logrado romper la estadística.

Vengo siguiendo con interés la carrera de Jemisin desde que tuve ocasión de leer su primera novela, “Los cien mil reinos“. Aunque era un título “ligero”, con unos orígenes juveniles de los que no se había podido desembarazar del todo, mostraba detalles que apuntaban a una evolución de la fantasía épica, más allá de lo que podría denominar el modelo de crisis de Brandon Sanderson o Joe Abercrombie (con historias de sociedades abocadas a un cambio catastrófico y cuestionamiento del típico Camino del Héroe).

Si algo ha quedado patente durante estos últimos años es que la ciencia ficción no está sabiendo responder al desafío de plasmar los retos, miedos y esperanzas de nuestro presente. Era cuestión de tiempo que la fantasía tomara el relevo, y del mismo modo que en los ochenta encontramos multitud de novelas de ciencia ficción disfrazadas con ropajes fantásticos (fue la solución que encontraron para seguir en la brecha autores de ciencia ficción con unos fudamentos más bien soft cuando el hard se puso de nuevo de moda), hemos empezado a encontrar historias de fantasía que se pliegan a los requerimientos más estrictos de worldbuilding de la ciencia ficción. Esto, que en Brandon Sanderson, por ejemplo, proporciona tan sólo verosimilitud (véase la serie de “Nacidos de la bruma), poseía el potencial de ir mucho más allá, de contribuir a dotar de mayor peso referencial a la obra. Llega el 2015 y Jemisin da inicio a la serie de Tierra Rota con “The fifth season”.

El escenario es fundamental. Nos encontramos con un mundo (que podría o no ser nuestra Tierra) en el que toda la masa emergida conocida se encuentra unida en un único supercontinente, la Quietud, sometido a terribles tensiones tectónicas que desencadenan periódicos eventos catastróficos (conocidos por los sufridos habitantes del mundo como “quintas temporadas”). En su conjunto, es un escenario equiparable al de una Gran Extinción (más específicamente, a la del Pérmico-Triásico, también conocida como la Gran Mortandad, cuando desaparecieron el 95% de las especies marinas y el 70% de los vertebrados terrestres).

Cualquier especie que aspire a la supervivencia debe adaptarse, y los seres humanos han desarrollado una doctrina conocida como stonelore (algo así como “la sabiduria de la piedra”), elaborada por el sistema del ensayo-error, que marca una serie de pautas para sobrevivir a una quinta estación. Durante los últimos dos mil años, además, hay una organización política, el Antiguo Imperio Sanze, que ha logrado sobrevivir a cinco episodios catastróficos (cuando lo habitual es que la supervivencia quede restringida al nivel de la comunidad).

Existe otra adaptación particular en los seres humanos. Un pequeñísimo porcentaje de la población ha adquirido la capacidad de manipular con la mente la energía sísmica (o la térmica) para aquietar o estimular temblores y actuar sobre la roca. Son los orogenes, despectivamente tildados de roggas (o “rogatas”, que creo que sería la traducción más apropiada), temidos y perseguidos por quienes tan sólo poseen cierto grado de sensibilidad a los movimientos sísmicos y, al mismo tiempo, pieza clave del éxito sin precedentes del imperio Sanzed, que monopoliza su control a través de una organización conocida como el Fulcro (mientras los mantiene bajo control mediante la casta de los guardianes).

Contra este fondo, la trama de la novela se centra en tres historias (cuya relación no revelaré, aunque no tarda mucho en hacerse obvia), protagonizadas por tres mujeres. Está Essun, una orogén que un día, al regresar a su casa, descubre que su marido ha matado al hijo en común y ha raptado a la hija, ambos herederos del don (o maldición) de su madre. Esto coincide con el inicio de una quinta estación (por la activación de un rift), lo que dificulta si cabe más la búsqueda que emprende de su hija, a través de un mundo que va endureciéndose y enquistándose para intentar burlar una vez más a la extinción.

También está Damaya, una niña cuya comunidad acaba de descubrir que es una rogga. Por suerte para ella, en ese momento hay un guardian cerca, que al ser llamado se hace cargo de ella y la conduce al Fulcro, para recibir entrenamiento (una formación que incluye mucho dolor y mucho autocontrol). Por último, nos encontramos con Sienita, una orogen de cuatro anillos (o cuarto grado), a la que el Fulcro encarga la misión de limpiar de formaciones coralinas la entrada al puerto de una próspera comunidad costera, bajo la supervisión de Alabastro, un extraño orogen de diez anillos. Las tres historias se desarrollan mostrándonos las peculiaridades, sobre todo sociales, de ese mundo, centrándose sobre todo en la difícil posición de los orogenes, temidos y despreciados a partes iguales… salvo cuando se hace necesario su concurso.

