La Saga de los Aznar (3): Hacia las estrellas

Una característica curiosa del pulp español, sobre todo en su primera etapa (los años 50 y 60), es la contención geográfica. Es decir, rara vez las historias se ambientaban mucho más allá de la órbita de Marte. Salir del Sistema Solar era una aventura excesiva y, posiblemente, por falta de referentes, formación astronómica básica e incluso incentivos, más allá de la capacidad… y ambición de la mayor parte de los autores  (un breve inciso para destacar como contraejemplos de esta tendencia a Vicente Adam Cardona, aka Vic Adams o V. C. Carter, en las postrimerías de las colecciones “Luchadores del espacio” y “Espacio”, así como Juan Gallardo Muñoz, aka Curtis Garland, y Ángel Torres Quesada, como A. Thorkent, en “La conquista del espacio”).

No fue así con la Saga, que desde el principio apuntó hacia las estrellas. Así, si ya con el segundo título salía de la atmósfera terrestre, el séptimo la condujo a los abismos siderales más allá de reino del Sol. Bien es cierto, sin embargo, que durante la primera etapa, correspondiente a la edición de los años cincuenta, la exploración interestelar quedó restringida a tres destinos principales, con las expediciones circunscritas a los lados del triángulo hipotético que dibujarían en el seno de la Burbuja Local (en realidad, el espacio explorado sería minúsculo, como mucho una esfera de unos treinta años luz de diámetro).

Al final de “La abominable bestia gris” el Rayo, en una huida desesperada, partía hacia el exilio llevando en su interior unos millares de madrileños, los últimos hombres libres del universo. “La conquista de un imperio” se inicia cuarenta y tres años después, cuarenta y tres años de incesante peregrinar en busca de un mundo apropiado para la sustentar la vida terrestre, a velocidades relativistas aunque bajo el férreo límite de la velocidad de la luz (desmarcándose así de casi toda la space opera, que obvia este problemilla de un modo u otro para favorecer el dinamismo).

La_conquista_de_un_imperio

Una nueva generación ha nacido en el interín (los sideronautas), incluyendo a Fidel Aznar, hijo de Miguel Ángel y Lola Contreras, un “joven” de cuarenta y dos años (en la segunda edición, la primera le otorga unos más inmaduros veintidós… aunque debe precisarse que los adelantos médicos ya han expandido la vida hasta los doscientos años o más). El relevo generacional está servido, al recaer la acción principalmente en Fidel, acompañado de Ricardo Balmer, hijo a su vez de Richard Balmer. Este relevo protagónico resulta crucial en el desarrollo de la Saga, humanizando a los héroes al someterlos a la vejez y a la muerte (al menos hasta que encontró su dupla perfecta, aunque aún faltan muchas entregas para ello).

El caso es que tras tan largo periplo por el desierto (los propios personajes son conscientes de los paralelismos bíblicos, que aceptan medio en serio medio en broma), el Rayo avista un planeta que sería perfecto… de no superar su tamaño en mucho los parámetros aceptables. Para sorpresa de todos, los astrónomos acaban determinando que la gravedad en superficie es similar a la terrestre, haciéndolo apropiado como destino del éxodo. Una expedición de reconocimiento, al mando de Fidel, se organiza al punto, descubriendo no sólo que Redención (que así llaman al planeta) es apto para ser colonizado, sino que en él habita ya una raza humana idéntica a la terrestre (algo que no se “explicaría” hasta la segunda etapa), cuya civilización se encuentra en un estadio similar a la Edad de Bronce.

El resto de la novela se ocupa de narrar los difíciles inicios, tanto por lo que se refiere a la construcción de la colonia como en las relaciones con los nativos. A este respecto, se aprecia otro paralelismo, al articularse las relaciones entre terrestres y redentores según el modelo de una conquista de América idealizada hasta el extremo de empañar el realismo con que se afronta la colosal tarea de poner en marcha una colonia con medios precarios.

Conquista_imperio_reino_tinieblas

Otro aspecto a destacar de la novela es la presentación de apellidos que serán tan recurrentes como Aznar o Balmer como identificativos de determinadas profesiones. Así pues aparece el primer Ferrer ingeniero, el primer Castillo biólogo y el primer Valera astrónomo. Constituye un recurso poco creíble, pero que confiere unidad a la Saga y, sobre todo, permite ahorrar esfuerzos y palabras en la caracterización de personajes secundarios (algo fundamental dadas las restricciones de espacio de los bolsilibros).

