El factor crítico / Dar de comer al sediento

Desde 1994 el duo más prolífico y estable de la ciencia ficción española, el formado por Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, lleva desarrollando a través de decenas de escritos (11 relatos, 14 novelas cortas y 7 novelas) un escenario personal, el Universo Corporativo, que arranca mediado el siglo XXI y se proyecta 8.000 años en el futuro (por el momento).

Se trata de un escenario complejo, que asumiendo principalmente las formas de la space opera ha ido evolucionando con el paso de los años y la sucesión de entregas (podéis echarle un vistazo en la página web del Unicorp), cuya principal seña de identidad es el humor. Pero no un humor descontrolado, sino afilado y dirigido, con clara intencionalidad satírica y capaz de dejar caer entre risas cargas de profundidad.

Entre 2003 y 2008 la editorial Siente recopiló (y amplió con material inédito) en 11 tomos la colección Unicorp, a los que habría que añadir la edición en 2009 de “La cosecha del Centauro”, XVIII premio UPC, publicado por Ediciones B. Por último, en 2010, la colección Unicorp (salvo por el último volumen) salió en electrónico (EPUB) bajo el sello Leer-e.

Como número 4 de la colección (tras las dos primeras entregas de la trilogía de Benigno Manso Cordero y “Pacificadores”), se publicaron las novelas cortas “El factor crítico” y “Dar de comer al sediento”.

“El factor crítico” narra las peripecias de Onofre Guisasola, un vacacionero cuyo trabajo consiste en suplantar en sus período de asueto a altos directivos de diversas corporaciones Multiplanetarias, obligados por ley (e imposibilitados por condicionamiento) a tomarse un mes anual de vacaciones y desconexión absoluta del trabajo. Lo que podría parecer un trabajo ideal constituye en realidad una pesadilla, pues Onofre, un hombre simple y tranquilo, lo último que desearía es verse obligado a demostrar continuamente que se lo está pasando en grande entregado a todos los excesos conocidos por el hombre.

Como muestra un botón: Conrado Sakamoto, vicepresidente de Sempai Biocorp, tiene ínfulas de cultureta y se/le ha diseñado unas vacaciones en Alfa Centauri, el planeta donde el arte ha alcanzado cotas tan ridículas que es el hazmerreír del resto de la Galaxia. Por si soportar los excesos “artísticos” no fuera suficiente, su exclusivo ferrai E-6000 de alquiler posee el cerebro biocuántico de un cazabombardero psicópata reinsertado y a poco de llegar se ve envuelto en una rocambolesca trama de intereses ocultos, mangoneo artístico y tejemanejes corporativos.

“El factor crítico” funciona a cierto nivel como una farsa de novela de espías, en la que el inocentón Onofre se zambulle con la sutileza y discreción de un gandulfo en celo en un congreso de degustación de supositorios. Por supuesto, como nadie es capaz de concebir tamaña ineptitud, todo el mundo asume que el astuto Sakamoto va tras la pista de algo grande… y como los chanchullos menudean las olas que levantan pronto amenazan con derrumbar el tinglado al completo.

Por si fuera poco, nos encontramos también con la particular idiosincrasia local, que ha elevado el arte a la categoría de centro pivotal de la existencia. Aunque claro, no todo el mundo está capacitado para valorarlo, y ahí entran en juego los críticos, únicos capaces de traspasar los velos de los sentidos y descubrir (normalmente en la obra de amiguetes o protegidos) los mil y un significados ocultos a mentes menos preclaras. Cualquier parecido con la realidad, como ya avisan los autores en el prólogo, es mera coincidencia.

Respecto a la segunda novela corta (quizás la más famosa de los autores), no es casualidad su inclusión junto con “El factor crítico”. Si la primera se mofaba de determinadas actitudes perfectamente extrapolables al mundillo editorial (incluso hay un crítico condenado a un año de “apatamiento” por incurrir en la indecencia de leerse el libro que tenía que reseñar), “Dar de comer al sediento” dirige sus miras hacia los autores, y en particular hacia la tan manida defensa de “no me corrijáis, es mi estilo”.

El profesor Collins, de la Universidad Polifacética Centauriana, decide irrumpir en el campo de las letras con una extraordinaria novela corta de ciencia ficción (eso dice él, aunque es más espada y brujería que otra cosa), que escribe a impulsos de su paupérrima vida sentimental y con más entusiasmo que oficio. Por fortuna, allí está el corrector de estilo de Palabra Perfecta Plus para guiarle en los procelosos caminos de la corrección gramatical… lo quiera o no, pues al ser una copia pirata no tiene modo de desconectar sus mordaces y certeros comentarios.

En pocas palabras, “Dar de comer al sediento” debería ser lectura obligatoria para todo aspirante a juntaletras.

Momentos como el de los pezones bien torneados son antológicos, pero es que además, entre broma y broma, la historia va esbozando unos personajes terriblemente humanos (incluyendo en la categoría a programas como el corrector de estilo y el antivirus mercenario). Al igual que en “El factor crítico”, si la hilaridad se origina en defectos profundamente arraigados en nuestra naturaleza, los protagonistas se redimen a través de un anhelo de trascendencia igualmente esencial a nuestra naturaleza. En el caso de Collins, las ansias literarias no son sino la sublimación de una acuciante necesidad de contacto humano.

Porque por debajo (y por encima, y por los lados) de la broma ácida y la carcajada fácil, nos encontramos en estas novelas cortas con temas de enorme calado; como la avaricia empresarial, el racismo, el elitismo cultural, el rumbo preocupante de la enseñanza universitaria (que, ¡ay!, no ha hecho sino torcerse aún más desde que se escribió “Dar de comer al sediento”)… Por supuesto, las verdades como puños entran mejor con una sonrisa.

Ya en 1996 “Dar de comer al sediento” resultó destacado (sin premio) con una mención al premio UPC, siendo publicado en el volumen recopilatorio correspondiente en 1997 y cosechando con ello en 1998 el premio Ignotus a mejor novela corta. Ya por aquel entonces, y según palabras del propio Miquel Barceló en el prólogo de la antología, su enfoque cómico había pesado en la no concesión del premio (que sí obtendrían doce años después con “La cosecha del centauro”), quedando relegado en adelante el Unicorp a pequeñas faneditoriales como Silente y Espiral (sin demérito, todo lo contrario, a la labor de Pedro García Bilbao y Juan José Aroz).

Es lo que tiene, ser españoles, escribir ciencia ficción y encima atreverse con un registro tan difícil como el cómico. El que lo hagan de maravilla tan sólo pone aún más de manifiesto el doble rasero que existe en este país, donde ni Douglas Adams ni Terry Pratchett se hubieran comido una rosca.

Agradezco a Silente la entrega de un ejemplar de “El factor crítico – Dar de comer al sediento” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

Anuncios

~ por Sergio en noviembre 7, 2012.

3 comentarios to “El factor crítico / Dar de comer al sediento”

  1. Primera noticia de su existencia.

    • Lamentablemente, se ha movido casi siempre en el ámbito de las microtiradas, lo que no le impidió cosechar cierta notoriedad entre los aficionados (con tres premios Ignotus, infinidad de nominaciones, un UPC y una mención, un Alberto Magno… e imperecedera fama para las mollejas de gandulfo).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: