Las aves

El dramaturgo griego Aristófanes estrenó a lo largo de su vida (446 a.C. – 386 a.C.) treinta y tantas comedias del estilo Antiguo, de las cuales once han llegado hasta nuestros tiempos (lo que constituye, aunque se conoce al menos otro medio centenar de autores, el corpus completo de obras supervivientes de este período… y eso que las últimas ya muestran signos que, cuando menos, anticipan el estilo Medio). Su influencia, no sólo en el teatro, sino en toda la comedia occidental es incalculable.

El año 414 a.C. su obra “Las aves” conquistó el segundo premio (de tres candidatos) en las Grandes Dionisias (fiestas públicas de Atenas en honor a Dionisios), por detrás de “Los rebeldes”, una comedia de Ameipsias de la que no se conserva ni un solo fragmento. En contraposición con el estilo de la Comedia Nueva (que se extendió durante el dominio macedonio de Atenas, entre el 323 y el 260 a.C.), la Comedia Vieja no dudaba en emplear la fantasía y el absurdo, con la finalidad de revestir con atuendos aceptables la sátira social y política.

“Las aves” (“Ὄρνιθες“) es la más fantástica de todas sus obras supervivientes. Aunque no se trata explícitamente, al igual que en muchas otras (“Las nubes”, “Las avispas”…), presenta una visión crítica contra la política imperialista ateniense, que había desembocado en la Guerra del Peloponeso, al chocar sus intereses con los de Esparta. Por entonces ya había partido la expedición contra Sicilia, que marcaría la segunda fase de la contienda, aunque aún faltaba un año para que se supiera de su desastroso resultado.

Las-aves-aristofanes

El protagonista principal (el “héroe”) es Pistetero, un ateniense que viaja junto con otro, Evelpides, guiados por sendos pájaros, en busca de una ciudad donde se celebren menos juicios que en Atenas. Así encuentran al rey Tereo, transformado en abubilla. En el transcurso de su conversación, Pistetero le convence de la preeminencia de las aves sobre hombres e incluso sobre los dioses, y le induce a convocar a todos los pájaros para construir una ciudad en el cielo, de forma tal que para bajar a la Tierra los dioses tengan que pedir permiso y, de igual modo, intercepte el humo de los sacrificios a ellos consagrados.

Con la aceptación de este plan concluye el agón, o debate central de la obra (que en este caso no resulta muy conflictivo, pues todas las partes aúnan pronto pareceres), y tras la parabasis (la declamación del coro de aves, proclamando lo excelsas que son y lo mucho que les deben los hombres, una parodia de las parabasis tradicionales, que solían dedicarse a ensalzar al autor de la obra), llegan tres tandas de visitantes (en contraposición con el único episodio tradicional, lo que convierte a “Las aves” en la obra más larga de Aristófanes), que exponen de forma cómica las consecuencias de esta empresa desquiciada.

Así, la primera tanda la componen distintos personajes que desean sacar provecho de la fundación de Nefelococigia (Nubecucolandia), a saber: un poeta (que presenta una ingente obra laudatoria ya escrita para la nueva urbe), un adivino (cuya profecia recibe en respuesta una contraprofecia de las que no se pueden rechazar), un inspector y un vendedor de edictos (que pretenden extender la influencia de Atenas sobre las leyes y gobierno de la ciudad).

Aristofanes

La segunda tanda la componen diversos personajes que desean hacerse ciudadanos y recibir por tanto alas: un parricida (que ha oído que entre las aves es lícito pegar al padre y desea estrangular al suyo, aunque parte en vez de ello con el consejo de dedicarse a la guerra), un poeta ditirámbico, anhelante de inspiración, y un sicofante (o denunciante profesional, que desea las alas para poder volar a las colonias, entregar convocatorias para juicios, regresar a Atenas antes que los denunciados para asegurarse de que son declarados culpables y volver antes que nadie a su lugar de origen para reclamar sus posesiones)… todo lo cual nos revela un par de cosas sobre la sociedad ateniense de la época.

Por último llega una delegación de los dioses (anunciada de antemano por Prometeo), compuesta por Poseidón, Heracles y Tribalo, un dios extranjero al que no se le entiende nada de cuanto dice. Tras un tira y afloja, Pistetero logra todos sus objetivos y se eleva por encima de los propios dioses como el nuevo gobernante del mundo y esposo de la Realeza, lo cual es celebrado con cantos por el coro.

“Las aves” hace gala de un humor a medio camino entre el absurdo y la sátira más descarnada. Es cierto que muchas de las bromas son muy dependientes del contexto, al estar dirigidas a un público que, supuestamente, debía ser capaz de captar al instante todos los dobles significados y reconocer a los personajes parodiados (algo que iría perdiéndose, dando paso a personajes estereotípicos para la Comedia Nueva), por lo que resultan imprescindibles (si bien algo molestas) las anotaciones históricas (hasta donde ha sido posible desentrañar las sutilezas de la sátira). Pese a ello, hay multitud de situaciones que hoy, dos mil cuatrocientos veintinueve años después, siguen siendo hilarantes sin necesidad de explicación de ningún tipo, concentradas sobre todo en los episodios que conforman la segunda mitad de la obra.

Aves_coro

El humor de “Las aves” golpea desde todos los frentes, usando tanto la ironía más mordaz como la escatología más desvergonzada, como cuando el coro amenaza a los jueces con cubrirlos de sus inmundicias si no les conceden el primer premio… después de haberles incitado con la promesa de hacer que las lechuzas aniden en sus bolsillos (los dracmas de la época eran conocidos como “lechuzas” por llevar grabado este animal), pasando por sanas dosis de irreverencia, tanto hacia las instituciones humanas como hacia los poderes divinos. En su representación, además, destacaba (y destaca) el atuendo colorido, exhuberante y ridículo de los pájaros y su actitud alegre.

Lamentablemente, la evolución de la comedia griega la iría alejando de exhibiciones de fantasía desbocada como ésta, reduciendo incluso el papel de los dioses a meras presencias poco menos que intangibles, y cambiando la farsa política (que más necesita de los elementos fantásticos para hacer medio aceptable su contenido a ojos de los criticados) por la comedia costumbrista, que centra sus dardos en el ser humano como entidad genérica (y que pasaría a dominar también la escena cómica romana por mediación de autores como Plauto y Terencio).

El uso de la fantasía y de las bufonadas como disfraz de la crítica social, sobreviviría para ser reutilizada por autores como Jonathan Swift o Voltaire. En lo que respecta a “Las aves”, su fama se ha mantenido intacta gracias a continuas traducciones y adaptaciones (Goethe, sin ir más lejos, escribió la suya, “Die vögel”), que han permitido que siga representándose y provocando carcajadas hoy en día. No está nada mal para un texto con casi dos milenios y medio de antigüedad.

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~ por Sergio en febrero 4, 2015.

2 comentarios to “Las aves”

  1. Maravilloso Sergio. Este verano vi en teatro “el eunuco”, nada que ver, claro con la CF, pero es que a veces pienso que Aristófanes y Shakespeare son el 60% del teatro. (y jodo!, eso que era la segunda más buena, cómo sería la primera!!!!). Hablando de Fantasía y Shakespeare, y ya que tiras por aquí, ultrarecomendado El cuento de la noche de Verano.

    • Shakespeare es una deuda pendiente (lo sé, lo sé, pero es que siempre me ha dado, no sé por qué, una pereza tremenda). Algún día caerá.

      “El eunuco” representa más bien el otro tipo de comedia clásica, más volcada en el equívoco costumbrista. Firmada por Terencio, posiblemente sea traducción de una obra anterior de Menander, la principal figura de la Comedia Nueva (de quien no se conserva más que una obra más o menos completa).

      ¡Ay, cuántas maravillas perdidas!

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