El siguiente título, “El reino de las tinieblas”, es una continuación directa. Asentados ya los terrestres en la isla de Nueva España, Fidel Aznar y su equipo, en el que se incluye Woona, una nativa capturada durante el primer contacto con los redentores (que protagoniza la inevitable subtrama amorosa),  parten en misión diplomática al vecino reino de Saar. En su capital, Umbita, descubren el terrible sacrificio humano que dedican periódicamente a su dios Tomok, aunque al contrario que en el caso de los aztecas nadie inmola a las víctimas en ningún altar, sino que éstas se embarcan y navegan por el Río Tenebroso hasta desaparecer del mundo en unas cavernas, todo lo cual tiene resonancias mitológicas (equiparando el Río Tenebroso con el Estigia).

La tradición relata que más allá se abre un mundo de oscuridad habitado por seres de cristal, lo cual encaja con la presencia de monstruosas esferas cristalinas armadas de pinzas que constituyeron uno de los principales obstáculos para los inicios del asentamiento de Nueva España. Tras las dudas iniciales, los terrestres acaban penetrando igualmente en las entrañas de Redención (que por entonces ya se sabe hueco, de ahí su anomalía gravitacional), descubriendo una avanzada humanidad de silicio, bajo un “sol” eléctrico que emite radiación ultravioleta, que emplea a las víctimas sacrificiales como alimento.

El_reino_de_las_tinieblas

La vida con base de silicio siempre se ha considerado la más probable tras el carbono, aunque la bioquímica silícica sería mucho menos variada, y por la época de escritura de la historia era un tema abierto a especulación. Más allá del concepto original, sin embargo, existen varios problemas irresolubles en el contexto de la historia: el oxígeno sería letal para una criatura de silicio y, por supuesto, el alimentarse de una bioquímica de carbono no tendría sentido.

Más grave, sin embargo, desde un punto de vista dramático, es la precipitación con que se trata todo el asunto y la asunción de posiciones irreconciliables entre ambas bioquímicas (con cierto tufillo racista, como ya sucediera en “La horda amarilla”, aunque supuestamente más “disculpable” por tratarse de alienígenas). Lo cual se agrava aún más en el segunda edición, con la eliminación de toda una novela, “Dos mundos frente a frente”, que narra la guerra abierta entre la humanidad de carbono y la de silicio. Así pues, al final de “El reino de las tinieblas” 2ª edición, un crucero de guerra terrestre comete un genocidio a gran escala, destruyendo en cuestión de horas toda una civilización y asesinando en masa a cientos de millones de “monstruos” de silicio. Huelga decir que faltaba bastante para que la dimensión ética cobrara importancia en la Saga (claro que, dado que se trata de una reescritura, también podría argumentarse que el intervalo entre la barbarie y la concienciación ética fue de apenas unos meses).

Para acabar, me gustaría resaltar el paralelismo entre esta historia y la de La máquina del tiempo” de H. G. Wells (una reconocida influencia de Enguídanos), que se extiende incluso a la relativa homofonía entre Tomok y Morlock. Lo curioso es que el parecido es mayor con la reinterpretación que se hizo de la misma en la película de George Pal, de 1960 (estrenada pues seis años después, si bien catorce antes de la segunda edición, aunque tengo entendido que, salvo el final, las reescrituras en este título fuero mínimas).

dos mundos frente a frente

¿Por qué decidió el autor eliminar de la segunda edición “Dos mundos frente a frente”? Me temo que nunca lo sabremos. La hipótesis más extendida es que así se guarda la sorpresa de Valera (más sobre el particular en la próxima entrega) para más adelante, pero es una explicación bastante endeble. También desaparece la mención a tipos de dedona con densidades diferentes y, sobre todo, minimiza la amenaza de los hombres de silicio hasta hacerla poco menos que irrelevante.

Lo único seguro es que no forma parte de la edición final y por tanto me la saltaré (si deseáis saber más sobre el particular, podéis consultar la reseña de Canalda que enlazo a continuación).

Reseñas de José Carlos Canalda en El Sitio de Ciencia Ficción:

Otras entregas de la Saga de los Aznar en Rescepto:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 6, 2013.

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