L’allevatore di dinosauri (L’uovo di pterodattilo)

Una de las principales figuras de la literatura fantástica temprana italiana fue el periodista, escritor e ilustrador Enrico Novelli, quien firmaba su obra literaria con el seudónimo de Yambo. Claramente decantado hacia la ficción juvenil, publicó una larga serie de novelas populares que iban de la fantasía (siendo aquí su principal personaje Ciuffetino, protagonista de dos títulos) a la ciencia ficción (fantascienzia), muy influenciada por los viajes extraordinarios de Verne.

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Así, entre su producción se cuentan novelas como la aventura submarina “Atlantide: i figli dell’abismo” (1902) o “Gli esploratori dell’infinito” (1906), en la que a lo “Hector Servadac” dos periodistas italianos viajan por todo el Sistema Solar a lomos de un cometa. Novelli fue también el guionista y director de la primera película italiana de ciencia ficción, el corto mudo “Un matrimonio interplanetario” (1910), que como buena parte de su obra presentaba un enfoque humorístico.

Cuando me propuse esto de ponerme a explorar la ciencia ficción temprana, quise que mi enfoque fuera lo más amplio posible y no limitarme a las obras anglosajonas. Al menos igual de influyentes (más durante buena parte del siglo XIX) fueron sin duda los títulos escritos originalmente en francés, y es relativamente sencillo acceder a traducciones de ellos (aunque aún tengo un par de títulos en busca y captura) y ya he tenido ocasión de comentar unas cuantas obras aquí en Rescepto. Incluso me ha sido posible hacerme con unos pocos títulos significativos de la ciencia ficción temprana alemana, de la época del expresionismo.

El desarrollo del género en Italia (al igual que ocurrió en España), fue más tardío y también más derivativo. Razón por la que quizás sea tan díficil seguirle la pista, ya que en general, pese a la mucha o poca popularidad que cosechara en su tiempo, no ha conseguido traspasar sus fronteras. Al final, decidí que si quería satisfacer mi curiosidad al respecto tendría que tomar medidas extraordinarias. Iba a sumar a Yambo a la lista de autores reseñados en Rescepto, aunque para ello tuviera que leerme uno de sus libros en italiano (idioma del que no sé niente di niente, aunque quizás con paciencia y un poco de imaginación…).

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“L’allevatore di dinosauri” (“El criador de dinosaurios”), también conocido como “l’uvovo de pterodattilo” (“El huevo de pterodáctilo”) es una novela de 1926, publicada originalmente, como casi toda la obra de Yambo, en revistas. En ella se cuentan las desventuras de un alcalde italiano, Romeo Gualandi, al que un amigo explorador, Michele Orcagna, regala un huevo de la antedicha criatura prehistórica, obtenido en una suerte de Mundo Perdido africano. Atraído por el desafío científico, Romeo lo incuva y logra que nazca Piri-Piri, una bestia carnívora que pronto alcanza un tamaño descomunal y presenta una fastidiosa facilidad para escapar de cualquier jaula en la que lo encierren.

Pero vayamos por partes. Lo más sorprendente de la novela es cómo va cambiando su tono tramo a tramo (sin abandonar nunca un humor irónico y hasta mordaz, aunque siempre alegre). Así, todo empieza presentándonos el pueblo de Roccalbegna y a su alcalde, con toques muy costumbristas, perfectamente reconocibles para cualquier que jamás haya visto una comedia italiana (sin que falte la esposa, Flavia Gualandi, que no para de reñir con su marido, ni el párroco del lugar, don Lorenzo).

La historia cambia de tercio cuando Michele Orcagna se presenta de improviso en la casa junto con su criado negro Bubi y un gorila joven al que llaman Crostino (a los que el explorado y el propio escritor tratan a veces de forma indistinta y muy poco favorecedora). Durante la cena, el invitado narra sus aventuras por toda África, incluyendo su participación en la Primera Guerra Mundial. En su relato se aprecian influencias de todo tipo. La sombra más evidente, por supuesto, es la de Emilio Salgari, aunque cierta inclinación hacia lo fantástico parece apuntar a la serie sobre “Ella” de Henry Rider Haggard (posible inspiración de la princesa Nazli, el objetivo amoroso de Michele), y sin ningún género de dudas, el descubrimiento de una zona lacustre habitada por dinosaurios (atlantasaurios, plesiosaurios, pterodáctilos…) hacia “El mundo perdido” de Arthur Conan Doyle”.

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Lo cierto es que todo este episodio supone un cambio desconcertante y apunta hacia un tipo de historia muy distinto del que aventuraban los compases iniciales. Por suerte (o por desgracia, según las expectativas), la trama se reconduce hacia la comedia costumbrista con el retorno de la acció a la península itálica, donde somos testigos del enfrentamiento entre el alcalde y su mujer (así como el alcalde contra el párroco, al que todo eso de la evolución no le hace ninguna gracia), mientras el honrado funcionario público se obsesiona con la “investigación” científica en torno a la cría de seres presuntamente extintos.

Ojo, lo de “investigación” lo entrecomillo no porque Yambo no sea riguroso en la ciencia que emplea (de hecho, atendiendo a que es una novela dirigida evidentemente a los jóvenes, mantiene un gran cuidado en que todo presente, cuando menos, una pátina de rigurosidad), sino sobre todo porque Romeo Gualandi no es un científico de verdad, sino sólo un aficionado entusiasta (y obsesivo).

La novela entra en una nueva etapa con el nacimiento del monstruo antediluviano y su posterior huida, dedicándose a sembrar el miedo en la región y llamando la atención del gobierno central, encabezado por supuesto por Mussolini, quien incluso tiene un pequeño papel en la comedia bufa, demostrando que Yambo poseía una habilidad similar a la de Berlanga para reírse en las barbas de una dictadura fascista sin que se notara demasiado.

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La trama, sin embargo, apunta pronto su mirada sarcástica hacia terrenos menos pantanosos, con la irrupción en escena de una avasalladora inglesa, empeñada en llevarse al ínclito Piri-Piri a Londres, y de un ricachón estadounidense, nada menos que el Rey del Arenque, que busca lo propio para Nueva York (y con Francia, que sin que nadie le haya dado vela en el entierro se dedica a marear la perdiz). Así pues, el ridículo conflicto se internacionaliza, con el pobre alcalde Gualandi siendo arrastrado de un lado al otro del mundo y siendo testigo pasivo de las maniobras más sucias con tal de entrar en posesión del primer pterodáctilo del que se tiene noticia desde la Era Secundaria.

Como se habrá podido comprobar. No se puede decir que “L’allevatore di dinosauri” explore terrenos novedosos, lo que sí aporta a ciertos lugares comunes de la ciencia ficción más o menos temprana es un enfoque ligero, decididamente humorístico, casi autoparódico, del que carecen las obras de similar temática inglesas (“El mundo perdido”), americanas (“La tierra olvidada por el tiempo“) o francesas (contemporáneas, porque encontramos una subtrama muy similar en la película de 2010 “Adèle y el misterio de la momia”, inspirada a su vez en el cómic de 1976 “Adèle et la bête”, de Jacques Tardi). Otra de sus virtudes es que, con los continuos volantazos que va dando la historia, y aunque al final el conjunto no resulte excesivamente coherente, resulta imposible aburrirse.

Leyendo esta novela, no cuesta comprender por qué Yambo fue un autor tan popular (en la península itálica, al menos).

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~ por Sergio en septiembre 19, 2015.

4 comentarios to “L’allevatore di dinosauri (L’uovo di pterodattilo)”

  1. ¿Al final lo leiste en italiano? Porque mi admiración por ti aumenta por momentos ;)

  2. Uhm… leí el review por curiosidad y me sonó interesante, lástima que no esté traducida ya que de italiano no tengo pero es que ninguna noción, solo comprendo cosas en internet porque algunas palabras se parecen.

    • Es una novela dirigida principalmente a los jóvenes, así que el lenguaje es bastante sencillo (eso sí, como es de 1926, no creo que sea un italiano completamente estándar). Sea como sea, me ha resultado bastante inteligible (salvo alguna que otra conversación entrecortada, que con la ausencia de contexto se hacía durilla de entender).

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