Armaggedon 2419 A.D.

El volumen de agosto de 1928 de la revista Amazing Stories fue sin duda uno de los más influyentes de la historia de las revistas pulp de ciencia ficción. En aquel número se empezó a publicar “The skylark of space”, de E. E. Doc Smith, la primera muestra de space opera moderna. De igual modo, vio la luz en sus páginas, por medio de la novela corta “Armaggedon 2419 A.D.” de Philip Francis Nowlan, un personaje fundamental en la popularización del género más allá del medio escrito: Buck Rogers (aunque en esta primera aventura, aún sin concretar muchos de de los que serían sus elementos característicos, recibió el nombre de Anthony Rogers).

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El arranque de la historia copia casi punto por punto el que Burroughs ideó para John Carter en “Una princesa de Marte” (1917). Un hombre relativamente joven, veterano de la Primera Guerra Mundial, queda atrapado en una cueva mientras practica espeleología, con la particularidad de que el mismo movimiento telúrico que lo encierra libera también gases radioactivos (naturales), que le inducen una especie de estado de estasis… hasta que un nuevo terremoto lo libera en pleno siglo XXV.

Pronto descubre que las cosas no les han ido demasiado bien a los norteamericanos. Una segunda guerra mundial enfrentó a EE.UU. con las potencias europeas, que resultaron triunfantes. Su victoria fue sin embargo pírrica, pues las dejó tan debilitadas que una invasión conjunta de chinos y rusos conquistó sin apenas resistencia todo el continente, para acabar dando paso a un imperio chino (Han) global.

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En el año 2419, los antiguos Estados Unidos son una colonia de ese imperio oriental, con los Han viviendo en las grandes ciudades y dominando sin oposición el espacio aéreo gracias a sus vehículos antigravitatorios, armados con rayos desintegradores. Los antiguos americanos sobreviven organizados en bandas de montañeses, sometidos a un régimen casi militar, mientras ultiman sus planes para empezar su segunda guerra de independencia. En tales circunstancias, Rogers, con su experiencia militar en grandes conflictos, les será de una enorme utilidad.

“Armaggedon 2419 A.D.” se entrega sin tapujos al cliché del Peligro Amarillo (término acuñado en 1895 por el kaiser Guillermo II, e introducido en la ciencia ficción por M. P. Shiel, con su novela “The yellow peril” de 1898, que inventó, por ejemplo, el personaje del supervillano asiático). Las migraciones masivas de trabajadores chinos (tratados casi como esclavos) a los países europeos y EE.UU. generaron una corriente de miedo y rechazo, que se materializó en la idea de que un gran conflicto racial, hasta la mismísima extinción de uno de los contendientes, era inevitable.

Armageddon-2419-AD

Eso sí, pese a este planteamiento, la lucha en la novela se dirige principalmente no contra los Han, sino contra bandas colaboracionistas. La resistencia frente a los gobernantes asiáticos se muestra a modo de escaramuzas, con tácticas propias de una guerrilla, y a través de una incursión a la ciudad de Nu-Yok, en busca de información que desenmascare quiénes son esos traidores.

Como ya se desprende de enfoque racista, la sutileza no es el fuerte de la historia. Para destacar las aptitudes estratégicas de Rogers, Nowlan hace a sus americanos del futuro prácticamente ignorantes en cuestiones bélicas, teniendo que ser precisamente el visitante de cinco siglos atrás quien les enseñe, por ejemplo, a usar sus armas-cohete para derribar las aeronvaes han (disparando hacia la columna antigravitatoria que las sustenta). Otra cuestión que resta fuerza a la narración es la enorme disparidad tecnológica entre ambos bandos… y no en la dirección en que hubiera supuesto un gran recurso dramático.

