El último argumento de los reyes (La primera ley – 3)

La trilogía de presentación de Joe Abercrombie se cerró en 2008 con “El último argumento de los reyes” (“Last argument of kings”), aunque le han seguido tres novelas independientes ambientadas en el mismo escenario y hay firmadas tres más, que podrían conformar otra trilogía.

En las críticas a los tomos anteriores, comentaba cómo todo el proyecto, aun ajustándose en muchos aspectos al molde de la fantasía épica moderna, presentaba también cierta tendencia a subvertir los clichés clásicos. Algo quizás más evidente en “Antes de que los cuelguen“, que recrea en parte el arco dramático de la Búsqueda. Al término de ella nos encontrábamos con el tablero dispuesto para las confrontaciones definitivas. El ejército de la Unión se encontraba en el lejano norte, sofocando la rebelión del autoproclamado rey Bethod, mientras que en el sur los gurkos, espoleados por su Profeta, se preparaban para la invasión.

Last argument of kings

Concluida la misión que llevó al grupo de Bayaz a los confines del mundo, Logen Nuevededos, “El Sanguinario”, parte hacia el norte para unirse a la lucha contra Bethod. Mientras, en Adua, las intrigas por manipular la elección del nuevo rey a la (inminente) muerte del presente tienen a todas las fuerzas del imperio (especialmente a la Inquisición y a la Judicatura). Atrapado en estas intrigas (y también acosado por la deuda contraída con la misteriosa banca Valint & Balk) el superior Glokta tortura su camino a través de las cambiantes corrientes de traiciones y lealtades en venta. En cuanto a Jezal… su papel es aún más triste, pues poco a poco va quedando enredado en las intrigas de Bayaz, el Primero de los Magos (“magi” en el original, un término arcaíco que se utilizaba para designar a los sacerdotes zoroastristas).

“El último argumento de los reyes” reincide en los temas esbozados en las dos primeras entregas, sin introducir ningún elemento nuevo, limitándose a cerrar las líneas abiertas. Sigue alternando los distintos capítulos entre localizaciones, situando al narrador semiomnisciente (capaz de penetrar en los pensamientos de un personaje por vez) tras los ojos de Logen, Jezal y Glokta, así como cierto número de personajes secundarios (Ferro Maljinn, Collem y Ardee West, Sabueso…), lo cual hace avanzar la acción de un pequeño cliffhanger a otro, saltándose de paso las partes “aburridas”. Como resultado, pasar páginas sigue siendo extremadamente sencillo. Por ese lado nada que objetar a las 900 con que cuenta el volumen.

último argumento de los reyes

Eso sí, aunque a corto plazo el interés se mantiene sin problemas (al fin y al cabo, es ahí donde se la juega una narración), lo cierto es que los acontecimientos dejan muy poca libertad de acción, y resulta muy, muy fácil anticipar todos y cada uno de los pasos a medio e incluso largo plazo (dejemos aparte, por ahora, las últimas cien páginas). Una vez entra en escena el montañés Crummock-i-Phail con una propuesta para desbloquear la contienda del en el Norte, cualquier lector más o menos veterano puede anticipar paso por paso las siguientes etapas del conflicto. En cuanto a Adua, los paralelismos artúricos se muestran ya sin tapujos, y los planes de Bayaz para con Jazel con evidentes desde más o menos la página 50. En el momento preciso atacan los gurkos, y la historia queda lista para conclusión.

Por supuesto, el primer plano sigue deparando alguna que otra sorpresilla menor (e inconsecuente en el esquema global) y, sobre todo, está muy bien narrado, así que tampoco hay demasiado problema, a no ser que estés a la expectativa de algo más, porque para ello hace falta esperar nada menos que al punto donde suelen acabar este tipo de ficciones. Abercrombie decide entonces retirar los filtros y mostrar los trucos (y, sobre todo, la basura) ocultos tras la tramoya.

last-argument-of-kings

Ese centenar de páginas al que me refería antes (una decena de capítulos), se encargan de cambiar la perspectiva, introducir un realismo cínico en la historia y reducir a cenizas las mieles del triunfo (en otras palabras, niegan la eucatástrofe tolkiniana). Como se encargan de recalcar los personajes en varias ocasiones, la esperanza nunca le ha servido a nadie, al igual que nadie tiene el porqué recibir lo que merece (ya sea para bien o para mal). No existe un benevolente juez cósmico encargado de repartir castigos y parabienes de acuerdo con las acciones o catadura moral de los personajes y, lo que es peor, no hay victoria contra el auténtico adversario, que no es otro que el statu quo cuyo agotamiento desencadenó en primera instancia la crisis.

