La música de cine (III)

Aunque muchos de los primeros compositores de cine fueron inmigrantes europeos de formación clásica, pronto empezaron a surgir músicos de origen estadounidense, con una trayectoria vital ligeramente diferente. Entre los pioneros, el más importante fue sin duda Alfred Newman (1900-1970).

Newman fue el mayor de diez hermanos y un niño prodigio. Empezó a dar clases de piano a los cinco años, y andaba quince kilómetros diarios para poder practicar. Desde muy joven, se dedicó a tocar en restaurantes y espectáculos de vodevil, contribuyendo económicamente al sostenimiento de su familia y prosiguiendo con sus estudios de instrumentación y composición. A los veinte años recaló en Broadway, y durante diez trabajó como director de orquesta en diversos musicales, hasta que en 1930 se mudó a Hollywood.

Pronto empezó a componer para la United Artists, RKO y Paramount Pictures, y en 1940 se alzó con el puesto de director musical de la 20th Century-Fox, para la que compuso la fanfarria que aún hoy acompaña a su logo.

http://www.youtube.com/watch?v=F6Y7JHO4b_8

A lo largo de su dilatada carrera (que se extiende entre 1931 y 1970), compuso la música de más de 200 películas, cosechando nueve premios Oscar (el récord absoluto) de 45 nominaciones. Entre sus trabajos se cuentan: “El prisionero de Zenda” (1937), “Qué verde era mi valle” (1941), “Eva al desnudo” (1950), “Las nieves del Kilimanjaro” (1952), “La túnica sagrada” (1953), “La conquista del oeste” (1962), “La mayor historia jamás contada” (1965) o “Aeropuerto” (1970).

http://www.youtube.com/watch?v=lWo0ej6mT_s

Dos de sus hermanos, Lionel y Emil Newman, fueron también compositores de música de cine, así como dos de sus hijos, David y Thomas Newman (receptor de doce nominaciones a los Oscar) y un sobrino, Randy Newman (ganador de dos Oscars).

Al contrario que los otros compositores que habíamos visto hasta ahora, Alfred Newman produjo sólo música para el cine, aunque quizás precisamente por ello su influencia en este medio se extiende hasta hoy.

Otro de los pioneros fue Bernard Hermann (1911-1975), neoyorquino, proveniente de una familia judía de clase media y ascendencia rusa. Animado por su padre, empezó a estudiar música y a cosechar reconocimientos, hasta convertirse en director de su propia orquesta. En 1934, a los veintitrés años, se unió a la CBS (por aquel entonces volcada principalmente en la radio), donde acabó erigiéndose en el director de su orquesta sinfónica, que emitía distintos programas y presentaba a la audiencia americana el trabajo de infinidad de músicos clásicos europeos.

Su trabajo en la radio le puso en contacto con Orson Welles (para quien dirigió, por ejemplo, la música de su famosa adaptación de la guerra de los mundos). Así, en 1941 realizó su primera composición para el cine, nada menos que con “Ciudadano Kane”. Sin embargo, el nombre de Bernard Hermann se encuentra asociado principalmente con otro director, Alfred Hitchcock, con quien trabajó en películas como “Vértigo” (1958), “Con la muerte en los talones” (1959), “Psicosis” (1960) o “Marnie la ladrona” (1964).

http://www.youtube.com/watch?v=4zr_zL_T3g8

Bernard Hermann fue famoso por su defensa de la integridad artística de los compositores (lo que le llevó a romper relaciones profesionales tanto con Welles como con Hitchcock), así como por su empleo de conjuntos inusuales de instrumentos (en una orquesta clásica), llegando incluso a introducir diversos instrumentos electrónicos (como el theremín en “Ultimátum a la Tierra” en 1951, o a emplear tan sólo una sección de la orquesta para enfatizar la tensión (sólo la sección de cuerda, por ejemplo, en la escena de la ducha de “Psicosis”).

http://www.youtube.com/watch?v=K6iF5sINVns

Todas estas innovaciones eran necesarias.

Durante los primeros años de la música de cine, ésta había ido quedando anticuada con respecto a la evolución de la música orquestal, que había abandonado el romanticismo a favor del neoclasicismo (abanderado por Igor Stravinsky). Esta desconexión se fue corrigiendo en los años 50, y el cine empezó a abrazar las corrientes modernistas, y en particular, por sus raíces americanas, el jazz.

En 1951, Alex North (1910-1991) fue uno de los primeros en fusionar el estilo más libre del jazz con la necesidad de coherencia temática que impone la composición para el cine, para la película “Un tranvía llamado deseo”.

http://www.youtube.com/watch?v=ev64y1Y-FM4

Entre sus composiciones se cuentan también títulos como “Espartaco” (1960), “Cleopatra” (1963) o “Las sandalias del pescador” (1968).

http://www.youtube.com/watch?v=lBeh1jkanrE

También a través del jazz fue como Elmer Bernstein (1922-2004), se afianzó en el mundo de las bandas sonoras en 1955, con “El hombre del brazo de oro” (en la que Frank Sinatra interpreta a un percusionista de jazz heroinómano), encarrilando una extensa carrera jalonada por composiciones tan icónicas como “Los siete magníficos” (1960), “La gran evasión” (1963) o “Los cazafantasmas” (1985).

