El arco de plata

El autor británico de fantasía David Gemmell confesaba que se había decantado por este género porque en la novela épica histórica, su vocación original, se encontraba demasiado encorsetado por la obligación de narrar los acontecimientos tal como habían sido y no como “deberían” haberse resuelto. Así pues, casi toda su obra gira en torno al concepto del héroe y del sacrificio, de crear la materia prima de las leyendas (no en vano, justo así, “Leyenda“, se tituló su primera novela en 1984).

Bajo ese enfoque desarrolló una exitosa carrera durante dos décadas, erigiéndose como alternativa a las corrientes juveniles dominantes por buena parte de este período, con un estilo más cercano a los parámetros de la espada y brujería clásica (adecuadamente modernizada) que a la estética post tolkiniana (o incluso que a la reacción en contra de ésta, encabezada por Michael Moorcock). Hasta que el año 2005 presentó un proyecto distinto, la serie de Troya (rebautizada en España como Guerreros de Troya), en donde primaría el elemento histórico (o seudohistórico) sobre el fantástico.

No fue su primer acercamiento a la fantasía histórica. Ya en 1990 había hecho del general macedonio Parmenión el protagonista de una duología, aunque en aquella ocasión los elementos fantásticos eran mucho más evidentes. Guerreros de Troya era un proyecto totalmente diferente.

silver_bow

Resulta casi innecesario mencionar su fuente de inspiración. Hablamos del hito fundacional de la literatura occidental: las epopeyas narradas en la Ilíada y la Odisea, atribuidas a Homero y compuestas sobre mediados del siglo VIII a. C., según la datación comúnmente aceptada, que se refieren a sucesos acontecidos seis siglos antes.

Es una historia que reverbera a lo largo y ancho de la cultura grecolatina de la que somos sucesores. Ya en la antigüedad clásica era objeto de estudio y alabanza, así como fuente de controversia y, por supuesto, de inspiración. El ciclo mítico, al que fueron añadiéndosele episodios, lo completaría a finales del siglo I a. C. Virgilio, compositor de la Eneida (un poema épico con connotaciones propagandísticas sobre la fundación mítica de Roma por fugitivos de Troya), pero la fascinación siguió intacta, y la historia ha seguido siendo objeto de versiones hasta nuestros días, incluyendo, en clave fantástica y feminista, “La antorcha”, de Marion Zimmer Bradley, e incluso trasladada a un escenario de ciencia ficción por Dan Simmons en su serie “Ilion”/”Olimpo” (por no mencionar la mítica por derecho propio serie de animación “Ulises 31”).

Pese a esta abundancia, David Gemmell encontró un enfoque novedoso. Su serie, como en las múltiples novelas históricas sobre el tema, procura ser respetuosa con lo que conocemos de las civilizaciones de la Edad de Bronce implicadas en la contienda, y además prescinde casi por completo de elementos fantásticos (tan sólo se permite juguetear con los dones proféticos, incidiendo especialmente en la capacidad profética de Casandra aunque con una “explicación” más o menos natural y manteniendo la incredulidad de cuantos la escuchan, por lo que a efectos argumentales resulta un don irrelevante).

Lo que lo distingue de autores como Gilbert Haefs (“Troya”), Colleen McCullough (“La canción de Troya”) o Valerio Massimo Manfredi (“La conjura de las reinas” y la duología de “Odiseo”) es que aplica todo cuanto aprendió en su destacada trayectoria en la fantasía épica para primar el sentimiento de aventura y la construcción de personajes sobre la meticulosidad ambiental que muchas veces ralentiza al género histórico. “El arco de plata” (“Lord of the silver bow”) no es tanto una novela sobre la guerra de Troya (de hecho, la acción se sitúa unos años antes), la política en torno a las costas del Egeo durante el siglo XIII a. C. o las culturas micénica y troyana, como una aproximación a la esencia arquetípica del concepto de Héroe.

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En el fondo, no es algo que difiera en exceso de sus retratos de las figuras míticas de sus reinos fantásticos (como su ciclo de Drenai). De nuevo, lo que busca es rastrear las fuentes del mito, con la única diferencia de que en este caso el mito es preexistente… aunque lo bastante flexible como para permitirle una libertad creativa ausente en la ficción auténticamente histórica (prácticamente todo cuanto se sabe de la ciudad y cuantos combatieron por ella proviene de fuentes poéticas muy posteriores, de veracidad histórica discutible… y ampliamente discutida).

El protagonista principal de la serie es Eneas, el Dorado, que se hace llamar Helicaón, rey de Dardania y aliado de Troya (así como pariente de su realeza). Se trata de un príncipe comerciante de gran fortuna, respetado y admirado por casi todos y azote de los piratas. El antagonismo lo ofrecen los micénicos, un pueblo guerrero con su rey Agamenón al frente (embarcado en una política expansionista y siendo, además, el principal impulsor de la piratería en el Gran Verde). En medio de este panorama, Troya es una próspera ciudad, clave para el dominio del Asia Menor, gobernada con mano firme por el despiadado rey Príamo.

“El arco de plata” narra los primeros roces que conducirán, como bien sabemos los lectores, a una guerra devastadora, en la que los mil (bueno, 1158, para ser exactos) barcos aqueos cruzarán el mar Egeo para asediar Ilion, como preludio a un conflicto que durará años y que verá la muerte de miles de guerreros de ambos bandos y la destrucción de la ciudad. Junto con Eneas y Agamenón (con un protagonismo mucho menor, al menos en esta primera entrega), se nos muestran otros héroes, tanto protagonistas del mito (como Odiseo, Andrómaca, Príamo o los hijos de ése) como de creación propia (el egipcio fugitivo que se hace llamar Gershom, el joven Xander o Zidantas, lugarteniente de Helicaón conocido como “Buey”).

Especial relevancia revisten dos micénicos, de trayectoria divergente (aunque también curiosamente entrelazada): Colanos, un brutal seguidor de Agamenón, que se erige en el antagonista directo de la novela, y Argorio, un famoso héroe cuyo sentido del honor choca con la ambición sin límites de su nuevo rey. De hecho, aunque Colanos no pasa de ser poco más que un recurso argumental, lo cierto es que Argorio es el personaje que más evoluciona durante la novela y el que acaba robando para sí el protagonismo (muy a su pesar).

lord of the silver bow

Otro detalle que cabría destacar es cómo Gemmell huye en general de los personajes definidos mediante absolutos. Así, aunque Helicaón es poseedor de múltiples virtudes, también esconde en su interior una faceta cruel y despiadada, por la que se deja dominar en circunstancias excepcionales. De igual modo, aunque nos pinte a Agamenón bajo una luz muy desfavorecedora (algo que parece ser lo habitual desde el mundo anglosajón, quizás porque el mito fundacional de Britania también enlaza con Eneas, a través de su bisnieto Bruto), no se puede decir que Príamo salga mucho mejor parado.

En otras palabras, no plantea un conflicto entre el bien y el mal, o entre lo justo y lo injusto (aunque sí presenta uno de los bandos como más legitimado), sino que teje un entramado de intereses militares y económicos que llevan necesariamente al antagonismo (un antagonismo tan radical que obligará a tomar partido incluso a quienes, como Odiseo, tratan de congraciarse con todos).

Pese a formar parte de una trilogía, “El arco de plata” puede leerse como novela independiente (algo importante, pues de la tercera parte, completada por Stella Gemmell tras la muerte súbita de su marido en 2006, todavía no ha sido publicada en español y se desconoce si la traducción acabará viendo la luz algún día). Algunas líneas dramáticas quedan en el aire y algún que otro personaje permanece infradesarrollado (el caso más patente, el de Héctor, hijo de Príamo y héroe de Troya), pero a grandes rasgos encontramos una evolución argumental plenamente satisfactoria.

“El arco de plata” nos lleva a un tiempo de héroes, personajes que destacan entre sus contemporáneos como podría hacerlo hoy en día un ídolo deportivo. Claro que en su caso estamos hablando de una fama ganada con los filos broncíneos de sus espadas y mantenida por la fuerza de sus brazos y la agudeza de su ingenio; a un tiempo de prueba; al tiempo y circunstancias que fueron materia prima de leyendas, y no unas leyendas cualesquiera, sino aquéllas que definieron nuestra civilización. No se puede pedir nada más épico.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 18, 2015.

4 comentarios to “El arco de plata”

  1. Me estoy leyendo el ultimo libro de Drenai. Debo admitir el esquema de cada libro es tan similar que si me quedaran muchos más por leer, no sé si los terminaria. ¿Sus novelas historicas sufren del mismo defecto?

    • Bueno, Gemmell es muy básico en sus tramas. Básicamente, son variaciones sobre los arquetipos de la resistencia desesperada y el viaje heroico (“La Ilíada” y “La Odisea”, para entendernos). La fuerza de sus historias está en los personajes y en el estilo (una evolución de la espada y brujería clásica, antes que deudor de la fantasía épica post Tolkien).

      Guerreros de Troya es evidentemente un destilado de ambos enfoques (prescindiendo de los toques fantásticos). Quizás podría decirse que los personajes y las situaciones poseen más matices, pero sí, en esencia sigue abordando los mismos temas.

      Por lo que recuerdo de mi lectura del ciclo Drenai (bueno, en realidad de las trilogías de Druss y Waylander), “Héroe en la sombra” se me antoja la más diferente. ¿Coincidirías en mi opinión?

  2. Sí, estoy de acuerdo con Héroe en la sombra. Aunque el ultimo tomo, “the swords of night and day” también es diferente, por lo menos el 1/3. A todo esto, ¿has leido a Scott Bakker? ¿Qué opinión tienes de su obra?

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