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Así, mientras los Han disponen de aeronaves sostenidas por columnas antigravitatorias, rayos desintegradores y ultráfonos (micrófonos direccionales de alta sensibilidad), los desarrapados americanos se las han ingeniado para inventar dos compuestos milagrosos: el ultrón y el inertrón, que les dan auténtica antigravedad (para construir cinturones sustentadores, a los que se les añadirán mochilas cohete) y un material invisible e impenetrable. Pero no acaban ahí las innovaciones, porque también disponen ultrascope (amplificadores de visión, a distancia e incluso en la oscuridad), ultraphone (conexión de radio indetectable) e incluso superioridad física manifiesta (pues los asiáticos, en sus impenetrables ciudades, se suelen entregar a la molicie), lo que unido a sus fusiles-cohete los vuelven poco menos que invencibles.

En el fondo, “Armaggedon 2419 A.D.” no es sino una fantasía glorificadora de la figura mítica del colono revolucionario que expulsó a los británicos a finales del siglo XVIII. Algo que aún sigue fascinando a parte de la población estadounidense, como demuestran películas del estilo de “Amanecer rojo”. A ello se le añade la chica que no puede faltar, la escalada social del héroe (al que pronto nombran, por supuesto, Jefe de la banda de Wyoming) y un par de insinuaciones sobre la larga y triunfal guerra que espera (por eso de plantar la semilla para una serie), y ya tenemos lista una historia típica de la época (con algún detallito oculto de mayor calado, como una tímida crítica al consumismo capitalista y una defensa del comunismo… disfrazado de economía de guerra).

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Lo que hace único a “Armaggedon 2419 A.D.” es que fue la semilla de uno de los fenómenos más importantes de la historia de la ciencia ficción.

Fue Nowlan el que acudió con la idea de serializar la historia en forma de tira de cómic para los periódicos a John F. Dille, presidente del National Newspaper Service Syndicate. Juntos, contrataron como dibujante a Dick Calkins, y el 7 de enero de 1929 debutó “Buck Rogers in the 25th Century A.D.”, siguiendo al principio al pie de la letra la historia de “Armaggedon 2419 A.D.” (que se vería continuada en marzo de 1929 con la novela corta “The airlords of Han”), pero empezando pronto a divergir y a crear su propio estilo (más aventurero y menos violento).

La tira original se estuvo publicando ininterrumpidamente entre 1929 y 1965 (con relanzamientos en EE.UU., entre 1979 y 1983, y Gran Bretaña, entre 1980 y 1984), empleando a distintos dibujantes y guionistas, y contribuyó crucialmente a la popularización de muchas de las características que hoy en día se asocian con la ciencia ficción. A partir de ahí, el personaje se expandió a otros medios, como con el primer serial radiofónico de ciencia ficció (1932-1936, 1939, 1940 y 1946-1947) y varios seriales cinematográficos (1939) o televisivos (1950-1951, 1979-1981).

Buck_Rogers_comic_strip

También sirvió de inspiración para varios cómics similares, que debutaron en otros periódicos en los años siguientes para hacerle la competencia, siendo el más famoso el de Flash Gordon, creado por Alex Raymond, que se estuvo publicando ininterrumpidamente entre 1934 y 2003 y que a su vez se erigió en el más importante “embajador” de la ciencia ficción estadounidense en todo elmundo.

La novela corta, así como su continuación, se encuentran en dominio público en los EE.UU., pero no así en España (peculiaridades de nuestra legislación), así que no puedo enlazar directamente la edición electrónica que puede encontrarse en el Proyecto Gutenberg.

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~ por Sergio en septiembre 8, 2015.

2 comentarios to “Armaggedon 2419 A.D.”

  1. Gran post, como siempre. Muy interesantes esos orígenes de la Space opera.

    • Bueno, estrictamente hablando, los orígenes de la Space Opera (moderna, que ya hay varios ejemplos tempranos a finales del siglo XIX) corresponde a Doc Smith y su “The skylark of space”. Las aventuras de Anthony (Buck) Rogers, aun siendo futuristas, se circunscriben en esta primera iteración a la Tierra (aunque icónicamente sí que sirvió de arquetipo para muchos de los grandes héroes del género).

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