http://www.youtube.com/watch?v=CjF8sjuPLxU

El tercer gran valedor del jazz en el mundo de las bandas sonoras fue Henry Mancini (1924-1994), que destacó especialmente en los años sesenta, con grandes aportaciones tanto para el cine como para la televisión. Su tema más reconocible es sin duda el de la Pantera Rosa, aunque su carrera es extensísima, incluyendo otras famosas películas de Blake Edwards (“Desayuno con diamantes”, “Días de vino y rosas” o “Víctor o Victoria”), “Dos en la carretera”, “Charada” o “¡Hatari!”.

http://www.youtube.com/watch?v=86znnjhYrq4

Toda esta diversidad abrió nuevas posibilidades para el cine, que supieron aprovechar muchos directores y compositores para aportar algo novedoso e intrigante con unos presupuestos reducidos (una banda sonora orquestal es cara, muy cara). Y quizás nadie lo hizo mejor que Sergio Leone y Ennio Morricone.

Morricone, nacido en 1928, es uno de los compositores más prolíficos (por encima de 500 bandas sonoras) y eclécticos del mundo de las bandas sonoras. Romano de nacimiento, e hijo de un trompetista profesional, pronto demostró grandes aptitudes para la música, lo que lo condujo a una formación clásica que le abrió las puertas primero de la radio y luego del cine (en un principio, sobre todo, para comedias ligeras italianas, alegres, simples y con temas pegadizos con influencias del jazz y del pop).

El punto de inflexión de su carrera tuvo lugar en 1964, cuando un viejo compañero de escuela, Sergio Leone, lo contrató para componer la música de un spaghetti western: “Por un puñado de dólares”, seguida por “Por un puñado de dólares más” (1965) y por “El bueno, el feo y el malo” (1966). Las restricciones presupuestarias forzaron a encontrar soluciones creativas, que se plasmaron en un sonido novedoso, entremezclando solos de trompeta, guitarra eléctrica, disparos, silbidos, coros e incluso chasquidos de látigo.

http://www.youtube.com/watch?v=ZG1fmfZGuWw

En total, Morricone compuso, a su inimitable manera, la música de más de treinta westerns, pero no se limitó a ese género o estilo, sino que ha seguido trabajando hasta hoy en día, adaptándose a las necesidades del género y el momento. En su haber se cuentan dramas (“Novecento”), películas de terror (“El gato de nueve colas”), aventura (“El guerrero rojo”)…

En Hollywood, su nombre se ha visto asociado a grandes películas como “Érase una vez en América”, “Los intocables” o “La misión”, que por ser de 1986 ya pertenece a la época en que las grandes orquestas habían recuperado su predominio en el mundo del cine, y aunque eso será tema para otra sesión, bien podemos ofrecer aquí y ahora un pequeño anticipo:

http://www.youtube.com/watch?v=XoQ2yiS1lsY

Otras entregas de esta serie:

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~ por Sergio en agosto 13, 2015.

2 comentarios to “La música de cine (III)”

  1. La serie de entradas continúa igual de interesante… A ver, un par de apuntes sueltos. En primer lugar, comentar que entre las primeras cintas de cassette que me compré a mediados de los ochenta había muchas de bandas sonoras: La Historia Interminable, Regreso al Futuro, Terminator, Depredador… y también los Cazafantasmas. Recuerdo que en este último caso la selección era una mezcla de canciones poperas de distintos grupos (uno de ellos Oingo Boingo, con Danny Elfman) y por otro lado los pasajes orquestales de Elmer Bernstein, con lo que quedaba un popurrí un poco raro… Pero la música incidental era muy buena, eso sí.

    Por otro lado, hablar un segundo de Morricone: es un compositor que me ha llegado a emocionar hasta las lágrimas varias veces, viendo las películas o escuchando los temas en cassette, CD o en concierto directo. La música de La Misión es bellísima; también me compré la cinta en su día y al principio no me atrapaba, pero a medida que he ido haciéndome mayor y he comprendido y apreciado más la película me ha pasado lo mismo con la música.

    En cuanto a sus colaboraciones con Sergio Leone, muy buenas también. Creo que la que más me gusta de Leone es Once Upon a Time in the West, que visualmente me parece impecable, de las más hermosas jamás filmadas, en mi opinión. En lo que respecta a la banda sonora, creo recordar (hablo un poco de memoria) que Morricone compuso menos música de la que le hubiera tocado a una peli tan larga, y luego repetía varias veces la misma pieza, cuando convenía… Pero salvando este detalle, hay que reconocer que en algunos momentos de la narración se produce una sinergia perfecta entre imágenes y banda sonora que intensifica las emociones al máximo… Estoy pensando por ejemplo en el tema con la armónica, que también me ha hecho soltar alguna lagrimilla que otra en ciertos momentos de la película. ¡Grande, Morricone!

    No quiero leerme la cuarta entrega todavía; voy a dosificarlas para disfrutarlas más. Pero me iré poniendo al día poco a poco. ¡Un saludo!

    • Hablando de Morricone y belleza y emoción, es imperativo mencionar la banda sonora de “Cinema Paradiso” (y ya que estamos, del mismo director, “Malena” y “La leyenda del pianista en el océano”).

      500 bandas sonoras lo contemplan.

      De no ser por su (relativa) mala suerte con las películas americanas (en cuanto a recaudación, sobre todo), su reconocimiento sería muchísimo mayor. A ver qué hace este año con “The hateful eight”, su primer western en cuarenta años.

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