El mundo de Roche

Las obras de ficción del físico Robert L. Forward constituyen un ejemplo paradigmático de lo que la mayor parte de los aficionados entienden como ciencia ficción dura; con todas las virtudes, así como los defectos, atribuidos al hard. Pese a fundamentar buena parte de sus novelas en su trabajo como ingeniero aerospacial, su enfoque se aparta del had ingenieril de Arthur C. Clarke, aproximándose a la exploración de ambientes límite propia de Hal Clement (autor sólo diez años mayor, aunque los treinta años que median entre el inicio de sus respectivas carreras literias los sitúa en generaciones completamente diferentes).

Su título más aclamado es el primero (“Huevo del Dragón“, 1980; con una secuela, “Estrellamoto”, en 1985), pero casi la mitad de su producción (cinco novelas de once) se consagró a un escenario que ideó en 1981 y plasmó en un borrador que no vería la luz por completo hasta 1990 (ya comentaré más adelante la compleja historia editorial de la obra), bajo el título de “El mundo de Roche” (“Rocheworld”).

El mundo de Roche es un planeta doble en el Sistema de Barnard, con los dos componentes tan cercanos que no sólo comparten atmósfera, sino que al solidificarse en el lejano pasado no lo hicieron como geoides, sino como algo parecido a gotas de agua con los respectivos vértices apuntando hacia el punto de Lagrange 1 del sistema (echad un vistazo a las portadas que acompañan a esta entrada, pues éste es definitivamente uno de esos casos en que una imagen vale más que mil palabras). Pese a su cercanía, no pueden ser mundos más diferentes, pues uno está cubierto por entero de un océano de agua y amoníaco, mientras que el otro es un erial seco.

La novela que nos ocupa narra la primera expedición interestelar de la humanidad y los descubrimientos que sus integrantes efectúan en el lóbulo oceánico del planeta doble. La designación de la Estrella de Barnard como objetivo no es aleatoria. No sólo es la más cercana a la Tierra en un sistema simple (sólo se haya más próximo el sistema triple de Alfa Centauro), sino que evoca poderosas connotaciones para los aficionados al sueño espacial, pues fue designada como objetivo por el proyecto Daedalus (un estudio llevado a cabo por la Sociedad Interplanetaria Británica entre 1973 y 1978 para evaluar las opciones de explorar otro sistema estelar con una sonda no tripulada, haciendo uso de tecnologías creíbles a corto o medio plazo).

Allí, los exploradores establecen contacto con una de las típicas razas alienígenas de Forward, los flouwen, gigantescas masas gelatinosas que hacen poco más que flotar en un océano sin depredadores… resolviendo complejísimos problemas matemáticos para entretenerse; e incidentalmente acaban atrapados en medio de un extraño acontecimiento que provoca cada cierto tiempo el trasvase de millones de litros de agua en un ejemplo extremo de marea viva que hace que la cresta de una super ola pase de la influencia gravitaria (lóbulo de Roche) de uno al otro.

“El mundo de Roche” transpira algo tan pasado de moda hoy en día como la fascinación por la exploración espacial. Forward pasó su vida imaginando cómo podríamos alcanzar las estrellas, primero a través de su desempeño científico y luego llevando sus ideas un paso más allá a través de la fabulación. Precisamente uno de los sistemas que diseñó, un velero solar acelerado a través de megaláseres construidos en la órbita de Mercurio (con un ingenioso sistema de frenado), se erige en protagonista de la primera porción de la novela.

Una vez en el Sistema de Barnard, la historia cambia de tercio y se transforma en un juego, exprimiendo al máximo las peculiaridades de un entorno singular basado en los estudios teóricos del astrónomo francés Édouard Roche (1820-1883). Para añadir chicha al asunto, la composición del océano juega un papel destacado en el clímax, con diversos compuestos en diversas fases físicas (pasando de líquido a sólido) a medida que cambian las concentraciones y la temperatura. Algo fascinante… si te gustan esas cosas y eres capaz de interpretar el diagrama de fase del apéndice técnico (nada menos que 50 páginas de comentarios, diagramas e ilustraciones; la inspiración directa para el postescriptum de “La mirada de Pegaso“, por cierto).

Por el camino, Forward se divierte diseñando la astronave principal, los módulos de descenso, el robot multifunción que asiste a los expedicionarios (el “arbusto de navideño”, un diseño modular que le fue propuesto al autor por el roboticista Hans Moravec)… Y, por supuesto, no presta demasiada atención a los personajes. Como suele pasar en sus novelas, los extraterrestres (un despropósito desde el punto de vista biológico; marca de la casa también) resultan mucho más interesantes (e infinitamente más divertidos; aunque el momento Tío Gilito tiene su gracia).

A este respecto, es posible encontrar toda una declaración de intenciones al poco de empezar la novela, cuando la capitana de la misión decide prescindir de uno de los miembros de la expedición (aún están a tiempo de sustituirlo, aunque con un coste brutal) por comportarse como un trepa. Entre otras lindezas, le comenta lo siguiente:

¡¿Qué demonios se cree que estamos viviendo?! ¡Un bestseller de ciencia ficción… con buenos y malos, deudas personales, traiciones e insubordinación? Esa clase de tonterías puede ser necesaria en las historias en las que el escenario es tan soso que los personajes deben enfrentarse  unos con otros para que haya algo de acción. En el mundo real de las misiones espaciales es el letal escenario del espacio lo que proporciona la acción y los personajes deben trajar juntos para superarla. Si empiezan a pelear entre sí, eso lleva de forma casi inevitable al peligro y la muerte. Puede que en las películas haya lugar para quienes se dedican a causar prolemas pero en esta misión no.

Vale, no justifica por completo la ausencia de personajes interesantes, pero si unos cuantos novelistas y casi todos los guionistas tomaran nota, a lo mejor dejaban de tomarnos el pelo con bobadas como… en fin, como la muy reciente “Prometheus“.

Había prometido comentar la historia editorial de “Rocheworld”. Tras completar en 1981 el manuscrito original de 150.000 palabras, acabó mutilándolo hasta las 60.000 para su publicación seriada en las páginas de Analog en 1982. Dos años después Timescape publicó en tapa dura una versión de 100.00o palabras que se tituló “The flight of the Dragonfly”, reeditada en tapa blanda en 1985 por Baen, con el añadido de 10.000 palabras. No fue hasta 1990 que de nuevo Baen publicó la versión completa (155.000 palabras tras la lógica revisión), que es la traducida al español.

Forward dedicó otras cuatro novelas a explorar el sistema de Barnard (que aparece como milagrosamente repleto de vida inteligente), publicando dos de ellas (“Return to Rocheworld”, 1993; y “Rescued from paradise”, 1995) cofirmadas por su hija menor, Julie Forward Fuller, y las dos restantes (“Marooned in Eden”, 1993; y “Ocean under the ice”, 1994) por su esposa, Martha Dodson Forward. Todas ellas permanecen inéditas en nuestro idioma.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en agosto 26, 2012.

2 comentarios to “El mundo de Roche”

  1. Sí, cuando leía el extracto del libro yo también estaba pensando en Prometheus. No conocía a Forward y me ha picado la curiosidad.

    • Forward puede llegar a ser un poco correoso si no se abordan sus libros con la actitud adecuada. En el fondo, todos ellos son bromas, cuya gracia consiste en forzar la rigurosidad científica más allá de lo que casi cualquier consideraría posible (o incluso necesario, aunque si logras seguirle el juego puede llegar a ser muy entretenido).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: