I Origins

En otras circunstancias posiblemente no estaría escribiendo este comentario sobre “I Origins”, película escrita, producida, dirigida y editada por Mike Cahill y reciente ganadora del Festival de Sitges. Sin embargo, justo tras el huracán “Interstellar“, me temo que voy a utilizarla, quizás un poco injustamente, para ilustrar mi postura respecto a la ciencia ficción, el cine de género, las diferencias frente a la vertiente literaria y lo que ello implica en cuanto a la valoración de una obra dependiendo de bagaje previo y expectativas.

La película tiene como protagonista al doctor Ian Gray, un biólogo molecular embarcado en el estudio de la evolución del ojo (con el propósito explícito de refutar los argumentos creacionistas sobre la imposibilidad de que un órgano tan complejo haya podido surgir por azar, sin una voluntad directora). Un noche de Halloween, conoce a una chica con la que mantiene un fugaz encuentro sexual y que se marcha sin proporcionarle ningún dato sobre su identidad. Todo cuanto tiene Ian para localizarla es una fotografía de sus ojos, la única parte visible de su rostro.

I_Origins_poster

Por una serie de extrañas coindidencias (que tienen que ver con el número 11, lo cual se fundamenta en supersticiones new age), acaba encontrándose de nuevo con ella, e inician una relación, al tiempo que su trabajo en el laboratorio empieza a dar frutos, llevándolo más cerca de poder, hipotéticamente, generar un ojo desde cero.

Desde muy pronto podemos empezar a ver uno de los ejes de la película: el enfrentamiento entre ciencia y religión, con el hiperracionalista Ian y la espiritual Sofi (que así se llama la chica) erigiéndose en cierto modo como campeones de ambas posturas y embarcados en una relación compleja, en la que la atracción física se ve contrarrestada por las profundas discrepancias filosóficas.

Para sorpresa de absolutamente nadie (la película es muy previsible, pero si deseáis ahorraros giros importantes de la trama, que necesito exponer para desarrollar mi análisis posterior, ahora es el momento de dejar de leer, aunque no voy a contar nada que no desvele ya el trailer), Sofi desaparece traumáticamente de la vida de Ian, quien acaba en brazos de su compañera de laboratorio (de una ideas mucho más afines), con la que alcanza el éxito profesional y la estabilidad familiar.

orígenes-3

La historia salta entonces siete años, hasta el nacimiento del primer hijo de la pareja, al que se le hace por rutina un escáner de iris para introducir sus datos en un registro biométrico. La “sorpresa” salta cuando esa prueba aparentemente unívoca arroja como resultado una identidad al 100% con el patrón de un granjero negro de Idaho recientemente fallecido, lo cual lleva a una exploración de la base de datos de iris que arroja una coincidencia para el patrón específico de Sofi en una niña india, lo que abre de par en par las puertas a la posibilidad de que la reencarnación sea un hecho verificable científicamente.

Superficialmente, por tanto, tenemos una exploración de la relación entre ciencia y religión, entre datos verificables por la razón y fe. Superficialmente, ahí está el matiz.

El caso es que la ciencia ficción cinematográfica suele ser ante todo apariencia. “I Origins” se preocupa mucho por clavar la apariencia de rigor científico y filosófico (y a decir verdad lo logra, con una plasmación que le valió el premio Alfred P. Sloan en el Festival de Sundance (para películas que se centran en ciencia o tecnología). Eso sí, es todo puro humo, espejismo sin sustancia.

i-origins-poster

Empecemos por la parte científica (que es la que me toca más de cerca). Resulta evidente que Ian Gray está construido como reflejo del biólogo evolutivo Richard Dawkins (de hecho, se ve al protagonista leyendo uno de sus libros en una cafetería). Dawkins fue quien popularizó en 1986 una refutación gradualista del problema del ojo (propuesto en el siglo XVIII por el teólogo William Paley, el padre de la metáfora de Dios como relojero), en su libro “El relojero ciego”. Más recientemente, en 2006, publicó “El espejismo de Dios”, como intento de refutación filosófica del concepto mismo de divinidad.

También es evidente que Mike Cahill ha leído muchos artículos científicos sobre biología molecular, genética evolutiva y morfogénesis… Aunque de ahí a entenderlos va un trecho. Y por entenderlos no me refiero a los datos y experimentos, sino a sus implicaciones. Así, por ejemplo, sus personajes sostienen que el gen PAX-6 es la llave maestra del ojo, y basta con que un anélido ciego presente una copia para poder “forzarlo” mediante mutagénesis dirigida para desarrollar de novo órganos de la visión.

El guionista/director se basa en experimentos para hacer crecer ojos (no funcionales) en diversas partes del cuerpo de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster) mediante expresión ectópica del gen. Lo que no comprende es que los genes PAX son organizadores embrionarios de expresión. Por sí solos no pueden lograr nada. Es necesario que exista toda una maquinaria bioquímica subyacente que controlar (de la que, hoy por hoy, se sabe muy poco). Lo que sí se ha mantenido constante a lo largo de la evolución es la asociación entre el PAX-6 y el desarrollo de los órganos de visión.

PAX3_Ectopic

Sí, en cierto sentido, todo esto es anecdótico. La película, al fin y al cabo, no es un ensayo científico, ni siquiera una novela de ciencia ficción dura. Lo que sí demuestra es una cosa: que el rigor que pretende transmitir es sobre todo aparente. Su ciencia no es sólida, sino que sus cimientos son inexistentes. No sirve como anclaje de ninguna gran reflexión. Lo cual puede ser extrapolado a toda la faceta científica de la película.

