Eastern Standard Tribe

Cory Doctorow es un canadiense que saltó a la primera línea de la ciencia ficción en 2003, con la publicación de su primera novela, “Tocando fondo“, que fue también la primera en ser publicada simultáneamente en versión física y digital bajo una licencia Creative Commons que permitía su libre distribución gratuita (desde entonces, ha sido ampliada para permitir también obras derivadas presentadas bajo la misma licencia). Contra el pronóstico de los defensores a ultranza del control férreo del copyright, la novela fue un éxito, que le reportó además una nominación a los premios Nebula (y el Locus a primera novela).

Su siguiente trabajo llegó en 2004, siendo publicado en las mismas condiciones aunque alcanzando mucha menor resonancia. Se trata de “Eastern Standard Tribe”, una breve novela de futuro cercano que ahonda en la filosofía e-conómica de Doctorow, en una línea similar a la de, por ejemplo, Charles Stross en los primeros capítulos de “Accelerando“. Es un mundo en vertiginoso cambio, que va dejando atrás  viejos (y obsoletos) conceptos políticos y económicos (como la idea misma de nación) a favor de nuevas relaciones propiciadas por la revolución de la información.

eastern_standard_tribe

El protagonista de la historia es Art, un especialista en optimizar la experiencia del usuario, que trabaja para una gran firma europea en Londres. Lo que sus empleadores no saben es que se trata en realidad de un topo, pero no de otra compañía, ni siquiera de otro país, sino de otra tribu.

¿Y qué son las tribus? Pues una subcultura que se ha creado entre personas que comparten unos mismos gustos y afinidades, sin que sea requisito imprescindible habitar en un mismo sitio, ya que la comunicación instantánea permite vivir inmerso en tu cultura de elección… aunque ello suponga tener que someter a tortura a tus ritmos circadianos. En particular, Art pertenece a la tribu Eastern Standard (del Eastern Standard Time, la hora oficial de la costa este estadounidense), y trabaja para una empresa de la GMT (Greenwich Meridian Time)… boicoteando sutilmente sus protocolos con sugerencias que parecen buenísimas pero que en realidad sólo conducen a la exasperación de los usuarios finales.

Una idea interesante, cuya exploración a fondo hubiera podido ocupar sin problemas toda la novela. Por desgracia, los intereses de Doctorow parecen un poco… dispersos.

eastern_standard_tribe3

Tras un accidente  (un atropello a una chica, Linda, con la que empieza a salir poco después), se le ocurre una gran idea, que tiene que ver con recompensar, en vez de perseguir, a quienes compartan ingentes cantidades de archivos de música a través de redes P2P integradas en los vehículos. El problema es que Fede, su compañero de trabajo, no se siente tan comprometido como él con la causa de la EST, y prefiere intentar vender la idea al mejor postor. Todo ello acaba con Art recluido en un sanatorio, con capítulos que van alternando entre narrarnos lo acontecido desde el atropello y otros (en menor número) que empiezan con el momento de su detención por los sanitarios.

Así, entre unos y otros, vamos descubriendo los entresijos de la historia (que tampoco son demasiado enrevesados, todo sea dicho), mientras asistimos a la progresiva deriva de Art, empezando por unos capítulos deslumbrantes que nos presentan ese futuro inmediato… para ir volviéndose más y más prosaicos a medida que las necesidades de la historia van secuestrando recursos narrativos. Lo cual no estaría mal si la historia fuera buena, pero no es el caso, así que al final la novela acaba sustentándose casi exclusivamente en los discursos de Art a favor de la nueva cultura, con un claro exceso de implicación personal por parte del autor, que utiliza su personaje como mero vehículo de sus ideas.

eastern_standard_tribe_a

Esta circunstancia, agravada por el hecho de que el propio conflicto  que hace avanzar la historia está inspirado en auténticas relaciones laborales tóxicas vividas por Doctorow (algo de lo que nos informa en un breve epílogo), resta libertad a la trama, pero hubiera podido constituir un mero escollo a solventar a base de oficio. Lo que de verdad termina por restarle interés es una grave contradicción interna. La reclusión de Art en el instituto de salud mental se nos presenta como una experiencia con claros tintes kafkianos. Ingresado bajo la sospecha de delirios paranoides, su única esperanza de ser declarado cuerdo reside en demostrar que es víctima de una conspiración… lo cual suena decididamente paranoico.

El problema surge cuando su defensa se sostiene en la idea de que no debería estar ingresado… siendo palmario por sus actos y pensamientos que la percepción de la realidad por parte de Art es patológica, bien sea por un defecto intrínseco (que ya para empezar le empuja a buscar el consuelo de la tribu como escudo frente a un mundo cada vez más globalizado) o por culpa de años de alteración química de los ritmos circadianos y privación crónica del sueño. Dicho en otras palabras, el héroe de “Eastern Standard Tribe” está de verdad para que lo encierren, y ello arroja una oscura sombra de duda sobre todo cuanto afirma y defiende (incluyendo su filosofía respecto a la libre circulación de los bienes electrónicos).

eastern_standard_tribe2

No creo que fuera ésa la intención de Cory Doctorow, pero todo queda tan embrollado que al final incluso tiene que sacarse un as de la manga para resolver (muy apresuradamente) la situación; y para entonces el daño a la credibilidad del protagonista, y por extensión a las ideas subyacentes, ya está hecho. Una pena, porque el mundo que presenta, tan similar y al mismo tiempo tan distinto del nuestro, es fascinante. Es un mundo en que la moneda de cambio es el conocimiento, la innovación; un mundo por el que Art se mueve con el convencimiento de hallarse en la senda correcta… lo cual no le salva siquiera a él del choque cultural (el shock del futuro que ya predijo Alvin Toffler en 1970).

“Eastern Standard Tribe”, como toda la obra de Cory Doctorow, puede descargarse y distribuirse gratuitamente, por ejemplo desde la página web del autor.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en marzo 24, 2016.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: