Somnium (El sueño o la astronomía de la Luna)

El debate en torno a cuál fue el auténtico inicio de la ciencia ficción es tan antiguo como irresoluble. Todo lo más, existen consensos que apuntan a tal o cual título (siendo uno de los favoritos “Frankenstein”, publicado por Mary Shelley en 1818). En mi intento por definir lo que es la ciencia ficción, sostenía que era el tipo de literatura que se hizo posible al popularizarse el pensamiento científico (que abrió la puerta a la especulación predictiva), y eso ocurrió gradualmente a lo largo del siglo XIX… lo cual no quiere decir que no se puedan encontrar ejemplos anteriores, sólo que para ello toca buscar autores más cercanos a la avanzadilla de la revolución científica.

Bajo esta perspectiva, otro de los grandes candidatos para ser el primer texto de la historia de la ciencia ficción es “Somnium sive opus posthumum de astronomia lunaris” (El sueño, u obra póstuma sobre la astronomía de la Luna)  del gran matemático y astrónomo (y astrólogo) Johannes Kepler, concebida en torno a 1608, pero no publicada hasta 1634 por su hijo Ludwig (aunque el propio Johannes había iniciado el proceso de edición poco antes de su muerte en 1630).

somnium

Se trata de un cuento breve, escrito en latín y acompañado por prolijas notas que quintuplicaban la longitud del opúsculo. En él, Kepler se posicionaba a favor de las teorías heliocéntricas copernicanas, creando un modelo con el punto de observación fijado no en la Tierra, sino en nuestro satélite. Claro que por entonces defender esas ideas podía ser peligroso, como descubrieron Giordano Bruno y Galileo Galilei, así que Kepler camufló la herejía potencial bajo el artificio de un sueño.

E incluso dentro del sueño añade otro artificio de distanciamiento, tomando de su biblioteca un libro que narra las vivencias de Duracotus, un joven islandés (con una madre bruja) que por una serie de azares acaba estudiando en Dinamarca bajo la tutela del gran astrónomo Tycho Brahe (como el propio Kepler). A su regreso al hogar, su madre se congratula por todo lo que ha aprendido, y le ofrece la oportunidad de saber aún más, invocando a un daimon, uno de los habitantes espirituales de la Luna.

El daimon les habla entonces de Levania, la Luna para sus habitantes, y de cómo ven desde ella a Volva, la Tierra, aunque primero narra las dificultades del viaje entre ambas, pues las distancia que las separa es de 50.000 millas alemanas  (dado que la milla alemana medía 7.586 metros, se trata de una aproximación muy, muy buena al radio orbital medio de 384.400 kilómetros). Así, en un pequeño atisbo de lo que implicará el vuelo espacial, describe los problemas derivados del frío y la falta de aire, así como la necesidad de frenar acercarse al campo gravitatorio lunar.

Paisaje+lunar

A continuación, se explaya en la descripción de los distintos movimientos celestes, vistos desde Levania, distinguiendo dos grandes hemisferios: Subvolva, que es la cara visible que siempre está vuelta hacia la Tierra, y Privolva. El daimon habla del año, las estaciones y los días lunares (que duran casi un mes nuestro), así como de los eclipses de Sol y Volva. En el proceso, describe un ambiente terriblemente hostil, con grandes variaciones térmicas y gigantescas mareas (provocadas por la atracción conjunta del Sol y Volva), que desecan periódicamente Privolva e inunda Subvolva.

Es aquí donde Kepler deja volar más su imaginación, describiendo (por desgracia brevemente) a los habitantes materiales de Levania, unos seres gigantescos, que participan en grandes migraciones por Privolva en pos del agua en retroceso, así como otros “adaptados” (lógicamente, no emplea exactamente esa terminología, sino que habla de “naturaleza e ingenio”) para soportar una inmersión prolongada o una desecación extrema en Subvolva.

Llegados a ese punto, Kepler despierta bruscamente de su sueño, dando por concluida la narración.

somnium-book-cover

He de confesar que he hecho un poco de trampa. En mi sinopsis he potenciado los aspectos más reconocibles como ciencia ficción del cuento de Kepler. La lectura de “Somnium” ofrece al lector moderno una impresión un poco más ambigua. En la época de su escritura, la separación entre lo científico y lo mágico estaba poco definida (como ya he comentado, Kepler era astrónomo y astrólogo, e incluso el propio Isaac Newton dedicó grandes esfuerzos a sus investigaciones alquímicas).

También en el pensamiento de Johannes Kepler se entremezclaba la lógica científica con hipótesis basadas en conceptos metafísicos o religiosos. Quizás esa doble perspectiva le permitió romper las barreras de lo observable y especular sobre lo que se encontraba más allá de su esfera de conocimiento. Lo que lo diferencia de otros autores clásicos que también imaginaron viajes a la Luna (e incluso selenitas), como Luciano de Samosata en “Historia verdadera” en el siglo II, es la lógica subyacente a cada decisión. Por ejemplo, los movimientos orbitales determinan el clima, el clima influye en las condiciones de habitabilidad y éstas moldean a las formas de vida en Levinia.

Paralelamente, Kepler se maneja con igual soltura en la faceta mágica de “Somnium”… lo cual no es de extrañar, dados sus antecedentes familiares. Una tía suya fue quemada por bruja, y su propia madre, una famosa herbalista, se enfrentó a acusaciones semejantes, posiblemente como medio de atacar al propio Kepler. Lo irónico del asunto es que la publicación de “Somnium” dio nuevos argumentos a los denunciantes para insistir en sus acusaciones (pese a que por entonces Katharina llevaba doce años muerta), dados los abundantes detalles autobiográficos que Kepler “prestó” a Duracotus.

astronomia_luna

Polémicas aparte, “Somnium” se probó una historia popular, que coincidió con (y alentó) un período de interés creciente en el estudio de nuestro satélite, que se materializó en la publicación de una muy difundida traducción al inglés de “Historia verdadera”(ese mismo 1634), así como de la utopía fantástica “The man in moone” de Francis Godwin o el ensayo “The discovery of a world in the moone” de John Wilkins, ambos de 1638. Unos años después, esas visitas a la Luna se hicieron habituales de obras paródicas como “L’Autre monde ou les états et empires de la Lune” (Cyrano de Bergerac, 1657) o “M-h-s-nsche Geschichten” (la primera edición de las aventuras del Barón Munchausen, de Rudolf Erich Raspe, 1781), y de un modo u otro permanecerían como un sueño de la humanidad que encontraría eco en autores como Poe, Verne, Wells o incluso el padre de la astronáutica, Konstantin Tsiolkovsky, y que acabaría materializándose, en torno a tres siglos y medio después de que Kepler lo “soñara”, un 20 de julio de 1969.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en agosto 11, 2015.

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