Ghost stories of an antiquary (Historias de fantasmas de un anticuario)

Montague Rhodes James, que firmaba sus obras como M. R. James es una de las principales figuras en el desarrollo del género de terror, y todo ello a pesar de ser para él la literatura una actividad secundaria, una pequeña distracción de sus habituales labores académicas y rectoras en Eton y el King’s college de Cambridge.

Su obra de ficción, producida a lo largo de un período de más de cuarenta años, se limita a una novela corta de fantasía infantil y treinta y cuatro cuentos de fantasmas, recopilados en su mayoría en cinco libros, publicados entre 1904 y 1931. M. R. James era ante todo un medievalista, interesado por las antigüedades, la paleografía, la arqueología y la catalogación bibliográfica, todo lo cual se refleja en sus relatos, que componía originalmente para deleite de sus colegas (y más tarde sus alumnos) durante las festividades navideñas.

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La relación entre esta celebración y los fantasmas tenía su origen en la novela corta de Charles Dickens “Cuento de Navidad”, y en el subsiguiente empeño del autor por promover anualmente por esas fechas cuentos de aparecidos (iniciativa a la que sumaron gustosamente muchos de los principales autores de la época). Se trataba, pues, de un género que había estado en voga por décadas… y que M. R. James renovó por completo.

Hasta que llegó él, los fantasmas, en la tradición gótica, eran apariciones que suscitaban más conmiseración que miedo; figuras del pasado con intencionalidad admonitoria, acusadora o suplicante. Su función provenía del teatro isabelino (en Shakespeare, por ejemplo, que a su vez se había inspirado en Séneca) y más que un objetivo propio, buscaban impactar a los vivos y empujarlos a un curso de acción (o, alternativamente, eran almas en pena, atrapadas en una parodia de vida por alguna injusticia o maldad).

Quien primero empezó a alterar esta perspectiva fue el irlandés Sheridan Le Fanu (autor de “Carmilla“), a quien James consideraba su modelo a seguir. El camino que Le Fanu inició pasaba por aproximar los fantasmas a los lectores, prescindiendo de los escenarios exóticos y acercando lo sobrenatural a su experiencia cotidiana. Así, los cuentos de M. R. James no se ambientan en castillos medievales, ni atañen a nobles y otras altas personalidades, sino que tienen de protagonistas a estudiosos, anticuarios y profesores universitarios, que se tropiezan inocentemente, por azar, con el mal (porque eso lo tenía muy claro: los fantasmas no eran benignos, sino siempre fuerzas tenebrosas).

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“Ghost stories of an antiquary” fue el título de la primera recopilación que publicó, en 1904. Incluía ocho cuentos, escritos al menos desde 1890, un par de ellos aparecidos previamente en revistas.

El modelo de cuento de fantasmas de M. R. James era muy simple, pero efectivo. Primero describía con detalle una localización remota, pero no excesivamente pintoresca (algún pueblo pequeño, en Inglaterra o por Europa), a donde solía acudir el protagonista, bien por motivos académicos, bien de vacaciones. En el transcurso de su estancia lo sobrenatural empezaba a insinuarse, siempre dejando un resquicio abierto a la posibilidad de una explicación natural, y poco a poco iba aumentando la tensión, con insinuaciones más que descripciones explícitas, hasta un clímax que, a ojos modernos, suele antojarse bastante contenido.

A grandes rasgos, puliendo algún que otro detalle (y, sobre todo, incrementando el nivel de gore e intensidad, por eso de la insensibilización), es exactamente el mismo esquema que aun hoy siguen todas las historias de fantasmas (arrinconadas mayoritariamente al medio audiovisual).

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La prosa de M. R. James presenta otras características distintivas. Por un lado está el narrador, siempre ajeno a la trama (que conoce por referencias más o menos directas), que nos relata los hechos intercalando de tanto en tanto alguna interpelación directa, como si en realidad nos lo estuviera narrando en persona (recuerdo que en su mayor parte fueron escritos precisamente con ese fin). También es habitual el que se explaye en temas afines a su profesión (por lo que a veces se define su estilo como “terror de anticuario”), incluyendo citas eruditas (no siempre verídicas) y, por supuesto, el examen de documentos raros (una de sus pasiones). Por último, pese a la intencionalidad final, se aprecia en sus historias una leve vena humorística, con una ironía que apunta principalmente hacia sus colegas académicos (al parecer, a principios del siglo XX el golf hacía furor entre los proferores universitarios británicos).

Otra novedad con respecto al fantasma gótico lo encontramos en la apariencia de sus espectros, que se alejan de la simple figura traslúcida, con ropajes anticuados, para centrarse en seres vagamente descritos como presencias deformes y terrorríficas, contrahechas e incluso tentaculares (como ocurre en “El tesoro del abad Thomas”) o cobrando forma a partir de objetos inanimados (“¡Silba y acudiré!”). Es una visión de lo sobrenatural que influyó notablemente en escritores posteriores como Lovecraft, quien siempre reconoció una importante deuda con M. R. James, y que se ha extendido hasta nuestros días, siendo un referente ineludible cuando se trata con fantasmas (aunque el paso de los años haya privado quizás a sus conclusiones de parte del impacto del que en su día hacían gala, sus planteamientos y su dosificación de la intriga siguen siendo inmejorables).

Entre los principales escritores contemporáneos, por ejemplo, tanto Stephen King como Ramsey Campbell han reconocido abiertamente su influencia, que es particularmente apreciable en toda la obra de King que tiene que ver con aparecidos de algún tipo. Por lo que respecta a los cuentos de “Ghost stories of an antiquary”, hay escenas de “El resplandor” inspiradas por el relato “Corazones perdidos”, y más específicamente, “El perro de la polaroid”, una novela corta incluida en la antología “Las cuatro después de medianoche”, es una revisión del cuento “El grabado”.

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En 1911, M. R. James publicó “More ghost stories of an antiquary”, con siete nuevos cuentos, a la que siguieron “A thin ghost and others” (1919, cinco cuentos), “A warning to the curious and other ghost stories” (1925, seis cuentos) y “The collected ghost stories of M. R. James” (1931), que incluía todos los cuentos que había publicado hasta la fecha (cuatro de ellos no recogidos previamente en ninguna antología).

En español se han publicado hasta quince antologías recopilatorias, siendo la más completa “Corazones perdidos. Cuentos completos de fantasmas” de Valdemar.

El libro, en versión original, puede descargarse gratuitamente desde el proyeto Gutenberg (aunque tengo que comentar que la prosa de M. R. James puede resultar a veces un tanto peculiar).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en junio 11, 2015.

3 comentarios to “Ghost stories of an antiquary (Historias de fantasmas de un anticuario)”

  1. Si no lo has visto, te recomiendo el documental que sobre este autor ha hecho Mark Gatiss, está completo en Youtube y creo lo vas a disfrutar.

    Y hablando de recomendaciones: ¿conoces “La muerte, la carne y el Diablo”, de Mario Praz?

    Un saludo, Sergio, y gracias por continuar Rescepto siempre con la más alta calidad.

    • No, no conocía el ensayo de Praz. Me temo que apenas estoy empezando con el fantástico decimonónico (y anterior) y aún tengo muchos huecos que rellenar (al ritmo actual, quizás para cuando Rescepto cumpla 25 años…).

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