El género distópico (a vueltas con la distopía)

Pocos subgéneros hay hoy en día englobados en la ciencia ficción que resulten más populares y polémicos que las distopías.

La popularidad viene determinada por el contexto (social, político, económico…), en el que se aúna una sensación de obsolescencia de los modelos imperantes junto con una carencia de nuevas propuestas que permitan trascenderlos (y por nuevas quiero decir auténticamente nuevas y, a ser posible, estructuradas; no basta con el reciclaje y la enunciación de unos objetivos generales).

ingsoc

En cuanto a la polémica, surge sobre todo cuando se pretende delimitar su alcance; en particular cuando tomamos en consideración la existencia de subgéneros afines (si es que en realidad no son facetas de una misma orientación) como el catastrofista o el postapocalíptico. La irrupción de variantes como la distopía juvenil, con sus propias reglas, no siempre consecuentes con la interpretación clásica del género, no ha hecho sino enturbiar aún más el panorama.

Por supuesto, una entrada de blog resulta de todo punto insuficiente para abordar en su totalidad un tema tan amplio y complejo, aunque tal vez baste para ofrecer algunos apuntes útiles para ayudar al no iniciado a navegar por entre las turbulentas aguas del género distópico.

Antes de entrar en materia, sin embargo, toca hacer mención de su progenitor (y hermana al mismo tiempo): la utopía.

utopiaeinsulae

El término “Utopía” se lo debemos a Tomás Moro, quien en 1516 publicó su “Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía” (habitualmente abreviado como “Utopía”), una obra filosófica que examinaba la Inglaterra contemporánea del autor y exponía en su segunda parte una sociedad idealizada. Etimológicamente, se ha interpretado el nombre de la isla alternativamente como proviniente de ou topos (no lugar) o eu topos (buen lugar).

No fue la primera (de hecho, esta obra se encuentra claramente inspirada en “La república” de Platón), y el Renacimiento fue una época muy propensa a la literatura utópica (cerrando etapa quizás con “La nueva Atlántida” de Francis Bacon, publicada en 1626), pero fue tal su influencia que dio nombre a los subsiguientes esfuerzos en el mismo sentido, y por antonomía a los que nos ocupan.

looking-backward

Los anhelos utópicos prosiguieron durenta la Ilustración (bajo la vestimenta de libros de viaje) y con la llegada de la revolución industrial y los profundos cambios sociales que promovió surgió con fuerza el utopismo con carácter político (socialismo utópico), siendo ya reconocibles algunos ejemplos como auténtica ciencia ficción (“Looking backward“, Edward Bellami, 1888; que desató una importante fiebre utópica por imitación).

Muchas de estas obras, pese a tratar principalmente sobre las peculiaridades de un estado ideal, no podían dejar de lanzar críticas más o menos veladas hacia la sociedad de su época, haciendo uso principalmente de la sátira, lo que dejaba abierta la puerta para la sátira definitiva, en la que se presenta no un estado ideal, sino todo lo contrario, en donde resultan evidentes los peores errores contemporáneos (magnificados y focalizados, por supuesto).

El primer gran ejemplo lo tendríamos quizás en “Los viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift, donde el protagonista visita diversos estados más o menos “perfectos” como Liliput, Brobdingnag, Laputa o el país de los Houyhnhnms, que presentan en algunos casos elementos distópicos (como los inmortales que aun así siguen envejeciendo de Luggnagg). Desde entonces, son múltiples los ejemplos, concebidos casi siempre a imitación de las modas utópicas del momento, aunque con objetivos diametralmente opuestos.

Comingrace

Por ejemplo, “La raza venidera“,  de Edward Bulwer-Lytton (1871), presentaba una sociedad (no del todo humana) aparentemente perfecta, pero que en realidad pretendía poner de manifiesto las desgracias previsibles de la popularización de tendencias que no eran del agrado del autor). Al año siguiente, “Erewhon“, de Samuel Butler, presentaba otra civilización aparentemente utópica, aunque con intencionalidad claramente satírica (en este caso, bastante mejor dirigida).

Este enfoque merecía un nuevo nombre, que había surgido en 1868, acuñado por John Stuart Mill, quien utilizó en un discurso como antónimo de “utopía” el término “distopía” (mal lugar), aunque desde 1818 ya se venía utilizando con el mismo sentido el término “cacotopía”.

