La diversidad sexual en la literatura fantástica

Con el reciente fallo del tribunal supremo estadounidense a favor del matrimonio homosexual, es un buen momento para echar un vistazo al tratamiento de la diversidad sexual en la literatura fantástica, tal y como hice con respecto a los conflictos raciales, con motivo del fallecimiento de Nelson Mandela. Al igual que en aquella ocasión, me veo obligado a precisa de antemano que no se tratará en modo alguno de un estudio concienzudo y sistemático, sino apenas de un esbozo, que se detendrá mínimamente en un puñado de títulos y corrientes significativos.

Ante todo, quisiera abordar por separada el terror, que es con mucho el género dentro del fantástico que antes presentó sublecturas claramente homosexuales, a menudo reflejando, dentro de los límites que la moral imperante permitía, las propias experiencias de los autores. En ese sentido, la naturaleza sobrenatural del horror que se desarrolló bajo la tradición gótica permitía trasgredir las convenciones sociales (y sublimar, en su caso, la culpa).

castillo_otranto

Así pues, se ha propuesto un conflicto interno de carácter sexual en la génesis de novelas tan emblemáticas del género gótico como “El castillo de Otranto” (Horace Walpole, 1764), “Vathek” (William Beckford, 1786) y sobre todo “El monje” (Matthew Lewis, 1796), extendiéndose esta tendencia hasta bien entrado el siglo XIX, por ejemplo con “Melmoth el errabundo” (Charles Maturin, 1820). A este respecto, sin embargo, la obra por antonomasia es sin duda “El retrato de Dorian Grey”, publicado por Oscar Wilde en 1890 (en su versión íntegra en 1891) y que provocó una enorme controversia con su plasmación metafórica de una doble vida; la externa, aparentemente impoluta, y la interna, entregada a la sensualidad y a los excesos.

Mención aparte merece el subgénero vampírico, que ya desde su misma concepción presentaba sublecturas claramente sexuales (“El vampiro“, de 1819, podría entenderse como la plasmación de la atracción morbosa de Polidori por Lord Byron). La primera relación explícitamente homosexual (lésbica), la encontramos unas pocas décadas después, en 1872, con “Carmilla” de Sheridan le Fanu. Desde entonces, vampirismo y homosexualidad se han encontrado unidos de forma más o menos patente, desde el propio “Drácula” (Bram Stoker, 1897) hasta la reinvención neogótica moderna, en series como las Crónicas Vampíricas de Anne Rice (iniciadas en 1976 con “Entrevista con el vampiro”) o en la obra de Poppy Z. Brite (cuya primera novela, de 1992, fue “El alma del vampiro”).

Carmilla

Entre los autores contemporáneos de terror, destaca el nombre de Clive Barker, que ha llegado a declarar que su obra nació precisamente como forma de expresión de los conflictos derivados de lidiar con su homosexualidad (o más bien, con la tensión, durante sus primeros años, de llevar una doble vida). Así, ya en 1986 uno de los principales ejes de “Hellraiser” fue precisamente la represión sexual, aunque sin duda es “Cabal” (“Razas de noche”) la novela que más directamente bebe de sus experiencias dentro de la semiclandestina comunidad gay de finales de los ochenta.

Respecto a la ciencia ficción, cabría señalar que en sus orígenes se dirigía a un público tremendamente conservador en lo moral, actitud compartida, lógicamente, por muchos de los primeros editores (singularmente, John W. Campbell). Así pues, durante muchos años, el sexo, no digamos ya la homosexualidad, fue un tema apenas tratado, e incluso cuando aparecía algún personaje implícita o explícitamente gay, se trataba sobre todo de mostrar de forma patente su degeneración (característica que compartían, por ejemplo, las sociedades lésbicas de pseudoamazonas estelares).

venusplusx

Este panorama empezó a ser desafiado con la llegada de la New Wave (aunque un poco antes, en 1960, Theodore Sturgeon había encontrado problemas para publicar su “Venus más X”, una novela en la que proponía una sociedad de hermafroditas, liberada de las tensiones generadas por la dicotomía sexual). La nueva generación de editores (Michael Moorcock, por ejemplo), no sólo no rehuían la temática de la exploración de la diversidad sexual, sino que la alentaban.

Entre los grandes nombres surgidos de este período un puñado no sólo eran más o menos abiertamente homosexuales, sino que además plasmaron sus experiencias o expectativas en sus libros. Así, por ejemplo, en la obra de Samuel R. Delany se aprecia una enorme diversidad sexual y una integración tolerante de todas las opciones, ya sea como trasfondo (“Babel-17“, 1966) o como parte integral del escenario y de la propia reflexión filosófica (“Dhalgren”, en 1975, y “Tritón“, en 1976). En cuanto a Thomas M. Disch, abiertamente gay desde 1968, aunque no estuvo interesado en explorar una temática explícitamente homosexual, plasmó metafóricamente sus experiencias de juventud y los conflictos que le ocasionó su orientación sexual (y que le llevaron incluso a un intento de suicidio) en una de las obras cumbres de la New Wave, “En alas de la canción” (1979).

