22/11/63

Tras haber leído todo cuanto Stephen King escribió antes del 2001, no había vuelto a visitar su ficción hasta ahora, con “22/11/63” (“11/22/63” según la ordenación anglosajona original), su novela de 2011 que explora el viaje en el tiempo, bajo unas reglas muy particulares, con el objetivo de prevenir el asesinato de John F. Kennedy.

Las razones de este “abandono” son diversas. Por un lado está el significativo bajón en la calidad de los libros de King durante los noventa, unido a una falta de interés apriorístico por sus propuestas desde entonces. También cabría considerar la importante diversificación de mis lecturas en lo que llevamos de siglo, especialmente desde la creación de este blog, que ha complicado sobremanera la gestión de la Pila (intentar abarcar tres siglos de literatura fantástica deja muy pocos huecos libres para “caprichos”).

El caso es que, finalmente, he podido ponerme con la que tal vez sea la novela de Stephen King más aclamada de los últimos lustros, y el reencuentro ha sido suave, quizás algo por debajo de las expectativas en determinadas facetas, pero satisfactorio en términos generales.

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Lo cual resulta en cierto modo una pena, porque podría haber sido mucho más. El problema de “22/11/63” es que hay en ella al menos tres novelas peleando por los focos, una magnífica, las otras dos no tanto. Prescindiendo de ésas últimas, tendríamos un novelón (con trescientas páginas menos), y es un testamento a la calidad de Stephen King el que, pese a todo, siga siendo un gran novela.

El protagonista es Jake Epping, un profesor de literatura de Maine que es “reclutado” por un conocido del pueblo para la misión de salvar a JFK. Tal extremo es posible dado que este hombre, Al, ha descubierto que existe una especie de túnel que conecta el almacén de su bar con el 9 de septiembre de 1958, cinco años antes del magnicidio. Durante años estuvo aprovechándose de él para comprar carne de primerísima calidad a precio de ganga, pero en los últimos tiempos se obsesionó con cambiar el rumbo de la historia pasada de los EE.UU., y sólo un inoportuno cáncer le impidió completar él mimos la autoimpuesta tarea.

Las reglas del viaje temporal son simples. No importa cuánto tiempo se quede en el pasado, vuelve siempre cinco minutos después de haberse ido; y cada vez que cruza el túnel el pasado se resetea, y todo lo que cambió en el viaje anterior vuelve al rumbo original. Además, el pasado se “protege”, poniendo dificultades cada vez mayores en el camino de cualquiera que intente cambiarlo, con un efecto más y más intenso de acuerdo con la magnitud del cambio previsto.

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Tras las dudas iniciales, Jake acaba por aceptar su papel, y viaja a 1958 bajo el nombre de George Amberson, aunque antes de abordar su objetivo principal decide hacer una prueba previniendo el asesinato de casi toda una familia por parte del padre borracho (conocimiento que le llega en forma de redacción por parte del único superviviente). Casualmente, este suceso tiene lugar en Derry, pocos meses después de los hechos narrados en la línea temporal del pasado de “It” (1986).

Solventado satisfactoriamente este asunto (a la segunda), da comienzo la trama principal, que encuentra a Epping/Amberson disfrutando de las cosas buenas del pasado (sin olvidar las no tan buenas, como el racismo, especialmente vigente en Texas) y preparándose para seguirle la pista a Lee Harvey Oswald, desde su retorno a los EE.UU. después de su truncada deserción a Rusia. El objetivo de esta vigilancia es comprobar si, efectivamente, actuó solo y no como pieza desechable de una conspiración, única circunstancia que permitiría salvar al presidente eliminándolo previamente.

Así, Jake empieza a vivir entre Dallas y Fort-Worth (lugares de residencia de Oswald en estas fechas), aunque escoge también, tanto por motivos económicos como psicológicos, llevar una vida más o menos normal en un pueblecito cercano, Jodie, donde sin pretenderlo realmente se verá atrapado por la vida a principios de los años 60 y encontrará incluso el amor en la forma de la joven bibliotecaria Sadie Dunhill.

Stephen King recrea en “22/11/63” la añorada vida de su juventud (nació en 1947), mientras realiza una aproximación tangencial (la única factible) al misterio del asesinato de Kennedy, que tuvo lugar bajo unas circunstancias que han dado pie a la especulación y a la proliferación de las más variopintas teorías conspirativas (quizás por lo prosaico de los hechos contrastados).

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Con su maestría narrativa, Stephen King navega con mano firme por entre los hechos históricos, entretejiendo una semblanza poco halagüeña (y probablemente acertada) de Lee Harvey Oswald, examinando de paso al resto de personajes de su entorno, su esposa rusa Marina, el expatriado ruso (y quizás activo de la CIA) George de Mohrenschildt o el agente del FBI James Patrick Hosty. Los importantes huecos que aun hoy presentan la biografía de Oswald, los rellena con su (doble) vida en Jodie y los altibajos de su complicada relación con Sadie… y cuando no hay más remedio, la fuerza correctora del pasado interviene para que Jake no pueda averiguar nada que no sepamos (o intuyamos) ya sobre esos acontecimientos que condujeron al crimen que conmovió a todo un país y al mundo.

Como comentaba, son tres las “novelas” que pugnan por el control del libro. Por un lado está todo lo relacionado directamente con el magnicidio, que conecta con la novela histórica, un género que era terra ignota para King (la idea de abordar esta historia existía desde al menos 1974, pero hasta el 2011 no se sintió capacitado para llevarla a buen término). La excusa del viajero temporal no es nueva en estos menesteres, pero sí imprescindible, dado lo anodino de la vida de Oswald, que lo mantuvo por debajo del radar (en parte por graves errores de juicio de las fuerzas del orden) hasta el momento fatídico. La espera, además, le ha dado un nuevo sentido a la historia, pues en los últimos años se está haciendo popular el concepto de que en algún punto entre la administración de Kennedy y la de Nixon el rumbo de la nación se torció (personalmente, creo que se trata más de una percepción de declive).

De igual modo, aunque no tenga nada que ver con Kennedy, la vida de Jake en Jodie es fundamental como contrapunto dramático y para proporcionar el “sabor” de principios de los sesenta. Todos los personajes del pueblo, “Deke”, Miz Mimi, Ellie, los alumnos del instituto Denholm… son creíbles y memorables, y en conjunto aportan el ancla de cotidianidad que permite aceptar los elementos más fantásticos (como una querencia del pasado por los motivos recurrentes).

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Antes, sin embargo, Stephen King se ha permitido un autohomenaje que no termina de encajar en el conjunto (y que, de hecho, frena la lectura durante un par de centenares de páginas). La visita de Jake a Derry (donde incluso conoce a dos de los protagonistas de “It”) entronca más con su producción habitual, y requiere de cambios en la aproximación de los que el propio autor es consciente. La muerte de Frank Dunning (el padre borracho) sigue con bastante fidelidad el guión típico de las historias del Maine oscuro de King, lo cual contrasta con el tratamiento obligadamente realista (y por ello confuso y ambiguo) de Lee Harvey Oswald y su crimen.

Tal vez el autor pretendía destacar la diferencia (y las similitudes, pues luego se encarga de recalcar que Dallas y Derry son la misma cosa), pero tal vez resulta un fragmento un poco autoindulgente, que corta el ritmo de la narración. Como examen de la relación entre el mal en la ficción de King y en la realidad tiene su mérito, pero la decisión de darle tanto peso en la novela resulta cuestionable.

Peor, sin embargo, es la tercera “novela”, la que abraza sin ambages los aspectos más fantásticos de la historia. En mi opinión, King se pasa de frenada. Intenta adornar en demasía una buena estructura (con un importante fallo lógico, pero bueno, es muy difícil controlarlo todo en las historias de viajes en el tiempo), introduciendo elementos innecesarios (el hombre de la tarjeta amarilla y los daños catastróficos en el continuo espacio-temporal) y poco trabajados. Para un cuento, o quizás incluso una novela corta, servirían, pero integrados en el todo mayor se perciben a medio cocer y, lo peor, innecesarios (por fortuna, tampoco molestan demasiado). La historia de Jake y Lee Harvey Oswald, junto con las consecuencias meramente ucrónicas de sus acciones, bastaban con creces para sostener la novela.

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En conjunto, sin embargo, pesan mucho más los aciertos que los fallos, y tenemos una muy interesante novela de ciencia ficción (un género al que no es para nada ajeno King), con importantes rasgos de novela histórica, que le ha valido al autor numerosos parabienes. Así, por ejemplo, y en lo que nos atañe a los lectores de literatura fantástica, “22/11/63” acabó segunda en la votación de los Locus de 2012 en la categoría de novela de ciencia ficción (por detrás de “Embassytown“), y de igual modo fue finalista del World Fantasy Award y del August Derleth (British Fantasy Award).

En 2016 la productora televisiva Hulu produjo una miniserie de ocho capítulos basada (es un decir) en la novela, aunque lo cierto es que cualquier parecido entre la una y la otra, salvo quizás en los capítulos inicial y final, es pura coincidencia.

En esta ocasión no incluiré enlaces a otras críticas (más que nada porque me resulta actualmente imposible ponerme a separar el grano de la paja; quizás más adelante pueda volver y hacer una criba).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en agosto 25, 2016.

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