Inversión primaria

Como ya comenté en la Cifilogenia, los años 90 supusieron una época de hibridación en la ciencia ficción. Tras recuperar en la década anterior el gusto por la space opera, muchos escritores se lanzaron a experimentar, añadiéndole elementos de otros géneros y siguiendo los pasos de los pioneros. En los EE.UU. la autora que marcó tendencia fue Lois McMaster Bujold, con su serie de Miles Vorkosigan (iniciada en 1986), y justo en esa línea debutó en 1995 Catherine Asaro con “Inversión primaria” (“Primary inversion”), el primer volumen de su saga del Imperio Eskoliano.

La protagonista de la historia es la primaria (un rango equivalente a almirante) Sausconia Valdoria (más conocida por familiares y amigos como Soz), jagernauta y heredera de la corona imperial, en manos de su medio hermano Kurj. Como parte de la familia reinante es también una poderosa émpata rhon, en una sociedad en la que los telépatas no son extraordinariamente raros (aunque sí los más poderosos). Desde hace siglos Eskolia se encuentra en guerra más o menos fría con los mercaderes eubianos, un beligerante imperio dominado por la casta de los aristos (que son justo lo opuesto a los rhon, al disfrutar con la percepción del dolor ajeno). La tercera potencia en discordia, neutral ante ambos, son los Aliados, una comunidad organizada bajo el liderazgo de la Tierra.

Inversion_Primaria

La novela se articula en tres secciones bien diferenciadas, que a su vez oscilan entre las distintas influencias de la serie. Así pues, empezamos con cierto tono militarista, al presentársenos el escuadrón de cuatro jagernautas de Soz de permiso en el planeta neutral de Delos. Tras un encontronazo con Jaibriol Cox, joven y misterioso heredero del imperio Mercader, el escuadrón al completo debe partir apresudaramente en auxilio de un planeta rebelde que está a punto de ser cruelmente castigado por los aristos.

Por ahí empieza a insinuarse la faceta romántica (claramente inspirada en el amor prohibido de Romeo y Julieta), pero sobre todo se desarrolla una batalla espacial trepidante, en la que Catherine Asaro da rienda suelta a sus conocimientos científicos (es fisicoquímica, una disciplina dura, dura) para introducir un atractivo (para los que nos van estas cosas) componente hard en la historia (aunque tan poco explicado que corre el peligro de verse confundido con mera palabrería). De hecho, el viaje superlumínico se logra mediante inversión, un procedimiento posibilitado por la adición de un componente imaginario al vector de velocidad (por muy esotérico que suene, es algo matemáticamente factible).

El caso es que justo cuando podríamos empezar a explorar todos esos conceptos, la novela cambia de tercio y manda a Soz a Foreshires, planeta donde se ubica la academia militar y donde se espera que la primaria se recupere del ajetreo de las últimas misiones. La trama romántica sigue su ñoño curso (no entraré en excesivos detalles al respecto, aunque por ahora no tiene nada que ver con Jaibriol), pero en contrapartida se nos abre la que quizás sea la faceta más interesante desde un punto de vista literario, con el padecimiento por parte de Soz de lo que sólo puede diagnosticarse como estrés postraumático (relacionado también con ciertos acontecimientos desagradables, por decirlo suavemente, en su trato con los aristos casi una década antes).

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Claro que justo cuando estamos en lo mejor de la terapia con el mecánico (psicólogo) Tager, la historia vuelve a dar un bandazo y nos traslada a Diesha, la capital del imperio Eskoliano, y nos mete de lleno en los tejemanejes políticos de Kurj, complicados por la captura de Jaibriol Cox, que devuelve al primer plano la tensión romántica (un poco irreal) entre los dos herederos. No contenta con ello, Asaro se suma tardíamente a la moda ciberpunk, aunque dado que su red tiene una naturaleza telepática más que cibernética, lo que nos encontramos sería más bien con un psiberpunk… indistinguible a efectos prácticos de su modelo (sólo que en vez de hackers lo que tenemos son telépatas… rhon a ser posible).

Como se puede apreciar, por variedad no será. “Inversión primaria” va saltando de subgénero en subgénero con un espíritu realmente hibridante. El problema es que nos deja con la miel en los labios con casi todos. De hecho, la única perspectiva que realmente sobrevive durante todo el libro es la romántica… lo cual es decepcionante.

Y no porque no se pueda escribir buena space opera romántica. Lois McMaster Bujold ya había publicado en 1986 “Fragmentos de honor”, una extraordinaria space opera que además seguía a rajatabla las convenciones de la novela romántica (aunque el éxito mayor de “Aprendiz de guerrero” hizo que la serie de los Vorkosigan acabara decantándose más, al menos durante esa primera etapa, por la faceta militar y aventurera). El problema de “Inversión primaria” es que su romance es anodino. No sé hasta qué punto alguien más cercano a las sensibilidades del público objetivo de ese tipo de ficción podría tener una percepción diferente, pero lo que es a mí se me antoja un cúmulo de lugares comunes y desarrollos previsiblemente aburridos.

Primary_inversion2

Lo peor, sin embargo, es que un personaje fuerte y complejo como Sausconia parece transformarse en una adolescente atontada cada vez que le toca “pensar” con las gónadas. Reacciones de pura vergüenza ajena, incoherentes en una mujer experimentada, criada básicamente para el gobierno y la guerra durante cuarenta y ocho años (los rhon son de vida más larga de lo normal, así que aún tiene un aspecto joven) y, por si fuera poco, una de las telépatas más poderosas de la galaxia. Como demostró claramente Lois McMaster Bujold con Cordelia Naismith (y más tarde con Ekaterín Vorsoisson), el enamoramiento no tiene el porqué estar asociado a una merma de inteligencia (aunque los errores de juicio supongo que son inevitables… o no habría novelas románticas).

Al fallar pues la columna vertebral de la historia (rematada con un final decepcionante como pocos), la novela en su conjunto sufre mucho, manchando el buen recuerdo de sus mejores momentos (a los ya mencionados podría añadir, por ejemplo, la inmersión en el psiberespacio de Soz).

El caso es que la acogida fue buena, lo que le permitió a Catherine Asaro seguir explorando ese mismo escenario (expandido a varios personajes y yendo adelante y atrás en el tiempo) en más de una docena de libros hasta el momento, de entre los que destaca “Rosa cuántica”, ganadora del premio Nebula en 2001 (y la única otra traducida al español).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en diciembre 22, 2015.

Una respuesta to “Inversión primaria”

  1. Reblogueó esto en Paseos Intersticialesy comentado:
    Inversión Primaria

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