La Saga de los Aznar (2): Primeros pasos

Tras la buena acogida de “Los hombres de Venus“, una aventurilla pulp con toques de ciencia ficción,  tocaba empezar a desarrollar en serio la historia, poner la directa y buscar las estrellas. Pascual Enguídanos (George H. White) tenía un propósito muy bien definido en mente cuando logró convencer a Editorial Valenciana de lanzar la colección Luchadores del Espacio, y no perdió tiempo en aumentar la apuesta a todos los niveles.

A lo largo de las seis entregas siguientes de la que acabaría siendo conocida como Saga de los Aznar, ésta fue adquiriendo paso a paso su personalidad diferenciadora. Entre medias, la colección dio entrada a otro autor, Alf Regaldie (Alfonso Arizmendi), el primero de muchos que aportarían su propia voz a la historia de la ciencia ficción pulp española, aunque sin alcanzar la relevancia de la obra de Enguídanos.

Antes de pasar a analizar los títulos que conforman este período, me gustaría comentar un poco por encima las limitaciones a que se enfrentaban los autores de bolsilibros. La norma general era que debían entregar una novelita cada semana. Cobraban por texto presentado, así que si no llegaban a tiempo no comían. Con el paso del tiempo, Enguídanos llegó a cobrar lo suficiente para permitirse la gracia de entregar un título cada dos semanas, aunque es muy posible que al principio, sobre todo considerando la cadencia de sus aportaciones, se viera igualmente sometido a esta vertiginosa imposición creativa.

Por añadidura, los editores no veían con buenos ojos las serializaciones (posiblemente ante el temor de que las sucesivas entregas fueran perdiendo seguidores; no fueron muy abundantes y, en cualquier caso, ninguna otra serie alcanzó los dobles dígitos), así que cada tomo debía ser perfectamente autoconclusivo; con su introducción, su nudo y su desenlace. Por si las moscas, además, había que dedicar cierto número de párrafos a recordar (o poner al corriente) al lector los hechos fundamentales de anteriores aventuras. Por último, el número de páginas era fijo (128, en tamaño 15,5×11, que en la segunda edición quedó reducido a 14×10) en una época en que la maquetación era rígida, lo cual obligaba en ocasiones a apresurar el desenlace y en otras a añadir paja para cumplir con la longitud requerida.

Bajo estas condiciones, llegó a los kioscos el segundo título de la colección y de la Saga: “El planeta misterioso”, con la vista puesta ya fuera de nuestro planeta, en el exótico Venus. Dado que para este repaso me baso en su segunda edición, he de comentar que es en este tramo donde nos encontramos las mayores diferencias entre las dos versiones. Así pues, en la edición de los años 50 aparecen dos viajes a Venus; uno capturados por los hombres grises y otro por sus propios medios bajo el título “La ciudad congelada”. La versión de 1974, pese a mantener el título, toma como base la historia de “La ciudad congelada”, aportando elementos de “El planeta misterioso” y trasladando otros a “Cerebros electrónicos”, la siguiente entrega. Para más información, os remito a las reseñas de José Carlos Canalda en el Sitio de Ciencia Ficción.

En “El planeta misterioso” v.2, nos encontramos con los héroes de la Astral Information Office desacreditados por sus descabelladas historias sobre hombres grises de Venus, hasta que reciben la llamada de un millonario, Harry Tierney (inspirado probablemente en Howard Hughes), que dispone de una astronave capaz de comprobar in situ sus alegaciones (gracias a un combustible especial inventado por el profesor Erich Von Eicken… un supuesto colaborador de Werner Von Braun). Con este vehículo, el Lanza, los expedicionarios llegan a un Venus prehistórico y tropical, habitado por hombres de piel azul, los saissai, esclavizados por los hombres grises o thorbods.

