La metamorfosis o El asno de oro

La única novela greco-latina que ha llegado completa hasta nuestros días es “La metamorfosis”, del famoso escritor bereber numida (en una época en que la región se encontraba fuertemente romanizada) del siglo II Apuleyo (“Metamorphoses”, también conocida como “Asinus aureus”). Perdida durante siglos, fue redescubierta en el Renacimiento y pronto alcanzó gran popularidad, con traducciones al castellano (1500, atribuida a Diego López de Cortenaga), al inglés (1566) y al francés (en torno a 1570), que ejercieron una gran influencia en las letras de la época, habiendo estudios que la trazan hasta las obras de Cervantes (“El Quijote”), Shakespeare (“Sueño de una noche de verano”), Boccacio (“El Decamerón”) o incluso los primeros contes de fées (por influencia directa de la fábula de Eros y Psique).

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La influencia más directa, sin embargo, se encuentra en el desarrollo de la novela picaresca del Siglo de Oro, con bien establecidos paralelismos entre la novela de Apuleyo y la estructura y episodios de “El lazarillo de Tormes” y “Guzmán de Alfarache”.

La propia obra no era completamente original. El origen de buena parte de las historias que contiene puede encontrarse en las fábulas milesias, populares durante el siglo II a. C. en Grecia, unos cuentos breves que trataban sobre ocurrencias mágicas y aventuras (y desventuras) amorosas, con un sesgo cómico y abundantes metamorfosis. En particular, cabría señalar a “El asno”, un opúsculo atribuido a Lucio de Patras (que también daría origen, más o menos por las mismas fechas que “El asno de oro” a otra versión griega atribuida, aunque su autoría está en disputa, al famoso autor cómico Luciano de Samosatra).

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La originalidad de Apuleyo consiste en hilvanar todas las historias a través de un hilo conductor único, las desventuras de un joven romano, Lucio Apuleyo, en Tesalia, después de que por su curiosiad hacia la magia acabara transformado en un asno. De tal guisa, conservando el raciocinio pero no la facultad del habla, Lucio vive una serie de desventuras, en manos de diversos dueños, recibiendo las más de las veces varazos en las costillas y amenazas de muerte (y de cosas peores que la muerte).

Es utilizado por una banda de ladrones, por unos charlatanes religiosos, por molineros desaprensivos, por labriegos paupérrimos, por militares insolentes y así por toda una serie de personajes, que recorren todo el espectro social de la época (desde el ricachón que desea emplearlo como gran atracción en un espectáculo/castigo de bestialismo, hasta esclavos con las carnes negras de latigazos), arreglándoselas siempre para echar por tierra cualquier atisbo de mejora, bien por su propia torpeza o por una suerte atroz y mezquina.

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Su periplo, como comentaba antes, se ve puntuado por diversas narraciones, referidas por tal o cual personaje, a menudo referidas a crímenes o infidelidades (con su buena medida de infidelidades criminales) y con algún que otro pequeño toque mágico. De entre todas ellas, la más extensa y la que mayor impacto ha ejercido en la literatura occidental es la fábula de Cupido y Psiches (Eros y Psique, o el amor y el alma), que cuenta cómo el hijo de Venus, desafiando a su madre, se hiere a sí mismo y desposa a una mujer humana, bajo la condición de que ésta no debe contemplarlo jamás, y cómo contraviniendo el mandato en aras de la curiosidad instigada por sus envidiosas humanas, Psiches es repudiada y se ve obligada a satisfacer una serie de pruebas imposibles propuestas por Venus, antes de serle concedida la inmortalidad y ver restaurada su posición como esposa de Cupido.

También cabe destacar que, de los once libros que componen la novela, el último varía sustancialmente el tono, abandonando el estilo jocoso e incluso irreverente de la mayor parte de las historias para narrar la salvación de Lucio a través del culto mistérico a Isis. Se ha especulado con que este episodio presenta detalles autobiográficos, y arroja luz sobre la implementación, a lo largo del siglo segundo, de este tipo de religiones orientales en Roma (entre las que empezó a medrar igualmente el cristianismo).

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Al interés intrínseco del texto, se le une también el encanto de la traducción anticuada, pues la mayor parte de las ediciones actuales respetan la versión de Diego López de Cortenaga (actualizando la ortografía y ligeramente la sintaxis, para facilitar la lectura), con lo cual la conexión con la novela picaresca resulta aún más evidente. Es una versión que puede descargarse, por ejemplo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Resulta curioso, sin embargo, el modo en que los autores del Siglo de Oro eliminaron por completo todo el trasfondo mágico presente en la novela de Apuleyo, optando más bien por el realismo a ultranza tan propio de las letras castellanas (que condenó, por ejemplo, al olvido la continuación anónima del lazarillo, de 1555, en la que el protagonista se ve transformado en un atún). Opción estética y filosófica ésta que sigue extendiendo su sombra hasta nuestros días.

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~ por Sergio en febrero 15, 2015.

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