Así pues, aunque desde un punto de vista etimológico “distopía” sería cualquier descripción de una sociedad indeseable, su fuerte asociación con su hermana mayor, la utopía, añade algunos requisitos a la caracterización, no por vagos menos importantes. Así, en general, se espera que la situación descrita haya evolucionado (negativamente) a impulso de condicionantes principalmente sociales (políticas, económicas, filosóficas…) o cuando menos por influencia directa (y prevenible) del ser humano (dando lugar, por ejemplo, a distopías de corte ecológico).

Timemachine1895

Entre las muestras más tempranas tenemos buena parte de la obra de H. G. Wells (desde los morlocks y elois de “La máquina del tiempo” en 1895, hasta la sociedad futura de “Cuando el durmiente despierta” en 1899) o la distopía política anticapitalista de Jack London “El talón de hierro” (1908), aunque Jules Verne se hubiera adelantado a todos con sólo que su editor hubiera aceptado la publicación de su “París en el siglo XX” (que, escrita en 1863, bien hubiera podido ser la primera distopía moderna). Por último, Yevgueni Zamiatin publicó en 1921 la muy influente “Nosotros”, en contra del totalitarismo estatal.

De todas formas, si hay un género dominado por los principales referentes, ése es sin duda el de las distopías. Tres son las grandes distopías del siglo XX: “Un mundo feliz” (Aldous Huxley, 1932), “1984” (George Orwell, 1949) y “Farenheit 451” (Ray Bradbury,  1953). Tratar de examinar todas sus facetas en una entrada como ésta es imposible (a las críticas específicas, en su caso, me refiero). Tan sólo comentaré cómo han influido en el género, hasta el punto de añadir, de forma oficiosa aunque muy extendida, un nuevo requisito a la etiqueta de distopía: que aquellos que la sufren no sean conscientes de ello y crean mayoritariamente habitar el mejor mundo posible (o, en otras palabras, que se asemejen a un utopía).

BraveNewWorld_FirstEdition

Si prescindimos de esta exigencia, podemos constatar que la distopía (o la ficción en mayor o menor medida distópica) ha sido un género popular durante los últimos cien años. Tenemos obras que han extendido la tradición satírica, como “La guerra de las salamandras” de Karel Čapek (1936), “Más verde de lo que creéis” de Ward Moore (1947) o “Mercaderes del espacio” de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth (1953) y otras que han abordado problemas específicos, como la superpoblación (“¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio” de Harry Harrison en 1966, “Todos sobre Zanzíbar” de John Brunner en 1968, “El mundo interior” de Robert Silverberg en 1971 o “Las torres del olvido” de George Turner en 1987) o las tensiones raciales (“Los dominios de Farnham” de Robert A. Heinlein en 1964, “Órbita inestable” de John Brunner en 1969 o “El año del sol tranquilo” de Wilson Tucker en 1971).

Es de destacar cómo a mediados de los años 80 cristalizó todo un subgénero con un importante trasfondo distópico, el cyberpunk. Entre sus principales temas se cuentan la deshumanización de la sociedad, el predominio de empresas transnacionales o la alienación provocada por el tecnología. La gran diferencia con respecto al resto de distopías es que en las historias cyberpunk el (anti)héroe, que vive al margen del sistema, es capaz de triunfar, aunque sea parcialmente y a título exclusivamente individual (o como mucho grupal).

Neuromancer_(Book)

En épocas más modernas, el género distópico ha tomado un sesgo claramente catastrofista, etiquetable aún como distopía por hacer referencia al colapso de los modelos socioeconómicos actuales, sin que tenga que mediar necesariamente algún desastre natural como disparador (que comparte protagonismo y causas en otro fenómeno actual, la literatura zombi). Así podríamos hablar de “La chica mecánica” de Paolo Bacigalupi (2009), y ya examinando el caso español obras como “Cenital” de Emilio Bueso (2012) o “Un minuto antes de la oscuridad” de Ismael Martínez Biurrun (2014).

