Zothique, el último continente

Desde su aparición en 1923 hasta al menos la llegada de Unknown en 1939, la revista pulp líder en el campo de la fantasía fue Weird Tales, con su decidida apuesta por la fantasía oscura, subgénero que los propios autores bautizaron como weird fiction, aunque los estudios posteriores han caracterizado en su seno diversas tendencias como el horror cósmico o la espada y brujería, cuyo desarrollo sigue adelante en nuestros días.

Su época dorada, sin embargo, cabría situarla en los años treinta, más o menos entre 1932 y 1937, cuando sus tres autores principales alcanzaron la madurez creativa. Este triunvirato estuvo compuesto por H. P. Lovecraft, Robert E. Howard y, el menos conocido en nuestos días, Clark Ashton Smith.

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Clark Ashton Smith fue ante todo un poeta, el último de los románticos estadounidenses, que alcanzó cierta fama a los diecinueve años con su primer libro de poemas, “The star-treader”, lo que le llevó a relacionarse con los más destacados escritores de su época, llegando a conocer brevemente a una de sus principales influencias, Ambrose Bierce. La notoriedad, sin embargo, pronto se disipó, y siguieron varios años de pobreza y enfermedad, durante los que siguió componiendo versos, recopilados en otros tres volúmenes. Con la llegada de la Gran Depresión en 1929, y ante las acuciantes cargas familiares (por mantener a sus padres enfermos), se volcó un poco a regañadientes en la ficción, vendiendo la mayor parte de sus relatos a Weird Tales (que no sólo era la revista que mejor pagaba, sino que era donde su amigo epistolar Lovecraft mejor se desenvolvía).

Así, hasta 1937, escribió y publicó algo más de un centenar de relatos, caracterizados tanto por el uso de un lenguaje de reminiscencias poéticas como por la atracción por lo morboso, herederos de su fascinación por Poe y reflejo de sus propias experiencias personales (destacando la enfermedad y el fracaso profesional). Como era habitual en la época, la mayor parte de sus cuentos se inscriben en diversos ciclos, tanto compartidos (fue uno de los contribuyentes a los mitos de Chtulhu) como propios.

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Su primer ciclo importante fue el de Averoigne, una región ficticia en la Francia tardomedieval, inspirada en el Poictesme de James Branch Cabell (en los que se ponía de manifiesto otro de sus referentes, los cuentos de hadas europeos). Pronto, sin embargo, junto con su amigo Robert E. Howard, descubrió las enseñanzas teosóficas y el libro de Madame Blavatsky “The secret doctrine”. El ciclo recurrente de esplendor de caída de sucesivas humanidades expuesto en sus páginas inspiró a ambos en la creación de diversos escenarios prehistóricos para ambientar sus historias.

Así, mientras Howard exploraba la Thuria post atlantea en las historias del rey Kull y el mundo celta con Turlogh Dubh O’Brien y Bran Mak Morn, Clark Ashton Smith imaginó el continente miocénico de Hyperborea y Poseidonis, el último remanente de la Atlántida. 1932 fue una fecha clave para ambos, ya que descubrieron casi al únisono sus escenarios defintivos: el mundo Hyborio de Conan y Zothique, el último continente (Lovecraft había entrado en su fase de madurez unos pocos años antes, en 1928, con la publicación de “La llamada de Cthulhu”).

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Zothique no es un mundo prehistórico, sino que por el contrario se localiza en algún momento en el futuro lejanísimo, cuando todos los continentes salvo uno se han hundido y el mismo Sol se encuentra moribundo (es pues una historia del subgénero de la Tierra Moribunda, que inauguró tangencialmente H. G. Wells con uno de los capítulos finales de “La máquina del tiempo” y que llevó a su madurez William Hope Hogdson con “La casa en el límite” y “La Tierra de la Noche”). La última humanidad vive los siglos postreros en un ambiente decadente, de magia oscura, amoralidad y excesos. Para Smith se trataba del declive definitivo, tras el cual ya no habría renacimiento, lo que conectaba a la perfección con sus sensibilidades.

En total, llegó a escribir dieciséis relatos ambientados en Zothique y un par de fragmentos inconclusos, constituyendo así de largo su ciclo más extenso. La mayor parte de ellos fueron escritos entre 1932 y 1937, momento en que abandonó casi por completo la literatura de ficción (la muerte de sus padres le liberó de cargas económicas y la pérdida de sus amigos, Howard, por suicidio, y Lovecraft, de cáncer, apagó su interés en el género fantástico). El ciclo cosecharía dos aportaciones postreras (y poco significativas), en 1948 y 1951, así como una breve obra teatral (1951-56), aunque existen pruebas de que seguía pensando en Zothique en el momento de su muerte, en 1963. Todos ellos salvo uno fueron publicados originalmente en Weird Tales (la excepción se publicó de todas formas allí años después en una versión resumida).

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Las primeras recopilaciones de la obra de Clark Ashton Smith corresponden a Arkham House, la editorial de August Derleth, en los años cuarenta, aunque la sistematización de los distintos ciclos se la debemos a Lin Carter, para la Adult Fantasy Series de Ballantine, empezando precisamente por “Zothique” en 1970. Como era costumbre en la época, Carter procuró organizar los textos según su hipotética cronología interna, antes que respetando el orden de publicación (personalmente, yo siempre prefiero el orden de escritura), realizando una gran labor de recuperación, en lo posible, de los textos originales (a partir de las primeras ediciones o incluso las copias personales del autor).

Esa selección (que incluye todos los cuentos completos y un mapa, pero no los fragmentos ni la obra de teatro) y esa ordenación se han erigido en la edición canónica, molde de todas las posteriores, incluyendo las traducciones al español).

En cuanto a los relatos en sí, su calidad e interés varía, aunque mantienen todos un nivel destacado. A Clark Ashton Smith no le interesaba tanto la trama o los personajes como la ambientación y las evocaciones sugeridas por el lenguaje, lo cual puede constituir un obstáculo para su apreciación por lectores modernos, educados en otras sensibilidades. Los hace, además, sufrir algo más de lo normal los males de la traducción, pues el autor gustaba de emplear una hiperadjetivación que, a la dificultad de trasladar con fidelidad la riqueza de vocabulario, añade el peligro de incurrir en la epitetización innecesaria (matizo, como siempre en estos casos, que lo he leído en la vieja traducción de Edaf).

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La muerte es la protagonista casi absoluta de las historias, andándole no demasiado a la zaga el exceso y la lujuria (al borde mismo de lo aceptable para los años treinta). Incluso llegó a ser bastante habitual mezclarlo todo en referencias necrofílicas que le ganaron al autor una fama de macabro. Así pues, en las historias de Zothique casi todos los magos son nigromantes, y casi todas las mujeres (reflejando una misoginia acusada) lascivas y tentadoras prostitutas. La ambientación refleja además otro de los referentes literarios de Smith, el orientalismo de las Mil y Una Noches (absorvido directamente de las traducciones inglesas  del clásico y por medio de la novela gótica “Vathek“, de William Beckford).

Por supuesto, los panteones lovecraftianos tiene su reflejo en Zothique (destacando el archidemonio Thasaidon), así como la espada y brujería howardiana (en relatos como “El dios de la muerte”), aunque al contrario que con el primero, los hombres de Zothique son los principales agentes de su propia depravación, y en vez de héroes prototípicos sus protagonistas suelen estar inermes ante fuerzas que les superan (de las cuales la menos importante no es la imparable decadencia).

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Zothique es un continente en el que los imperios se van arrastrando lentamente hacia la ruina y el olvido, en donde los nigromantes se hacen servir por muertos reanimados, regodeándose en la carroña sin producir nada nuevo, la pasión carnal domina los pensamientos incluso más allá de la tumba y los monstruos románticos (vampiros, momias, lamias…) acechan entre las sombras. Zothique es, en definitiva, el lugar donde muere la esperanza, donde la depravación combate sin éxito al tedio y la virtud debe luchar por no ser aplastada bajo el peso del destino.

Como comentaba al principio, la obra de Clark Ashton Smith se inscribe en la tradición romántica estadounidense (conocida también como romanticismo oscuro), pero añade un matiz crepuscular, la certeza de su propia obsolescencia. Refleja la lucha clara y fatalmente decantada entre las pasiones anacrónicas y el pragmatismo que lo conduciría todo por derroteros más provechosos. Supuso el cenit de la fantasía oscura, justo al límite del horror, antes de que los héroes se apropiaran del género y revindicaran las riendas de su propio destino.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en marzo 31, 2014.

Una respuesta to “Zothique, el último continente”

  1. […] el ámbito de la fantasía ya en el siglo XX. En los años treinta, Clark Ashton Smith imaginó Zothique, el último continente de este mundo, en el que la ciencia, la tecnología, incluso las religiones […]

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