Guardianes de la noche

Resulta extraordinariamente difícil para el fantástico no anglosajón romper las fronteras nacionales y alcanzar repercusión global. Luego, dentro de cada país en concreto, la situación puede variar mucho, desde aquellos mercados lo bastante maduros como para permitir la profesionalización hasta los que, como el nuestro, se sostienen a duras penas en el límite mismo de la irrelevancia.

En tales condiciones, hay que aprovechar lo que se pueda para romper las barreras, y una oportunidad se abre con las adaptaciones cinematográficas (para lo cual, claro está, hace falta también una industria del cine con un mínimo de proyección internacional). Tal fue el camino que aprovechó uno de los principales autores contemporáneos de literatura fantástica rusa, Serguéi Lukyanenko.

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Hasta el año 2004 era un escritor mayoritariamente de ciencia ficción (y dentro de esta, con predilección por la space opera), conocido básicamente entre los círculos de aficionados rusos. Aquel año se estrenó uno de los primeros taquillazos de la súbitamente en expansión industria cinematográfica rusa: “Guardianes de la noche”, de Timur Bekmambetov, basada en un libro homónimo de Lukyaneko, “Ночной дозор”, publicado originalmente en 1998.

El enorme éxito del film, no sólo en su país sino también (a mucha menor escala) en el resto del mundo, lo convirtió de la noche a la mañana en un autor no sólo célebre en Rusia, sino comercializable en el resto del mundo, y España no fue una excepción (aquí recaudó casi 3 millones de euros). Así, en 2006 se publicó “Línea de sueños”, una de sus novelas más famosas de ciencia ficción, y a partir de 2007 empezó a publicarse la por entonces trilogía de los guardianes, empezando, claro está, por “Guardianes de la noche”.

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Abandonando la ciencia ficción en la que solía moverse, Lukyanenko optó por la fantasía urbana para narrar las historias de dos organizaciones enfrentadas, la Guardia de la Noche (integrada por los buenos luminosos) y la Guardia del Día (formada por malvados oscuros), en una dura pugna de siglos por… mantener el equilibrio. Y es que la peculiaridad del escenario propuesto por el autor radica en que, tras encontrarse al borde la destrucción mutua, las dos facciones de humanos con poderes extraordinarios conocidos como los Otros firmaron una tregua, un pacto, por el cual autolimitaban su influencia sobre el mundo y los hombres normales, a la espera de que uno de los dos bandos alcanzara inequívocamente la supremacía que le permitiría barrer al opuesto. Los garantes del pacto son los Guardianes, encargados cada uno de vigilar (y castigar) las acciones de la facción opuesta.

Esta premisa, con un enfoque tradicional (estadounidense), hubiera sido una historia de perdedores que, contra todo pronóstico, acaban triunfando. El protagonista, Antón Gorodetsky, un mago de la luz de medianas capacidades (e informático, para más señas), bien podría encajar en el molde. El caso es que eso sería muy poco ruso. Así, nos encontramos con que un enfrentamiento entre la luz y la oscuridad, librado por seres poderosísimos (magos, vampiros, cambiaformas, sanadores y hechiceros), acaba deviniendo en una emabarrullada partida de ajedrez, librada en medio de los grises del crepúsculo, con todos los participantes obligados a contener sus golpes para no violar el Pacto.

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“Los guardianes de la noche” le debe  mucho a la literatura de espías, y de hecho lo que escenifica es una especie de guerra fría entre el bien y el mal, con las líneas divisorias entre ambos tan difuminadas que en ocasiones pueden confundirse. Es también una historia de frustración, donde los participantes se contentan con ir sobreviviendo, aunque para ello estén obligados a hacer concesiones (como conceder a los vampiros licencias de caza de tanto en tanto). ¿Es aceptable para el bien pactar una tregua con el mal? ¿Hasta qué punto resulta asumible el precio a pagar? Ésas son algunas de las dudas que asaltan a Antón mientras desempeña las misiones que le encomienda su jefe (siempre con doble o triple intención).

“Guardianes de la noche” constituye, en definitiva, un reflejo de la Rusia postsoviética, intentando encontrar casi a ciegas una nueva identidad tras el derrumbe del comunismo (y ahí se entremezclan la añoranza, la autocrítica, la esperanza y el desconcierto). Por supuesto que tenía que diferenciarse de la fantasía urbana americana (o británica).

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Estructuralmente, la novela se divide en tres segmentos, que corresponden a tres movimientos de la partida librada entre Hesser, el mago al mando de la división de Moscú de la Guardia de la Noche, y Zavulón, su contraparte de las tinieblas. En todas ellas encontramos a Antón, convertido de súbito en un agente operativo y encargado de misiones como proteger a un niño que va a ser víctima de unos vampiros sin licencia, desentrañar el misterior de una terrible maldición lanzada contra una joven doctora (y que, de dejar que se desarrolle, podría arrasar toda la ciudad) o atrapar a un mago de la luz descontrolado, que está matando indiscriminadamente a oscuros contraviniendo el Pacto (del que no tiene noticia).

Lejos de solucionarlo todo con ayuda de la magia, nos lo encontramos tratando de encontrarle sentido a su labor, de justificar cada inacción y de desentrañar el papel que los maestros de la partida tienen reservado a un peón como él y de compaginar sus deberes como luminoso con sus necesidades, pese a todo, humanas.

Destaca en “Guardianes de la noche” ese retrato de los Otros como figuras casi trágicas. Ajenos al mundo y distanciados incluso los unos de los otros en función de sus poderes y conocimientos. Lukyanenko crea todo un elenco de personajes, atrapados entre lo mundano y lo sublime, en un crepúsculo perpetuo.

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“Guardianes de la noche” tiene dos secuelas directas: “Guardianes del día” (con Vladimir Vasilyev, 2000) y “Guardianes del crepúsculo” (2003). La película toma elementos de las dos primeras historias de la novela para componer algo más efectista e incluso caricaturesco, mientras que la secuela, pese a su título, adapta muy, muy libremente el resto del libro. A raíz de su éxito, prosiguió con la serie, publicando una segunda trilogía compuesta por “La última guardia”, “La nueva guardia” y “La sexta guardia” (los tres inéditos en español).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en enero 25, 2017.

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