La llama negra

Stanley G. Weinbaum es un escritor singular dentro del género de la ciencia ficción, hasta el punto de que fue señalado por Isaac Asimov como una de las tres novas del género (junto con E. E. Doc Smith y Robert A. Heinlein), autores cuyo trabajo destacó como una explosión de luz entre sus coetáneos. Específicamente, se considera que Weinbaum fue el primer autor de la Edad de Oro… un lustro antes de que ésta arrancara oficialmente a mediados de 1938.

¿Qué ocurrió entonces para que no se trate de un nombre conocido entre los aficionados? Ocurrió que un cáncer cortó en seco su carrera apenas año y medio después de su primera publicación, el cuento “A martian odyssey” (Wonder Stories, julio 1934).

LlamaNegra

En momento de su muerte, en diciembre de 1935, contaba en su haber con una novela romántica y una docena de relatos largos, publicados principalmente en Wonder Stories y Astounding, a los que se añadirían otros tantos, publicados póstumamente en los cuatro años siguientes, y un par de novelas; una de ellas, “La llama negra”, con una azarosa historia editorial.

“La llama negra” se compone en realidad de dos textos, que posiblemente nunca fueron concebidos una narración única coherente. Por un lado está el relato “El amanecer de la llama” (“Dawn of Flame”), que apareció originalmente en 1936 en un volumen conmemorativo póstumo al que daba título. Posteriormente, en enero de 1939, una novela corta, “La llama negra” (“The black flame”) apareció como plato fuerte del primer número de Startling Stories. En 1948, Fantasy Press los unió en un tomo, con reediciones en 1953 (Harlequin Books) y 1970 (Avon Books). Es esta última la que al parecer tomó como punto de partida La Biblioteca del Laberinto para la edición castellana de 2006 sobre la que se basa esta reseña.

January-1939-Startling-Stories

La historia de “La llama negra” no termina ahí, sin embargo. El texto original de Weinbaum, que se consideraba perdido (tras serle robado a Forrest J. Ackerman, quien lo había obtenido en una subasta), reapareció en 1995 en un volumen “restaurado” de Tachyon Publications, tras ser descubierta una copia al carbón del mismo en un arcón en posesión de uno de los nietos del autor. Esta versión recupera 18.000 palabras adicionales (unas cincuenta páginas).

Todos estos datos, en realidad, son poco significativos de cara a valorar la obra, salvo quizás para resaltar que no se trata en modo alguno de un texto definitivo, cerrado a plena satisfacción del autor, sino que es una especie de monstruo de Frankenstein, reconstruido con trozos de cadáveres y traído a la vida por el entusiasmo de los fans… y en estos casos siempre hay que andarse con pies de plomo a la hora de sacar conclusiones.

“El amanecer de la llama” se ambienta unos trescientos años después de que una enfermedad, la plaga gris, exterminara a dos tercios de la población terrestre y empujara al tercio restante a una serie de guerras que aniquilaron todo rastro de civilización (escenario que parece ser una secuela no confesa de “La plaga escarlata”, novela corta de 1908 de Jack London, con la salvedad de que se apunta a que el agente infeccioso fue de origen parcialmente artificial y fue desarrollado como arma biológica… algo que bien podría provenir del cuento del mismo “La invasión sin paralelo”, de 1910).

Black_Flame_Weinbaum

El protagonista es Hull Tarvish, un montañés que viaja a la cercana ciudad de Ormiston justo a tiempo de participar en su defensa frente al ejército del Amo, un líder que pretende unificar bajo su dominio el mundo entero, para lo cual cuenta con retazos de la tecnología de los antiguos, rescatados de sus ciudades en ruinas, así como con el secreto de la inmortalidad, otorgada por medios científicos a él y a su más cercanos, incluyendo su hermana Margaret, apodada Margot la Negra (o también la Llama Negra), una mujer de belleza sin igual.