Por desgracia, es algo que podemos ver a nuestro alrededor. Nada cambia, nada mejor. Al final, ¿de qué han servido las protestas? ¿Qué ha cambiado realmente la Primavera Árabe? ¿Qué ha conseguido la movilización ciudadana? Son acontecimientos posteriores a la conclusión de la trilogía, pero es que no se trata de un fenómeno nuevo. La historia se repite, como la serpiente Uróboros (concepto al que se dedica un guiño al final de la novela). En última instancia, es este cinismo lo que ha llamado la atención de lectores y críticos. Ya no estamos para cuentos de hadas. La fantasía contemporánea no ofrece escapismo, sino un espejo donde mirarnos.

último argumento de los reyes

Lástima, sin embargo, que haya que esperar tanto para llegar hasta esa conclusión. Salvo en ese punto, la trilogía de “La primera ley” no ofrece auténtica subversión de esquemas, sino apenas rebeldías cosméticas, que no afectan para nada el desarrollo global. Lo que es peor, el retrasar tanto el punto de inflexión hace que los personajes prácticamente no evolucionen un ápice en las dos mil y pico páginas que ocupan los tres libros. A Logen y a Glokta podrías cogerlos de la primera página y trasladarlos a la última sin problemas, y tampoco es que Jezal (aparte de darse un par de tortazos con la realidad) espabile demasiado. Otro tanto podría decirse de Ferro y, por supuesto, de Bayaz. Están diseccionados en detalle, pero lo que nos ofrece al autor no es una secuencia, sino una fotografía fija.

A título personal, también encuentro decepcionante la resolución de los dos grandes conflictos. El del norte es demasiado tópico y el del sur… Bueno, en realidad el del sur no llega a resolverse (supongo que hay que reservar el enfrentamiento entre Bayaz y Khalul para otra ocasión).

La trilogía de “La primera ley” es una obra prometedora, pero que para mí no termina de cuajar. Se salva (incluso podría decirse que con tremenda holgura), gracias a la tensión narrativa que mantiene, a la caracterización de sus personajes y también a esa orientación filosófica final, pero no llega a ser redonda. Quizás sea porque está tan preocupada por subvertir que se deja atrapar por las mismas fórmulas narrativas que pretende superar (sinceramente, incluso con giro final estoy un poco cansado de las iteraciones artúricas).

Last Argument of Kings limited

Los mimbres están ahí, preparados para tejer algo realmente nuevo (lo cual tal vez haga que mi juicio sea más duro de lo que realmente se merece… o incluso pienso que se merece). Quizás en los siguientes libros, sin la necesidad de mantener la mascarada, Joe Abercrombie consiga desarrollar todo el potencial de su prosa. Criticar el pasado sigue siendo una forma de estar unido a él. Vale, misión cumplida, ahora toca cortar amarras y buscar nuevos horizontes. No anda para nada mal encaminado.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 27, 2013.

11 comentarios to “El último argumento de los reyes (La primera ley – 3)”

  1. Reconozco que no he pasado del primer libro y, en buena parte fue porque intuía manifiestamente que el resto de la trilogía iría por los mismos derroteros. Por lo que veo, no me equivocaba, y me alegro, porque son muchas páginas para luego tener la sensación de que no me cuentan nada nuevo.

    • Lo cuenta bien, y presenta muchas características modernas, pero sí, lo novedoso está quizás demasiado diluido en 2300 páginas.

      • Reconozco que tengo cierta tirria a Abercrombie, pero no exenta de una argumentación: creo sinceramente que considera que una obra es más cruda cuanto más gore describa. Estoy en franco desacuerdo con ello. Se puede ser muchísimo más descarnado sin dejar de utilizar adjetivos suaves y sin poner absoluto empeño en hablar y hablar y hablar de larguísimas reflexiones sobre el dolor personal, el sufrimiento y narrar escenas solazándose en describir un destripamiento.
        A ese respecto, soy más (y sí, ya es cosa mía) de detalles más sutiles, como en el señor de los membrillos (y no soy el mayor fan de Tolkien, que conste), cuando por ejemplo decía en Moria que un orco se subió a una mesa y Aragorn le cortó las piernas con la espada. A mí me creó más desazón eso que toda una escena de tortura de Glokta.

      • Estoy parcialmente de acuerdo (aunque no creo que Abercrombie busque de forma artificiosa la crudeza, sino que más bien es una característica natural de su estilo). A título personal, yo también prefiero los golpes secos y contundentes, si rompen un contexto de baja intensidad mucho mejor, utilizando pocas palabras para potenciar el dinamismo y el impacto (el estilo de la espada y brujería clásica).

        En cualquier caso, mi principal desacuerdo estético con el estilo de “La primera ley” (y, en general, con buena parte de la fantasía épica actual), es su empeño en “demostrar” la complejidad de los personajes a base de machaconas reflexiones internas. Prefiero que las acciones hablen por los pensamientos, pero me temo que muchos lectores prefieren quedarse en la superficie, y sólo atienden a las motivaciones subyacentes si son detalladas explícitamente.

        Un ejemplo paradigmático es precisamente “El señor de los anillos” (yo sí que soy un fan de la obra). En toda la novela no se nos desvela un solo pensamiento, pero la compleja red de interrelaciones y la psicología de los personajes se nos revela a través de hechos y diálogos, con casos tan fascinantes como la relación paterno-filial entre Boromir, Faramir y Denethor.

  2. Totalmente de acuerdo con la reseña. Teniendo los mimbres, tienes en muchos momentos la sensación de que falta o sobra algo para ser más redonda.

  3. “Como se encargan de recalcar los personajes en varias ocasiones, la esperanza nunca le ha servido a nadie, al igual que nadie tiene el porqué recibir lo que merece (ya sea para bien o para mal).”

    Si le sumamos el párrafo siguiente al que incluye esta cita, me echa para atrás para leerlo. Precisamente en tiempos de desazón qué mejor que tener esperanzas que nos impulsen a cambiar lo que no nos gusta. Por otro lado, la primavera Árabe estaba orquestada por Occidente, Libia, Egipto y Siria ahora lo están demostrando.

  4. Al terminar la trilogia, tras multiples recomendaciones, tengo la impresión de haber perdido mi tiempo. Abercrombie escribe bien, pero no es un escritor genial, tiene un solo registro que rapidamente pasa a ser cansador. Su descripciones son repetetivas, algunas dan verguenza (como las escenas sexuales) y la evolución de los personajes es nula. Leer una novela corta de él, donde brilla la virtud de su pluma, puede ser una buena experiencia. Leer una trilogia como esta no. En realidad la trilogia parece haberse escrito (como bien lo señalas) bajo la idea de “romperé los moldes, haré lo contrario de Tolkien”, pero hacer lo contrario es seguir bajo el molde de Tolkien, pero con 10% de su talento.
    ¿Lo peor? La nula evolución de los personajes y la impresión que el mundo construido está lleno de problemas y contradicciones lógicas, ya que al revés de lo que hizo Tolkien con la Tierra Media, su mundo apenas está trabajado. Al final el texto aburre.

    • La verdad es que no me he animado todavía a darle un segundo tiento. Incluso sus novelas individuales son tochos, y temo que todo siga quedando en una mera propuesta estética, sin auténtico trasfondo. Algo similar me está pasando con Brandon Sanderson (aunque él es más imaginativo y aporta un enfoque “hard” a la fantasía). Necesito algo más que la mera subversión de modelos basados en el Camino del Héroe (y en los últimos años, por fortuna hay un grupo, sobre todo de autoras, que están empezando a innovar de verdad en los viejos modelos de la fantasía épica).

  5. Muchas gracias por la respuesta. ¿Y cuáles son estas autoras? Para empezar a leerlas.

    • Principalmente, N. K. Jemisin (empezó su carrera en 2010, tiene varias nominaciones a Hugo y Nebula y el año pasado ganó por fin el premio Hugo por “La quinta estación”). También han producido obras notables Katherine Addison (“The goblin emperor”), Nnedi Okorafor (“Who fears death”) o incluso Naomi Novik (“Un cuento oscuro”). De todas formas, “fantasía épica” puede resultar una etiqueta un poco engañosa. Se ajusta más el término anglosajón de “high fantasy”, que no lleva implícito tanto apoyo en la acción.

  6. Muchas gracias. El mayo empezaré a leerlas. No estaban en mi radar.

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