Ni unos ni otros son oriundos del planeta, pero mientras los primeros han desarrollado una milenaria civilización basada en la sencillez, los segundos son una raza cruel cuyo único pensamiento gira en torno a la conquista. Los expedicionarios, comandados por Miguel Ángel Aznar (que pronto se erige como líder indiscutido del grupo), planean un audaz asalto contra un centro minero para liberar a cuentos saissai puedan, interrumpir las actividades industriales por un tiempo y capturar a un thorbod que llevar de vuelta a la Tierra (cabe señalar que Enguídanos ya llevaba varios títulos publicados en la colección Comandos de Valenciana, dedicada a las hazañas bélicas, un sustrato que se pone de manifiesto a menudo en las novelas de la Saga).

Salvo por el cambio de escenario, y a pesar de la reescritura, esta entrega no acaba de conectar con el estilo que predominará en la Saga, sino que aparece como un planetary romance bastante típico. Presenta, eso sí, elementos que luego se desarrollarán en mayor extensión. Algunos como un incómodo lastre (los saissai, cuyo destino nunca llega a ser aclarado, aunque resultan fundamentales en el siguiente volumen), otros como semilla de desarrollos posteriores (desde el gusto por los planetas exóticos y selváticos, hasta futuros antagonistas como los propios thorbod (apenas esbozados) o los hombres-planta, pasando por el primer indicio de la gran innovación de la Saga: los autoplanetas (en forma de cúpula antiquísima).

La auténtica innovación comienza con “Cerebros electrónicos”, una historia con un poder de fascinación muy superior. En el viaje de regreso a la Tierra, un acto de sabotaje realizado por el thorbod prisionero hace que el Lanza se estrelle contra un planetillo errante (otro elemento recurrente), que por casualidad atraviesa el Sistema Solar justo en ese momento. Tras un inicio dramático, con los náufragos del espacio condenados a morir en un planeta helado y sin oxígeno, los personajes descubren que no están solos, sino que hay al menos una actividad robótica centrada en una lejana ciudad bajo una cúpula. Alternando descubrimientos y desgracias, los protagonistas, liderados de nuevo por Miguel Ángel Aznar, salvan los obstáculos en penetran en el corazón de la ciudad, donde un cerebro electrónico gigantesco lo controla todo.

Su desconexión propicia la reanimación de un grupo de saissais hivernados, los ancestros de la civilización de Venus (fugitivos a su vez de una terrible guerra), que al conocer la situación de sus descendientes (así como el funesto destino de sus hermanos en Ragol, que así se llama el planetillo errante, asesinados por el ordenador central al cobrar este conciencia), prometen poner su avanzada técnica a la tarea de derrotar a los thorbod. Por desgracia, la excéntrica órbita del mundo lo está alejando a doscientos mil kilómetros por hora del Sol, así que se toma la decisión de hivernar todos en tanto se activa la industria robótica de Ragol para que vaya construyendo una flota de guerra con la cual plantar cara a la amenaza del hombre gris.

“Cerebros electrónicos” posee ya el genuino sabor característico de la Saga, con sus robots humaniformes (con una rueda central en vez de piernas en la segunda edición), sus invenciones (se nos presentan las “zapatillas volantes”, una especie de vehículos antigravitatorios, armados de rayos ígneos, la primera super arma) y su orientación, entre aventurera y exploradora… muy en la línea de lo que años después propondría Ronddenberry con Star Trek (aunque la Saga guarda mayor semejanza con las series más recientes que con la original).

La acción regresa a la Tierra con “La horda amarilla”, y con ellos regresan los exploradores del Lanza, a bordo en esta ocasión del autoplaneta Rayo, una gigantesca astronave con forma esférica (400 metros de diámetro) con un anillo central (de seiscientos metros de diámetro y veinte de grosor) y cuatro rascacielos de 170 metros de altura en su segmento superior (concepto basado en el Orbimotor de José de Elola, el Coronel Ignotus, aparecido en la serie sobre los Viajes Planetarios en el Siglo XXII, Biblioteca Novelesco-científica 1921-1926). Llega armado además con una flotilla de 50 destructores y 200 zapatillas volantes pilotadas por robots, todo ello construido de dedona, un milagroso material ultradenso que repele la fuerza gravitatoria al circular por él energía eléctrica (y que resulta además invulnerable a los rayos ígneos o Z, como pronto se les empezará a llamar). Todo este poderío militar viene que ni pintado, pues las grandes potencias terrestres se encuentran enzarzadas en una guerra total, con la armada del despiadado Tarjas-Kan (un nada disimulado transuto de Gengis Kan) dispuesta a aplastar bajo sus bombas a las naciones de la cristiandad.

Tras un breve escarceo con las autoridades norteamericanas, Miguel Ángel y sus compañeros se vuelven hacia la Federación Ibérica (la península Ibérica e Iberoamérica, con capital en Madrid), que les ofrece el apoyo necesario para realizar un ataque definitivo contra la capital de Tarjas-Kan, descabezando así a un oponente con fuerzas muy superiores (los destructores del Rayo no tienen parangón, pero las fuerzas enemigas se cuentan por centenares de miles de aparatos).

Con un desarrollo que hoy en día encontraríamos muy políticamente incorrecto (cuando no directamente racista), “La horda amarilla” inicia la cuenta de grandes conflictos de la Saga, arrancando también de paso la carrera armamentística que marcará la suerte de todos ellos a lo largo de los siglos y milenios siguientes. Aparte de la tendencia hacia los enfrentamientos multitudinarios (en adelante el choque de armadas cuyos integrantes se cuentan por millones será habitual), me gustaría destacar dos elementos de enorme importancia posterior.

Por un lado, es en “La horda amarilla” donde primero tenemos un atisbo de la utopía tecnológica que se erige en principal argumento de la vertiente social de la serie. En la Tierra del siglo XXV, de no haber guerra y con una esperanza de vida que triplica la actual, todos los elementos productivos están en manos del estado, que provee las necesidades básicas, e incluso algunos lujos, de forma gratuita a todos los ciudadanos. Estos, a su vez, deben dedicar seis años de su vida al servicio público (en empleos seleccionados por un ordenador), al cabo de los cuales pueden seguir trabajando por pura inquietud personal (caso sobre todo de las actividades científicas), dedicarse a las artes o el deporte o a tocarse la barriga a dos manos (el automatismo ha liberado al hombre de la necesidad de trabajar). Una propuesta bastante arriesgada, pues se realizó en plena dictadura franquista, para lo cual el propio autor debe negar, por boca de uno de sus personajes, a acusación de “comunismo” replicando que se trata de “cristianismo” (al parecer, la censura tampoco examinaba en demasiado en detalle las novelas populares de ciencia ficción).

Esta utopía, lejos de ser maravillosa y perfecta, se ve sometida a diversas pruebas y ajustes a lo largo de la serie, aunque nunca altera su esencia. La mayor preocupación de la gente es escapar del anonimato y destacar sobre la masa, bien sea en alguna de las profesiones no remuneradas (puramente vocacionales) o haciendo algo mejor que nadie. Este estilo de vida choca a menudo con las necesidades bélicas, con lo que se establece un curioso equilibrio entre esta utopía y la rígida estructura de mando militar.

El otro elemento crucial de esta entrega lo encontramos en el traslado del peso de la acción de los Estados Unidos a España (es decir, de anglosajones a hispanos). Los editores de la época promovían justo lo contrario (de ahí los seudónimos anglosajones), pero Enguídanos va desplazando poco a poco el foco hasta que casi lo único que queda son apellidos españoles (la misma doble nacionalidad de Miguel Ángel Aznar, que sirve de excusa en “Los hombres grises” para hacerlo miembro de la USAF, no vuelve a ser mencionada jamás, pasando a ser tratado únicamente como español).

También cabe mencionar la introducción a partir de esta entrega como portadista de José Luis Macías (podéis conocer más sobre él en la entrevista que le hicimos con motivo del número 5 de Rescepto), que pasaría a ser el ilustrador oficioso de la Saga (en su primera edición; para la segunda se reutilizaron portadas previas, bastante mutiladas para encajar en la maqueta).

Apenas solucionado (por las bravas) el conflicto “doméstico”, toca volver la vista hacia el verdadero enemigo, la bestia gris, que lleva todos esos siglos haciéndose fuerte en Marte (ni palabra de cómo se libraron los saissai de Venus de la dominación thorbod… para caer bajo cierta suerte de colonialismo terráqueo). El motivo de conflicto es el asteriode Eros, única fuente conocida de dedona del Sistema Solar, que las tropas terrestres, unificadas en una Policía Sideral bajo el mando de Miguel Ángel Aznar, pretenden explotar para construir una flota invencible de destructores. Los hombres grises, por supuesto, no están dispuestos a permitirlo, así que las primeras escaramuzas siderales están servidas.

Nos encontramos aquí con una campaña defensiva, en la que se ponen en juego estrategias adaptadas a las características de las armas (aparte de los rayos Z, se emplean misiles y una atmósfera artificial, que envuelve al Rayo en 100 millas a la redonda, provocando la destrucción de cualquier objeto que se desplace por su interior a una velocidad superior a mach 3). Como característica propia de la Saga, cabe resaltar que ya en estos momentos se deja la evolución de los combates en manos de las computadoras, aduciendo que las velocidades son demasiado elevadas para que un cerebro humano pueda responder a tiempo. El papel de las tripulaciones humanas es diseñar la estrategia, dejando el desarrollo del combate en “manos” más eficaces.

Otra constante de la Saga hace su aparición: la increíble predisposición de los Aznar para enviudar. Barbara Watt desaparece de escena (de forma un tanto ignominiosa por trivial… y fuera de cámara además), lo cual permite la introducción de Berta Anglada, astronauta de las fuerzas ibéricas platónicamente enamorada de Miguel Ángel (que no está para romances). Tal vez este giro fuera motivado por la necesidad de meter una historia de amor (que no podía faltar en la novela popular) con calzador (dudo que la desamericanización fuera tan radical), pero lo que nos ofrece es un observador externo al núcleo de personajes principales, lo cual será un recurso utilizado a menudo en la Saga, llegando a apartarse esporádicamente en futuras entregas de la línea hereditaria principal, con lo cual gana en profundidad.

El conflicto estalla en toda su magnitud con “La abominable bestia gris”, la entrega en la cual la serie alcanza su mayoría de edad. Pese a mostrar serios problemas de ritmo, esta entrega alcanza momentos de extrema brillantez, constituyendo junto con “Cerebros electrónicos” lo mejor de la primera etapa. La guerra total comienza con el asesinato de quinientos millones de humanos, al emplear los thorbod un arma terrible, la bomba W (capaz de provocar una reacción en cadena que destruye toda la atmósfera y mares de un planeta) contra la terraformada Luna, y no para de escalar en intensidad a partir de ahí.

Sin que la producción de los nuevos destructores haya siquiera comenzado, Miguel Ángel opta por llevar la guerra al propio Marte a bordo del Rayo, invadiéndolo mientras los thorbod hacen lo propio con la Tierra, en una estrategia similar a la de Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica. Esto le permite al autor mostrar una nueva faceta bélica, la de grupos de comandos invadiendo una ciudad subterránea, que se nos muestra en toda su crudeza. He de reconocer que a Enguídanos se le va un poco la mano al mostrarnos de primera mano las atrocidades de los humanos mientras que las burradas thorbod, aun siendo iguales o superiores, se describen con mucho mayor distanciamiento, pero las imagenes siguen siendo poderosas.

Como su homólogo cartaginés, Miguel Ángel es desaturizado y destituido cuando las cosas se ponen duras en la Tierra. Se le obliga a abandonar su exitosa campaña y regresar para ser testigo del fin de la humanidad libre. Rompiendo la sucesión de victorias, y mostrando con ello una madurez impropia de un serial pulp, la Saga de los Aznar se apunta a la tragedia, mostrándonos la derrota total de la humanidad frente a la bestia gris.

En el último momento, siete mil españoles escogidos en parte al azar y en parte entre los más destacados representantes del mundo de las ciencias y la cultura, embarcan en el Rayo para escapar de la hecatombe y otorgar una esperanza a la humanidad. En una escena que aún logra que se me ponga la piel de gallina, los últimos aviones de guerra, provenientes de todo el globo, se enzarzan sobre el cielo de Madrid en una lucha brutal por conceder al Rayo y a sus ocupantes la oportunidad de huir. La Saga abandona el nido y se lanza a lo desconocido, al espacio, dejando tras de sí un mundo devastado y millones de humanos condenados a la esclavitud y el exterminio.

Esta alternancia entre momentos de gloria y tragedia, tanto en el plano general como como en el personal, termina de configurar el espíritu de la serie, que a partir de esta entrega ya presenta casi todos sus elementos característicos (aunque con la continuación en los años setenta se añadirían algunos nuevos). Eso sí, queda mucho camino de maduración y muchos escenarios extraordinarios que explorar, pero los cimientos ya están bien asentados, para edificar sobre ellos la gran Historia… que seguiré comentando en futuras entregas.

Reseñas de José Carlos Canalda en El Sitio de Ciencia Ficción:

Otras entregas de la Saga de los Aznar en Rescepto:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 13, 2012.

7 comentarios to “La Saga de los Aznar (2): Primeros pasos”

  1. Felicidades de nuevo por tu espléndido artículo, Sergio. Sólo quería hacer dos o tres puntualizaciones. Primero, que tanto Luchadores como otras muchas colecciones no eran semanales, sino quincenales. La periodicidad semanal la implantó Bruguera en sus colecciones años después. Segundo, a título de anécdota, que el nombre de “La Saga de los Aznar” no apareció hasta la edición de los años setenta, nunca se llamó así en la de los cincuenta.

    Respecto a a “utopía comunista” planteada por Enguídanos, yo la tengo más bien por utopía falangista, lo cual dada la época es mucho más coherente. Al fin y al cabo el falangismo original (no el pasado por la batidora del franquismo) era bastante similar al comunismo en sus planteamientos económicos y sociales, aunque no, claro está, en los políticos.

    Aunque es cierto tu comentario de que las series largas desaparecieron pronto en Luchadores, sí existieron algunas, aparte de la Saga, en los primeros años de la misma: las de Alf. Regaldie, la de Larry Winters (unas siete novelas), la propia de Enguídanos de Más allá del Sol (cinco) y algunas de cuatro, como la del Kipsedón. Luego es cierto que las series se fueron haciendo más cortas hasta llegar a desaparecer, e incluso a una serie de dos novelas del profesor Hasley la comprimieron en una por mediación de otro escritor.

    Claro está que cada colección tenía su propia política, las series son prácticamente inexistentes en Espacio, contemporánea de Luchadores, mientras que de todos es sabido los problemas que tuvo Ángel Torres para sacar adelante el Orden Estelar en Bruguera.

    Saludos

  2. Gracias José Carlos. Es el problema de basarme en la segunda edición. Como para mí siempre ha sido la Saga, tiendo a llamarla así.

    Aunque las colecciones eran quincenales, como los autores solían simultanear varias, a la postre sus aportaciones (salvo en el caso de Enguídanos, y no sé por cuánto tiempo) eran semanales.

    Respecto al carácter de la utopia… me ha supuesto varios quebraderos de cabeza definirla. Es muy cierto que se mencionan hasta la extenuación cuestiones como el destino manifiesto y la defensa de los valores de la cristiandad, pero ¿hasta qué punto son consustanciales a la organización social descrita o producto de un tiempo y un contexto específicos (sin olvidar la necesidad de hacerle la rosca a la censura)? Conociendo la influencia de Wells (y tras la entrevista que le hice) me da que Enguídanos escoraba más hacia la izquierda que hacia la derecha (tampoco es que a la postre la etiqueta importe demasiado; de hecho creo que voy a prescindir de ellas).

    Respecto a las series… Estaba falsamente convencido de que la del Kipsedón y la de Más allá del Sol eran de tres entregas. En cuanto pueda lo corrijo en la entrada.

    • Hola de nuevo, y gracias por la respuesta. Paso a re-ressponderte. Cierto, muchos -no todos- autores de bolsilibros eran todoterrenos, y no es que escribieran una novela a la semana, es que a lo mejor se zampaban dos o tres… aunque no fuera lo más normal.

      El tema de la utopía de la Saga es interesante. Para empezar, hay que tener en cuenta que el falangismo era un movimiento fascista a la española, revolucionario por supuesto, y en su ideario original -insisto, luego Franco lo vació para usarlo de cobertura- estaba bastante más cerca del comunismo que de la derecha clásica, a la que odiaban. Se diferenciaba del comunismo en que era ultranacionalista y cristiana, pero desde el punto de vista económico y social tenían muchos puntos en común, quizá demasiados para la comodidad de algunos. Y desde mi punto de vista, la utopía de la Saga se puede explicar perfectamente dentro del ideario falangista, con independencia de que esa fuera o no la intención de Enguídanos.

      Por otro lado, no dudo de la sinceridad de Enguídanos cuando afirmaba su tendencia política izquierdista… en los últimos años de su vida. Pero la Saga la escribió con treinta y tantos años, y la gente evoluciona. Además, no es nada disparatado que los falangistas de verdad acabaran escorando hacia la izquierda, sobre todo cuando Franco se apropió del falangismo convirtiéndolo en la tapadera de un régimen básicamente conservador (por no decir reaccionario) y ligado a la derechona de toda la vida, a la que los falangistas de verdad odiaban. Fíjate en el caso de Dionisio Ridruejo, por ejemplo.

      Respecto a las series, además del Kipsedón (4) y Más allá del Sol (5) me vienen a la memoria la de los hombres de Noidim, de Larry Winters (dos series de 3 y 4 novelas, pero enlazadas en una aventura única) y las dos de Alf. Regaldie, la de Destructores de mundos (4) y la de Piratas siderales (alrededor de 5 ó 6, no recuerdo bien). Luego ya hay varias de 3 y bastantes de 2.

      • He cambiado lo de “comunista” por “tecnológica”. Me temo que carezco de suficientes conocimientos históricos para juzgar con propiedad, así que opto por no mojarme. Lo de “tecnológica” viene por la importancia que el avance científico y los automatismo tienen en su mantenimiento, lo cual le confiere en mi opinión un carácter muy particular, más una proyección de futuro que un sistema que pudiera ser implementado sin más.

        • Como lo prefieras, pero tampoco creo que sea nada de ponerte un puñal en el pecho; era una simple disquisición erudita. Además, el mismo Enguídanos lo dice (vete a saber si por la censura) en La horda amarilla: ¿Comunismo? No, cristianismo…

  3. Hola a los seguidores de la Saga. Tengo la coleeción casi completa dividida en dos ediciones. Un poco mas de la mitad correspondiente a la primera edición (pulp amarilla pequeño) y el resto en una ¿2/3ª? edición (mas grande y lomo negro). Ademas tengo el número 1 firmado y dedicado por el autor.
    Podríais dedirme en qué número finaliza. Creo que tengo hasta el nº 68. Y alguien podría decirme dónde puedo comprar los números que me faltan.
    De esta saga saldrían muy bien varias trilogías en el cine.
    Saludos a todos

    Albert Bravo

    • Hola, Albert.

      Los libros que tienes corresponden todos a la segunda edición (cambió de formato a partir del número 42). La Saga se interrumpió en el número 59 (“El refugio de los dioses).

      Si deseas completarla en la misma edición, tendrás que bucear en librerías de viejo. En cuanta a la tercera, que es la más reciente, puedes adquirirla a través de la editorial Silente (agrupa los títulos originales en volúmenes de dos o tres historias).

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