Enamoriscado de Vail, la hija del cacique local, Hull se enfrenta en una batalla perdida de antemano al poder de Joaquin Smith, el Amo (que resulta en realidad un tirano bastante ecuánime y comprensivo, con un objetivo y unos métodos que bien podrían tildarse de nobles). Lo peor, sin embargo, llega después, cuando la princesa Margaret se encapricha de Hull y lo hace debatirse entre su lealtad a Vail y a la resistencia de Orminston y la fascinación que sobre él ejerce la Llama Negra.

En cuanto a la novela corta “La llama negra”, da toda la impresión de ser una reescritura, corregida y aumentada, del mismo esquema básico. En esta ocasión el protagonista es Tom Connor, un hombre ajusticiado en 1960 por electrocución que despierta mil años después, para ser confundido con un Durmiente (personas que se someten voluntariamente a un proceso de electroéstasis, para disfrutar un par de siglos después de sus rentas acumuladas; algo inspirado en la novela de G. H. Wells “Cuando el durmiente despierte” 1899-1910).

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El reinado del Amo dura ya siete siglos y la civilización ha recuperado mucho terreno, hasta llegar incluso a superar en ciertos aspectos a la nuestra propia (con el descubrimiento y empleo de la energía nuclear de fusión). Curiosamente, sus matemáticas están tan por detrás de las nuestras que desconocen incluso los logaritmos (y con ellos la omnipresente regla de cálculo). Se trata de un imperio benévolo y próspero, lo cual no quita que haya su cuota de revolucionarios descontentos… como aquellos entre los que va parar Connor.

Se repite en cierto modo el esquema de “El amanecer de la llama”, al encapricharse el protagonista de una chica, Evanie, y verse involucrado por tal vínculo en una lucha que no le va ni le viene (lo cierto es que contempla todo el asunto con una actitud bastante crítica). Tras el inevitable fracaso, la princesa Margaret se encapricha de él y hay un tira y afloja entre los sentimientos que cree sentir por Evanie y la fascinación que ejerce en él la Llama Negra, con las peculiaridades de un imperio postcatastrofista global, dirigido por inmortales, de fondo.

Ambas historias, en particular la segunda, presenta ideas intrigantes, y no cuesta comprender el porqué Weinbaum ejerció un impacto tan grande en su época (muchos de los conceptos se perciben como avanzados no ya en unos años, sino incluso en décadas a su época, con desarrollos que evocan obras de la New Wave como “Tú, el inmortal” o “La intersección de Einstein” (unos mutantes, surgidos del intento de replicar el proceso inmortalizador, con rasgos mitológicos). El desarrollo, sin embargo, denota a menudo su sustrato pulp, con una historia simplona y algo inconexa y unos héroes que tienen algo de howardiano y un aire que evoca aventuras como las de Doc Savage (en quien bien podría inspirarse el Amo… siempre que Savage hubiera conquistado la inmortalidad y le hubiera dado por gobernar un mundo postapocalíptico).

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Lo que quizás haga destacar más a “La llama negra” de las narraciones contemporáneas tal vez sea la psicología de los personajes, un aspecto que normalmente quedaba muy descuidado y que es central en ambas historias. No tanto por sus protagonistas, que son bastante básicos, sino por la creación de Margot, la Llama Negra, una joven inmortal, tan fascinante como enigmática, tan cruel como digna de piedad, atrapada en una trampa eterna por su condición adquirida, anhelante de amor y al mismo tiempo endurecida (casi enloquecida) por siglos de decepción (ante el doble obstáculo de su magnificiencia y su atemporalidad). Todo un personaje arquetípico, que bebe de las mismas fuentes (quizás incluso por influencia directa) que la “Ella” de Haggard y que constituye uno de los primeros personajes femeninos complejos (con ese halo de misterio desconcertante que le confiere la perspectiva masculina) de la ciencia ficción.

La edición española se complementa con la reescritura de “La llama negra” por parte de José Mallorquí (como J. Carr), con el título de “El hombre de ayer” para la colección Futuro en 1953 (una práctica, la de versionar, que ahorraba el abonar los derechos de traducción). Texto que me abstendré aquí de analizar.

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~ por Sergio en septiembre 30, 2014.

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