Espacio revelación

“Espacio revelación” (“Revelation space”) supuso en el año 2000 la puesta de largo del autor galés Alastair Reynolds, tras llamar la atención con varios relatos y novelas cortas, publicados principalmente en Interzone y ambientados algunos de ellos en un universo coherente que sirvió de escenario para ésta, su primera novela (y cuatro más después, así como otros textos). Curiosamente, pese a optar por la space opera, sus raíces no cabe encontrarlas en la escuela británica que abanderó Iain Banks desde finales de los 80, sino que se hunden en la tradición americana, encontrando su origen nada menos que en Arthur C. Clarke (uno de cuyos relatos más famosos constituye la más que evidente inspiración para su debut novelístico).

La formación de Reynolds (en física y astronomía, siendo empleado de la ESA cuando se publicó “Espacio revelación”) confiere a su obra una inclinación hacia la verosimilitud científica (no me atrevo, al menos por lo leído hasta el momento, a tildarla exactamente como hard, porque ese interés no acaba de trasladarse al terreno especulativo). Así pues, el escenario que describe (y que a partir de entonces pasó a conocerse como el Espacio Revelación) es un universo que respeta el límite relativista de la velocidad de la luz, con varios sistemas estelares colonizados, comunicados por medio de bordeadoras lumínicas, inmensas naves (de kilómetros de longitud) capaces de acelerar hasta muy cerca de ese límite superior. Los tránsitos, pese a todo, ocupan años, y suelen efectuarse en criosueño.

espacio_revelacion

Al principio, la historia se nos presenta escindida en tres escenarios aparentemente independientes. Por un lado está Dan Sylveste, gobernante de una colonia científica en el apartado sistema de Resurgam, a mediados del siglo XXVI. Su obsesión personal consiste en investigar la misteriosa extinción de los amarantinos, la especie oriunda del planeta, acontecida novecientos mil años antes justo cuando su desarrollo tecnológico se acercaba a un nivel que les hubiera permitido quizás el viaje espacial. Décadas antes, en Ciudad Abismo, Khouri es una ex soldado, enviada por error tras una baja médica al sistema Yellowstone a años luz de su guerra y de su compañero, que sobrevive como asesina legal en un macabro juego que procura emoción de los aburridos ricachones del lugar. Tras su último trabajo, es contactada por la Mademoiselle, una misteriosa patrona que le ofrece el típico contrato que no se puede rechazar. Por su parte, a bordo de la bordeadora lumínica Nostalgia del Infinito, Volyova es una ultra (del gremio de viajeros interestelares, que forman su propia y dispersa comunidad transhumana) encargada de la artillería de la nave (poseedora de un aterrador conjunto de armas caché, la más inofensiva de las cuales está capacitada para destruir un planeta).

Las tres historias, por supuesto, acaban convergiendo, el año 2566 en Resurgam, con la misteriosa extinción de los amarantinos como telón de fondo y otro misterio, el de los Amortajados (seres que supuestamente se ocultan del resto del universo tras singularidades impenetrables), en el origen de casi todas las sendas (tras una supuestamente fallida intentona de Sylveste por acceder al interior de una mortaja, el espacio relevación del título, un siglo y pico antes).

Alastair Reynolds presenta un futuro de tremendos contrastes, con gradientes tecnológicos muy acusados (que normalmente, y en contra de toda lógica, suelen favorecer a los ultras). Lo mejor de su inventiva, sin duda, queda reservado para los escenarios que imagina, bien sea una ciudad colgada en el borde de un inmenso cráter o una nave de cuatro kilómetros de longitud y tres siglos de antigüedad, que alberga secretos que sus propia tripulación (de cuatro) desconoce. A nivel narrativo, sin embargo, me ha resultado una lectura un poco frustrante, debido a la manía de ir saltando de hilo en hilo, sin darse apenas tiempo para desarrollar las escenas, saltando de cliffhanger en cliffhanger, como si ésa fuera la única manera de crear y mantener tensión.

La trama aparece cuajada de elementos intrigantes, pero da la impresión de que buena parte de ellos se configuran a base de ocultar información al lector y mostrarse luego moroso con las revelaciones. Cuando por fin confluyen las historias, un poco más allá de medio libro, la trama empieza por fin a coger tracción, pues el salto entre perspectivas ya no implica necesariamente una fragmentación artificial de los eventos. Claro que es necesario perseverar hasta entonces, y la recompensa final no se percibe particularmente deslumbrante.

Profecía que, de hecho, acaba cumpliéndose en cierto modo, pues concluida la novela deja la impresión de que le hubiera ido bien desarrollar un poco más sus ideas de base, haber sido más osada con la especulación (que en esencia no presenta ninguna idea que no haya sido explorada ya por autores como el propio Clarke, o Frederik Pohl en su más famosa saga) y haber aprovechado mejor a sus personajes. Contrasta bastante esa estrechez de miras con el despliegue de inventiva que el autor invierte en el escenario. Cuando le da por echar el resto en tecnologías (sobre todo bélicas), logra unas descripciones fascinantes, capaces de rivalizar con las de cualquiera de sus colegas (y eso es un gran elogio, habida cuenta de la época dorada de la space opera que se está viviendo en las Islas Británicas desde hace unos lustros).

Queda pues como un debut prometedor, que presentó a un autor armado con magníficas ideas, pero al que aún le faltaba refinar su estilo (quizás confiando algo más en su capacidad para crear tensión narrativa sin necesidad de recurrir a una estructura artificiosa) y ajustar su capacidad especulativa al formato novela. Lo primordial en una historia de estas características es la trama central, y me temo que la de “Espacio revelación” no resulta lo bastante robusta para sostener el brillante escenario que se construye a su alrededor.

La serie del Espacio Revelación, se completó con las novelas “Ciudad Abismo” (2001), “El arca de la redención” (2002), “El desfiladero de la absolución” (2003) (estas dos últimas, junto con “Espacio revelación”, conforman la trilogía de los Inhibidores) y “El prefecto” (2007), todas ellas traducidas al español, así como varios textos de menor extensión (entre novelas cortas y relatos).

Otras opiniones:

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~ por Sergio en agosto 28, 2013.

2 comentarios to “Espacio revelación”

  1. Discrepo un poco de tu opinion. La lei a principios de año y desde el principio me hundi en su lectura, que encontre plenamente satisfactoria. Puede ser también porque la mayoria de mis lecturas de ciencia-ficción son de cyberpunk, por lo que al no conocer mucho el Space Opera me sorprendio gratamente.

    • Yo tampoco es que sea mucho de este subgénero, pero la verdad es que hasta bastante más allá de medio libro (cuando entran en escena los trajes) no encontré ninguna idea que me impactara. También es cierto que prefiero mi space opera con más sustrato filosófico, a lo Charles Stross o Karl Schroeder.

      En fin, aún tengo pendientes varios autores británicos (John C. Wright, Peter Hamilton, Ken MacLeod…), así que no sé si le daré pronto más oportunidades a Alastair Reynolds (aunque sé que no es muy justo juzgarlo por un solo libro, y menos siendo el primero).

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