El rey trasgo: La Ciudadela y la Montaña

La primera novela de Kelonia Editorial, “El rey trasgo: la Ciudadela y la Montaña”, que supuso también el debut de su autor, Alberto Morán Roa, es una obra de fantasía épica de las de nuevo cuño, alejada de los estereotipos juveniles que han plagado el género desde los años 80.

A través de dos líneas principales (que jamás llegan a converger en este volumen), cuya acción gira en torno a las dos ubicaciones indicadas en el subtítulo, nos muestra un mundo que acaba de dejar atrás una brutal guerra, y ante el que se alza un terrible peligro. Ocho años después de la traumática derrota del tiránico imperio de Kara, las tres naciones aliadas que propiciaron su destrucción mantienen un precario equilibrio de poder, sustentado (y amenazado) por la Ciudadela, una fortaleza asentada en un peñasco volante que alberga en su interior un poder mágico devastador. Sobre los hombros de los comandantes de Esidia, Ara y Thorar descansa la responsabilidad de mantener la paz tan duramente alcanzada… o hacer uso de la aterradora arma que el azar ha puesto en sus manos.

Mientras tanto, en Epyom, a las faldas de los Picos Negros, Tobías busca cuanta información puede obtener acerca de los habitantes y peligros de la Montaña. En la librería de su amigo Helmont, un diario escrito con la florida prosa de un poeta le pone sobre la pista de un mal que mora en las cavernas que horadan la cordillera. Un mal que amenaza no sólo a la escasa población de esa apartada región de Esidia, sino que se cierne sobre el mundo entero, como una promesa de sangre y destrucción.

Alternando el punto de vista, ya no sólo entre estos dos frentes, sino en múltiples personajes, haciendo amplio uso del flashback e incluso cambiando de la tercera a la primera persona en las secciones propias del diario, Alberto Morán va dibujando un mundo que disfruta de una efímera y costosa paz, pagada con la sangre de la guarnición de la Ciudadela, víctima de numerosos ataques (se trata de un mundo donde no escasean las monturas de guerra aladas, bien sea dracos, grifos, wyvernas o pegasos).

Respecto a la trama de la Ciudadela,  se nos presenta en parte como una sucesión de combates, donde el autor hace gala de un profundo conocimiento en esgrima antigua (que hace muy creíbles los duelos, si bien a la postre acaba ralentizando un tanto el ritmo), así como de meditadas estrategias (lo que no acaba de quedar demasiado justificado es la compulsión de ir a tocar las narices a unos soldados con la capacidad de desencadenar una represalia potencialmente definitiva contra la nación agresora); y en parte como escenario de intrigas políticas por el control de la Ciudadela (con un triunvirato clásico, en el que no falta ni la figura noble y comedida, ni el guerrero ansioso de gloria, ni la facción insidiosa y maquinadora).

En cuanto a la segunda trama, funciona más como un misterio que se va desvelando poco a poco, hasta cobrar plena importancia y mostrarse como la columna vertebral sobre la que se sustentará la serie (la intención del autor es desarrollar la historia del rey trasgo por espacio de varios volúmenes). En lo que ambas coinciden es en un final abierto (en particular para Tobías y sus acompañantes), que emplaza para futuras entregas.

A nivel de estilo, “El rey trasgo: la Ciudadela y la Montaña” es un libro notable, en particular para un escritor novel, aunque ya con alguna que otra traducción en su haber (y lo mismo podría decirse con respecto a la edición de Kelonia). Existe una evidente preocupación por cuidar el lenguaje, hasta el punto en que si se incurre en algún error es más por exceso de celo (como en cierto momento que el Sol alcanza su punto “álgido”, una confusión semántica por lo demás bastante común). Donde a mi entender más flaquea la historia es en la caracterización de los personajes y la plasmación de sus motivaciones, con actitudes que se me antojan un tanto anacrónicas, habida cuenta del grado de desarrollo tecnológico y social del escenario descrito. Ninguno de ellos consigue trascender su papel dentro de la historia.

Tampoco me satisfacen los mecanismos de transmisión de información, con capítulos (o microcapítulos, pues en realidad el libro se subdivide en escenas de unas pocas páginas) que se presentan casi como lecciones de historia para situarnos en antecedentes, mientras que en otras ocasiones el enfoque nos acerca tanto a la acción inmediata y el primer plano que perdemos de vista la imagen global. Tampoco ayuda que queden elementos desconectados del conjunto, como el ataque después de ocho años de alianza de los héroes de Galaria, o giros argumentales cuya base no se establece con suficiente antelación, como la política a largo plazo de Ara.

La historia del rey trasgo se adivina compleja y ambiciosa, así como es perceptible un esfuerzo por romper los esquemas tradicionales de la fantasía épica post-tolkienista (para más información, podéis seguir el blog de la saga). A nivel narrativo, sin embargo, creo que en esta primera entrega quedan todavía facetas por pulir, que se podrían resumir en un mayor control de la historia y de los personajes por parte del autor (una aproximación más holística, no tan episódica). La materia prima (la corrección formal y el interés de las escenas) está ahí, así como el trasfondo general (con una reflexión en torno al poder y la responsabilidad de su empleo que flota sobre toda la historia y se proyectará sin duda en futuras entregas). Al encajar entre sí, sin embargo, aparece todavía alguna que otra grieta o arista que desluce un tanto la obra.

Eso sí, por su naturaleza parcial (así como su carácter introductorio), tal vez resulte un tanto apresurado juzgar determinados aspectos de la trama sin saber cómo van a evolucionar en sucesivos volúmenes. El equilibrio entre historia individual y fragmento de un todo mayor, es también un compromiso difícil de calibrar.

Agradezco a Kelonia Editorial la entrega de un ejemplar de “El rey trasgo: La Ciudadela y la Montaña”, para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

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~ por Sergio en noviembre 2, 2012.

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