La estación Downbelow

C. J. Cherryh es uno de los principales nombres de la space opera, con más de cincuenta novelas publicadas en el subgénero desde 1976 (a las que se suman otras veintitantas de fantasía). Lo que no sabían sus primeros lectores es que tras ese nombre se escondía (o, mejor dicho, el editor escondía a) Carolyn Janice Cherry, una mujer en un campo dominado tradicionalmente por los hombres.

Si bien desde finales de los años 60 habían ido apareciendo autoras tan influyentes como Ursula K. Le Guin, la mayor parte de las que firmaban con su nombre producían una ciencia ficción con marcado carácter feminista, así que la combinación mujer+ciencia ficción evocaba inmediatamente cierto tipo de enfoques… o eso sostenían los editores, claro. Es el típico prejuicio que se autoalimenta, pues aquellas autoras que apuntaban a otros objetivos se veían en la necesidad de masculinizarse a base de seudónimos (otro ejemplo sería el de Alice Bradley Sheldon, aka James Tiptree Jr.), así que nadie tenía la ocasión de asociarlas con otro tipo de ficción (salvando las distancias, una lucha parecida tenemos por estos lares para equiparar al autor nacional con el anglosajón).

downbelow_station_hardcover

Para los años ochenta la situación ya estaba mucho más normalizada, y nada impedía que, por ejemplo, Lois McMaster Bujold triunfara con su propio nombre en el campo de la space opera, pero C. J. Cherryh ya se había creado reconocimiento de nombre (nótese la “h” añadida al apellido para que no sonara tan romántico). De hecho, era tan popular que durante esa década cosechó dos premios Hugo de novela, ambos para novelas ambientadas en su principal universo, el de la Unión-Alianza, que sirve de trasfondo para casi la mitad de su producción.

El escenario abarca varios siglos de expansión por las estrellas, con cierto enfrentamiento entre la vieja Tierra, junto con la Alianza de comerciantes y una confederación de los primeros mundos colonizados. Todo ello narrado a través de varias subseries, aunque la autora sostiene que casi todos los libros pueden leerse de forma independiente y en cualquier orden (de hecho, su orden de escritura no respeta la cronología interna).

En 1981, abordando por primera vez el período de las Guerras de la Compañía (en el año 2352), Cherryh publicó “La estación Downbelow” (“Downbelow station”), que a la postre le reportaría su primer premio Hugo de novela (el segundo llegaría siete años después con “Cyteen“). Así que lo que en principio iba a ser tan sólo una preparación para su siguiente título, “Merchanter’s luck” (no traducido al español), acabó erigiéndose como el punto de entrada al Universo de la Unión-Alianza más recomendado por los aficionados (aunque tanto “Cyteen” como la Saga de Chanur suelen ser considerados más entretenidos).

estacion_downbelow

La novela narra una crisis crucial en el desarrollo de las Guerras de la Compañía. Tras años de enfrentamientos, la Unión se ha anexionado casi todo el Más Allá (los mundos colonizados). La Tierra, por su parte, se encuentra a diez años de distancia, y su control sobre los acontecimientos es más nominal que efectivo. Sus intereses espaciales están en manos de la Compañía, cuya armada bélica hace años que actúa con total independencia, embarcada en campañas de piratería. Justo en la frontera entre esferas de influencia se ubica las estación de Pell, la primera construida orbitando un mundo habitable (con ayuda de respiradores), que se encuentra de repente en el punto de mira de la flota de la Compañía (comandada por el capitán Mazian) y de la armada (y los saboteadores) de la Unión.

Claro que la situación en la propia estación no es precisamente tranquila. Desde la fundación, el poder ha estado en manos de la familia Konstantin (pese a recaer nominalmente en un Consejo), al que John Lukas no está dispuesto a seguir soportando, y si hace falta vender la estación de Pell, pues se vende, y si por el camino se aplastan unos cuantos derechos, mala suerte, sobre todo si son los de los aborígenes del mundo de Pell (llamado Downbelow por los estacionados), los hisa (unas criaturas peludas, humaniformes, con capacidad intelectual bastante limitada aunque muy buen talante).

Downbelow_station_2008

El desencadenante de la acción es la llegada de parte de la armada de Mazian, transportando cuarenta mil refugiados de la destruida estación Viking. Obligados a alojarlos, en una cuarentena incómoda, los problemas para Pell no han hecho sino comenzar.

C. J. Cherryh echa mano de un gran número de personajes para contar la historia a través de sus respectivos puntos de vista (en lo que denomina una tercera persona limitada). Entre estos se cuentan los Konstantin (el patriarca Angelo y sus hijos Damon y Emilio, junto con sus esposas Alicio, Elene y Miliko), John Lukas, los capitanes Mazian y Mallory, de la armada de la Compañía, el representante de la misma Ayres (que intenta encontrar una solución diplomática al conflicto), el consejero de cuarentena Kressich, Joshua Talley, un presunto espía unionista sometido a Corrección (lavado de cerebro), los hisa Satén y Dienteazul… y algunos más, que ofrecen una visión si no completa sí al menos variada del choque, aunque en más ocasiones de las que serían de agradecer se dejan tramos importantes de la historia fuera de la narración.

En los comentarios anglosajones se alaban mucho los aspectos políticos, económicos y humanos de la historia. Yo no sé qué es exactamente lo que ven en “La estación Downbelow”, pero a mí me ha costado horrores terminarla. Ya no es sólo que el ritmo sea moroso, es que la trama en sí carece de elementos distintivos. Se podría reescribir por completo ambientada en cualquier otro escenario (la Era de los Descubrimientos, por ejemplo), sin cambiar un solo elemento de la trama, y los tópicos abundan (destacan un par de mitos muy arraigados en la cultura estadounidense, tales como el de las pujantes colonias frente a la retrógrada metrópoli y el del noble salvaje, aplicado a los hisa).

Downbelow_station_1983

Tampoco le ayuda nada que como space opera resulte poco estimulante, incluso para su época (sólo dos años después David Brin publicaría la frenética “Marea estelar“, que conceptualmente parece a décadas de distancia). En su misma línea, la ya mencionada Lois McMaster Bujold trasladaría el peso dramático hacia los personajes con su saga de Miles Vorkosigan, quedando los de Cherryh muy indefinidos en la comparación (tal vez más realistas, pero estamos hablando de un subgénero donde prima el entretenimiento).

Lo que no se le puede negar es su influencia en obras posteriores, siendo de especial relevancia la que tuvo en dos series de televisión seminales de los año 90: “Babylon 5” (Joseph Michael Straczynski la ha reconocido como fuente de inspiración, e incluso bautizó como Downbelow el sector marginal de su estación espacial) y “Star Trek: Espacio Profundo Nueve” .

El quinteto de nominados al Hugo en 1982 se completó con “La garra del conciliador” de Gene Wolfe (segundo volumen del Libro del Sol Nuevo y ganador del Nebula), “La tierra multicolor” de Julian May (primera entrega de la saga del Exilio en el Pleistoceno), “Project Pope” de Clifford D. Simak (no traducido al español) y “Pequeño, Grande” de John Crowley.

Otras opiniones:

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 11, 2013.

5 comentarios to “La estación Downbelow”

  1. No estoy de acuerdo. La leí hace un par de años y me pareció bastante buena. No recuerdo mucho la trama para serte honesto pero me dejó con ganas de seguir leyendo la saga que como bien acotas no ha sido traducida al castellano lamentablemente.

    • La space opera no es lo mío, y en cualquier caso prefiero la actual encarnación del subgénero, que es un poco más rica, pero la verdad es que incluso encuentro más fascinante algunos títulos clásicos como la serie de los Hombres de la Lente de E.E. Doc Smith o las primeras novelas de Jack Williamson. Vamos, que Cherryh no termina de convencerme (eso sí, siempre concedo al menos dos oportunidades a cualquiera autor, así que no tiro la toalla todavía con Cherryh).

  2. ¿Y la saga de chanur no te gusta? Junto con McMaster Bujold se ha convertido en una de mis autores favoritos de las space opera. Otra saga que me parece fascinante es Otherland de Tad Williams. Lastimosamente no he encontrado el último libro en español y en inglés se me hace un poco pesado leerla por el lenguaje que utilizan sus personajes.

    • No he leído nada más de Cherryh, aunque sé que la saga de Chanur suele despertar más simpatías. De todas formas, la que tengo pendiente es “Cyteen” (por completar mi repaso de los Hugo).

      En cuanto a “Otherland”, es muy interesante (aunque excesivamente larga). Claro que no tiene nada de space opera, sino que tira más hacia el postcyberpunk (abordado por un autor de fantasía, claro). En español sólo se completó en su edición de Círculo de Lectores (yo la tengo en inglés y, efectivamente, el lenguaje de Tad Williams es muy rico).

      • Claro, Otherland no es para nada una space opera. Mas bien, tiendo a pensar que la fantasía y la ciencia ficción son dos caras de una misma moneda, por eso hay varios autores que juegan con ambas temáticas.

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