Caves of terror (The gray mahatma)

Entre los antecedentes directos de la literatura fantástica moderna, uno de los principales es la novela de aventuras exóticas, que vivió su mayor popularidad a finales del siglo XIX y principios del XX, de la mano de escritores como Rudyard Kipling, Henry Rider Haggard, el propio Jules Verne, Jack London o Emilio Salgari. En los EE.UU., después de Jack London, los dos principales autores de novela popular de aventuras fueron quizás Harold Lamb y Talbot Mundy, y ambos acabaron introduciendo en su obra elementos fantásticos.

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Lamb, por ejemplo, publicó en 1923 en la revista pulp Adventura “The three palladins”, una historia sobre la juventud de Gengis Kan en el reino fabuloso del Preste Juan, y en 1931 en la editorial Doubleday “Durandal”, perteneciente a su serie sobre los cruzados, con el caballero Sir Hugh de Taranto y su descubrimiento de la espada de Roldán mientras escapa de los musulmanes en Asia Menor. A lo largo de su carrera publicó un buen número de novelas históricas de aventura y numerosas biografías de grandes personajes.

El caso de Talbot Mundy es algo diferente, pues para empezar no nació en Norteamérica, sino en Inglaterra, en 1879, bajo el nombre de William Lancaster Gribbon. Tras abandonar los estudios en 1895 y entregarse a diversos trabajos poco especializados en Inglaterra y Alemania, acabó viajando a la India en 1899. A partir de ese punto su vida entra un poco en el terreno del mito autofabricado, pues con posterioridad embellecería la narración de sus vivencias con claro propósito promocional. Lo indiscutiblemente cierto es que viajó y trabajó varias veces en la India durante los siguientes años, hasta que en 1904 acabó trasladándose al África oriental, donde por cinco años desempeñó toca clase de trabajos (incluyendo el de cazador de elefantes). Por último, en 1909 acabó recalando en EE.UU., donde resultó herido en un intento de robo viéndose abocado a la pobreza por los gastos médicos y la imposibilidad de trabajar durante la convalecencia.

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Por suerte, al periodista que se encargó de cubrir su caso le fascinaron las historias que contaba de la India y África y le animó a hacer carrera en el circuito de revistas. En 1911 publicó su primer relato en The Scrap Book y en 1912 su primera artículo en la nueva revista pulp Adventure (con una orientación que se hace evidente por el título), que se convertiría en su principal mercado, aunque pronto empezó a vender también sus historias en el Reino Unido en diversas revistas.

En 1914 se serializó en Adventure “Runh Ho!”, la primera de sus 45 novelas y en 1917 aparecería la tercera y más famosa de todas, “King of the Khyber Rifles” (ambas con ambientación india). Entre ambas, solicitó y obtuvo la ciudadanía estadounidense (en parte, quizás, por evitar el reclutamiento por Inglaterra para la Primera Guerra Mundial). Más o menos por esas mismas fechas su tercera esposa (de cinco totales; las cuatro primeras acabaron divorciándose de él por sus clamorosas infidelidades) le introdujo en el cristianismo científico de Mary Baker Eddy (si queréis saber más al respecto de esta religión revelada americana, os remito a la entrada que dediqué a los fundamentos telógicos de “Mas allá de los sueños), estimulando un interés por el misticismo que acabaría conduciéndolo a la teosofía en 1922, interés además que se reflejaría claramente en su obra, donde fue introduciéndose el elemento fantástico, asociado en general a la religiosidad oriental.

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Al contrario que sus más famosos colegas Kipling y Haggard, su posicionamiento era claramente anticolonialista, destacando a menudo en sus historias la dignidad de los personajes nativos que se enfrentan al dominio británico (aunque sus protagonistas seguían siendo occidentales). De hecho, llegó a abogar por la independencia de la India.

Buena parte de lo que he comentado (y de lo muchos asombrosos detalles biográficos que me he visto obligado a omitir por no enrollarme en demasía) se refleja en la novela “The gray mahatma”, serializada en 1922 en Adventure y rebautizada como “Caves of terror” para su edición independiente posterior.

Como buena parte de las novelas de Talbot Mundy se inscribe en una gran superserie, la de Jimgrim (James Grim), que abarca algo más de una veintena de novelas y novelas cortas que tienen como protagonista o bien al héroe titular (un americano, que inicia la serie como oficial del servicio secreto británico en oriente próximo) o bien a algún personaje relacionado (sobre todo Jeff Ramsden, su compañero y biógrafo, un poco a lo John Watson para Sherlock Holmes, aunque Ramsden es descrito como un hombretón, fuerte y voluminoso como un buey). De hecho, “Caves of terror” es una de las novelas en las que no participa directamente Jimgrim, sino que a través de su agencia le encarga a Ramsden que asista en la India a otro de los héroes de Mundy, Athelsdan King, también ex oficial de los servicios secretos británicos (héroe a su vez de la anterior “King of the Khiber Rifles” e introducido desde esta novela en la órbita de Jimgrim).

