Un hechizo para Camaleón

Dos son las grandes series modernas de fantasía humorística, ambas con cuarenta y un volúmenes, publicados a lo largo de casi cuatro décadas por sus respectivos autores. De las dos, la del Mundodisco de Terry Pratchett es la única realmente conocida en España, con su enfoque en el que prima la sátira, con toques paródicos más o menos evidentes según subserie. La otra es la serie de Xanth, de Piers Anthony, que se inició en 1977 con la publicación de “Un hechizo para Camaleón” (“A spell por Chameleon”).

Pese a sus más de ciento cincuenta libros publicados, Piers Anthony es una autor casi desconocido en España. Buena parte de su producción se organiza en distintas series (aunque ninguna otra tan larga como la de Xanth) de ciencia ficción o fantasía. Se dio a conocer en 1967 con “Chthon”, una novela de ciencia ficción que le reportó su primera nominación al premio Hugo (consiguió otra dos años después por “Macroscope”) y su única nominación al Nebula, aunque el verdadero éxito de ventas le llegó con “Un hechizo para Camaleón”, la que en principio tenía que ser la primera entrega de un trilogía.

Hechizo_Camaleon

La demanda del público, sin embargo, se inmiscuyó en estos planes, así que primero optó por extender la serie a nueve libros, luego a tres elevado a tres libros (una “supertrilogía” de veintisiete tomos), y finalmente prescindió de cualquier pretensión de que aquello iba a parar mientras las ventas siguieran siendo constantes (y aquí estamos, con el cuadragésimo primer libro anunciado y el cuadragésimo segundo en proceso de escritura).

Aunque antes de tratar un poco más a fondo la serie de Xanth y esta novela inaugural, me gustaría hacer un inciso para glosar rápidamente la no muy destacada historia de la fantasía cómica hasta la fecha.

El primer autor que se dedicó de forma habitual a la fantasía humorística fue el británico Thomas Anstey Guthrie, que firmaba sus obras como F. Anstey. Tras la publicación de su primera novela, “Vice versa” (la historia original en la que dos personajes intercambian sus cuerpos para experimentar por un día lo que supone ser el otro), en 1882, inició una fructífera carrera que se extendió (con alguna pequeña adición posterior) hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial. En los EE.UU., por su parte, durante las primeras décadas del siglo XX triunfaron autores como James Brach Cabell (“Jurgen, a comedy of justice“) o Thorne Smith (con novelas sobre borrachos, cornudos… o borrachos cornudos). En ambos casos se trata de obras decididamente adultas, con un importante contenido sexual (que le valió a Cabell un juicio por obscenidad… lo que disparó sus ventas).

jurgen-comedy-justice-james-branch-cabell

A partir de la Primera Guerra Mundial (y sobre todo de la Gran Depresión), sin embargo, el público pareció abandonar ese tipo de historias. La fantasía de la época, ejemplificada por Robert E. Howard, era terriblemente seria e intensa (casi enfadada), y era más fácil que jugueteara con el terror que con el humor. Con posterioridad, autores como Fritz Leiber (con la serie de Fafhrd y el Ratonero Gris) o L. Sprague de Camp (“La torre encantada“), aligerarían notablemente la espada y brujería (en la nueva revista Unkown Worlds), acercándola más bien a la novela picaresca, pero se había perdido ese enfoque primariamente humorístico, e iba a tardar en recuperarse.

De hecho, la primera novela de fantasía cómica moderna se hizo esperar hasta 1969 y no fue sino una parodia bastante burda del superéxito del momento: “El sopor de los anillos” (los escritores, Henry N. Beard y Doug Kenney fundarían al año siguiente la exitosa revista cómica National Lampoon).

El redescubrimiento del fantástico (propiciado por la primera edición oficial de “El Señor de los Anillos” en EE.U. en 1965) quizás estaba demasiado reciente para que una aproximación humorística a la fantasía prendiera (primero cabía recuperar toda la producción previa ya casi olvidada e imitar una y mil veces el modelo tolkienista hasta llevarlo a la extenuación). En ésas que en 1977 se presentan dos propuestas rompedoras (y una todo lo contrario).

spell_Chameleon

Fueron “La espada de Shannara”, de Terry Brooks, una copia descarada, de muy inferior calidad, de “El Señor de los Anillos” que lanzó una serie multimillonaria de veinticuatro novelas; “La ruina del amo execrable”, de Stephen R. Donaldson, el incio de las primeras Crónicas de Thomas Covenant el Incrédulo (una mirada cínica a esos mismos elementos, con un antihéroe decididamente antiheroico); y “Un hechizo para Camaleón”, una obra ligera, para celebrar todo lo divertido que hay en la fantasía.

La obra está ambientada en Xanth, una península (inspirada en la Florida donde ha vivido el autor desde los seis años) en la que todo y todos o son mágicos o poseen magia (generalmente un hechizo). Los árboles son mágicos, las piedras son mágicas, los centauros, arpías, krakens y demás seres fabulosos son mágicos y, por supuesto, los seres humanos son mágicos. Bueno, todos menos Bink, que a los veinticinco años aún no ha descubierto el hechizo que evitará que le exilien de Xanth. Bink ha de partir pues en busca de su magia, consultando primero con el buen mago Humpfrey.

Los magos son seres humanos que poseen el una magia de nivel especial, y se conocen cuatro: Humpfrey, cuya especialidad es obtener respuestas (para venderlas), el viejo rey de la tormenta, Iris la señora de las ilusiones y el mago maligno (que no malo, porque como mago es muy bueno) Trent el transformador, exiliado de Xanth veinte años antes. En el otro extremo, el nivel más bajo de magia es el de “mancha en la pared”… es decir, que su poseedor puede hacer algo tan simple e inútil como lograr que aparezca una mancha en una pared. Pese a su humildad, incluso eso le está vedado a Bink.

xanthmap

Seguimos pues a Bink en su periplo, desvelándosenos a su través la tierra de Xanth (un entorno tan atractivo como peligroso) y las reglas que controlan la magia (o tal vez cabría hablar de la lógica subyacente a ella). Incluso llegará a pasar a Mundania (el nombre que por entonces se le daba a todo aquello ajeno al fándom), separada de Xanth por un escudo mágico mortal. Todo ello resulta tan colorido y sugestivo como entretenido, y apenas hay una página sin alguna nueva ocurrencia por descubrir. Unido a la simplicidad de la trama, Piers Anthony nos ofrece una historia en la que prima la diversión (aunque quizás por su vertiente de escritor de ciencia ficción también es un viaje de descubrimiento; no son nuestras reglas, pero hay reglas, y eso es muy importante para que aceptemos lo que no se nos ofrece).

El autor hecha mano de cualquier elemento previamente creado entre los límites de la literatura fantástica: desde dragones a centauros, pasando por zombis, fantasmas, monstruos marinos, hechizos de diversa índole y potencia y trampas, muchas trampas mágicas. Su mayor mérito reside en lograr integrarlo todo sin fisuras. En el mundo de Xanth no nos cuesta aceptar que un lago posea un hechizo para hacerse atractivo al baño (aunque luego quizás eso beneficie a algún depredador subacuático) o un camino sólo pueda recorrerse en un sentido. También huye de la grandilocuencia. Nada de historias épicas, sino sólo un muchacho a la búsqueda de su hechizo (aunque por el camino, de forma secundaria, sí pueda verse afectado el destino de Xanth).

No todo es perfecto. Se nota que la novela está dirigida a chicos adolescentes (algo salidillos, como en una versión moderada de Jurgen), y que no se preocupa lo más mínimo por potenciales lectoras. De hecho, se la ha acusado (y con razón) de ser extremadamente machista, con una visión de las mujeres llena de tópicos (desde las guapas y tontas hasta las intrigantes maliciosas, pasando, claro está, por las que apenas registran como objetivo de una lascivia bastante inocentona).

Xanth

Soslayando esta cuestión (lo cual puede ser mucho soslayar en alguna escena, como en un simulacro de juicio por violación), “Un hechizo para Camaleón” supone una novela notable, ágil y divertida, pero con la suficiente sustancia para mantener el interés más allá de los acontecimientos inmediatos. Porque sin duda el auténtico protagonismo de la novela reside en Xanth, en el misterio que plantea su existencia y en la lógica que lo rige. Xanth es una celebración de todo lo mágico, de todas las aventuras fantásticas, de las leyendas y el misterio, despojado de la necesidad imperiosa de salvar el mundo, de participar en la eterna lucha entre el bien y el mal; un simple muchacho en busca de una magia propia que le permita quedarse en su casa.

“Un hechizo para Camaleón” tan sólo ha sido editada una vez en español, en la efímera colección Fantasía de Ultramar, que llégo a publicar la segunda entrega, “La fuente de la magia”, antes de ser cancelada. Por desgracia, tampoco la traducción está a la altura, perdiéndose la mayor parte de los dobles sentidos que constituyen la mitad de la gracia en las novelas sobre Xanth.

En el plano de los reconocimientos, la novela se alzó con el premio August Derleth (concedido por la Asociación Británica de Fantasía) en 1978.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en noviembre 30, 2015.

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