Hombre_Hembra_Ultramar

Mención aparte merece el auge de la literatura feminista en los años 70, que se encontraba asociada a menudo con la exploración de relaciones, o directamente sociedades, lésbicas. Entre las autoras más destacadas se cuentan: Joanna Russ (“El hombre hembra“, 1975), James Tiptree Jr. (la novela corta “Houston, Houston, ¿me recibe”, de 1976, un año antes de que se hiciera público que Tiptree era en realidad una mujer), Sheri S. Tepper (“La puerta al país de las mujeres”, 1988) o Ursula K. Le Guin (quien, sin haber aceptado nunca la etiqueta de ciencia ficción feminista, exploró una sociedad de hermafroditas en la premiada “La mano izquierda de la oscuridad“).

Tras la New Wave, la sexualidad (tanto hetero como homo), fue un tema mucho más normalizado. Así, es un elemento recurrente en las primeras obras de John Varley (Cirocco Jones, la protagonista de la trilogía Geana, iniciada en 1979 con “Titán“, es lesbiana, y en su universo de los Ocho Mundos existen hasta nueve sexos, y el cambio entre unos y otros es habitual). Por su parte, Lois McMaster Bujold presentó en “Ethan de Athos” (1986) un mundo habitado exclusivamente por hombres (que se reproducen mediante replicadores uterinos), en el que su misoginia se confronta con cierta homofobia aún existente en otros planetas.

Titan_Nebulae_2

Estas últimas décadas también han vivido la creación de diversos premios orientados específicamente a destacar las novelas que abordan esta temática, entre los que destacan el James Tiptree Jr., que desde 1991 premia las obras que expanden o exploran la cuestión del género, y el Lambda, orientado hacia la literatura LGBT, que desde 1989 presenta diversas categorías relacionadas con la literatura fantástica. Todo lo cual no es óbice para que obras que pueden encuadrarse en esta temática hayan logrado también destacar en los principales premios fantásticos “generalistas”.

Así, Nicola Griffith ganó el Nebula (además de su segundo Lambda) por “Río lento” (cuyo protagonista es una joven lesbiana rica que se escapa de casa y acaba trabajando en una planta de reciclaje de agua), y de ese mismo 1994, el relato largo más destacado (galardonado con el Hugo y el Nebula) fue “El niño marciano”, de David Gerrold (que ficcionaliza sus propias experiencias como padre soltero adoptivo gay). Por su parte, Geoff Ryman conquistó el Arthur C. Clarke y el John W. Campbell Memorial con “El jardín de infancia” de 1989 (protagonizado por una educadora lesbiana) y con su libro de 2004 “Aire” se hizo de nuevo con el Arthur C. Clarke, además de conseguir el BSFA y el James Tiptree Jr. Por último, con su libro de 1992 “China Montaña Zhang” (sobre las vicisitudes de un joven homosexual en una restrictiva sociedad futura), Maureen F. McHugh ganó el James Tiptree Jr., un Lambda y un Locus a primera novela, y fue finalista tanto del Hugo como del Nebula.

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~ por Sergio en julio 3, 2015.

2 comentarios to “La diversidad sexual en la literatura fantástica”

  1. La antología “Strange Bedfellows”, de Thomas N. Scortia, ofrece un buen pantallazo de lo que pudo hacer la ciencia-ficción con el tratamiento de las diversas sexualidades posibles (y hasta imposibles) en sus primeros años (el libro es de comienzos de la década de 1970). Allí hay cuentos de Farmer, de Sturgeon, de Aldiss y un buen puñado más de buenos autores que intentaron subir la apuesta del género. En español la publicó Martínez Roca en su colección Súper Ficción con el título de “Extaños compañeros de cama”.

    Además, en “Visiones peligrosas” creo recordar un cuento de temática gay ¿era Poul Anderson su autor?

    Gracias por mencionara a Gerrod y a Ryman, de quienes no tenía ni noticia; los investigaré.
    Un cordial saludo desde Indias, como siempre.

    • Me temo que no tengo en mi biblioteca la antología de Scortia. “Visiones peligrosas”, sí, pero aún no la he leído entera. Eso sí, recurriendo a internet veo que, efectivamente, el cuento de Anderson, “Eutopia”, era de temática gay, aunque seguro que hay más (por ejemplo el de Delany, “Por siempre y Gomorra”).

      David Gerrold no ha sido apenas traducido (de sus novelas, tan sólo se ha publicado en español “El niño marciano”, y más que nada por su conexión con la película). Geoff Ryman sí que tiene varios libros publicados (de hecho, participé en la corrección de “253”, lo que fue un pequeño infierno). Tengo en la pila “El jardín de infancia”, el problema es que es tan gordo que me da una pereza…

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