Los hombres de Venus

Si me dedico a la literatura fantástica, tal vez incluso a escribir, se lo debo a una colección de novelitas amarillas (acompañadas de un puñado negras y de mayor formato), que constituyeron las supervivientes de la colección de bolsilibros de mis padres y que leí varias veces, empezando con ellas  diez o quince años después de su publicación. Se trata quizás de la obra más importante de la ciencia ficción española, la Saga de los Aznar, cuya primera edición, compuesta por treinta y tres títulos, data de entre 1953 y 1958, y que fue reeditada y ampliada hasta los cincuenta y nueve entre 1974 y 1978.

Me costó casi veinte años completar los huecos en la colección (por unas razones u otras, faltaban alrededor de un tercio de los volúmenes, sobre todo entre los últimos números), pero conseguí reconstruirla y hoy ocupa un lugar de honor en mi biblioteca (junto con sus tres ediciones en cómic). El año 2003, además, tuve el inmenso privilegio de entrevistar al autor en su casa de Llíria para escribir un artículo que fue publicado en 2004 en el libro de la Universidad de Valencia “Memoria de la novela popular: Homenaje a la colección Luchadores del espacio”.

Don Pascual Enguídanos Usach, cuya carrera literaria se desarrolló bajo los seudónimos de George H. White y Van S. Smith (cosas de la xenofobia inversa que nos caracteriza, que nos hace valorar más un apellido anglosajón que otro hispano), murió poco después, en 2006, justo cuando empezaba a cosechar el reconocimiento que merecía. En otro país, su deceso hubiera sido noticia de portada (en su momento de mayor popularidad, las tiradas de sus novelas alcanzaron los 50.000 ejemplares), aquí en su funeral había ocupados tres bancos y medio.

Su memoria la mantiene viva el Escuadron Delta, un grupo de aficionados organizados en torno a la lista de correo ghwhite, organizadores cada año de las Aznarcones, que suelen coincidir con la Hispacon (aquí tenéis la programación de este año), así como le editorial Silente, que completó hace no mucho una tercera edición. De igual forma, podéis encontrar una detalladísima serie de artículos en el Sitio de Ciencia Ficción, obra del estudioso José Carlos Canalda.

Por mi parte, hacía tiempo que quería brindarle un homenaje personal en Rescepto, aunque por unas razones u otras lo iba dejando para otra ocasión. Ahora, sin embargo, he tomado la determinación de releerme la saga (mi primera relectura completa), intercalando uno de sus títulos tras cada libro que me lea y dedicando a continuación una entrada a cada ciclo narrativo (de entre tres y seis historias). Y todo ello empieza con “Los hombre de Venus”, número uno de la Saga y de la colección Luchadores del Espacio, de Editorial Valenciana.

Corría 1953, y fue precisamente Enguídanos quien se aproximó a José Soriano, el editor, con la idea de inciar una colección de bolsilibros sobre ese “nuevo tipo de fantasía”, presente por ejemplo en los tebeos de Flash Gordon (por aquel entonces se estaba publicando la fase de Dan Barry, más científica que la anterior de Raymond, en la revista Boy). Desde 1951, Valenciana ya editaba la colección de novelas bélicas Comando (en la que Enguídanos participaba). Soriano le dijo que probara, a ver si la colección tenía acogida, y fruto de ello llegó a los kioskos “Los hombres de Venus”. La cosa debió de funcionar, pues ya no se interrumpió la periodicidad quincenal hasta diez años y doscientos treinta y cuatro títulos después.

Evidentemente, no todas las historias surgieron de la máquina de escribir de Enguídanos. El primero en sumarse a la colección fue Alfonso Arizmendi Regaldie (Alf Regaldie), al que siguieron muchos otros (hasta veintisiete), profesionales de la literatura pulp que en la mayor parte de los casos igual firmaban una de ciencia ficción que un western o una policíaca. La columna vertebral de Luchadores del Espacio, sin embargo, siguió siendo Enguídanos, quien con sesenta y nueve obras es de lejos el principal autor de la colección.

Aun formando indudablemente parte de la Saga, “Los hombres de Venus” no tiene demasiado que ver con la dirección que tomaría la historia, en especial a partir del octavo volumen, “La conquista de un imperio”. Enguídanos iba aprendiendo prácticamente sobre la marcha (su experiencia con la ciencia ficción se limitaba, según propia confesión, a Flash Gordon y a un puñado de obras de H. G. Wells), y eso se nota, en particular si nos atenemos a la primera edición (en la segunda, las novelas iniciales fueron reescritas en profundidad).

