La torre abominable

Gordon R. Dickson fue un autor, conocido principalmente por su ciencia ficción, que empezó a publicar en los años 50, pero con un estilo claramente continuista con las obras de la Edad de Oro (de un modo similar a su compañero y colaborador ocasional Poul Anderson). Durante el predominio de la New Wave siguió dedicado a la space opera, aunque introduciendo elementos reflexivos acerca de la evolución futura de la humanidad, constituyendo su obra principal el ciclo Dorsai (que originalmente debía formar parte de una serie mayor, nunca escrita, que debía extenderse desde el siglo XIV hasta el futuro lejano del hombre).

Dragon_and_the_george

No fue hasta 1976 que escribió su primera novela de fantasía, “La torre abominable” (“The dragon and the george”, basada en un cuento de 1957), que acabó convirtiéndose muchos años después en el inicio de la serie De Hombres y Dragones (o el Caballero Dragón, según el original), continuada a partir de 1990 con otras ocho novelas (y dejando una décima inconclusa a su muerte).

El libro narra las aventuras de Jim Eckert, un profesor (asociado) universitario que malvive en nuestro mundo junto con su prometida Angie, hasta que los experimentos poco éticos de un colega (relacionados con los viajes astrales) hacen desaparecer a su chica. Ni corto ni perezoso, Jim se propone partir él mismo en su búsqueda, aunque la repetición del experimento arroja un resultado diferente, pues se ve transportado a una versión mágica de la Inglaterra medieval, sí, pero no en su propio cuerpo, sino ocupando la mente de un joven y atolondrado dragón, conocido por los suyos como Gorbash (los dragones, en esta versión de Inglaterra, conocen a los caballeros por el nombre genérico de georges, y de ahí el magnífico título original).

torre abominable

Tras consulta con el mago Carolinus (una figura merlinesca), se ve lanzado a un gesta para rescatar a su prometida y en contra de los designios de las Fuerzas Oscuras, como peón de una contienda entre el Destino y el Azar (el orden y el caos, siguiendo el ejemplo de Michael Moorcock), bajo el atento escrutinio del Tribunal de Cuentas (una misteriosa entidad que vigila el uso de la magia). Para lograrlo, deberá reunir a un grupo de compañeros, entre los que se cuenta el caballero errante Sir Brian Neville-Smythe, el viejo dragón Smrgol (tío abuelo de Gorbash), el lobo inglés Aragh, Danielle (la hija de Giles, una variante de Robin Hood) y el galés Dafydd Ap Hywel, empeñado en demostar a los ingleses qué significa la auténtica maestría con el arco largo.

La trama, así contada, parece simple y directa; y lo es, no cabe buscarle segundas lecturas por ese lado, pero pronto se percibe que la novela, lejos de ser una aventurilla más, es una obra muy especial.

dragon_george

No gracias al protagonista, desde luego. Jim, como suele ocurrir con estos personajes contemporáneos lanzados a un mundo mágico (véase, de un año después, el Thomas Covenant, de Stephen R. Donaldson) es un imbécil integral, y buena parte de su evolución pasa por aceptar la dignidad y valor intrínsecos del mundo al que ha sido transportado y de los personajes que lo habitan. Ahí donde el protagonista despierta como mucho antipatía, cuando no indiferencia, todos los secundarios se revelan como seres complejos, con sus sueños, temores y escalas de valores, no por medievales menos válidas. Así, Jim/Gorbash tendrá que aprender primero a sentirse parte integral del mundo al que se ha visto proyectado (al menos en mente), y a ceder en sus pretensiones egoístas antes las necesidades igualmente válidas de sus nuevos amigos. Todo ello antes de afrontar el duelo contra los paladines de las Fuerzas Oscuras, que lo esperan en la Torre Abominable, un antiguo epicentro del mal (y la referencia más clara y directa a Tolkien).

Con sencillez, Gordon R. Dickson crea una historia con resonancias míticas, pero muy apegada a tierra, reinterpretando la figura del dragón, más allá del rol simple de bestia antagónica. Eso, más que el concepto del equilibrio, pone de manifiesto la modernidad de la obra, que trabaja a partir de arquetipos (incluyendo detalles como la proverbial avaricia de los dragones, las ansias de aventura de los forajidos o la caballerosidad de los hombres de armas) confiriéndoles alma, sometiéndolos a las necesidades de la cotidianidad. Ese proceso los humaniza (incluso a los dragones y al lobo) sin desmitificarlos. El cambio de percepción que experimenta Jim es el mismo al que se invita al lector. Más que un mundo secundario (lo que implica supeditación jerárquica), el escenario de Hombres y Dragones es una realidad alternativa, tan digna como la nuestra (si no más). Y justo hacia ahí apunta la conclusión (de la que no revelaré más).

flight_dragons

En 1977 obtuvo el primer Premio Británico de Fantasía (anteriormente conocido como el August Derleth y casi monopolizado hasta la fecha por Michael Moorcock), y prueba de la popularidad continuada de la obra es que en 1982 Rankin/Bass la utilizó (junto con un libro de ensayo de Peter Dickinson) como fuente de inspiración para el clásico animado “El vuelo de los dragones”.

En español tan sólo se ha publicado la primera de sus secuelas, “El Caballero Dragón”, y ambas novelas llegaron bastante tarde (1995), en plena fiebre de las dragonadas de Timun Mas (lo que posiblemente le restó impacto, aunque es muy probable que fuera precisamente el auge de la Dragonlance en EE.UU. lo que motivó en su momento al autor a retomar el escenario).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en junio 23, 2016.

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