Estrella roja

De entre las múltiples utopías socialistas que alumbró la ciencia ficción entre finales del siglo XIX y principios del XX (una fiebre lanzada por “El año 2000” de Edward Bellamy, en 1888), quizás la más peculiar sea “Estrella roja” (“Красная звезда”, 1908), escrita por Alexander Bogdánov, uno de los principales líderes de la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (inclinado hacia posturas radicales). Tras la fallida revolución de 1905, disputó durante cuatro años el liderazgo del partido a Lenin, en un pulso que concluyó en 1909 con su expulsión.

En ese contexto, “Estrella roja” debe entenderse como una obra propagandística con un doble objetivo. Por un lado, promover las ideas marxistas entre el proletariado, cuya educación Bogdánov veía como el eje fundamental de cualquier auténtica revolución socialista, y por otro defender sus posturas filosóficas (empiriomonismo) e ideológicas frente al leninismo.

Красная_звезда

Dejando de lado (por el momento) la cuestión ideológica, la novela puede agruparse también junto con otros viajes interplanetarios del período de entresiglos (tales como “Across the zodiac“, “A journey in other worlds” o “Los primeros hombres en la Luna“), a mitad camino entre la proto space opera y el planet opera, aunque mostrando peculiaridades muy interesantes que, por desgracia, no tuvieron ocasión de influir en el desarrollo de la ciencia ficción en general (pues no fue hasta 1985 que se publicó la primera traducción de la obra fuera de Rusia).

La historia nos la narra su protagonista, Leonid (Lenni), un revolucionario bolchevique, claramente inspirado en el propio Bogdánov, que tras el fracaso de la revolución de 1905 es contactado por quien cree que es un camarada revolucionario pero resulta ser Menni, un ingeniero marciano que le invita a visitar Marte y conocer allí su avanzada sociedad socialista, para aprender de ella y poder volver a la Tierra como embajador. El viaje se realizará a bordo de la Eteronef, una astronave de diseño bastante prototípico (básicamente esférica), aunque con ciertas peculiaridades en cuanto a sistema de propulsión.

Estrella-Roja-portada

El mecanismo para escapar de la influencia de la Tierra es el común en la época: un fluido antigravitatorio (elaborado a partir de cierto tipo especial de “antimateria”), aunque dicho fluido tan sólo equilibra la masa. El impulso lo proporciona un motor iónico asociado a un reactor nuclear (radioactivo), un sistema que ofrece una aceleración minúscula pero mantenida durante todo el tiempo de tránsito (tres meses), primero acelerando y luego decelerando.

Durante el viaje, Lenni conoce al resto de la tripulación. En especial a Netti, que se encarga de las necesidades médicas de la expedición, Enno, tripulante del Eteronef con quien entabla una relación de amistad, y el ingeniero Sterni, quien desde el principio se muestra frío e incluso un poco hostil hacia el terrestre. Ese tiempo le sirve además para adquirir una mínima soltura en el lenguaje marciano y para ir descubriendo las diferencias entre su ciencia y cultura y los más avanzados equivalentes marcianos.

Krasnaya_zvezda

La vertiente utópica cobra completo protagonismo una vez Lenni llega a Marte. Allí, le van mostrando diversos aspectos de la perfecta sociedad socialista, tales como las grandes fábricas, con obreros que gestionan su propio trabajo acudiendo allá donde se les necesita de acuerdo con las necesidades productivas, la Casa de los Niños, donde se los cría y educa por millares en un ambiente de colaboración, o el museo, que refleja la evolución del arte desde el egoísta pasado capitalista a la actual concepción igualitaria de las relaciones humanas.

Lo curioso es que, para ser una utopía, el paraíso socialista de Bogdánov se antoja por momentos tan indeseable como aterrador (en parte, creo, porque con la perspectiva que nos da la historia, sabemos a qué tipo de regímenes ha conducido la implementación de esas ideas). Los individuos, en la sociedad marciana, son meros engranajes intercambiables, que han renunciado a cualquier rasgo distintivo. Aquellos que interaccionan con Lenni son siempre lo bastante excepcionales en sus propios campos para escapar de la homogeneidad, pero al fondo se percibe una ingente multitud de la que al parecer sólo se espera un desempeño tan frío como maquinal (en muchos aspectos, la utopía de “Estrella roja” es equiparable a la distopía de “Un mundo feliz“).

Eteronef

Otro fallo apreciable de la utopía, tan evidente que el propio Bogdánov se ve obligado a abordarlo, es la naturaleza inhumana de los componentes de la sociedad marciana. Con ello no me refiero a las pequeñas diferenicas morfológicas (unos ojos más grandes), ni tampoco a que carezcan de principios, sino justo a lo contrario. El autor parece aceptar implícitamente que su comportamiento, la actitud necesaria para que todo funcione, queda fuera del alcance de la naturaleza terrestre (hasta el punto de que Lenni sufre un colapso nervioso por su incapacidad para adaptarse). En otras palabras, la marciana es una auténtica utopía irrealizable… mientras el ser humano no cambie (un cambio que Alexander Bogdánov, idealísticamente, creía posible a través de la educación del proletariado, objetivo hacia el cual dirigiría sus esfuerzos tras su expulsión de la dirección del partido, a través de las organizaciones Vpered y Proletkult).

Aunque el contenido utópico de la obra sea debatible, lo cierto es que “Estrella roja”, literariamente hablando, es un esfuerzo que se sitúa muy por encima de la media de sus pares (aunque también es cierto que sucede en al menos una década a la mayoría de ellos). Así, una de sus peculiaridades es que, al contrario de lo que solía ser la norma, la astronave (eternave) no es producto del ingenio humano, sino un vehículo literalmente extraterrestre (lo que hace del viaje de Lenni, cuando menos, una de las primeras abducciones). También aborda temas como la escasez de recursos, y plantea la posibilidad de una invasión alienígena motivada por tal circunstancia (en lo que parece ser una crítica hacia ciertas posturas… y líderes, del movimiento bolchevique; aunque tendría que estar mucho más versado en el tema para poder aventurar una interpretación).

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En el apartado tecnológico, sin ser central en el desarrollo de la novela, sí que presenta algunas propuestas sugerentes (más allá del propio Eteronef), tales como cine en 3D, fibras textiles sintéticas, góndolas voladoras o transfusiones de sangre con efecto rejuvenecedor (línea de investigación que siguió en realidad Bogdánov, y que le costó la vida en 1928). Respecto a la adscripción de la obra al género steampunk (o incluso protosteampunk), utilizado como gancho por la editorial Nevsky Prospects, que es la que al fin nos ha traído su traducción… Pues más bien no. Son otros sus parentescos, y aunque no resulten tan comerciales, forzar sobre la obra reinterpretaciones actuales no le aporta gran cosa, e incluso le resta impacto en los méritos de los que sí hace gala.

En 1912, Alexander Bogdánov publicó se segundo y último libro de ciencia ficción (o simplemente de ficción): “Инженер Мэнни” (“El ingeniero Menni”), una precuela que narra la implantación del sistema comunista en Marte, siglos antes, durante la época de la construcción de los canales.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en marzo 17, 2016.

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