Un fuego en el Sol

La carrera literaria de George Alec Effinger se inició en 1970, y se prolongó durante casi tres décadas, aunque sólo obtuvo relevancia por su aportación al movimiento cyberpunk, las historias en torno a Marîd Audran, que dieron origen a tres novelas, publicadas entre 1987 y 1991, y una antología. En España se han publicado como la Trilogía Cyberpunk, aunque resultaría más acertado hablar de la serie de Audran o del Budayén.

La originalidad de la propuesta de Effinger nace de la circunstancia de que en su futuro no predomina la civilización occidental, ni tampoco recurrió a la cultura japonesa que tanto fascinó a los precursores del movimiento, sino que la pujante es la civilización musulmana, tecnificada hasta cierto punto, aunque conservando unos rasgos muy tradicionales, para nada occidentalizados. Lejos pues de brillantes arcologías de acero y cristal, su ficción se ambienta en los polvorientos callejones de una innominada ciudad africana, a orillas del Mediterráneo, donde cada cual busca sobrevivir como mejor puede, trapicheando con información, favores o sexo.

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Tal es el caso de Marîd Audran, un superviviente de poca monta, protagonista absoluto de todas las novelas, que tras los acontecimientos narrados en la primera, “Cuando falla la gravedad”, se encuentra sin habérselo propuestos como protegido/chico de los recados de Friedlander Bey, más conocido como Papa, una especie de capo mafioso, cabeza de una red de asesoramiento internacional, así como de la mayor parte de los negocios (honrados y no tanto) que tienen lugar en el Budayén (un barrio caótico, inspirado en el distrito francés de Nueva Orleáns).

“Un fuego en el Sol” (“A pire in the Sun”, 1989), nos traslada a un mundo a un tiempo arcaico (con una cultura muy, muy tradicional, y una sociedad que no difiere en gran medida de la del Magreb colonial) y futurista, con el uso bastante extendido de interfaces neurales, que permiten la conexión de moddies (personalidades artificiales) y daddies (para proporcionar habilidades específicas, como bloquear el dolor o hablar algún idioma ajeno). Marîd, cual Michael Corleone, acata con reluctancia las órdenes de Papa, a medida que va enredándose más y más en su entramado criminal. Enchufado en la policía (tanto para defender desde un puesto oficial de los intereses del Budayén como para alienarlo de sus antiguos amigos), se ve involucrado en una lucha de poder entre Friedlander Bey y Abu Adil Reda, el otro gran Caíd de la ciudad. Claro que es una lucha librada según unas costumbres cuanto menos curiosas desde una perspectiva occidental.

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Como buena parte de sus hermanas, la Trilogía Cyberpunk de Effinger es muy deudora de la novela negra, con un antihéroe que transita por un camino gris, bien ejemplificado en su doble faceta de policía (a sueldo de una organización criminal) y lugarteniente (con conciencia) del Caíd Bey. Así, pronto nos encontramos con los típicos elementos del género, como una serie de misteriosos crímenes sin resolver, agentes de la ley corruptos, delincuencia de poca monta, bailarinas de locales de dudosa reputación (de uno de los cuales, su preferido para buscar refugio, acaba como patrón Marîd gracias a un regalo envenenado de su patrón), drogas y llamadas a la oración… Vale, esto último es más inusual.

Atrapado en una espiral de la que no sabe (o no quiere) escapar, Marîd va quedando atrapado en una red de obligaciones, tanto impuestas desde el exterior como asumidas, que le van revelando el auténtico alcance de las actividades de Papa y Abu Adil. Lo irónico del caso es que cuanto más sabe (y más le repugna lo que descubre), menos libertad tiene para escapar de la trampa, así que acaba compensando su balanza moral abandonando las drogas y recuperando tentativamente la práctica de su fe.

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Lo cierto es que como trama de novela negra “Un fuego en el Sol” no acaba de ser redonda. Demasiados detalles acaban dependiendo del azar, y demasiadas situaciones se resuelven por simple buena suerte (aunque no antes de dejar un poco vapuleado a Marîd). Flaqueza que compensa de sobre gracias a su doble ambientación, tanto por el contexto cultural atípico como por sus elementos cyberpunk. Sigue cumpliendo la máxima del low life + high tech, pero renunciando a la estética molona. El Budayén no deslumbra, no glorifica la vida marginal, se limita a mostrarla, a veces en toda su crudeza (con venta de niños, pobreza generalizada, desprecio por la vida, travestis y transexuales, moddies ilegales, ambición y crueldad… ejercidas con las mejores maneras, por supuesto).

La historia de Marîd Audran es una historia de supervivencia, de continua búsqueda por un lugar donde encajar (con la tragedia de no gustarle el hueco en el que va acomodándose).

El título que se le ha dado a la trilogía por estos lares (mejor no hablemos de las portadas) puede llevar a engaño. En “Un fuego en el Sol” no encontraremos jinetes del ciberespacio, cabalgando la cresta de una ola tecnológica deshumanizante, sino personajes jugando al juego de la vida, siempre al límite de la bancarrota, según unas reglas que, moddies y daddies aparte, no le resultarían extrañas a Saladino… o al Viejo de la Montaña.

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Siendo la ciencia ficción un género que siempre ha vivido un poco a espaldas de la cultura musulmana (en general, cuando se busca exotismo se opta por el extremo oriente, y ya como segunda y lejana opción, y sobre todo en tiempos recientes, el África subsahariana; con alguna excepción, como la obra de Kim Stanley Robinson, siendo de especial importancia en “Tiempos de arroz y sal”), la Trilogía Cyberpunk de George Alec Effinger supone una novedad refrescante. Además, me gustaría destacar una impresión. Mientras que Gibson, Sterling o Stephenson ensalzan una marginalidad idealizada, Effinger parece apreciar realmente esos ambientes y a los personajes que los habitan, sin necesidad de actualizarlos a su versión 2.0.

La trilogía se completó con “El beso del exilio” en 1991, habiendo de esperar hasta el 2003 para la recopilación de todo el material breve en torno a Marîd Audran (incluyendo los dos primeros capítulos de una cuarta novela que nunca llegó a completarse) en la antología póstuma “Budayeen nights“).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en agosto 30, 2013.

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