El ángel tenebroso (La caída del Imperio Galáctico II)

Tal y como comentaba en la entrada anterior, “La caída del Imperio Galáctico“, de Carlos Saiz Cidoncha, publicada en 1978, es una de las obras clásicas de la ciencia ficción española, pese a lo cual debieron transcurrir treinta y dos años para verse concluida con la publicación de las partes dos y tres de la planificada trilogía. Tan amplio lapso dice mucho sobre la evolución (o su ausencia) de las condiciones de publicación de literatura de género por estos lares. Sea como sea, 2010 fue la fecha señalada para la conclusión de la historia, a través de la editorial Silente, recibiendo el segundo volumen el título particular de “El ángel tenebroso” (tras recuperar el primero el de “El anillo del poder”).

Pese a las tres décadas transcurridas entre entregas, que nadie espere un cambio sustancial en cuanto al estilo o el enfoque. “La caída del Imperio Galáctico” es space opera clásica, esa que bebe directamente de la Edad de Oro, con muy poquita influencia de desarrollos posteriores (en particular, de la evolución que sufrió en los años 80). En todo caso, sí se aprecia la huella de Marion Zimmer Bradley y la serie de Darkover, homenajeada a través del personaje Hastur de Hastur, con la inclusión de cierta “magia” (pseudoracionalizada como una ciencia fuera del alcance de la lógica humana).

El_angel_tenebroso

Lo que sí se aprecia es un mayor control de la narración, que se decantan con absoluta claridad por la acción, dejando de lado las a veces recargadas descripciones del libro anterior y, sobre todo, sus mesetas expositivas. De hecho, “El ángel tenebroso”, aun presentando como su antecesor dos líneas narrativas bien definidas, evita caer en la tentación de abodarlas en bloques independientes, optando en su lugar por fusionarlas, jugando con su peso específico en cada momento. Todo ello sin perder de vista el hilo global de la trilogía, la crónica del largo declive del imperio Kluténida.

“El ángel tenebroso” se ocupa del período de regencia de Lario Turmo de Khurán (quien recibe el susodicho apodo por el aura que lo envuelve) durante la minoría de edad del futuro emperador Katius VII. Tras la fracasada revuelta de las élites económicas con que concluye la etapa previa, los primeros años de la Regencia constituyen un ejercicio de equilibrismo, mientras Lario Turmo se esfuerza por detener y revertir la decadencia ocasionada por la traición y exilio de todo un estamento social. Justo cuando parece que la crisis se va a superar, un nuevo complot se pone en marcha, justo en el instante en que la Búsqueda por fin ha dado frutos.

¿Qué es eso de la Búsqueda? Pues la obsesión de Lario Turmo por hallar, como lo hiciera antes Laria Svetania, las Siete Puertas de Pórfido que comunican nuestra realidad con la de los Antiguos Dioses, a los que pretende reclamar la concreción de la promesa de ayuda que le hicieran de niño.

Ambas líneas se entrecruzan en la Tierra, la capital imperial, cerca de un insignificante retén policial al borde de la Selva Negra, frente a las mismas narices del teniente Heinrich-Manfred Bergmann, Heini para los amigos. El personaje principal del libro tiene mucho en común con Shanti Belt, el protagonista de “El anillo del poder”, en el sentido de que resulta igualmente un observador neutro, sin auténtica capacidad de decisión propia. El propio autor juega con el concepto al hacer quer Lario Turmo lo identifique como “testigo de la historia”: alguien predestinado a contemplar los acontecimientos clave para el destino del imperio, aunque sin intervenir decisivamente en ellos.

Casi desde el primer capítulo las aventuras no dan tregua. Toda una retahila de golpes de estado, contragolpes, secuelas inesperadas, promociones, viajes interestelares e incluso miniguerras van sucediéndose sin pausa, conectados de forma simple pero efectiva. Ningún personaje destaca en particular ni hay ningún desarrollo verdaderamente memorable, pero la historia avanza y se cierra con oficio, dejando un buen sabor de boca.

Lo que no se le puede pedir a “La caída del Imperio Galáctico” es que deslumbre con su originalidad o que sea lo que no es. La space opera ha evolucionado bastante, pero en su vieja iteración prometía satisfacer unas necesidades muy simples: sentido de aventura y la vieja sensación de maravilla. Eso es lo que busca Cidoncha. Ni más ni menos. Cierto es que también toca apelar un poco a la nostalgia, porque es una ciencia ficción que ya no se lleva (de ahí que no desmerezca en una colección llamada “Clásicos CF”).

En lo que respecta al tema central de la serie. Los acontecimientos que preconfiguran el derrumbe definitivo del Imperio Galáctico  se imbrican con ambas tramas sin estridencias, dejando al final la sensación de que efectivamente las piezas han alterado sus posiciones a peor (anque aún lejos del caos definitivo). Tras el esplendor mostrado en “El anillo del poder”, las sombras empiezan a extenderse sobre este imperio en el que resuenan ecos no sólo del romano, sino también de otros ex imperios terrestres.

“El Ángel Tenebroso”, aun siendo el 2010 la fecha de su primera publicación, cabe descubrirla como aquella entrega que se nos escamoteó en 1978, con las virtudes y defectos de aquella concepción del género. Es un nicho bastante restringido, pero toda obra merece la oportunidad de mostrarse concluida, para poder ser jugzada en propiedad.

Agradezco a Silente Ediciones la entrega de un ejemplar de “El Angel Tenebroso” para su reseña en Rescepto.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 26, 2013.

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