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King pretende investigar rumores sobre un posible levantamiento en la india, y a tal efecto se hace acompañar por Ramsden a Benarés, donde un hombre, el mahatma gris del título, está pregonando el final del kali-yug (o kali yuga), un período de oscuridad para la cultura india, que está pronta a un renacer espiritual y a ocupar el lugar que le corresponde entre las potencias de la tierra. En el transcurso de sus pesquisas descubren la implicación de otro de los grandes personajes de Mundy, la princesa Yasmini (evidentemente inspirada en “Ella“, aunque como arquetipo de poder femenino, más que en los aspectos más sobrenaturales de la creación de Haggard), que pretende al parecer descubrir la ciencia secreta de la que el mahatma es guardian para emplearla en una revuelta violenta contra el dominio británico.

Solventadas a toda velocidad las presentaciones, la novela pronto dedica su primera mitad a una especie de iniciación mistérica de King y Ramsden, a través de las cavernas del título, situadas bajo un templo, donde el mahatma los somete a distintas pruebas (con la esperanza de que Ramsden fracase y muera) y les muestra, sin explicaciones, ejemplos de la extraña ciencia de la que alardea. Su objetivo es que King, en quien confía, se adhiera a su causa y se convierta en defensor de la independencia de la India en los Estados Unidos.

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A nivel filosófico, esta sección muestra también el convencimiento del autor de que por debajo de los trucos de feria de los faquires existe en oriente una auténtico secreto místico (al que bautiza como “ciencia”), digno de ser estudiado. Una idea que lo acompañará ya hasta su muerte, dieciocho años después. Quizás precisamente sea esa creencia la que roba impacto a un relato que pretende transmitir seriedad y veracidad, al tiempo que deja correr la imaginación con “demostraciones” de la antigua ciencia india. Quizás funcione como expresión de un anhelo, pero en cualquier caso se me antoja una sección demasiado larga y repetitiva.

La segunda mitad de la novela es más convencional, y quizás por ello más satisfactoria desde cierto punto de vista (aunque pierda el elemento que la hace única). King, Ramsden, el mahatma y la princesa Yasmini se enzarzan en una lucha de voluntades, inteligencia y audacia, cada cual con objetivos muy concretos en mente. Los pocos elementos de acción de la novela se encuentran en esta sección, aunque resultan más relevantes las fintas dialécticas y las presiones indirectas (a través de la plebe, por ejemplo, o ideando la manera de alertar a las autoridades británicas de lo que se está cociendo en aquel lugar).

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Curiosamente, aunque King debería ser el héroe, lo cierto es que se trata de un personaje bastanta plano, resultando mucho más interesantes tanto la cercanía de Ramsden como las sutilezas del mahatma (además de místico hindú, doctor en medicina por la universidad John Hopkins), que no duda sacrificar lo que sea, incluso su propia vida, para mayor gloria de la ciencia hindú y del fin de la kali yuga (según la tradición hindú, y de acuerdo con las cifras más comunmente aceptadas, actualmente nos encontraríamos en torno al año 5118 de la presente kali yuga).

A la postre, como suele ocurrir en estos casos, pocos elementos probatorios quedan a disposición de King y Ramsden (quien pese a los intereses de unos y otros consigue llegar más o menos de una pieza al final de la historia) para explicar lo acontecido a las autoridades (o a los lectores). Mundy sí que se reserva el detalle que permite convencerlos a ellos, y sólo a ellos, de la veracidad de todo lo acontecido (algo que tiene que ver con el destino del mahatma), pero en general se contenta con insinuar lo milagroso, dejando la puerta abierta a otras explicaciones más mundanas, pero sin cerrarla por completo a lo sobrenatural (o en este caso paracientífico); un recurso que se emplea aun hoy en día en ficciones de intencionalidad similar.

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En general, la obra de Talbot Mundy ha sido mencionada como referente directo por muchos de los grandes autores fantásticos, entre los que destacan Robert E. Howard, Edgar Hoffmann Price, Fritz Leiber o Robert A. Heinlein.

En los EE.UU. las obras de Talbot Mundy han entrado ya en dominio público, de modo que “Caves of terror”, junto con algunos otros de sus títulos, puede encontrarse en el Proyecto Gutenberg. Las ilustraciones en blanco y negro que acompañan esta entrada fueron obra de Virgil Finlay, un ilustrador pulp a tener muy en cuenta. Os invito a conocer más sobre él y sobre su obra en IMAGE(I)NARTE.

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~ por Sergio en enero 3, 2016.

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