Yo, Jennifer Strange, la última cazadragones

Jasper Fforde se presentó a los lectores en 2001 con “El caso Jane Eyre“, un juego metaficticio que introdujo a la detective literario Thursday Next y a su primera realidad alternativa (un mundo donde no hay hooligans de equipos de fútbol, sino de las diversas teorías sobre la identidad de Shakespeare). La serie cuenta con siete títulos (y contando) de los cuales los cuatro primeros, los únicos traducidos al castellano, se agrupan en un arco argumental (aunque pueden leerse de forma independiente).

Con posterioridad, inicio nuevas series, cuyo común denominador es la ambientación en un Reino Unido de una realidad alternativa. Así, tenemos la de la Nursery Crime Division (similar en enfoque a la serie de Thursday Next), iniciada en 2005, la distópica Shades of Grey (nada que ver con las cincuenta), cuyo primer libro data de 2010, y la serie de Kazam, que se inició también en 2010 con el libro que nos ocupa, “Yo, Jennifer Strange, la última cazadragones” (“The last dragonslayer”).

LastDragonslayer

Anunciada a menudo como fantasía juvenil, el autor insiste en presentarla como fantasía adulta, aunque lo cierto es que, al menos de partida, la intencionalidad parece bastante clara. La protagonista del libro es Jennifer Strange, una expósita (huérfana, sujeta por un contrato laboral obligatorio hasta su mayoría de edad) que trabaja como administradora en funciones de Kazam, una agencia de empleo de magos. Pese a su corta edad (quince años, a un par de semanas de los dieciséis, Jennifer sostiene sobre sus hombros el peso burocrático de toda la organización desde la desaparición misteriosa del Gran Zambini, su dueño. Ah, sí, posee una mascota rara y excepcional (una quarkimaña), de vez en cuando la putean y, para postre, acaba descubriendo que tiene un papel importante que jugar en una profecía.

Pero sí, Fforde tiene buenos motivos para intentar apartarse lo más posible de la etiqueta de juvenil (en su versión actual, que es “YA” o “Young Adult”, por eso de hacerle la pelota un poco a tu público potencial), porque renuncia por completo a los trucos baratos para establecer empatía y trasgrede, diría incluso que a conciencia, muchas de las reglas no escritas de ese tipo de ficción.

Last_dragonslayer

Antes de entrar en ello, sin embargo, unas palabras sobre la ambientación.

Jennifer Strange vive en Hereford, una de las múltiples taifas que conforman el Reino Desunido. En esa realidad alternativa, la magia no sólo es algo común, sino que está cuidadosamente regulada (con formularios a rellenar por cualquier acto mágico). Bueno, lo cierto es que era algo común, pues en el momento en que comienza la historia lleva varios siglos decayendo, algo que podría estar relacionado con la paulatina muerte de los dragones, encerrados muchos siglos antes por el poderoso Shandar en sus dominios.

De hecho, ya sólo queda un dragón, Maltcassion, y cualquiera con un mínimo de poder mágico recibe la premonición de que va a morir, dando el pistoletazo de salida para que cualquier pueda reclamar sus tierras, en cuarenta y ocho horas, a manos del último cazadragones… que acaba siendo, para su sorpresa, Jennifer Strange, aunque a ella no le hace la menor gracia tener que matar porque sí a una criatura que no le ha hecho nada (y que por todo cuanto sabe no ha contravenido ningún acuerdo), y menos para satisfacer las ansias expansionistas del rey Snodd IV, las comerciales de las grandes compañías o incluso las mezquinas ambiciones de los aspirantes a parcelitas en el ex dominio del dragón.

jenniferstrange

La novela presenta una marcada inclinación hacia la comedia (algo que no sorprenderá en absoluto a los lectores de Fforde), aunque sin caer en la parodia, sino que recurre más a la ironía y al contraste generado por la banalización de lo prodigioso, es decir, por la comercialización barata de la magia y su sujección a trabas burocráticas (con decir que las alfombras mágicas han quedado reducidas a vehículo apenas apropiado para el reparto de pizzas…).

El autor juega con elementos clásicos de la fantasía, como el escenario de la magia menguante, la conexión de ésta con los dragones o la propia profesión del cazadragones (en la línea del Egidio de Tolkien), así como con elementos de la fantasía juvenil perezosa (ésa que se limita a repetir esquemas huecos), para ofrecer una visión refrescante de todos estos temas, que si bien no llega a ser tan iconoclasta como pretende aparentar, sí que se preocupa por insuflar consistencia al conjunto y premiar al lector que no avance en piloto automático.

Por desgracia, la conclusión resulta un tanto descafeinada y apresurada, como si Fforde hubiera agotada la inventiva en la creación del mundo y el planteamiento del conflicto y luego no hubiera sabido muy bien qué hacer con todo ello. Por supuesto, esta valoración se hace acorde con las expectativas creadas por la propia obra. Pese a esta sensación final, en su conjunto la novela constituye una más que apreciable fantasía juvenil. Porque sí, pese a todo es juvenil. Ahora bien, buena fantasía juvenil… algo que resulta últimamente tan raro que resulta quizás más sencillo desmarcarse por completo antes que intentear hacer valer la singularidad.

Last_Dragonslayer_Kazam

A este respecto, la portada española de Duomo Ediciones constituye un grave error (en una edición por lo demás magnífica). Intenta venderla como lo que no es, y eso se paga doblemente. Por un lado, los lectores que sí consigue no encuentran lo que buscan, y por otro, aquellos que la disfrutarían lo más probable es que la descarten a priori (además, terminan de confundir ampliando el título, no sé si por establecer una conexión, bastante espuria también, con “Jonathan Strange y el señor Norrell“). Lamentablemente, da la impresión de que habrá que seguir la serie (como la de Thursday Next) de importación.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en octubre 28, 2014.

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