Cena en el Palacio de la Discordia

Aunque su carrera pronto se orientó hacia la fantasía (género que le ha proporcionado sus mayores logros), de las cinco primeras novelas de Tim Powers tres son de ciencia ficción. Las dos primeras, “The skies discrowned” y “An epitaph in rust” son novelitas juveniles muy influenciadas por las directrices editoriales. La tercera, más madura, escrita justo después de “Las puertas de Anubis”, el título que lanzó su carrera, es “Cena en el Palacio de la Discordia” (“Dinner at Deviant’s Palace”, 1985) y pese a su buena acogida crítica, lo cierto es que el público lo que le demandaba era nuevas narraciones de historia mágica secreta, así que no ha vuelto a tocar el género desde entonces.

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La historia narra los esfuerzos de Greg Rivas, un músico en una postapocalíptica California del futuro, unas pocas generaciones después de un holocausto nuclear, encargado de rescatar a un antiguo amor de juventud de las garras de una secta, los jaybird, de la que él mismo escapó. A los que desempeñan esta peligrosa tarea se les conoce como redentores, y Rivas era el mejor de todos ellos antes de retirarse (a los treinta y pocos años). Su experiencia previa le había permitido desarrollar estrategias contra la influencia del Sacramento, una ceremonia que anula poco a poco la personalidad de los receptores, pero para recuperar a su objetivo deberá llegar más lejos que nunca, dentro de los muros mismos de la Ciudad Santa de Jaybush, y quizás más allá todavía, en pos de los secretos más íntimos del profeta.

Lo cierto es que la ambientación postnuclear no es el fuerte de Powers. Hay detalles curiosos, pero a la postre no logra sino retratar una civilización cuyo única característica diferenciadora es la ausencia de elementos tecnificados (se han perdido varios siglos de conocimientos) y algunos toques de color muy powerianos (como el uso del coñac como patrón moneda). De hecho, no hubiera costado demasiado reescribir la historia con una ambientación histórica, y si no lo hizo así el autor posiblemente se deba a la imposibilidad de emplear su método de trabajo habitual, consistente en aprovechar los intersticios de la historia conocida para encajar allí los elementos fantásticos.

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Todo lo cual no quiere decir que la historia carezca de interés. Tim Powers sabe muy bien cómo hacerle la puñeta a sus personajes, hasta que les coges simpatía por pura solidaridad (no falta la amputación preceptiva que acaba sufriendo todo protagonista de una de sus novelas). Además, aunque tal vez carezca de la inventiva de sus obras steampunk, el número de hallazgos, como el de los hemogoblins (un juego de palabras mucho más divertido en inglés), no es pequeño. Si todo ello se completa con ciertas referencias lovecraftianas y con una longitud muy medida, “Cena en el Palacio de la Discordia” constituye una lectura entretenida, cuyo mayor pecado reside quizás en caer en tierra de nadie; ni lo bastante especulativa para los aficionados a la ciencia ficción, ni lo bastante enrevesada para satisfacer a los seguidores del autor (sin la necesidad de ajustarse a unos hitos históricos inamovibles, la trama acaba resultando un tanto lineal).

Por último, al clímax diferido en el famoso palacio (una traducción más acertada hubiera sido “de la Perversión” o “de la Aberración”… no acabo de comprender el porqué de la elección de “Discordia”), que por la descripción parece diseñado por Gaudí, le falta algo de impacto. La base ciencia ficcionera, en plena revolución cyberpunk, debió percibirse sin duda como anticuada, por no hablar de que muestra a las claras las carencias en materia científica de Tim Powers.

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Sea como sea, su producción posterior (y la sombra alargada de “Las puertas de Anubis”), ha oscurecido sin duda esta obra, cuya recepción crítica contemporánea fue bastante buena. Así, por ejemplo, fue finalista del premio Nebula de 1986 (cuando arrasó “El juego de Ender”) y se alzó con el premio Philip K. Dick (por segunda vez en su carrera). “Cena en el palacio de la discordia” es una historia de aventuras más que aceptable, cuyos mejores momentos coinciden con aquellos en que deriva un tanto hacia el terror y, más que hacia el terror, hacia lo grotesco.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 17, 2013.

2 comentarios to “Cena en el Palacio de la Discordia”

  1. Guardo un grato recuerdo de esta novela (que leí hace mucho), aunque más basado en las sensaciones que tuve que en mis propios recuerdos sobre la misma. Eso sí, me suena que el ritmo era demasiado arrebatado.

    Una pena que no se siga traduciendo a Powers. Quizá no fuera un adalid técnico, pero sí en lo que a ideas se refiere.

    Un saludo.

    • Pues yo casi prefiero el ritmo del Powers primerizo (“Las puertas de Anubis”, “En costas extrañas”, ésta…) que del posterior (“Declara”, “La fuerza de su mirada”…).

      Supongo que lo de las traducciones va mucho por modas, y Powers ya es un autor “antiguo” que aún no ha llegado a “clásico” (aunque también es posible que Gigamesh tenga por ahí algún título atrapado bajo la vorágine de Canción de Hielo y Fuego).

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