Un caso especial es de las distopías juveniles, que no siguen estrictamente los parámetros expuestos a lo largo de toda esta entrada, pues entremezclan en la fórmula ingredientes aparentemente opuestos en su filosofía, como la rebelión (triunfante) contra el sistema y otros elementos autoafirmantes propios de la narrativa iniciática (cuando uno de los grandes temas recurrentes del género distópico es precisamente la anulación del individuo y la futilidad de cualquier esfuerzo en contra de la inalterable inercia social). El que conozca estas series (y no mucho) exclusivamente en su iteración cinematográfica (ya sea “Los juegos del hambre”, “Divergente” o “El corredor del laberinto”) no me posibilita a realizar un análisis más detallado, aunque no puedo dejar de hacer constar que con todo su afán revolucionario, a nivel filosófico se me antojan extremadamente reacionarias. No propugnan tanto un cambio en nuestra sociedad, como un cambio en una sociedad distópica hacia algo parecido a nuestra sociedad (y en el caso de “Divergente”, atacando directamente la propuesta utópica de la República de Platón, con matices claramente tecnófobos).

Anuncios

~ por Sergio en junio 9, 2015.

10 comentarios to “El género distópico (a vueltas con la distopía)”

  1. Entre las distopías hispánicas a citar tambien incluría “Recalibrados”, que no goza de la popularidad de las obras mencionadas. Pero su valor, u originalidad, para mi reside en la forma como está escrita. Opino.

    • Me he dejado en el tintero muchas distopías españolas (que no es que no hayan menudeado de un tiempo a esta parte). Las mencionadas lo son porque ejemplifican la hornada distópica más puntera. “Recalibrados”, filosóficamente, pertenece en cierta forma a la oleada anterior, la que bebía del (post)cyberpunk.

  2. ¡Muy buena entrada aunque sea como un aperitivo! Cuanta razón tienes con lo de Divergente. Solo he visto la peli, pero se me abrían las carnes. Primero por la poco sutil y grosera crítica de la República de Platón. Que me hace gracia porque por lo menos podían explicar lo que ha pasado para que una sociedad democrática haya llegado hasta ahí (que a lo mejor se explica más adelante, pero me niego a ver la triología entera, con la primera me sobró), pero salvo que fuese porque a algún autócrata le diera por hacer un golpe de estado, habría sus razones para que se llegase a ese sistema. Entonces ¿por qué volver al estado status quo anterior? Por eso estoy totalmente de acuerdo en que al final son reaciconarios. Lo que me recuerda a la crítica que hace el bueno Popper de Platón (y Marx) para precisamente defender el liberarismo, pasando por encima de las razones que tanto Marx como Platón tenían para proponer sus comunidades ideales. Vamos que las distopias que sirven para defender la sociedad actual (en el fondo americana y liberal) mancilla el propio nombre.
    Por cierto, que para clase (proximo año) me preguntaba si no habría algún libro de ciencia ficción que fuese una utopía, distopía, ucronía que reflejase la sociedad comunista (al estilo de Superman: Red Sun), pero donde se expusiesen mejor lo valores, ventajas, desventajas del comunismo. Y claro, que fuese asequible para adolescente (me temo que las utopías socialistas del XIX se les atragantarían).

    • De “Divergente”, me llama la atención (y me preocupa) precisamente esa criminalización sin motivo (más allá de su maldad intrínseca) de los sabios. Un rechazo frontal a la ciencia en favor de… ¿la empatía? ¿A qué viene el plantear el antagonismo en tales términos? En el fondo, lo que repudia es la razón, y una vez has prescindido de ella, puedes sostener (por fe) cualquier cosa.

      Todo ello, por supuesto, arropadito por un mensaje complaciente dirigido a atraer a los jóvenes: ¡No dejes que te encasillen! (como si fuera ése realmente el principal reto al que se enfrentan hoy en día). Es el problema de las distopías juveniles: no desafían las preconcepciones de sus lectores, sino que las alientan.

      Respecto a la cuestión… La respuesta obvia sería “Rebelión en la granja”, aunque no es una crítica del comunismo en sí, sino de la facilidad con que puede pervertirse y derivar en tiranía. Quizás pudiera equilibrarse con “Noticias de ninguna parte” (sí, me temo que es una de esas utopías decimonónicas), de William Morris (que por contra cae en el pastoralismo y el exceso de optimismo). Una lectura conjunta (no son obras extensas), o repartiendo mitad y mitad la clase, podría dar para un debate interesante.

