El hombre en el laberinto

Tras poco más de una década cultivando la ciencia ficción, Robert Silverberg, en plena revolución de la New Wave, experimentó un lustro prodigioso, entre mediados de 1967 y finales de 1972, durante el que produjo obra maestra tras obra maestra. Veintiún novelas que le reportaron siete nominaciones al premio Nebula (con una victoria), siete y uno (en novela corta) también en los Hugo y cinco nominaciones a los Locus.

A comienzos de este período, entre abril y mayo de 1968 serializó en la revista Worlds of If la novela “El hombre en el laberinto” (“The man in the maze”), que luego publicaría independientemente en 1969.

hombre laberinto

La novela narra la misión de una expedición al laberinto de Lemnos, el vestigio más importante de las antiguas razas extraterrestres inteligentes que poblaron la galaxia antes que el hombre. Su objetivo es encontrar y convencer de que los acompañe de vuelta a la Tierra a Richard Muller, un antiguo diplomático autoexiliado de la esfera de influencia humana, quien en una misión previa al planeta Beta Hydri IV resultó afectado de un modo misterioso por otra raza inteligente pre espacial.

Sin que pueda controlarlo en modo alguno, la mente de Muller emite constantemente su actividad más basal, un flujo de sensaciones sin filtrar que resulta intolerable para cualquier otro hombre en un radio de diez metros. Ostracizado por esta causa y rotos sus sueños de grandeza, Muller ha buscado el olvido en una trampa mortal, diseñada milenios antes con un propósito desconocido: una ciudad rodeada por un laberinto, en el que cada sección concéntrica va volviéndose más y más peligrosa a medida que se aleja del centro (tanto por ingeniosas trampas como por la presencia de bestias).

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El jefe de la expedición, Charles Boardman, fue el hombre que empujó originalmente a Muller hacia la misión fatal que lo condenó, y una persona manipuladora, que antepone la supervivencia de la humanidad a cualquier ética de ámbito personal. Para lograr convencer a Muller para que salga de su retiro y los ayude (en una nueva misión que, irónicamente, sólo él puede llevar a término, justo por la deformidad psíquica que lo ha apartado de la civilización), cuenta con el auxilio de un joven idealista, Ned Rawlin, a quien quiere obligar a buscar con subterfugios la amistad de Muller… para a la postre traicionarle.

A través de “El hombre en el laberinto”, Silverberg lanza una mirada pesimista hacia el ser humano, incapaz de soportar su propia visión cuando las interioridades de un hombre fundamentalmente decente, extraordinario incluso, como Muller, son expuestas sin tapujos. El resto de elementos básicos del subtexto, así como muchos detalles de la trama, están sacados directamente de la tragedia de Sófloces “Filoctetes”, en la que Odiseo (Boardman) y Neoptólemo (Rawlin) deben convencer con engaños a Filoctetes (Muller), abandonado años antes en una isla, para que los acompañe al cerco de Troya.

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La historia contrapone el idealismo juvenil con el pragmatismo maduro, y examina el escenario éticamente turbio en el que el bien común no sólo se antepone el bien individual, sino que incluso justifica un comportamiento inmoral. Boardman no es un villano. Sólo alguien dispuesto a lo que haga falta con tal de que la supervivencia del hombre esté asegurada. Intelectualmente no se puede estar en contra de su postura, aunque si nos tocara llevarla a término quizás se nos plantearan las mismas dudas que a Rawlin.

De igual de importancia que el subtexto filosófico es el escenario, que emplea una estructura con grandes reminiscencias míticas, adaptada a un entorno propio de la ciencia ficción. La inspiración evidente es el laberinto diseñado por Dédalo en Minos (sustituyendo en cierta forma al minotauro por Muller), aunque por no forzar las asociaciones Silverberg prefiere referenciar otro mítico laberinto de la Grecia Antigua, el presuntamente diseñado por Smilis en la isla de Lemnos (catalogado por Plinio el Viejo en su “Historia Natural”).

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El laberinto de Lemnos (el planeta) es un entorno tan peligroso como fascinante, y los esfuerzos de la expedición de Boardman por desetrañarlo (empleando una estrategia de fuerza bruta, con decenas de sondas y aceptando el sacrificio de los hombres que haga falta) constituyen un perfecto contrapunto aventurero al carácter más reposado y filosófico de los capítulos que examinan la situación pasada y presente de Muller, así como la paradoja ética propuesta.

Por alguna razón, sin embargo, los distintos elementos que conforman la novela no acaban de encajar para mí. Le falta algo. Ese broche de genialidad que he aprendido a esperar de las novelas de Silverberg de esta época. Todo se resuelve un poco demasiado rápido (quizás por exigencias de la serialización) y parece como si dejara de profundizar justo cuando está a punto de meterse de verdad en faena. Sigue siendo una gran novela, pero creo que había potencial para mucho más.

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Examinado ya dentro de la producción del autor, es imposible no detectar temas comunes con títulos inmediatamente anteriores y posteriores. Por un lado, la deformidad psíquica de Muller tras su encuentro con los alienígenas de Beta Hydri es un reflejo deformado de la deformidad física del protagonista de “Espinas” (1967), padecida en circunstancias similares y con un efecto ostracizante también equivalente (aunque en “El hombre en el laberinto” no hay redención a través de una pareja dispuesta a sobreponerse a los obstáculos… de hecho, los personajes femeninos de la novela carecen de cualquier tipo de profundidad o impacto, denotando un machismo chocante).

Por otro lado, cuatro años más tarde Silverberg volvería a invertir los términos empleados en esta novela para crear a David Selig, el telépata de “Muero por dentro“, cuyo problema, al contrario que en el caso de Muller, es que lo capta todo pero es incapaz de transmitir absolutamente nada. Aunque a primera vista parecen enfoques opuestos, lo cierto es que, como en buena parte de la obra del autor, ambos recalcan la dificultad, imposibilidad incluso, de auténtica comunicación entre los seres humanos.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en abril 24, 2015.

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