Puente de pájaros

La carrera literaria de Barry Hughart es extraordinariamente inusual. Su primer libro, “Puente de pájaros” (“Bridge of birds”, 1984), publicado a los cincuenta años, lo catapultó de inmediato a lo más alto del género fantástico, al reportarle el World Fantasy Award y el Mithopoeic Award. En los cuatro años siguientes publicó dos continuaciones, “La leyenda de la piedra” y “Ocho honorables magos”… y abandonó por completo la escritura. El plan original era escribir al menos siete novelas en las conocidas como Crónicas del Maestro Li y Buey Número Diez, pero su insatisfacción con el proceso editorial (entre otras cosas, su editor no le informó de los premios recibidos) le llevó a abandonar prematuramente, privándonos de una de las voces más personales del género (aunque él mismo se resistía a verse encasillado en la fantasía, pues consideraba que su obra podía alcanzar, bien promocionada, un público más amplio).

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“Puente de pájaros”, como las otras dos novelas de la serie, está narrada por Buey Número Diez (o Lu-yu), un campesino grandote y de buen corazón de la aldea de Ku-fu, allá por el siglo VII, que ante la súbita y misteriosa enfermedad que aqueja a todos los niños entre ocho y trece años tiene que viajar a Pekin, en busca de un sabio que les ayude. Sus limitaciones económicas tan sólo le permiten hacerse con los servicios de Li Kao, un anciano borrachín con un ligero defecto de carácter. Lo cual en realidad es una bendición, porque pese a su defecto (o quizás gracias a él) no hay mayor sabio en toda China, y es que el maestro Li es un sinvergüenza redomado, pero también leal a su manera, y removerá cielo y tierra con tal de cumplir con la tarea en la que se ha comprometido.

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Comienzan así las aventuras del maestro Li y Buey Número Diez, mientras parten en pos de la única medicina capaz de salvar a los niños, un extracto de raíz de ginseng, aunque no de una planta cualquiera, sino de la Raíz de Gran Poder. Esta empresa los llevará de un lado a otro, siguiendo un rastro jalonado de pistas vagas y coincidencias asombrosas, mientras se enfrentan a los mayores poderes (siempre corruptos) y ponen en práctica las estafas más rocambolescas.

La China que nos describe Hughart es una “China que nunca existió”, como indica el subtítulo de la novela, reinterpretando los mitos como reflejo de acontecimientos reales, pero sin abandonar por ello el componente fantástico (se limita a reinterpretarlo). Así, el autor se basa en la historia y la mitología del país oriental para dibujar un fresco mucho más complejo de lo que parece a primera vista (con una linearidad que puede llegar a engañar, pues más que de capítulos sueltos, asistimos a una progresión, casi un ciclo de reencarnaciones taoístas, que conducen hacia la culminación en que se nos revela completo el significado de la trama). Los propios Li y Buey Número Diez son arquetipos protomíticos, siendo el maestro Li, en particular, una encarnación del Pícaro Divino (trickster).

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El problema de esta exposición es que todo lo que os he contado suena terriblemente serio, y nada más lejos de la realidad. “Puente de pájaros” es una novela que hace gala continuamente de un afilado sentido del humor. Su mirada irónica hacia las debilidades humanas nos hace esbozar de continuo una sonrisa mientras lo leemos (e incluso puede escaparse alguna carcajada). Es un humor que tiene también su componente negro, emparentado con el de la novela picaresca, y que en el fondo es una crítica apenas encubierta.

Lo bueno de “Puente de pájaros”, sin embargo, es que por cada muestra de cinismo nos presenta un contraejemplo de genuina maravilla e incluso bondad, escondida a veces bajo una superficie tiznada por los avatares de la vida. Gracias a esa visión equilibrada, el libro evita la trampa de convertirse en una mera parodia. Li y Buey Número Diez son el yin y el yang, colaborando armónicamente para restituir el equilibrio, y en su búsqueda de la medicina para los niños de Ku-fu acaban metidos en una gesta mayor, que tiene un fin divino (inspirado en la antigua leyenda china de la hilandera y el ganadero, base a su vez del festival Qi Xi).

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¿Qué más podría decir para animaros a la lectura de esta pequeña maravilla? Pues quizás que los interesados podrán encontrar referencias a figuras reales de la historia de China. Así, la Ancestral es una versión de un poco exagerada de la emperatriz Wu Zetian (la única mujer que ha ostentado jamás esa posición), mientras que los duques de Ch’in se inspiran en Qin Shi Huang, el primer emperador, y su búsqueda de la inmortalidad. Ah, y también hay referencias más o menos explícitas a las Cuatro Novelas Clásicas Chinas, en especial al “Sueño en el pabellón rojo” (Cao Xueqin, 1792), aunque también hay bastante de “Viaje al oeste” (Wu Cheng’en, 1590). Todo ello por no hablar del choque entre conceptos taoístas, confucionistas y legalistas o las referencias continuas a diversos cuentos de hadas.

Pero de nuevo estoy proyectando una imagen distorsionada de la novela. Voy a dejarme de análisis más o menos sesudos para limitarme a afirmar que leer “Puente de pájaros” constituye una experiencia maravillosa. Las aventuras del maestro Li y Buey Número Diez tienen de todo: emoción, humor, aventura, exotismo, grandes personajes, magia… y para terminar de redondearlo, cuando concluye y todo encaja, nos ofrece uno de los finales más satisfactorios que he leído en mucho tiempo.

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Simple y llanamente, una obra redonda, que merece sobradamente el reconocimiento recibido con el Premio Mundial de Fantasía (que compartió con “Bosque Mitago“, de Robert Holdstock), y que posiblemente de haber completado el autor su plan original sería hoy mucho más reconocida.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en febrero 9, 2017.

8 comentarios to “Puente de pájaros”

  1. Después de leer muchas críticas positivas, como esta, conseguí el libro, lo empecé con gran ilusión y … no pasé de la página 50. El afán del autor por ser ocurrente y divertido en cada frase fue demasiado para mí. Además no conecté en ningún momento con su sentido del humor por lo que después de una sucesión de chistes malos y aventuras sin ninguna gracia abandoné la lectura.

    • Ningún libro en el mundo, por muy bueno que sea, es para todos los gustos (y al revés, no hay libro tan malo que no pueda satisfacer a alguien). Es lo maravilloso de la literatura. Al final, lo único que importa es la relación, única y personal, que cada lector establece con cada libro (y, por supuesto, si no se conecta con un libro, mejor dejarlo, que ya llegará otro que sí despierte esa sensación de plenitud).

      • Totalmente de acuerdo. Ya he comentado que empecé el libro con gran ilusión (y después de que me costase mucho conseguirlo) pero como dices, si no se consigue conectar con un libro mejor dejarlo. No solo había leído críticas elogiosas en español, sino que algunos blogs franceses que sigo ponían todos el libro por las nubes. Seguramente por todo esto me llevé una gran decepción.

        • Cuando me ocurre algo así, me da rabia, porque siento que se me ha escamoteado algo (en cierto modo, me pasa con “Bosque Mitago”, la coganadora del WFA, que no termino de encontrarle la gracia…).

  2. La crítica me ha animado a pedirme los 3 libros por correo. A la espera estoy de que me lleguen.
    Me ha dado la impresión de que la China de la obra es parecida a las ambientaciones de las novelas de Tim Powers y eso ha sido decisivo. A Powers también lo conocí por Rescepto y resultó ser todo un descubrimiento. Me encantaron En costas extrañas, Esencia oscura, la serie de los poetas y unos cuantos relatos cortos.

    Por cierto: ¿sabes si estos libros inspiraron el videojuego Jade Empire? Es que veo muchas cosillas en común.

    • Pues sí que hay algún parecido, aunque Tim Powers escribe sobre historia mágica oculta, mientras que los libros de Barry Hughart son más bien historia mágica alternativa. Dicho de otro modo, el primero engarza sus tramas en acontecimientos históricos, mientras que el segundo lo hace en hitos culturales (con cierta tendencia al anacronismo, algo bastante habitual en la ficción china), por no hablar de que su tono es más mítico. El humor de Hughart es, por añadidura, bastante más irónico. Ya contarás…

      Los libros no inspiraron el juego en sí (al menos, no directamente), pero muchos de los personajes están basados con mayor o menor libertad en personajes de “Puente de pájaros”.

  3. Hola, Sergio. Llevo unos días preguntándome si cuando reseñaste esta novela te andaba por la cabeza esta noticia reciente sobre los lichis que recuerda mucho al mcguffin inicial de la historia:

    http://www.debate.com.mx/mundo/El-lichi-la-fruta-detras-de-la-muerte-de-ninos-20170203-0094.html

    • Pues la verdad es que no. Es además una relación circunstancial que se me había pasado por completo. La decisión de leer y reseñar “Puente de pájaros” derivó de las muy buenas referencias que tenía, junto con el hecho de que es Premio Mundial de Fantasía.

      Lo peor de la historia de los lichis es pensar en todo lo que lleva asociado (y que se haya tardado tanto en realizar un estudio epidemiológico serio).

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