Red nails (Clavos rojos)

El último relato de Conan escrito por Robert E. Howard antes de su muerte (y también último fantástico) fue “Clavos rojos” (“Red nails“), que acabó siendo publicado en los números de julio a octubre de 1936 de Weird Tales (texto sobre el que se basa esta reseaña), con lo que fue una obra póstuma, pues se suicidó en junio de ese año… con no poca parte de culpa achacable a la racanería de la revista, que le debía 800 dólares (lo que vendrían a ser un poco más de 13.000 hoy en día; durante un período de tremendos gastos médicos familiares).

Por entonces, Howard meditaba abandonar la fantasía por géneros más lucrativos (y, sobre todo, más estables), por lo que esta novela corta puede casi considerarse una suerte de testamento filosófico, idea que el propio autor tenía en consideración, a raíz tanto de su correspondencia de la época como de las memorias de Novalyne Price, lo más parecido a una novia que tuvo nunca, recogidas en el libro “One who walked alone” (que fue a su vez base de la película “The whole wide world” o “El que caminaba solo”, que se centra precisamente en los dos o tres últimos años de Howard, interpretado por Vincent D’Onofrio; una pequeña joyita tan olvidada como recomendable).

Weird_Tales_1936-07_-_Red_Nails

La historia arranca con la introducción del personaje de Valeria, mujer pirata de la Hermanda Roja, desertora de un ejército en las junglas del sur del continente hyborio. Allí es alcanzada por Conan, quien la ha seguido con propósitos lúbricos (vamos, que la considera más atractiva a ella que a sus jefes estigios), aunque el “galanteo” queda pronto interrumpido por el ataque de un dinosaurio (una especie de estegosaurio carnívoro), al que logran derrotar, aun a costa de perder sus monturas.

Por fortuna, cerca de allí han distinguido las torres sombrías de una ciudad, en la más pura tradición del imperio perdido, y hacia allá se dirigen. Pronto descubren que la ciudad, un inmenso palacio en realidad, a pesar de la riqueza de los materiales con que está construida se encuentra en avanzado estado de ruina, pero no abandonada por completo, pues dos clanes rivales, los tecuhltli y los xotalanc, se encuentran enzarzados en su interior en una reyerta que se extiende ya por cincuenta sangrientos años.

Por cuestiones azarosas, Conan y Valeria acaban aliados con los tecuhltli (quienes llevan la cuenta de los enemigos muertos incrustando clavos rojos en una columna de madera de su salón del trono), lo cual precipita los acontecimientos, provocando el ataque prostrero y desesperado de los escasos supervivientes xotalancas… así como alimenta los oscuros deseos de los líderes tecuhltli, el poderoso guerrero Olmec y la hechicera Tascela.

Red_Nails_Harold_S_Delay

Howard crea un escenario sofocante, claustrofóbico, con una lucha a muerte sin sentido entre clanes hermanos, cuya degeneración moral es más que evidente. Con ello pretendía ilustrar la idea de que toda civilización encierra en su interior la semilla de su propia destrucción, que antes del fin se manifiesta en un anhelo por la violencia, la molicie y las más depravadas costumbres sexuales… destino al que veía abocados a sus contemporáneos (uno de los factores que más marcaron su vida fue ver cómo la fiebre del petróleo transformaba la tranquila sociedad tejana, atrayendo a la delincuentes y, peor aun, empresarios más despiadados).

No es la primera vez que plantea un escenario similar (aunque en sus primeros años está quizás más preocupado por el enfrentamiento racial). Solomon Kane ya se había tropezado con un reino negro degenerado, asentado en unas ruinas atlantes en el corazón de África (al rescate también de una inglesa de piel blanca), en la novela corta de 1931 “Luna de calaveras”. E incluso el propio Conan se había visto en una situación similar (sin combates de por medio, aunque sí con una bestia monstruosa) en “La sombra deslizante” (1933). Frente a la decadencia, él contrapone la barbarie vitalista de sus héroes, puros, no tocados por la civilización debilitante.

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De hecho, ni siquiera puede afirmarse que el escenario sea suyo, pues encuentra antecedentes claros en la obra de Henry Rider Haggard (en especial con la serie de Ella, con quien Tascela guarda ciertas similitudes) y de Edgar Rice Burroughs, con la Opar de Tarzán. Lo que cambia con respecto a estas historias es el personaje protagonista, que trasciende al aventurero victoriano de uno, e incluso al héroe exótico pulp del otro, con un poso profundamente existencialista.

Conan constituye un alter ego invencible, capaz de enfrentarse a lo peor que el destino puede poner en su camino y salir victorioso. En ese sentido, resulta casi caricaturesca la fijación en destacar lo poderoso de sus hombros o la impresionante musculatura de su pecho… o la seguridad chulesca que exhibe en su trato con las mujeres. Conan es la válvula de escape de Howard, y a su través sublima sus frustraciones. El rechazo de Valeria hacia el cimmerio puede interpretrase como un reflejo distorsionado de su relación con Novalyne (a quien por aquella época descubre saliendo en paralelo con un amigo de ambos… algo motivado, según la versión de ella que es la que tenemos, por la incapacidad de Howard por hacer evolucionar su relación). Quizás por ello Valeria sufre torturas y vejaciones, y es salvada in extremis por el rechazado bárbaro (aunque en un arranque de buena voluntad Howard le acaba concediendo la posibilidad de salvar un poco la cara).

Pero el barbaro es bastante más que una fantasía identificativa, pues se entremezclan en “Clavos rojos” dos temas que quizás no terminan de casar por completo, el del ocaso sangriento de una civilización (cabe señalar que la reyerta tiene sus orígenes en un episodio reminiscente del rapto de Helena de Troya… que según Herodoto constituye el fundamento del conflicto entre las civilizaciones europea y asiática) y el del amante despechado. Lo único que lo mantiene todo unido es la capacidad fabuladora de Howard, que por aquel entonces ya estaba plenamente desarrollada (aunque la historia aún presenta muchas carencias a nivel estilístico).

red+nails

Corrían los peores años de la Gran Depresión. El hombre común se veía (más o menos como nosotros mismos ahora) atrapado por fuerzas que no podía controlar (o siquiera comprender), abocado a un ciclo destructivo. Conan fue la respuesta de Howard a esa situación: un guerrero indómito, libre para desprenderse a las falsas obligaciones que se nos imponen y para despreciar las joyas hechizadas (como él mismo las describe) de la civilización y labrarse su propio futuro a sangre y acero.

A la postre, la fuerza de Conan no fue suficiente para sostener a su autor, que sucumbió a los reveses de la fortuna y a una personalidad compleja, abocada a la soledad y la depresión. Su personaje, sin embargo, ha mantenido su vigencia arquetípica, como ideal inalcanzable de una voluntad de hierro, que es aquello que, más allá de su fuerza o su habilidad con la espada, lo corona victorioso ante cualquier desafío.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 16, 2013.

9 comentarios to “Red nails (Clavos rojos)”

  1. Red Nails es una gran historia, una pena que el maestro Howard se hubiera quitado la vida. Quién sabe que otras maravillas nos habría dejado sin hubiera seguido con unos lustros más.

    • En aquel momento estaba por abandonar la fantasía, pero seguro que hubiera vuelto como muy tarde en lo años 50 o 60, y hubiera constituido un buen contrapeso a Tolkien, con lo que el género se hubiera desarrollado más diverso. Se nota, además, que en el momento de su muerte seguía aprendiendo, y que su estilo aún no había tocado techo.

  2. Estimado Sergio:
    Interesantes conclusiones. Extraje las mías al respecto aquí:
    http://unahistoriadelafrontera.blogspot.com.es/2011/10/conan-el-guerrero-escombreras-de.html
    Saludos.

    • No parece serte muy atractivo el cimmerio, Antonio (sin duda, encuentras más satisfactorio el planet opera que la espada y brujería). Un día de estos me tengo que poner con la serie de Barsoom. ¿Has leído por casualidad “Almuric”, el John Carter de Howard?

      Acabo de añadir el enlace a tu reseña en la entrada.

      • Hola, Sergio:
        He leído Almuric (comentario hecho en el blog).
        Gracias por la inclusión del link.
        Mi relación con Conan depende del día; creo que me vició la reseña el texto de Sprague de Camp. De todos modos, creo que la mente de Howard era mucho más compleja de lo que suelen achacarle,
        De tu análisis me ha dado que pensar esa conclusión de que Howard arremetió la Gran Depresión a capa y espada. Es una apreciación interesante, porque siempre se dice que atacaba así el mundo donde le tocó nacer, más que un tiempo transitorio.
        Almuric apunta, siguiendo este razonamiento, ciertos tintes biográficos; la obra parece la expresión más bárbara de su deseo por escapar de su tiempo y entorno.
        El planet opera me llama la atención, en efecto. Pero más el steampunk.
        Saludos.

  3. Debo decir que este blog tiene reseñas y artículos realmente estupendos, con análisis profundos; lo que es muy de agradecer en unos géneros en los que las críticas interneteras rara vez van más allá del “me gustó/no me gustó”.

    Sólo me gustaría añadir que, en mi opinión, el personaje de Tascela tiene menos que ver con la Ayesha de H.R. Haggard que con la Antinea protagonista de “La Atlántida” de Pierre Benoit

    http://www.casadellibro.com/libro-la-atlantida/9788490063880/2029433

    Es cierto que de la primera tiene el don de la inmortalidad (don que en ambos casos precisa ser alimentado), pero comparte con la segunda un carácter de “depredadora sexual” que la aleja de la frialdad inhumana de Ayesha.

    “La Atlántida” fue sumamente popular en el período de entreguerras y se sabe que Howard poseía un ejemplar de la edición estadounidense de 1920.

    De nuevo, mis felicitaciones por el blog.

    • Muchas gracias.

      Respecto a la obra de Haggard, me refería sobre todo a la ambientación. “Ayesha” también fue muy leída en EE.UU. a raíz de una serialización en The Popular Magazine, y sería la fuente original del arquetipo. Incluso Pierre Benoit fue acusado de plagiar “Ella” (en defensa de lo cual fue a juicio y perdió). Podría afirmar, además, que Ayesha posee una sexualidad muy explícita… para una moral victoriana, claro.

      En cualquier caso, no dudo que Howard creó su obra sobre un rico universo referencial, que incluía a escritores como Abraham Meritt o Edgar Rice Burroughs y, por supuesto, sus amigos epistolares Clark Ashton Smith y H. P. Lovecraft. No conozco personalmente “La Atlántida”, pero no me extrañaría nada que formara también parte de la mezcla.

  4. Sin querer alargar más este debate, sólo quisiera indicar que Tascela y Antinea se asemejan en que buscan deliberadamente la muerte de sus amantes (Howard dijo abiertamente en una carta que la escena del sacrificio de Valeria tenía un sentido lésbico), si bien con fines y métodos distintos.

    Es evidente que la influencia de Rider Haggard en la obra del tejano es muy intensa (en varios relatos de Conan y Solomon Kane) y superaba a cualquiera que hubiera podido ejercer Benoit sobre él. Pero, sin negar que Ayesha -de la que toma la idea de reina inmortal- fuese un modelo para el personaje, creo que Tascela se parece más a la creación del francés en su papel de cazadora de amantes para conducirlos a la destrucción.

    Con este comentario sólo quería aclarar un poco más mi postura.

    Un saludo.

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