Descubrir el secreto de la formación del ojo no buscaría atacar un argumento religioso. El descubrimiento en sí mismo sería el fin, un fin maravilloso, una pieza encajada en un rompecabezas fascinante con miles de millones de huecos por rellenar, que no llevaría a ninguna conclusión, sino a nuevas incógnitas en las que seguir trabajando. La motivación científica está malinterpretada, así como la metodología.

Tres cuartos de lo mismo podría decirse respecto a la faceta espiritual de la historia. El guión pretende contraponer ciencia y fe, y como casi todos los intentos anteriores (incluyendo el de Richard Dawkins, a quien se le ha criticado por no haberse molestado en profundizar en los argumentos teológicos que pretende refutar) yerra el tiro, por mucho.

i_origins2

Para empezar, una prueba científica de la reencarnación (algo que estuvo buscando durante décadas el psiquiatra Ian Stevenson) no supone automáticamente la confirmación de un poder metafísico (o espiritual), sino que plantearía una incógnita (acerca del procedimiento por el que este fenómeno podría verificarse) que requeriría que se le aplicara el método científico (observación del fenómeno, planteamiento de hipótesis y verificación o refutación experimental de las mismas).

En otras palabras, el núcleo de “I Origins”, el conflicto del que surge supuestamente su exploración filosófica, constituye una contradicción falaz. Por mucho que invente datos (ya no entro a profundizar en la ética, o incluso validez, de plantear una discusión desde el desequilibrio que supone contraponer datos reales a imaginarios), está apuntando adonde no sirve para nada.

Como decía, la ciencia empleada en la película es apariencia, la teología también (se cuida mucho de no mojarse en ningún momento) y por último la propia disquisición filosófica que debería justificarlo todo se apoya en una lógica defectuosa.

IOrigins_sofi

Todo lo cual no impidó que en determinado momento escuchara, proveniente de la fila de atrás: “¡Qué fuerte, tía!”. De lo cual deduzco que la película cumplió su función: ofreció a los espectadores lo que buscaban (al menos a parte de ellos, aunque por los comentarios, no necesariamente tan pintorescos, posteriores, parece claro que el impacto de la cinta es generalmente positivo).

El tratar temas trascendentes no hace que la película sea trascendente, y por alguna razón (que seguro que algún psicólogo me la podría explicar a la perfección) el medio audiovisual ayuda a que la apariencia (de profundidad filosófica, de rigor científico…) baste para cubrir el expediente. No importa que la tesis propuesta no se sostenga porque concluye lo que no plantea y plantea (con trampas) lo que no desarrolla. Con las adecuadas gotas de melodrama (y con seriedad, muchísima seriedad), todo cuela, incluso que dos más dos son cinco.

Lo siento, pero eso, para mí, no es ciencia ficción (ni dura, ni blanda;toda esta sujeta a las mismas exigencias de consistencia interna), y si lo es, se trata de ciencia ficción fallida, intelecutalmente hueca aunque pretenda todo lo contrario.

Mera apariencia. No hace falta más.

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~ por Sergio en noviembre 17, 2014.

5 comentarios to “I Origins”

  1. Buenas observaciones.
    A mi humilde parecer la película plantea una dialogo muy profundo entre la ciencia y la espiritualidad, el cual deja muchos mensajes y símbolos, entre ellos el valor de los números que vos muy bien mencionaste, como en el caso del 11.
    Por otra parte, cuestionaría el comentario de “extrañas coincidencias”.
    También creo que aunque el argumento científico sobre el PAX-6 es escaso, no es este el fundamento ni la trama principal de la película. Si Cahill hubiera intentado comprobar la veracidad del PAX-6 y su funcion, entonces la pelicula hubiera sido mas bien un documental.
    Es un placer encontrar que gente -como el autor de esta nota- se preocupe por observar peliculas trascendentales como I-Origins, sin entrar en el debate del genero al que pertenece o no.
    Buena nota,
    No existen las casualidades solo las causalidades.
    Saludos.

  2. Hola:
    He visto hace poco la peli “i origins” y tengo que decir que me ha parecido bastante bastante buena.
    Ha cumplido, al menos conmigo su función, que es la de cualquier espectáculo, entretener,,, y hacerme pensar incluso filosofar, que no todos los espectáculos alcanzan este fin.
    No creo que haya que ser muy duro con las críticas,,, de por sí la peli las ha tenido y buenas desde el punto de vista de un espectador, pero como comentas, un espectador con conocimientos en el asunto que trata puede no disfrutarla tanto.
    Un saludo y felicidades por este buen post.

    • Hola, Alfonso:

      No es tanto la exactitud científica lo que para mí echa a perder la película (después de todo, está mucho más trabajada que la cinta de ciencia ficción media), sino la construcción de la tesis y la argumentación que se insinúa (que, en el fondo, también tiene que ver con el método científico). De todas formas, como bien indicas, las críticas han sido mayoritariamente positivas (tampoco es la primera vez que me encuentro en la minoría frente a una película de ciencia ficción).

      Gracias por pasar a dejar tu opinión.

  3. Aplaudo tu blog y este comentario. Realmente no se mucho sobre cine, me baso netamente en las sensaciones que me producen. Con la película I origins, pude sentir que me dejaba vacíos argumentativos, como las coincidencias con números, la facilidad de terminar resolviendo todo, el sacerdote, frases añadidas, puntos de vista sueltos, entre otras.. Sin embargo rescato que el tema es apasionante, toma desde un inicio el interés del espectador, no se requiere más que un buen tema envolvente para lograr hacer ciencia ficción, y a pesar de que la producción juega el papel importante, esta película logró captar mi atención por varios días, porque a pesar de la veracidad o nó¡ en el contenido, implanta dudas y genera todo tipo de expectativas.

  4. .

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