El hombre de acero

El éxito del experimento cinematográfico de Marvel, con su impecable traslación del concepto de universo compartido al cine, no podía ser ignorado por Warner Bros (propietaria de DC Comics desde 1967). La productora llevaba desde principios de los 90 tratando de devolver a uno de sus personajes estrella, Superman, a la gran pantalla. La lista de guionistas y directores asociados a los diversos proyectos es interminable, con nombres como Kevin Smith, Robert Rodriguez, Tim Burton, Brett Ratner, Mc G, J.J. Abrams… Millones de dólares fueron cayendo en este pozo sin fondo hasta que el proyecto cayó en manos de Bryan Singer (el responsable de inaugurar la actual época dorada del superhéroe cinematográfico con “X-men”) en 2006.

El resultado de aquella intentona, que puede ser descrito como decepcionante, tanto desde una perspectiva creativa como económica, devolvió al personaje al limbo, donde quizás seguiría de no haberse dado el monumental éxito de la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman, que unido al aún más espectacular resultado de “Los Vengadores” el año pasado sembró la imaginación de los directivos de la Warner con los millones de dólares en beneficios potenciales (tanto en explotación cinematográfica como a través de mercados secundarios) que escondía el concepto de la Liga de la Justicia .

Man of Steel Poster

Problemas: el Batman de Nolan habita un universo propio sin superhéroes, la adaptación de Linterna Verde en 2011 había sido un (justificado) fracaso, la de Wonder Woman había colapsado e incluso la serie de televisión había sido suspendida (por mojigatería estética, entre otros motivos), la exitosa serie de Flecha Verde tenía una orientación realista y todo el mundo sigue tomándose a cachondeo a Aquaman. Todo lo cual apuntaba a la necesidad imperiosa de relanzar al personaje como columna maestra del proyecto.

La responsabilidad de marcar el rumbo recayó en Christopher Nolan (tras el Hombre Murciélago e “Inception” tiene poco menos que carta blanca en la Warner), quien reclutó a uno de sus guionistas de cabecera, David S. Goyer (el otro, su hermano Jonahtan, está ocupado desarrollando la magnífica serie Person of Interest), y escogió poner las riendas de la dirección en manos de Zack Snyder. El resultado es un Superman más oscuro y realista (las dos obsesiones de Nolan), y también más violento (dentro de los límites del PG-13). Un lavado de cara para retornar a las raíces, con una película que en el fondo constituye una actualización de temas extraídos de “Superman” (1978) y “Superman II” (1980).

Esta actualización se basa en las tres experimentadas en los cómics post Crisis en Tierras Infinitas, el macroacontecimiento que remodeló todas las colecciones de DC en 1986. La primera, de ese mismo año, fue responsabilidad de John Byrne, en una miniserie de seis números titulada precisamente “El Hombre de Acero”. La segunda llegó en 2003-2004, con “Superman: Birthright”, de Mark Waid, una modernización para tener un superhéroe del siglo XXI, que a su vez fue reemplazada por “Superman: Secret Origin” en 2009, para ajustar el personaje a la situación post Crisis Infinitas (una segunda remodelación del universo DC).

Man-of-Steel-Comic-Con-2012-Poster

Elementos, tanto narrativos como iconográficos, de todas estas interpretaciones encontraron hueco en la historia planteada por Nolan y Goyer, que este último desarrollaría en solitario. Respecto a la primera versión cinematográfica (que se alimenta sobre todo del Superman de la Edad de Plata), destaca el resalte de los elementos de ciencia ficción de la historia del refugiado extraterrestre Kal-El, una posición moral con más claroscuros y una importante disminuación de su poder (que aún es superior al de cualquier otro superhéroe cinematográfico).

Es quizás ese coqueteo decidido con la ciencia ficción (que evoca a éxitos recientes como la trilogía de Matrix, la Guerra de las Galaxias o Avatar), lo que más destacaría del proceso de adaptación. Más que por sí mismos, por lo que significan: la popularización de elementos que hasta hace muy poco eran muy de género (y por tanto minoritarios), asimilables ahora sin problemas por un público más amplio. No deja de resultar irónico (y también algo esperanzador, todo hay que decirlo), que hayamos llegado al punto en que para conseguir dotar de realismo a una historia se recurra a los mecanismos y conceptos de un género denostado durante décadas por los propios defensores del realismo a ultranza.

Pero entremos de una vez en materia. La película arranca con la conocida fuga in extremis del bebé que se convertirá en Superman, en medio de un golpe de estado militar encabezado por el general Zod y poco antes de la destrucción de Krypton (por culpa de una catástrofe ecológica por sobreexplotación de recursos, nada menos). El segmento da oportunidad de lucimiento a Russell Crowe como Jor-El y cumple bien su función de mandar el mensaje de que éste no es el Superman de hace treinta y cinco años.

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A continuación, nos encontramos con un Clark Kent relativamente joven
(Henry Cavill), en plena crisis de identidad, buscando responder a las eternas preguntas de quién soy y de dónde vengo. Su infancia y juventud se nos relata episódica y fragmentada a través de flashbacks, buscando evitar la sensación de déjà vu inevitable (ya no sólo por las películas originales, sino también por la serie de Smallville). Su descubrimiento de una antigua reliquia kriptoniana enterrada en los hielos del polo norte, lo pone en contacto con su herencia alienígena y atrae a la Tierra al general Zod, que en virtud del exilio como castigo por su fracasada rebelión es junto con sus secuaces el último vestigio de la cultura kryptoniana.

No voy a revelar mucho más, salvo que, por supuesto, por enmedio de todo el fregado anda metida la reportera del Daily Planet Lois Lane (una correcta Amy Adams, aunque el guión la maltrata bastante), y que verse atrapado por las inmediaciones de un encontronazo entre superhombres no parece muy beneficioso para la salud (aunque destaca la meticulosa purga, hasta extremos casi paródicos, de cualquier posible baja colateral, en especial si nos referimos a inocentes viandantes). Para amenizar (o sostener) la trama, Nolan y Goyer esbozan varias sublecturas, por eso de dar profundidad a la historia, con un resultado muy deficiente (aunque el efecto de seriedad posiblemente esté conseguido, y para ser sincero el armazón resultante es mucho más coherente que en la reciente “Prometheus“).

David S. Goyer es un guionista mediocre, que dejado a sus propios medios es incapaz de entretejer con pulcritud los distintos elementos de una historia. Así pues, casi todas las sublecturas de “El hombre de acero” se encuentran en distinto grado de incompletitud, desde el mero esbozo hasta desarrollos casi concluidos (aunque siempre falta el pulido definitivo). Por ejemplo, tenemos la ya clásica identificación mesiánica de Superman, que a los elementos clásicos (alguno, como la “crucifixión” volante, bastante traídos por los pelos) añade una identificación entre el general Zod y sus huestes con los ángeles caídos que se rebelaron contra Dios. La interpretación teológica resulta compleja, no sé si por exotismo de las fuentes en que se basa o por mera ineptitud, pero implica la elección por parte del Hijo (Kal-El) del pueblo elegido, bien sea el antiguo Krypton (representado, recuerdo, por “ángeles caídos”) o la humanidad.

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Menos consistente incluso es el subtema de la fe, metido casi con calzador y mutilado en el montaje final (parece bastante claro el papel que originalmente iba a tener Lois Lane como ejemplo de la humanidad, merecedora de una confianza recíproca), y qué decir del profetizado miedo hacia lo desconocido (reforzado melodramáticamente por un estúpido sacrificio de papá Kent, el desaprovechado Kevin Costner). Muchas ideas escupidas a supervelocidad y poca (o torpe) concreción. Más apariencia que sustancia.

Entre ellas, sin embargo, la que realmente me toca la moral es la apología de la pena de muerte que se cuela en el discurso de la película, ya nor por lo insidioso y manipulativo de su inclusión, más allá de cualquier juicio moral que pudiera suscitarme, sino por ser diametralmente opuesta a la filosofía tradicional del personaje (algo que ya eché en cara a Christopher Nolan con su versión prosistema del Detective de la Capa en “El caballero oscuro: la leyenda renace”, aunque en este caso en concreto, según se ha hecho público, estaba originalmente en contra de la propuesta de Snyder y Goyer).

Por completar el listado de errores de la película, no puedo sino dedicar un tremendo tirón de orejas a Hans Zimmer, que ha compuesto la que probablemente sea al peor banda sonora que he escuchado en una producción de cierto nivel en años. Ya no es sólo su brutal simplicidad (una base rítmica y una breve frase melódica, en progresión de dos en dos notas, para toda la película, sin importar que sea una escena de acción, de intimismo o de asombro), sino su completa y absoluta ausencia de conexión con los personajes y con la historia. Aplicar el contexto musical de la trilogía de Batman (decepcionante en cuanto a complejidad, pero aceptable dentro de la interpretación sucia y realista de Nolan) a este Superman (que, recuerdo, ni siquiera se ubica en el mismo universo ficticio), constituye un error de proporciones astronómicas.

Man_steel

Pero no quiero dar una impresión equivocada. Pese al guión tambaleante, pese a las sublecturas más que cuestionables, pese al horror pseudorquestal… pese a todo ello, la película entretiene. Superman es un icono difícil de anular. Fue el primer superhéroe, y en sus setenta y cinco años de vida se ha sobrepuesto a la ridiculez misma de su naturaleza para llegar a encarnar, tal vez, una aspiración muy arraigada en nuestro interior, un concepto que es casi un oxímoron: el poder absoluto al servicio del bien y de los demás.

Los actores realizan un trabajo correcto, y la excelencia visual de Snyder se muestra en todo su esplendor, exprimiendo al máximo los doscientos venticinco millones de presupuesto, que encuentran su clímax en una apoteósica batalla final. Todas sus películas destacan por su componente estético, y con “El hombre de acero” demuestra que no precisa de imaginerías estilizadas para que su visión destaque. Eso sí, espero que para futuras películas (la continuación ya está en marcha, así como sendas películas de Wonder Woman y sí, Aquaman, desembocando en el santo grial de la Liga de Justicia para el 2015) se le permita que pueda imprimir un toque más personal y una mayor implicación a nivel de guión (pedir que Nolan se abstenga de meter baza es utópico en las actuales circunstancias, pero no estaría de más que Goyer se limitara a pergueñar la historia y dejara en manos más capaces la tarea de engarzar todos los elementos).

Otras películas de Zack Snyder analizadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 3, 2013.

7 comentarios to “El hombre de acero”

  1. No he visto la película (y me parece muy interesante tu crítica), pero me llamó la atención lo que mencionaste sobre la ciencia ficción, porque me da la impresión de que en los últimos tiempos, el común de los mortales está viéndola como una rama del Realismo, por contraposición a las “fantasías” estilo tolkeniano, “crepuscular” y similares…

    • Sí, es una tendencia claramente perceptible. Aunque eso sí, sólo afecta a determinados conceptos, que han tenido muchos, muchos años para ir permeando. De todas formas, es una dinámica a vigilar con atención, para ver a dónde conduce.

  2. Person of Interest una buena serie???? Estás de broma…

    • No, no lo estoy. De hecho, me ronda la idea de dedicarle una entrada a la segunda temporada (o al menos a determinados desarrollos de la segunda temporada).

  3. Aunque parezca mentira dada su duración “man of steel” parece cortada a hachazos, como si en el montaje de la versión cine se hubieran dejado un montón de cosas que sí veremos en la versión extendida. Mira que yo no soy para nada defensor de las versiones extendidas del DVD, que normalmente no funcionan a nivel narrativo, pero en el trailer de MOS se ven muchos planos que no están en la versión definitiva de la película (como esa panorámica de Smallville sumergida en la niebla, por ejemplo) que sugieren que en este caso, y sin sentar precedentes, la extendida se va a tomar mucho más tiempo para desarrollar las escenas y para crear ambiente.

    • No estoy seguro de que sea una historia que necesite (o merezca) más tiempo de desarrollo. Si el montaje es malo, es más problema de edición o de guión que por no bastar las dos horas y cuarto para dejarlo todo bien expuesto. Un buen montaje extendido debería servir para enriquecer, no para explicar lo que debería haber quedado bien planteado. Además, trastear con el ritmo, cuando tanto depende de él, podría resultar catastrófico.

  4. Es que a eso voy, que quizás dejando respirar un poco más a las escenas estas hubieran funcionado mejor. Por ejemplo, el Clark pescador. No se desarrolla ese concepto, ni hay un mísero diálogo en esa parte de la película; van directamente a la escena de acción de la plataforma, cuando en el trailer se le ve a él jugando con un perro en la dársena, junto a las barcas. Me refiero a eso, a que quizás rodaron mucho más material del que se ve, y que correctamente montado (y sin esa prisa ciega por ir de una escena de acción a la siguiente) podría dar mucho jugo.

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