Person of interest

Creo que ahora, con toda la minipolémica en torno a “Interstellar” rampante, es un buen momento para satisfacer una deuda que tenía desde hace tiempo con el blog, escribiendo una entrada con la que llevo amenzando más de un año, para analizar la mejor serie de ciencia ficción que se está emitiendo actualmente por la televisión (y una de las mejores de la historia, ahí arriba junto con “Babylon 5”, “Black Mirror” o “Caprica”): “Person of interest”, creada en 2011 por Christopher Nolan.

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Sí, sé de muchos aficionados a la ciencia ficción a quienes los primeros capítulos (esos mismos diseñados para enganchar a una audiencia cuanto más amplia mejor; en torno a quince millones de espectadores de media en EE.UU., la quinta serie con más audiencia el año pasado) despistaron, y que no le concedieron la oportunidad de desarrollarse. Craso error.

Aunque tras un análisis somero “Person of interest” parece un procedimental policiaco más, del tipo viejo además, de ésos del villano (número en este caso) de la semana, nada más lejos de la realidad. Se trata de un extraordinario ejemplo de trama de futuro cercano, que examina temas como la vigilancia estatal de los individuos, la renuncia a libertades por mor de una mayor seguridad, la inteligencia artificial y, sobre todo, el desarrollo de un evento singularista.

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Una pequeña puesta al día para los no iniciados:

El gobierno estadounidense ha encargado la construcción de una máquina capaz de procesar en tiempo real la ingente cantidad de información recibida a través de los distintos medios (y agencias) de vigilancia para detectar amenazas relevantes para la seguridad nacional antes de que tengan ocasión de llevarse a efecto. El creador de la Máquina, Harold Finch, la ha dotado de múltiples sistemas de seguridad, para evitar que se haga de ella un mal uso, pero además ha programado una puerta trasera para recibir información sobre los delitos considerados irrelevantes bajo los parámetros del encargo, es decir, aquellos que tan sólo afectan a un individuo, sin mayor repercusión a nivel estatal. El encargado de llevar a efecto las misiones de protección es John Reese, un antiguo agente de inteligencia, traicionado por sus mandos y abocado, sin objetivos ni alicientes (por la muerte de su pareja), a una espiral autodestructiva de la que lo saca Harold proporcionándole un nuevo propósito.

Hasta aquí la superficie del planteamiento. Cada capítulo, Finch y Reese reciben un nuevo número de seguridad social que les revela la identidad de la víctima o el perpetrador del futuro delito, sin información adicional de ningún tipo. Su labor les va granjeando aliados y enemigos, para ir construyendo el elenco de secundarios imprescindible en cualquier serie que se precie, y de acuerdo con el signo de los tiempos, llega un momento en que empieza a esbozarse un arco dramático de orden superior, que enlaza entre sí los capítulos y aporta evolución, tanto a la situación como a los personajes.

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Este arco dramático, en principio, tampoco parece alejarse mucho de la fórmula procedimental. Tenemos los esfuerzos de una oficial de policía, Joss Carter, por identificar y detener al vigilante conocido únicamente como “el hombre del traje”; y con posterioridad los esfuerzos del equipo por desarticular un trama mafiosa de policías corruptos, la HR. Además, insertados aquí y allá en los capítulos se nos van proporcionando detalles sobre el pasado de Harold, Reese y la Máquina, lo cual proporciona a la serie tres niveles de narración, lo cual ya de por sí sería destacable (más por la eficacia con que lo logra que porque sea algo extraordinariamente novedoso).

Poco a poco, sin embargo, empieza a percibirse un cuarto nivel de complejidad, la auténtica naturaleza de la serie, que empieza a coger velocidad (aunque por entonces resulta casi imposible darse cuenta) con el capítulo decimotercero de la primera temporada, que nos introduce a otro personaje fundamental: Root, una hacker desequilibrada, empeñada en liberar a la Máquina.

Desde ese momento, el componente especulativo de la serie no deja de crecer, lenta pero constantemente. Entre número y número, empezamos a entrever las auténticas capacidades de la Máquina y se van revelando las distintas facciones que tratan de controlarla. También, y esto es lo más importante, va cobrando relevancia el componente ético, tanto por lo que respecta a los objetivos y métodos de las agencias de seguridad (un tema candente como pocos, pues cada dos por tres nos desayunamos con un nuevo escándalo en el que están involucradas las agencias de inteligencia), como al funcionamiento interno de la Máquina, que capítulo a capítulo lo va siendo menos, hasta que resulta imposible dudar de su autoconsciencia.

