La esclava de Marsoon

El panorama editorial fantástico patrio se encuentra en pleno proceso de reinvención. Los modelos tradicionales han colapsado (y no apostaría porque vayan a mantenerse para la edición de títulos foráneos), y toca buscar vías alternativas. Así, por ejemplo, nos encontramos con una serie como la de Marsoon, obra del escritor Antonio Santos, que se presentó al público  inaugurando la colección Arrakis (ciencia ficción) de AJEC en 2011 (con “Las graves planicies“) y que ha encontrado continuidad a través del proyecto electrónico de Ediciones 42, con “La esclava de Marsoon” (disponible en Amazon por tan sólo 1,03 €).

“Las graves planicies” transitaba a medio camino entre el homenaje y la parodia de “Una princesa de Marte”, la primera entrega de las aventuras del aventurero interplanterio John Carter, del autor pulp estadounidense Edgar Rice Burroughs. En el proceso, presentaba un mundo, Marsoon (reflejo del Barsoom original), a donde iban a parar los grandes héroes de la literatura cuando su estrella declinaba. Así pues, podían encontrarse reunidos a los equivalentes de Doc Savage, Mad Max o Conan el Cimmerio, a través de un artificio análogo al que desarrolló Philip José Farmer con su universo Wold Newton (surgido de sendas biografías ficticias de Tarzán y de Doc Savage).

La esclava de Marsoon

Concluida la historia de Álex Hidalgo, quedaba un escenario (Marsoon), unos personajes (los postépicos, como se denominan a sí mismos) y un misterio (el universo Prisma y la fuerza que los reúne) que casi exigían desarrollo. De ahí que surgiera la posibilidad de continuar en dos líneas. Por un lado la que profundiza en el porqué de la existencia de Marsoon, protagonizada por un personaje repetidamente mencionado en las novelas publicadas, Joe Horseman, y por otro la que se propone examinar en mayor detalle a los postépicos, su naturaleza, temple, actitudes y aventuras, que lleva por título genérico “Los páramos de Marsoon”. Es ahí donde entra “La esclava de Marsoon”, cuya acción transcurre algunos años después de los sucesos principales de “Las graves planicies” y cuyo protagonismo recae en uno de sus personajes secundarios (que se erige también en narrador): el tanquista que habíamos llegado a conocer como Max y que aquí se presenta como Shane.

La historia arranca con el ataque de un príncipe yohli a la “fortaleza de soledad” de Shane, con propósitos poco nobles. Claro que Shane es un veterano (el último veterano) de la Guerra de las Dunas, un apocalíptico conflicto que destruyó el mundo en su línea temporal, siendo quizás el individuo más letal de todo Marsoon. En resumidas cuentas, la única superviviente de la expedición es Sixela, una princesa yohli esclavizada (y humillada reiteradamente) por el agresor, por la que el tanquista experimenta un inexplicable (las secuelas de una droga antiviolación han exacervado su misoginia hasta extremos patológicos) impulso protector.

El resto de la novela lo constituye un viaje, que pretende devolver a Sixela a su hogar, enfrentados a los mil peligros de Marsoon y a las ansias de venganza del clan del yohli asesinado. Por el camino llegarán extraños aliados (el híbrido Schrodinger… que te permite que lo llames Schro cuando al alcanzar cierta familiaridad y cuyo linaje cabe rastrearlo hasta la ficción de H. G. Wells), antagonistas yohli y rossum, masacres (a las que contribuye decisivamente el nuevo vehículo de Shane) y una historia que no es tanto de amor como de redención… y quizás no tanto de redención como de esperanza por llegar a saborearla.

Marsoon

Abandonado en gran medida el enfoque paródico de “Las graves planicies”, “La esclava de Marsoon” se muestra como una reinterpretación, en clave quizás posmoderna, del pulp. Ofrece pues una visión más cínica, más autoconsciente de la aventura; con un antihéroe que recapacita sobre su papel, sobre su probable origen ficticio, y compara la “realidad” de Marsoon con la visión idealizada del Barsoom de Burroughs. Así, aunque Sixela podría equipararse en principio a Thuvia (la princesa rescatada por John Carter en “Dioses de Marte”… y por su hijo en “Thuvia, doncella de Marte”), es un personaje más complejo que la típica damisela en apuros de Burroughs (arrastrando, por ejemplo, sus propias cicatrices emocionales, fruto del cautiverio al que ha sido sometida).

Más allá de esta reinterpretación de las características distintivas del género, e incluso de su juego metaliterario (al que no es ajena la introducción de nuevos postépicos más o menos reconocibles), “La esclava de Marsoon” sigue aspirando a proporcionar al lector las mismas emociones que su ya centenario modelo pulp, así que no escatima violencia ni erotismo, buscando, sobre todo a partir del uso de un lenguaje consiso y directo, recrear en el público moderno sensaciones similares a las que las aventuras de John Carter inspiraron a nuestros abuelos (algo que se intenta compatibilizar con la deconstrucción temática y referencial).

Fruto de este propósito encontramos quizás el punto débil de la novela. El narrador, Shane, relata siempre a tope, sin conceder respiro, incluso cuando comparte reflexiones personales. Esto acaba provocando cierta saturación, agravada por la longitud de la novela. El pulp es un género que se crece en las distancias cortas. A partir de cierto punto puede empezar a saturar, y un tiroteo, aun siendo diferente a otro en los detalles finos, no deja de proporcionar las mismas emociones. Adicionalmente, el mismo estilo que potencia la inmediatez puede llegar a atascar la historia en una meseta climática, que no por elevada constituye la estructura ideal para disfrutar de la obra (y con esto no me refiero exclusivamente a la simple alternancia entre escenas de acción y desarrollo, que sí se da, sino a una dosificación más fina de la intensidad).

Por último, también cabría mencionar cierta dependencia de la obra respecto a su predecesora. La trama principal de “La esclava de Marsoon” puede seguirse sin problemas de forma independiente, pero para disfrutrarla por completo es bastante recomendable la lectura previa de “Las graves planicies”; donde, además, se nos presentan un buen número de personajes cuya intervención en esta secuela no acaba de estar por completo integrada y no termina de cobrar sentido si no es como parte de un todo mayor.

Veremos si la iniciativa tiene éxito y podemos llegar a conocer por completo ese todo mayor.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 3, 2013.

Una respuesta to “La esclava de Marsoon”

  1. De nuevo debo agradecer y felicitarte por una excelente, incisiva e imparcial reseña de mi obra, Sergio.
    Espero pulir los defectos que observas en futuros textos.
    Saludos.

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