(No tan) Maléfica

Cincuenta y cinco años después de su adaptación animada, Disney recurre de nuevo a la magia de “La bella durmiente“, aunque en este caso en imagen real y desde la perspectiva de la mala (la mayor adición al canon tradicional de aquella película, que fue originalmente un fracaso y con el paso de las décadas se ha ido confirmando como un clásico indiscutido). Llega así “Maléfica”, el retorno de Angelina Jolie tras cuatro años de semi retiro (con sólo un papel de voz en “Kung Fu Panda 2”) como protagonista absoluta… y eso que el guión no la deja brillar (o justo lo contrario) todo lo que su extraordinaria caracterización le hubiera permitido.

“Maléfica” se suma a un par de modas. Por un lado la adaptación de cuentos clásicos en imagen real, aprovechando los avances tecnológicos, y por otro la asumción de la perspectiva del malo (o mala), lo cual suele ser menos atractivo de lo que parecería a priori, pues ello conlleva casi ineludiblemente la necesidad de una justificación humanizadora. El gran problema surge al entremezclar ambas tendencias, pues en los cuentos de hadas clásicos el mal, sin paliativos, es un ingrediente esencial.

maleficent_p

No voy a entrar en detalles de la trama. A grandes rasgos, sigue la del cuento tradicional, poniendo algo más de énfasis en un reino mágico, enfrentado tanto geográfica como políticamente al humano. Así, asistimos a la juventud de una Maléfica alada (que por entonces es buena, por mucho que etimológicamente esto no tenga sentido), que vive feliz, se enamora, sufre un desengaño… Todo bastante típico (el guión original, al parecer, creaba un sustrato mitológico mucho más elaborado… que posiblemente fue considerado una complicación innecesaria por unos productores necesitados de recuperar su inversión multimillonaria). A la postre, la traición se magnifica, Maléfica pierde (le son arrebatadas) sus alas y el tablero queda dispuesto para entroncar con la historia que conocemos.

Todo muy bonito, muy espectacular (el director, Robert Stromberg, lleva años trabajando en diseño de producción) y muy, muy superficial (sin embargo, es su primera película al frente del cotarro… y con 180 millones de presupuesto, aparte de su inexperiencia, habrá tenido doscientos “asesores” subidos a la chepa). Entonces llega el momento de justificar el posicionamiento. Toca rehabilitar a Maléfica y, mucho me temo que el cuento es el que es, y los recursos dramáticos de una película (corta además) no dan para demasiadas piruetas, así que todo resulta forzado en exceso (para que funcione toca, entre otras cosas, reducir a la mínima expresión posible los papeles de casi todos los no implicados directamente en el enfrentamiento, lo cual resulta particularmente patente en las hadas buenas; eso por no hablar de que el sueño mágico queda reducido a su mínima expresión).

Maleficent-Aurora

A pesar de todo, la película funciona… más o menos. Jolie es una gran Maléfica, han evitado la tentación de hacer mayor o hipersexualizar a Aurora (algo que ha pesado como una losa en otras actualizaciones de cuentos clásicos) y los escenarios son mágníficos (de la banda sonora, aprecio la riqueza orquestal, que tan díficil es encontrar últimamente, aunque hubiera agradecido un poco más de variedad temática y unas melodías no tan simplonas).

Donde falla es en su intensidad. Si a un personaje tan extraordinario como es el de Maléfica le arrebatas aquello que lo caracteriza… pues te queda un tanto descafeinado. Era para dejarse llevar, y en ningún momento se le permite a Jolie explorar a fondo su oscuridad (tal vez, durante breves lapsos, en la fiesta de nacimiento de Aurora, cuando la maldice). Desde luego, en el intercambio de roles el rey Stefan (que no pasa de ser un secundario glorificado en la historia de la Bella Durmiente) no da la talla como contrincante, y su maldad es casi de andar por casa, poco más que unas migajas de ambición rastrera y unas decisiones que a poco que se lo hubieran propuesto hubieran sido mucho más justificables que las de Maléfica.

maleficent-poster

Estoy plenamente de acuerdo en que en cualquier conflicto hay dos partes, y que en el mundo real nada suele ser totalmente blanco o negro, pero no por ello esta filosofía es aplicable a los cuentos de hadas. Parte de su fuerza radica en que nos enfrentan al mal, a un mal puro, sin matices. Para un niño el concepto de maldad es chocante. La concienciación de que hay fuerzas en el mundo que desean o que no les importa hacerle daño es traumática. Los cuentos concretizan esas fuerzas, les ponen rostro, las vuelven tangibles, ciertas; y al mismo tiempo ofrecen el consuelo de su derrota. El final feliz no es una rendición, sino una catarsis.

Ahora bien, ¿qué ocurre si negamos el mal? ¿En qué deja eso al cuento? ¿Qué enseñanza moral nos transmite?

Ya lo comenté en mi crítica a “Wicked: Memorias de una bruja mala“: Jugar a relativizar el mal lo niega. Si todo depende de la perspectiva, ¿qué derecho asiste a nadie para emitir un juicio moral? Los únicos parámetros objetivos serían los estrictamente materialistas. Sin otro baremo, ¿cómo podemos criticar la persecución de objetivos lógicamente deseables como por ejemplo maximizar tu beneficio a costa de lo que se interponga en tu camino?

Tal vez me encuentre particularmente sensibilizado al respecto. Llevo algo así como un par de semanas metido en la escritura de un relato que me ha obligado a documentarme a fondo sobre los campos de exterminio nazis (y más específicamente sobre las actividades de Josef Mengele en Auschwitz-Birkenau). Después de eso, lo siento, pero nada puede convencerme de que el mal no existe.

maleficent__2014

Tal vez resulte muy posmoderno jugar con una verdad que depende de la perspectiva, pero los cuentos de hadas provienen de una tradición centenaria (si no milenaria), y su núcleo, su razón de ser, su esencia sólo tienen sentido en la orientación tradicional. Ir en su contra es como tratar calzar el zapato (de cristal) izquierdo en el pie derecho. Cuanto menos, denota una soberbia (y una inconsciencia) monumental. Como si en unos pocos meses un comité, dirigido por múltiples intereses, pudiera enmendarle la plana a una historia modelada y pulida por generaciones de cuentacuentos (algunos famosos, como Perrault o los hermanos Grim, y miles y miles de anónimos).

¡Qué grande hubiera sido una recreación tradicional centrada en la Maléfica de Angeline Jolie, que no tuviera miedo de abrazar, mostrar y repudiar la maldad! En vez de ello tenemos una revisión tan bonita como incoherente y tan espectacular como hueca. Diría que es el signo de los tiempos, pero soy demasiado cínico para no barruntar que hay muchos intereses centrados en tratar de convencernos de que el mal no existe.

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~ por Sergio en junio 2, 2014.

6 comentarios to “(No tan) Maléfica”

  1. No la he visto aún (y sinceramente no sé si lo haga) pero con respecto a lo que dices del mal, pienso que está bien darle perspectiva, aunque debería apuntarse siempre a un ideal ético de respeto humano y ecológico, sino claro, caemos en el relativismo infértil. Saludos!

    • No, si el problema es el vehículo: un cuento de hadas reconfigurado a golpes. Los cuentos de hadas presentan, es parte de su naturaleza, un paisaje ético muy claro, con unos contrastes muy acusados. Darle la vuelta no aporta realmente nada, salvo mostrar un afán iconoclasta. Sería una labor más interesante dotarlo de claroscuros, pero para eso haría falta una estructura mucho más compleja y, sobre todo, prescindir del público infantil y dirigirse a una audiencia adulta. “Maléfica” ha sido rodada para obtener la clasificación PG (Pareantal Guidance, es decir, para todos los públicos con acompañamiento paterno).

  2. Era previsible… Por mi parte, gastaré mi dinero en ver “Al filo del mañana” (y “Días del futuro pasado”), que tiene pinta de ser más interesante.

    Saludos

    • ¡Ay! Yo no tenía más remedio, que Maléfica es para mí un icono desde que disfruté como un enano de niño de uno de los reestrenos de “La bella durmiente”. Al menos la he visto en sesión de madrugada, que es más barata (como siempre que voy al cine, vamos).

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