La acción se inicia con la introducción del protagonista, Miguel Ángel Aznar (luego descubriríamos que su segundo apellido era “de Soto”), un típico héroe pulp (mocetón de buena planta, con fuerte carácter y mejores sentimientos), recién cedido a la plantilla de la Astral Information Office, un minúsculo equipo de la ONU encargado de investigar las posibles amenazas extraterrestres. Sin tiempo para desempacar, se encuentra embarcado en un vuelo a la India donde el profesor Louis Ferderick Staffanson (el típico sabio excéntrico a lo Profesor Tornasol) desea investigar la historia de John Mitchel, un millonario desaparecido meses antes y rescatado de la selva en pésimas condiciones, tanto mentales como físicas, incapaz de musitar otra frase que “¡Los hombres grises de Venus!”.

El grupo lo completan Barbara Watt, la secretaria del profesor (indispensable objetivo romántico del héroe, a través del clásico arco rechazo-peripecias-amor), el radiotelegrafista Richard Balmer (que a la postre sería el más significativo, aunque en esta aventura tiene poco que hacer) y un par de personajes de relleno.

En la India una disparatada historia de intercambio de cerebros (narrada por la anciana Sakya Kuku Nor), les dirige al Tibet, a rescatar a Carol Mitchel, hija de Arthur y novia de Arthur Winfield, compañero de combate (la Segunda Guerra Mundial en la primera edición y la Guerra de Vietnam en la segunda) de Miguel Ángel Aznar. Al parecer, un cirujano poco escrupuloso, el doctor Mattox, con la ayuda de tecnología venusina, se hizo con el poder en el reino de Sakya, prometiéndole que trasplantaría su cerebro al joven cuerpo de Carol.

La trama va dando bandazos de este tenor, mientras nuestros protagonistas se adentran en el Himalaya, a la búsqueda de la heredera Mitchel y tras el misterio de los platillos volantes, muy abundantes en la zona (la fiebre por los ovnis se había disparado en 1947, con el supuesto avistamiento de Kenneth Arnold, y para los años 70 estaba de plena actualidad Erich von Däniken y sus historias de astronautas de la antigüedad). Por supuesto, casi todo se confirma, y tras diversas aventuras logran escapar de Mattox y de los alienígenas (que a partir de este momento recibirán el apelativo de thorbods), alcanzando la civilización con lo puesto (y careciendo, por tanto, de pruebas con las que convencer a la comunidad internacional de la amenaza extraterrestre).

En otras palabras, “Los hombres de Venus” es una aventurilla pulp que entremezcla diversos elementos más o menos prototípicos (desde los escenarios exóticos hasta la mitología ovni, pasando por los científicos locos y las proezas heroicas). Posiblemente esté mejor escrita que la media, pero tampoco es nada que destaque sobremanera. La semilla de lo que más tarde alcanzaría, sin embargo, ya había sido plantada, con una serie de peculiaridades reveladoras.

Nos encontramos, por ejemplo, con un protagonista español, metido subrepticiamante en un entorno estadounidense (por eso de “hacer creíble” la historia). Enguídanos lo justifica otorgándole la doble nacionalidad, pero pronto se olvida de la parte anglosajona de su herencia y pasa a definirlo a menudo simplemente como “el español”. En cuanto al estilo, la minuciosidad documental del autor se hace evidente en el cuidado con que planifica el vuelo de los protagonistas desde Nueva York a la India. Otro escritor pulp hubiera pasado por encima de los detalles engorrosos, don Pascual calculó etapa por etapa, prestando atención además al cruce de husos horarios.

La formación técnica de Enguídanos era limitada (mayormente autodidacta), y ello se aprecia sobre todo en la primera edición, con errores científicos de bulto. Sin embargo, su interés genuino en la materia se aprecia en el cuidado con que se entrega a este tipo de desarrollos y en la atención que dedicó a su rectificación para la segunda edición, lo cual convertirá a la saga en una mezcla tremendamente original de space opera, hard y especulación sociológica.

“Los hombres de Venus” no es el inicio ideal para la epopeya galáctica. Ya para cuando se publicó el cómic en 1959, con guión del propio autor y dibujos de Matías Alonso, las primeras aventuras de Miguel Ángel Aznar adoptaron la forma de otra miniserie de Enguídanos, la de “Heredó un mundo” (una trilogía publicada como números 71, 72 y 73 de Luchadores del Espacio). Como historia también es un poco tópica y apresurada (el idilio por decreto entre Miguel Ángel y Barbara Watt no se sostiene por ningún lado) y los protagonistas carecen de la elevada conciencia moral que caracterizaría su devenir posterior (aunque todavía no en los siguientes números de la primera edición). Por añadidura, con la reescritura Enguídanos ajustó aquí y allá detalles que terminaron por descompensar el conjunto (transformó, por ejemplo, el intercambio de cerebros en una complicada e irrelevante estafa de Mattox, quizás para reservarse el recurso de cara a la subserie de “El imperio milenario”, y, sobre todo, cambió el final, para saltarse uno de los dos viajes a Venus que realizan los protagonistas en la primera edición).

Con todas sus deficiencias, “Los hombres de Venus” es, sin embargo, el inicio de algo grande, y como tal un pedazo importante de la historia del género de ciencia ficción. De no ser por esta novelita no hubiera llegado la invasión thorbod, ni el exilio en Redención, no hubiéramos conocido la majestuosidad de Valera ni la barroca decadencia del Imperio de Nahum, los sadritas no hubieran conquistado el Sistema Solar, adiós al Circumplaneta y a los barpturanos, nunca podríamos haber soñado con las casi infinitas posibilidades de las máquinas karendón…

El viaje no ha hecho más que empezar. Las estrellas aguardan a la humanidad.

Otras opiniones:

Otras entregas sobre la Saga de los Aznar:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en septiembre 28, 2012.

9 comentarios to “Los hombres de Venus”

  1. No voy a reivindicar el pulp (pienso que peca de superficial), solo a contar una anécdota. Yo era un adolescentes devoralibros… Un día, falto de material, no me quedó otra que leerme un bolsilibro del oeste, no me acuerdo de quién… Lo empecé con gran asco, yo fan de kafka, etc… No era una historia original, era el tema clásico de un escuadrón cercado de Apaches, pero estaba tan bien hecho, los diálogos tan oportunos que la tengo por una de las experiencias literarias más gratas de mi vida. Literalmente, te convertía en un personaje más de la historia y cuando eso pasa… Ay si yo supiera hacerlo la mitad de bien!!!

    Estupendo plan el que nos planteas, Sergio. Bravo!!!

    • Pues yo sí que lo reivindico, incluso el malo (y mira que he leído bolsilibros malos…). Es una forma de expresión peculiar, con sus flaquezas (muchas) y virtudes. Tal vez no la más adecuada para producir obras singulares, pero cuando algo destaca, aun en contra de todos los condicionantes negativos, es todavía más especial.

  2. Enhorabuena, Sergio.
    Yo me leí “en directo” la Sala allá por los años 50 y también fué mi introducciñon a la CF y posteriormente a la escritura, ya que intervengo en la Nueva Generación publicada por Silente como complemento a la Saga y homenaje a Pascual Enguídanos.
    Y a parte de felicitarte por los comentarios expuestos en este artículo, animarte a seguir adelante, que tal vez así consigamos crear nuevos aficionados a la Saga o como mínimo nos harás disfrutas a los antiguos.

    • Gracias, Carlos. No sé si surgirán muchos aficionados nuevos. Por desgracia, parece que los tiempos en que la ciencia ficción era un entretenimiento popular han quedado muy atrás. Pero bueno, cuanto menos es una herencia de la que sentirnos orgullosos.

  3. Hola poseo las dos versiones de la saga la del 53 y la del 70 y siento discrepar, pues considero que la primera versión la del 53, es mucho más original, fresca y interesante, de hecho en la versión del 70 se hacen desaparecer dos obras, los nºs. 2 y 3 de la versión primera, precisamente los más interesantes y amenos. Un Saludo.

    • Creo que el asunto de qué versión es mejor aún suscita discusiones entre los aficionados. Sospecho que las opiniones se decantan hacia cuál fue la edición que se leyó primero. En cuanto a las razones de Enguídanos, sólo él las conocía, pero aventuraría que trataba de darle mayor coherencia al conjunto.

      En realidad, por lo que tengo entendido, los números 2, 3 y 4 se refundieron en los 2 y 3 de la segunda edición, dejando fuera bastante material. Precisamente acabo de leer el 3 (1ª edición, “La ciudad congelada”) y personalmente encuentro extraño cómo caracteriza a los padres de la civilización saissai, así como las acciones de los héroes para escapar de ellos (asesinando a sangre fría, sin provocació previa, a dos técnicos). A medida que avanzó en la saga, Enguídanos fue tendiendo más hacia el humanismo, y algunos de los desarrollos de las primeras novelas, por herencia pulp, no cuadran demasiado bien con esa orientación.

      Más curiosa (e inexplicable) me parece la eliminación del número 10, “Dos mundos frente a frente”.

  4. Hola, Sergio.
    Ante todo, enhorabuena por tu iniciativa, y muchas gracias por citar mis trabajos. A ver si con un poco de suerte entre todos conseguimos devolver a estas modestas novelitas la importancia que se merecen.

    Un abrazo y adelante.

    • Gracias, José Carlos. ¿Cómo no citarlos? Tanto los artículos dedicados a la Saga como, en general, todos los que componen “La gran historia de las novelas de a duro” son de obligada referencia.

      En cuanto a las novelitas… Ojalá hubierámos sabido construir afición a partir de su popularidad. Hoy nos encontraríamos ante un panorama muy diferente. Tal y como están las cosas, lo menos que podemos intentar es recuperar su memoria.

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