      Otra opción intrigante (anticapitalista) podría ser “El talón de hierro” de Jack London (quien la utilizó descaradamente en su tiempo como herramienta propagandística, para alentar la lucha de clases), aunque me temo que aún no puedo hablar sobre ella de primera mano, así que me reservo el juicio sobre su idoneidad para el fin propuesto (eso sí, debe ser, con mucho, la más aventurera).

      Más moderno, tendrías como ambigua utopía anarquista “Los desposeídos” de Ursula K. Le Guin, aunque personalmente no la tengo en demasiado aprecio. Su principal ventaja es que trata de equilibrar virtudes y defectos (aunque para lograr su propósito tenga que recurrir a un ambiente extremadamente frugal, que casi obliga a la socialización de los recursos e impide cualquier tipo de evolución).

  3. Ese es precisamente el problema. Podemos estar de acuerdo o no con la tecnocracia platónica, pero no se puede rebatir sin considerar primero sus virtudes. La democracia es un sistema muy lejos de ser perfecto y salvo que buscásemos el adoctrinamiento, estas distopías deberían servir para poner de manifiesto sus contradicciones, no al revés, caricaturizar el gobierno de los sabios para volver a aquello que ya teniamos. Toda función crítica queda así eliminada.
    Y muchas gracias por las recomendaciones, Sergio. Le echaré un vistazo sobre todo al de Jack London y Ursula K. Leguin, de la que ya utilizo su relato Los que abandonan Omelas para mis clases.

    • Se me olvidaba la que quizás sea la mejor distopía socialista, aunque no deja de resultar bastante desafiante para los lectores por una cuestión de estilo: la novela corta “Jinetes del salario púrpura”, de Philip José Farmer (incluida originalmente en la antología “Visiones peligrosas”).

      El salario púrpura del título es una renta universal que asegura las necesidades básicas (y alguna no tan básica) de todo el mundo, aunque la sociedad resultante dista mucho de ser utópica por la ausencia de retos vitales y porque ese salario púrpura, precisamente por su ubicuidad, no tiene el menor valor para adquirir cualquier producto o servicio que no esté subvencionado.

      La mayor dificultad estriba en que a nivel de estilo es pura experimentación New Wave. Es desde luego uno de esos relatos que o deslumbran o repelen.

  4. Excelente entrada. Ya iba siendo hora de poner los puntos sobre las íes en este subgénero y creo que tu definición sobre la distopía es inmejorable. Estoy 100% acuerdo contigo en que el factor humano es irrenunciable a la hora de llegar a la sociedad distópica, lo cual descarta de un plumazo como distópicas todas las novelas de corte catastrofista / post-apocalíptico.

    • Quizás convendría establecer una distinción entre “distopía” y “con elementos distópicos”.

      En cualquier caso, algunas historias post-apocalípticas podrían devenir en distópicas (aunque al provocar una evolución forzada las estemos privando de buena parte de su relevancia filosófica).

      Tenemos un ejemplo muy claro actualmente en los cines: la nueva de Mad Max. Según comenta el director, lo que se planteaba era mostrar un mundo en el que todo lo que podía haber ido mal fue mal, dejando como resultado la sociedad que se nos muestra en “Fury road”. Su valor distópico reside sobre todo en poner de manifiesto hasta dónde puede caer el ser humano dadas las condiciones adecuadas (o completamente inadecuadas).

      ¿Es suficiente para considerarla cabalmente una distopía? No lo sé. Las fronteras son casi siempre nebulosas.

  5. Género sumamente interesante… de las que me quedan muchas grandes obras por leer v_v

    • Las grandes obras por leer: ese conjunto mítico que se asemeja al universo, al encontrarse en perpetua expansión…

      Tengo pendientes (con etiqueta de prioridad máxima) “El talón de hierro” y “Nosotros”, por no hablar de cómo va escalando posiciones en la Pila “Cuando el durmiente despierta”.

      También me gustaría reelerme “La guerra de las salamandras”, para hacerle una crítica en condiciones (y algún día tendría que reunir valor y escribir la reseña de “1984”… algún día). Por no hablar de echarles un vistazo a “París en el siglo XX”, “Mirando atrás”, “Annals of the twenty-ninth century”, “By and by”…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: