Ingenieros de Mundo Anillo

Nueve años después del mayor éxito de su carrera, Larry Niven decidió escribir una secuela que en principio no tenía planeada, la de “Mundo Anillo“, que en 1971 cosechó todos los premios del sector gracias a la fuerza de su concepto de partida: un mundo artificial que se extiende como una enorme cinta de más de un millón y medio de kilómetros de anchura en torno a un sol, y con una superficie habitable equivalente a tres millones de Tierras.

Ya en la Worldcon de 1971 (donde le concedieron el Hugo), los estudiantes de ingeniería de la cercana MIT se habían divertido proclamando a gritos por los pasillos de la convención que el Mundo Anillo no era estable (por su rigidez, no se encuentra realmente en órbita, y dejado a su suerte acabaría descentrándose y golpeando su sol). Según Niven, su principal motivación para escribir “Los ingenieros de Mundo Anillo” (“The Ringworld engineers”) fue precisamente el solucionar ese error.

RingworldEngineers2

Para ello, dio inicio a su historia veintrés años después del viaje original al Mundo Anillo. Luis Wu, el protagonista de la serie, vive como un fugitivo, enganchado al cable (que le estimula directamente el centro de placer del cerebro), hasta que es secuestrado de nuevo por otro titerote (que se hace llamar Ser Último) junto con el kzin (una especie de agresivos felinos inteligentes de dos metros y medio de altura) Intérprete de Animales, que ahora sólo responde (de forma no letal) a su nuevo apellido: Chmeee. Los tres, a bordo de la Aguja Candente de Interrogatorio, replican el periplo interestelar (a la fuerza en el caso de Luis y Chmeee), a la búsqueda de una supuesta tecnología de transmutación, para encontrarse con una megaestructura que se ha desviado de su posición y amenaza con una catástrofe de proporciones inimaginables en poco menos de dos años.

Así pues, el humano y el kzin deben cooperar, siguiendo en apariencia las órdenes de Ser Último aunque con el propósito claro de sacudirse su yugo y encontrar la forma de regresar al Universo Conocido o, cuando menos, salvar al Mundo Anillo de su destino. Para ello deben encontrar la hipotética sala de control y reparaciones, donde podrán conocer el destino de los motores de corrección de posición que, también hipotéticamente, deberían contrarrestar las pertubaciones accidentales del sistema. En el proceso, quedará resuelto (de un modo bastante chapucero, todo hay que decirlo) el misterio del origen de tal obra de ingeniería estelar.

Ingenieros_mundo_anillo

Se da la paradoja de que resulta imprescindible haber leído “Mundo Anillo” para entender mínimamente su secuela… y que al mismo tiempo ello provoca una acuciante sensación de déjà vu, pues por dos terceras partes del libro nos encontramos con una reiteración de elementos ya explorados, con pequeñas variaciones que no bastan ni mucho menos para sobreponerse a la sensación de familiaridad que arroja todo el proceso.

Lo que es peor, también resultaría bastante útil haber leído con anterioridad “Protector”, una novela ambientada en el Espacio Conocido de 1973, aunque concebida originalmente con independencia de la saga de Mundo Anillo. Niven resume para beneficio del lector despitado lo fundamental de aquélla, aunque no constituye ni mucho menos un recurso elegante para introducir una información imprescindible para la comprensión de la historia (en otras palabras, se tira decenas y decenas de páginas para no aportar más que ambientación, y en un par suelta todos los conceptos cruciales que, en su momento, le llevó toda una novela desarrollar).

Rinworld_engineers

Tengo más motivos de crítica. Larry Niven suele considerarse como el escritor hard prototípico… siempre y cuando te limites a cuestiones de ingeniería. Porque lo ha demostrado una y mil veces: a Niven el rigor biológico o le importa un pimiento o, simplemente, no entiende ni los fundamentos más básicos de evolución. Ya sea con los pajeños de “La paja en el ojo de dios”, las criaturas del anillo de humo de “Los árboles integrales” o las especies humanoides del Espacio Conocido, la evolución en sus escenarios actúa de forma poco menos que mágica.

Oh, sí, y también parece obviar el detallito de que las condiciones ambientales reinantes en la superficie del Mundo Anillo lo harían inhabitable muchísimo antes de que chocara con su estrella.

Una dificultad añadida, que en principio poco tiene que ver con el autor (me reservo mi opinión hasta leerlo alguna vez en versión original), tiene que ver con la traducción, utilizada y reutilizada en todas las ediciones desde 1987, que es simplemente desastrosa, con errores que van desde desconocer el término astronómico terminador (que se traduce como “terminátor”), hasta líneas de diálogo que, por más que lo he intentado, no he podido siquiera asignar a un personaje u otro del poco sentido que tenían.

ingenieros mundo anillo

Volviendo a la novela, lo cierto es que en su último tercio parece centrarse y la cosa mejora sustancialmente. Es también el segmento en que mejor se aprecia el punto fuerte de la saga: la inmensidad anonadante del Mundo Anillo. Buena parte de su apoyo conceptual, por desgracia, se sostiene fuera de la saga (en la ya mencionada “Protector”) y con una reintroducción sorpresa que tiene más de un aspecto propio de un Deus ex machina, pero por fin se aprecia ese sentido de maravilla que teóricamente debería despertar una novela como ésta. Por desgracia, Niven no sabe dotar a su prosa de los matices necesarios para resaltar el impacto emocional de un final apresurado y resuelto a una escala que no hace honor a la grandiosidad del concepto.

Pese a estas quejas personales, lo cierto es que “Ingenieros de Mundo Anillo” es una secuela que goza de buena reputación entre los fans de la saga (al contrario que las posteriores entregas: “El trono de Mundo Anillo”, de 1996, e “Hijos de Mundo Anillo”, de 2004, antes de enlazar con la serie de la Flota de Mundos “coescrita” con Edwar M Lerner. En 1980 no obtuvo ninguna nominación (entre otras cosas, supongo, porque John Varley le había ganado ampliamente en su propio terreno con “Titán“), pero en 1981 (un año muy, muy flojo, lo que posiblemente facilitó la repesca, factible para obras de dos años atrás no reconocidas anteriormente) se hizo con nominaciones a los premios Hugo y Locus (ganó en ambos casos “Reina de la nieve“, de Joan D. Vinge).

ringworld-engineers-cover

Entre los nominados al Hugo se contaban también otras continuaciones de series sobre grandes estructuras extraterrestres: “Hechicera”, de John Varley (secuela, inferior, de “Titán”) y “Tras el incierto horizonte” de Frederik Pohl (secuela muy decepcionante de “Pórtico“). El quinteto se completaba con “El castillo de Lord Valantine” (la reinvención en clave fantástica de Robert Silverberg), ignorando de forma curiosa a la vencedora del Nebula: “Cronopaisaje“, de Gregory Bendford.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en julio 13, 2015.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: