El libro de los cráneos

Un famosa definición afirma que ciencia ficción es lo que se publica en las colecciones de ciencia ficción. Se trata tanto de un testimonio sobre las dificultades que entraña definir el género como una reacción en contra de los intentos de ponerle fronteras. A lo largo de los años muchos títulos han desafiado el concepto de qué puede considerarse ciencia ficción. Entre estos, uno de los más destacados es “El libro de los cráneos” (“The book of skulls”), publicado por Robert Silverberg en 1972.

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A decir verdad, la cuestión sigue abierta a debate, y hasta es posible que no exista una respuesta universalmente válida, porque siendo estrictos en “El libro de los cráneos” no hay ni un elemento que sea siquiera fantástico. Escrito por un autor del mainstream ni siquiera se hubiera planteado la cuestión de su pertenencia al género, pero salió de la pluma de Silverberg, el que quizás fuera el escritor de ciencia ficción más relevante de la época.

¡Y qué época! Entre 1967 y 1972, Robert Silverberg, partiendo de la multinominada “Espinas”, estuvo superándose a sí mismo obra tras obra, culminando el proceso con la salida al mercado de “Muero por dentro” y “El libro de los cráneos”.  En 1973, agotado tras tal explosión de creatividad (y con el péndulo de la moda oscilando de vuelta al optimismo de la Edad de Oro, todo hay que decirlo), anunció por segunda vez su retirada del oficio (en los diez años siguientes sólo aparecieron dos novelas, y su producción a partir de 1982, cuando se inició la tercera etapa de su carrera, ya no alcanzó los mismos niveles de excelencia).

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Retomando la cuestión abierta en los primeros párrafos, si bien cuesta defender la inclusión de “El libro de los cráneos” dentro del corpus de la ciencia ficción, no cabe duda alguna sobre su naturaleza como evolución natural de la obra de Silverberg. La amargura que iba tomando posesión de su ficción, el sufrimiento existencialista que destilaba, su estudio de la culpa, la fragilidad, la sexualidad, la ambición, la religión…; todos sus grandes temas encuentran su espacio en la novela; y por una vez lo hacen despojados de máscaras, con una ambientación contemporánea y una economía absoluta de artificios contextuales.

La novela narra el viaje iniciático de cuatro jóvenes, amigos y compañeros de piso en la universidad, que aprovechan las vacaciones de Semana Santa para perseguir una quimera: la promesa de vida eterna. En el curso de una investigación filológica, uno de ellos descubre una antigua copia (catalana para más señas) del Libro de los Cráneos. Su traducción aporta las claves para alcanzar la inmortalidad a través de un misterioso ritual. Un golpe de suerte adicional le pone sobre la pista del templo en el desierto de Arizona, de una secta  que bien podría ser heredera directa de la que alumbró el códice.

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La letra pequeña del proceso es, sin embargo, terrible. El noveno misterio afirma que deben ser cuatro los solicitantes, y para que dos de ellos vivan eternamente los otros dos deben morir, uno sacrificándose voluntariamente y el otro a manos de sus compañeros.

Eli, el descubridor del manuscrito, casi el estereotipo de intelectual judío neoyorquino, canijo e introvertido (un poco como el propio Silverberg); Ned, homosexual y un cínico aspirante a poeta; Timothy, el último retoño de un decadente linaje de ricachones; y Oliver, el huérfano de unos granjeros de Kansas, determinado a escapar de su triste herencia a cualquier costa; cada uno embarcado en la aventura por sus propios motivos, inician el viaje en coche desde el extremo noreste del país al suroeste. A través de sus pensamientos, a los que accedemos alternativamente (cada capítulo nos mete en la cabeza de uno de ellos), se nos revelan en toda su complejidad, tanto de forma individual como en función de sus relaciones con los demás.

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Así el autor se permite indagar en las tensiones surgidas de las diferencias de clase, y quizás más importante, las diferencias filosóficas que sus respectivas historias han cincelado en ellos. Revela inseguridades, miedos, esperanzas; recurriendo por igual a la instrospección y al análisis despiadado (y en general no compartido) de los demás. El viaje, y una vez llegados a su destino el ritual, los enfrentan con sus asumciones vitales, va pelando capa tras capa de defensas y autoengaño, mostrando a la luz secretos tan íntimos que se hayan escondidos incluso de sus propios dueños.

De fondo, la vida eterna. Una quimera, un grial, un motivo para recuperar la fe, una obsesión, un posicionamiento estético, una excusa tan buena como otra cualquiera… La fuerza motriz de la expedición, emprendida bajo la sombra ominosa del Noveno Misterio, la cláusula fáustica que ninguno se atreve a mirar de frente o a descartar por completo. Un propósito, un faro en medio de la confusión nacida de la pérdida de ideales y el choque con la realidad del optimismo de los años sesenta.

Si algo se le puede achacar a la novela es precisamente lo incongruente de la complejidad de cuatro chavales (de veintiún años) reunidos por el azar. No son personajes individuales, sino avatares de toda una sociedad, desgarrada por sus propias contradicciones en cuatro figuras que bajo sus máscaras de normalidad esconden las cicatrices que los condicionan.

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La novela cosechó nominaciones a los premios Hugo, Nebula y Locus, siendo derrotada en los tres casos por “Los propios dioses“. Sin quitarle méritos a la que quizás sea la obra maestra de Isaac Asimov, es posible que en este desenlace influyera la doble nominación de Silverberg, por “El libro de los cráneos” y “Muero por dentro“. La cosecha de aquel año también incluyó “El sueño de hierro“, de Norman Spinrad, y “El rebaño ciego“, de John Brunner (nominadas también al premio Nebula).

¿Es “El libro de los cráneos” ciencia ficción? Pues lo cierto es que en mi opinión no. Ni falta que le hace.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 14, 2013.

6 comentarios to “El libro de los cráneos”

  1. Este es un libro que, por el título, me ha llamado la atención siempre. Tras leer la reseña creo que me voy a decidir de una vez a leerlo. Gracias, Sergio.

  2. Una maravilla de libro! Fue el primero que leí de Silverberg. A partir de entonces he leído bastantes de él, te demuestra que no hace falta leerse un libro de 500 páginas para hacer un novelón, hace libros que después de haberlos leído sigues dandole vueltas a ellos.

    • Lo de los tochos es una moda relativamente reciente. Cada historia necesita su espacio y, de hecho, los mejores libros de Silverberg no son precisamente los hipertrofiados de su última etapa.

  3. Me enganchó de principio a fin… Excelentemente narrado, obra cumbre junto con Muero por dentro, Silverberg hace fácilo empatizar con aspectos dolorosos y torcidos de la condición humana en general y de su contexto histórico social al momento de escribir la novela, en particular. Gran libro, gran reseña.

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