No resulta difícil percibir las sublecturas raciales, aunque si de algo no se puede acusar a “The fifth season” es de caer en obviedades. De hecho, la cuestión racial en sí misma resultaba irrelevante, pues el tono de la piel responde a cuestiones principalmente latitudinales. En todo caso, la novela desafía los modelos tradicionales otorgando el predominio político a los sanze, una raza ecuatorial de piel moderadamente oscura y presentando personajes de fenotipos variados, sin que ello tenga verdadera relevancia. Lo auténticamente distintivo, la diferencia fundamental, se encuentra en la capacidad de controlar las energías sísmicas, y así los orogenes se encuentran en una posición de injusta subordinación (que no exactamente esclavitud), presos de un sistema político y social rígido, validado por la ley del superviviente.

De igual modo, la novela desafía los estereotipos de género, sin necesidad de confrontarlos directamente, sino limitándose a obviarlos. La ley suprema durante una quinta estación es la supervivencia, y es la utilidad para la comunidad lo que determina el valor individual de cada sujeto, independientemente de su sexo.

Si al escenario fascinante y la densidad referencial le unimos una trama que no deja de introducir nuevos elementos (como los obeliscos y otros remanentes de las viejas civilizaciones muertas), nos encontramos con una novela que en todo momento está ofreciendo algo nuevo al lector, al tiempo que va desarrollando su tesis sin necesidad de imponerla. Básicamente, “La quinta estación” nos enfrenta al fin del mundo, al tiempo que plantea la duda de hasta qué punto eso es algo tan terrible si se trata de un mundo imperfecto. Rupturismo (literal) frente a estancamiento, sin necesidad de suavizar las cosas o recurrir, como tan a menudo pasa, a una visión ingenua del mundo y del ser humano.

No todo es perfecto. Algunas de las decisiones estilísticas (como narrar en segunda persona uno de los arcos) no tienen demasiado sentido, las conexiones entre las distintas tramas se presentan de forma excesivamente bruca y “La quinta estación” es claramente parte de un todo mayor (de hecho, tan sólo constituye una introducción). En otras palabras, la novela carece de auténtica entidad individual y no llega a cerrar prácticamente ninguno de los desarrollos que plantea. Esto ha pesado en ocasiones contra series en los premios, y yo mismo no suelo ser muy amigo de destacar obras incompletas, pero a todos los demás niveles constituye un logro demasiado significativo para ignorarlo.

Frente a la vacuidad inofensiva de “Redshirts” o la vacuidad pretenciosa de “Justicia auxiliar“, “The fifth season” constituye un retorno a los premios con calado, de esos de los que no basta una crítica breve como ésta para examinar todas sus claves. Confirma, además, que hay una nueva vanguardia en fantasía, y que ésta empieza a ser reconocida y, de paso, constituye una evidencia más de que en estos momentos nuestras inquietudes encuentran mejor reflejo en los escenarios fantásticos (aunque sea tomando prestados un par de trucos de la ciencia ficción).

“The fifth season” fue también finalista a los premios Nebula, World Fantasy y Locus de Fantasía. La trilogía de Tierra Rota se completa con “The obelisk gate” (2016) y “The stone sky” (2017). Entre el resto de nominados al Hugo se contaron “Un cuento oscuro” de Naomi Novik (premios Locus, Nebula y Mythopoeic), “Ancillary mercy” de Ann Leckie (premio Locus) y “Seveneves” de Neal Stephenson.

Otras opiniones:

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 27, 2017.

3 comentarios to “The fifth season (La quinta estación)”

  1. Tengo muchas, pero que muchísimas ganas de leerla en castellano en un par de meses :)

  2. Estoy de acuerdo con tu crítica. De forma global el mundo creado es riquísimo, la premisa de una quinta estación o fin del mundo y la supervivencia como motor de la narración me enganchó, así como el inicio potente de la historia. Me gusta la parte mágica y su desarrollo. También la estructura de la novela en tres partes, pero, pero, pero…No sé si se deberá a la traducción pero en muchos puntos me perdía, un nuevo dato no explicado me sacaba de la historia, o la escritora añade un apunte nuevo conveniente sacado de la manga para dar sentido a un acontecimiento o escena. He ido perdiendo el interés conforme me acercaba al final, hasta tal punto que me planteo si leer la segunda parte.

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