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Básicamente, nos encontramos con el escenario singularista propuesto hace ya unos cuantos años por Vernor Vinge, con una inteligencia artificial claramente más poderosa que nosotros y con acceso ilimitado a todo el caudal de información que el hombre extrae del hombre (para su propia seguridad). Lo único que se interpone entre este advenimiento y nuestra extinción como raza es la ética, grabada en los procesos más fundamentales del código original de la Máquina.

No voy a ahondar mucho más en los desarrollos de las dos últimas temporadas por no arruinarle el visionado a nadie. Tan sólo señalaré que en esta cuarta temporada en que nos hayamos embarcados el componente de ciencia ficción es ya predominante. El modelo básico de cada capítulo sigue más o menos el esquema establecido de inicio (aunque el statu quo se ha visto alterado muchísimo más de lo que suele ser la norma en este tipo de ficciones), pero el esfuerzo dedicado a cada uno de los niveles previamente descritos es muy diferente.

Person of Interest Season 4

A día de hoy, “Person of interest” podría describirse como un híbrido entre cyberpunk (no en su virulenta cepa original, sino sobre todo a nivel filósofico), futuro cercano y singularitarismo. Lo sorprendente es que sigue atrayendo a casi diez millones de espectadores (en EE.UU.) por capítulo, inconscientes la mayor parte de ellos de que están consumiendo ciencia ficción de la mejor calidad.

Antes de concluir, me gustaría aclarar qué hace de “Person of interest” una magnífica serie de ciencia ficción. No es sólo el empleo de gadgets tecnológicos o parafernalia ligeramente futurista (para eso ya está, por ejemplo, la anodina “Intelligence”), ni siquiera la exploración de un escenario propio del género (tanto “Revolution” como “Falling skies” poseen planteamientos más explícitos), sino la unión de los tres grandes pilares del género: especulación, exploración filosófica y autoexamen ético.

No es para nada lo habitual, pero la ciencia ficción de “Person of interest” está al mismo nivel que lo mejor de cuanto en su misma orientación se pueda estar publicando hoy en día (e incluso diría que es muy superior a la inmensa mayoría de ficciones de futuro cercano).

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Otro apunte más:

No es otro “Perdidos” (o cualquiera de las variantes sobre el mismo tema que han surgido desde que concluyó). Sabe perfectamente dónde está yendo, y cada fragmento de información, aunque pueda parecer aleatorio, tiene un propósito definido de antemano, y se está tomando todo el tiempo necesario para ir montando su tesis. Sin prisa, pero sin pausa.

Va camino de hacer historia en el género.

Y las apuestas (no muy favorables al ser humano) no dejan de aumentar.

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~ por Sergio en noviembre 11, 2014.

4 comentarios to “Person of interest”

  1. Excelente post, como siempre. Creo que en la temporada final de la serie habrá un enfrentamiento entre Mr. Finch y John Reese por un lado, y Root y una Máquina cada vez más cerca de la omnipotencia por otro. La pena es que no lo podremos ver en España, donde la serie ha sido un fracaso de audiencia, tal vez porque Person of Interest es de esos programas que obliga al espectador medio a ejercer esa costumbre tan peligrosa llamada ‘pensar’…

    • Gracias.

      La verdad es que no me atrevo a pronosticar hacia dónde se dirige, pero me da que va en otra dirección. La singularidad es imparable. Tan sólo se puede tratar de establecer un punto de partida “aceptable”, y la Máquina es la mejor opción.

      Respecto a su emisión en España, es posible que no funcione en abierto (las series americanas han perdido muchísimo gancho), pero es casi seguro que se completará en Calle 13 (sobre todo habiendo entrado ya en sindicación). De todas formas, yo la estoy viendo desde el principio en V.O., pues es una de esas series cuyo doblaje (quizás por la premura con que les obligan a trabajar) destroza por completo la personalidad de los protagonistas.

  2. No la he visto, muchas gracias por la recomendación.

    • Si la pruebas, ante todo, concédele tiempo para desarrollarse. Es una serie que premia la paciencia, y que siempre, siempre, está en continua evolución. Al contrario que muchas otras, cada final de temporada, e incluso cada episodio intermedio (el punto de inflexión suele darse en torno al 13), supone un salto adelante, una redefinición de parámetros.

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