Sultana’s dream

Entre los lugares donde arraigó la ciencia ficción temprana, uno de los más improbables sea quizás la región de Bengala, por entonces bajo el dominio del imperio británico, y quizás nada más improbable, desde nuestra perspectiva actual, que una precursora de la ciencia ficción bengalí, feminista y musulmana. Sin embargo, todo ello es aplicable a Begum Rokeya Sakhawat Hussain, una mujer nacida en 1880 en lo que hay conocemos como Bangladés.

begumrokeya

Nacida en una familia de la clase alta musulmana, tanto ella como su hermana mayor (que se hizo poetisa) estudiaron bengalí e inglés gracias al interes de uno de sus hermanos (cuando los idiomas considerados cultos en su círculo eran el árabe y el farsí). Tras desposar a los dieciséis años con un magistrado de habla urdu, no sólo no vio obstaculizada su pasión, sino que su marido, además de apoyarla, la animó a escribir, y a hacerlo mayoritariamente en bengalí, por ser éste el idioma del pueblo.

En 1909 enviudó, no sin antes haber sido animada por su esposo para fundar una escuela para mujeres musulmanas. Hasta su muerte en 1932, se erigió en una de las primeras y principales voces del feminismo dentro de la comunidad musulmana y una importante figura reformista, en apoyo de la igualdad entre géneros. Su ficción, como no podía ser de otra forma, aborda esta problemática, y lo hace adoptando uno de los géneros más en boga por aquel entonces en el mundo angloparlante: la utopía (y más específicamente, la utopía feminista, de la que es una de la precursoras, junto con “Arqtiq” de Anna Adolph, “Unveiling a Parallel” de Alice Ilgenfritz Jones y Ella Merchant o “New Amazonia” de Elizabeth Corbett).

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Sus dos grandes obras a este respecto son “Padmarag”, una novela escrita en bengalí en 1924, y el relato “Sultana’s dream”, publicado originalmente en inglés en 1905 en The Indian Ladies’ Magazine.

“Sultana’s dream”, como su mismo nombre indica, relata el sueño de una mujer, que es acompañada por una visitante inesperada, a la otorga el nombre de Sister Sara, a una tierra llamada Ladyland, situada en un futuro caracterizado por los avances tecnológicos y la inversión en los papeles del hombre y la mujer. Así pues, tras una guerra que diezmó y avergonzó al dominante género masculino, las mujeres, lideradas por su reina, imponen a los hombres el purdah (que en la India se manifestaba encerrando a las mujeres en una parte privada de la casa llamada zenana, privándolas del acceso a la educación y a cualquier medio de sostenerse económicamente a sí mismas, siguiendo la misma “lógica” que aun hoy en día impone el gurka).

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Esto se logra gracias a una revolución educativa (despreciada por los hombres, con el Primer Ministro, el auténtico gobernante en la sombra del reino, a la cabeza), que produce en sendas universidades sólo para mujeres adelantos como un sistema para absorver directamente del cielo el agua de las nubes (controlando con ello el clima) y otro para recolectar, almacenar y utilizar el calor del Sol.

El breve texto sirve también como sátira, al afirmar la Hermana Sara que en Ladyland a las mujeres les basta con dos horas de trabajo al día para igualar el que los hombres hacían en siete, porque ellos se pasaban cinco de las siete horas dedicados exclusivamente a fumar cheroots (una especie de puro). Por no hablar de la obsolescencia de instituciones como la policía o la magistratura, dado que la porción violenta de la sociedad se encuentra convenientemente recluida (algo que las protagonistas encuentran mucho más lógico que la alternativa opuesta).

sultanadream

Desde una perspectiva especulativa, lo cierto es que el cuento se queda un poco en lo superficial, tanto en lo tecnológico (aparte de lo mencionado, cabría destacar la existencia de vehículos voladores;dirigibles de bolsillo, sustentados por hidrógeno e impulsados con alas movidas por electricidad) como en lo social (aunque no conviene minusvalorar lo chocante y provocativo de la idea de base en su contexto histórico y cultural). Por otro lado, no me cabe duda de que utiliza sutilmente el humor (recalcando lo absurdo de la situación) para suavizar el mensaje rupturista, que se centra principalmente en dos puntos:

Primero, un rechazo rotundo del purdah, que Begum Rokeya denuncia en numerosos escritos como una práctica sustentada en una versión pervertida del auténtico islam (y que, de hecho, es un rasgo cultural preislámico, adoptado por los musulmanes con la conquista de los antiguos territorios persas y dotado entonces de justificación religiosa ad hoc). En segundo lugar, un llamamiento claro y decidido por la educación femenina, como camino para romper la dependencia que genera la discriminación sexual.

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La escuela femenina que Rokeya Sakhawat Hussain fundó en Calcuta en 1911 sigue en activo, y de los últimos veinticuatro años, Bangladés ha sido gobernado por una mujer veintiuno (lo cual constituye además casi la mitad de la existencia de la joven república, tras su independencia de Paquistán en 1972).

En esta página podéis leer “Sultana’s dream” (en inglés).

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~ por Sergio en julio 16, 2015.

Una respuesta to “Sultana’s dream”

  1. Interesante, no la conocia. Debere leerla.

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